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Leer Engañé a un Dios (Novela) Capítulo 1 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
En una parte desconocida y olvidada del continente se encontraba Lasthold , una ciudad-fortaleza cuyos muros protegían a sus habitantes de amenazas externas. La ciudad estaba rodeada de altos muros de piedra gris, adornados con motivos tallados y runas protectoras. Las torres se alzaban sobre ellas con ligeras siluetas de pagodas, con sus tejados curvados hacia arriba y campanas de bronce colgando de sus extremos. Su repique se extendía por los alrededores, advirtiendo del viento o de los pasos de un extraño . Sobre la puerta sur colgaba un enorme disco de cobre, que brillaba débilmente a la luz del sol : un símbolo de protección forjado por los ancestros en una época en la que las civilizaciones humanas aún no habían caído. Los ancianos dijeron que una vez, una civilización de magos espirituales se extendió por este continente. Las ciudades relucían con maná, las naciones competían por el poder y la humanidad se consideraba la corona de la creación. Pero entonces , debido a una catástrofe desconocida , la civilización se derrumbó. Para los habitantes de Lasthold, el mundo terminaba en las afueras cercanas. Más allá se extendía un peligroso y desconocido territorio, plagado de bestias salvajes y corruptas. Antaño, habían mantenido contacto con otras ciudades , pero con el tiempo, esa conexión también se cortó. Durante cientos de años resistieron, transmitiendo armas y artefactos de generