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Leer Esclavo de las Sombras (Novela) Capítulo 3214 online gratis en español

🏴 Grupo: Ramirez✍️ Traducción: Ramirez
Sombra emergió de la profunda poza de recuerdos, sintiendo una melancolía peculiar. No era alguien propenso a dejarse consumir por la emoción, pero en ese momento, una opresión sorda pesaba en su pecho. Todo lo que veía le hacía sentir una profunda tristeza. La belleza del Reino de Hope, la majestad del gran coliseo... y el joven Noctis. Era difícil imaginar que todas esas cosas estaban destinadas a convertirse en una ruina desolada. El reino de la Esperanza se transformaría en una tierra destrozada de derramamiento de sangre y locura, su prístino teatro blanco se convertiría en un espantoso matadero, y Noctis... Noctis se convertiría en una de las cadenas que ataban al Demonio del Deseo. Hasta que, atado y enloquecido por la eternidad, decidiría romper sus grilletes. Sombra bajó la mirada. El conocimiento... es sin duda la cosa más pesada del mundo. Un suspiro silencioso escapó de sus labios. Noctis y Snuggle, mientras tanto, seguían discutiendo sobre la obra. Sin embargo, sus conversaciones derivaron poco a poco hacia la deidad que la había construido. —¿Crees que nos reuniremos con ella? ¿Con el Demonio del Deseo? Snuggle se burló. —¿Crees que es tan fácil conocer a una diosa? ¡No es tu abuela, ya sabes! ¿Por qué iba a dignarse honrarnos con su presencia? Noctis señaló a Sombra. —¿Acaso no es un Titán Supremo? ¿Crees que una diosa no sabría que alguien como él entró en su reino, o que su presencia es lo suficientemente importante como para ir a echar un vistazo? Giró la cabeza. —¡Dile tú, Sombra! Apuesto a que seremos invitados a cenar en su palacio. Sombra se encogió levemente de hombros. —Bueno, no lo sé. Lo dudo. Se detuvo un momento y luego añadió: —Además, Hope no tiene un palacio. Tiene una torre. Noctis sonrió ampliamente. —¡Es lo mismo! El joven parecía emocionado ante la perspectiva de conocer a uno de los daemons míticos, a pesar de que la gente por lo general les temía, a menudo mucho más que a los dioses. Sombra, sin embargo, no tenía demasiadas ganas de encontrarse con ninguna deidad. La sola perspectiva de encontrarse con el Dios de las Sombras lo llenaba de trepidación. Ni siquiera estaba seguro de a qué le temía. ¿A ser destruido y devuelto al océano de vidas interminables? ¿O a ver sus esperanzas aplastadas? No lo sabía. Pronto, regresaron a la ciudad y encontraron una posada aceptable. El sol ya rodaba hacia el horizonte en ese momento, y la noche se acercaba. Mañana continuarían su viaje, pero esta noche podían simplemente descansar y disfrutar de la compañía mutua. La conversación no fluía con naturalidad, sin embargo. Tal vez se debía a que sabían que no quedaban muchas noches como esa para ellos, ahora que habían llegado al Reino de la Esperanza. Eventualmente, Noctis suspiró. —Entonces, ¿cuál es nuestro plan? Sombra permaneció en silencio un breve instante. —No debería haber muchos problemas en un reino gobernado por un daemon. No habrá Criaturas de la Corrupción que se interpongan en nuestro camino, ni héroes en guerra, ni Espíritus desatados que nos estorben; ningún problema por el que insistas en que nos quedemos a resolver antes de partir. Así que podemos simplemente dirigirnos directamente hacia el norte y buscar un lugar para cruzar a las Montañas Huecas. Noctis lo miró con una expresión de preocupación. No tuvo que decir nada para que Sombra entendiera lo que sentía. Años atrás, Noctis había aceptado ser su guía en el camino hacia las Montañas Huecas. Había abrigado la ambición de seguirlos al Reino de la Sombra también... pero, en verdad, ese no era un lugar para el joven Trascendente. De hecho, incluso las Montañas Huecas en sí mismas superaban con creces lo que él podía soportar. Sombra ni siquiera estaba seguro de que Snuggle pudiera resistir la vasta e interminable extensión de la nada, aunque se inclinaba a creer que sí. Noctis, en cambio... era demasiado joven, demasiado falto de pruebas. Como héroe de linaje divino, había alcanzado la Trascendencia con bastante facilidad, y precisamente por no haber luchado lo suficiente aún, su derecho a la existencia era tenue. Ni siquiera se conocía a sí mismo todavía, así que ¿podría sostener su sentido del yo en la fría bruma blanca de las Montañas Huecas? Era poco probable. Eso significaba que, una vez que llegaran a las Montañas Huecas, separarían sus caminos. Noctis se quedaría atrás, libre para vivir su vida como quisiera y seguir persiguiendo la emoción y la gloria. Sombra y Snuggle continuarían hacia adelante, buscando la manera de adentrarse en el Inframundo. Huelga decir que el joven se sentía desanimado. Sombra no podía decir que se hubieran vuelto particularmente cercanos, pero ya no eran extraños a estas alturas. En cuanto a Noctis y Snuggle, a pesar de sus constantes disputas, hacía tiempo que se habían convertido en buenos amigos. Más que eso, eran camaradas que habían luchado codo a codo contra incontables Criaturas de la Corrupción. Snuggle suspiró. —Oigan, ¿por qué esa cara tan larga? No es como si nunca fuéramos a vernos de nuevo. Rio entre dientes. —Después de todo, Sombra y yo simplemente vamos al Reino de las Sombras. ¿Qué tiene de aterrador visitar el Reino de la Muerte? Nos quedaremos un rato y volveremos. Noctis la miró consternado. —Qué clase de preposteridad... Sin embargo, en ese momento calló y la observó fijamente durante unos instantes. Una leve sonrisa apareció en su rostro. —Por otra parte, conociéndote, tal vez eso sea exactamente lo que va a pasar. Soltando una risita, Noctis se reclinó y estudió a la extraña pareja: el hombre de ojos de ónice que no era humano en absoluto, y la muñeca pequeña que vestía un traje negro exquisitamente cosido y que en realidad albergaba un alma humana. Saludó con la mano al camarero. —¡Buen hombre! Más vino. Esta noche es una ocasión especial, así que tráenos lo mejor que tengas. Noctis suspiró. —Cuando huí del templo... quiero decir, cuando partí solemnemente del templo para honrar mi nombre... ¿quién iba a decir que terminaría de esta manera? Sacudió la cabeza. —Fui a ese reino mítico de ustedes para matar a una poderosa Criatura de la Corrupción, pero terminé convirtiéndome en el chico de los recados de un taciturno Titán Supremo. Curiosamente, sin embargo, como chico de los recados... luché y maté a abominaciones más aterradoras que cualquier otro Trascendente en estos últimos años, cada una más espantosa que la anterior. Y como a los dos no les gusta llamar la atención, todo el mundo parece creer que fue la propia Bestia Carmesí del Crepúsculo la que causó todo ese caos. Noctis rio entre dientes. —¡Miren! Es Noctis, el héroe que derrotó a la Rata. ¡Por los dioses! ¡Es la Bestia del Crepúsculo, el que decapitó al Gran Demonio de los Mil Pasos! ¡Vaya, no es ese Noctis que pulverizó al Devorador Tirano y a su miríada de súbditos abominables! ¡Es el que mató al Ciempiés de Cráneo Rojo! ¡El que batió a duelo al Príncipe Trascendente hasta el empate! ¡El que destruyó la Fortaleza Oculta y derribó al Rey de los Bandidos! Su expresión carecía de diversión, pero había una sonrisa en sus labios. Snuggle frunció el ceño. —¿De qué te quejas? ¿No era eso lo que querías? ¿Ganarte un nombre y hacer que los juglares compongan canciones sobre tus asombrosas hazañas? Noctis vaciló y luego se encogió de hombros. —Es verdad, eso era lo que quería. Tenía impaciencia por demostrar mi valía, por hacer que el mundo supiera quién soy... ah, pero en algún punto del camino, parece que perdí ese deseo. Su sonrisa desapareció lentamente. —Ya no soy ese mismo joven, después de todo. Hemos estado en tantos lugares y visto tantas cosas. Las espantosas pilas de montones de cadáveres dejadas a raíz de la plaga de esa Rata Sagrada; los rostros famélicos de niños hambrientos que no podían conseguir comida porque ese maldito Gran Demonio arruinó los campos y mató a todos los mercaderes. Las patéticas ruinas de la ciudad devorada por los esbirros de ese Tirano Corrupto, sin carne que quedara en los huesos de sus habitantes asesinados. La monstruosa arrogancia de los gobernantes Trascendentes y de aquellos que albergaron la ambición de gobernar en su lugar... y mucho más. Noctis miró a Sombra y a Snuggle en silencio durante un rato, luego sacudió la cabeza. —Nadie canta sobre esa cara de las leyendas. Por cada nombre que es conocido, hay una miríada que desaparece para siempre de las páginas de la historia. Así que... no, ya no me importa ser célebre y famoso. Solo quiero matar Criaturas de la Corrupción y hacer que las vidas de todos los humanos sean un poco mejores. Y es por eso... Suspiró. —Es por eso que, incluso si hubieras estado dispuesto a llevarme contigo en un viaje legendario al Reino de la Sombra, me habría negado. Noctis sonrió con tristeza. —Al fin y al cabo, no hay humanos en el Inframundo. Tampoco los hay en el Reino de la Sombra. Así que no hay nada que yo deba hacer allí. Mi deber —el deber de un campeón Despertado— yace aquí, en los reinos mortales. Finalmente, el camarero llevó el vino a su mesa. Noctis lo sirvió en tres copas y tomó una de ellas. —Solo me entristece que ya no vayamos a estar juntos. No porque pudiera subirme a los hombros de Sombra hacia la fama y la gloria, sino porque... somos amigos. Rio. —Fueron muy buenos amigos para mí, Snuggle y Sombra. No creo que jamás vuelva a conocer amigos tan buenos como ustedes. Así que gracias. Dicho esto, juntó las manos y les hizo una reverencia. Luego, levantó su copa y la vació de un solo trago. Sombra vaciló un momento, y luego tomó su copa también. Sonrió levemente. —No hay necesidad de que nos des las gracias. Solo... asegúrate de ser tú también un buen amigo para alguien en el futuro. Tras esto, bebió su vino. El vino era dulce, pero dejaba un regusto amargo en su lengua. Snuggle agarró su copa con ambas manos y se esforzó un poco para levantarla unos centímetros por encima de la mesa. Permaneció en silencio un momento, con expresión solemne. Luego, miró fijamente a Noctis y le dijo con el ceño fruncido. —¿Qué se supone que haga con esto, tonto? ¡No tengo boca! ¡No puedo beber vino! Noctis rio. Sombra soltó una risita también. Pasaron unas horas más charlando y riendo, recordando todas las aventuras que habían experimentado durante su viaje. Esa noche, cuando Noctis ya dormía y Snuggle descansaba en silencio, Sombra percibió algo y miró por la ventana. Luego, dando un paso, viajó decenas de millas y apareció frente a una vieja estatua que representaba a la Diosa de la Guerra: su avatar primigenio, que sostenía una lanza en una mano y un corazón humano ensangrentado en la otra. Había una figura imprecisa de pie bajo la estatua, vestida con un vestido blanco impoluto. En la oscuridad de la noche, era difícil distinguir sus facciones... o tal vez su rostro simplemente estaba tejido con la noche misma, demasiado sagrado y milagroso para ser contemplado por ojos mortales. Sombra titubeó un instante y luego hizo una ligera reverencia. —Esta humilde sombra saluda a Hope, el Demonio del Deseo... hija del Dios Olvidado.
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Estás leyendo el capítulo 3214 de Esclavo de las Sombras (Novela), un novela. Habiendo crecido en la pobreza, Sunny nunca esperó nada bueno de la vida. Sin embargo, ni siquiera él esperaba ser elegido por el Hechizo de la Pesadilla y convertirse en uno de los Despertados, un grupo de élite dotado… Este capítulo tiene publicado el 14 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Ramirez. Esclavo de las Sombras (Novela) tiene 3215 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.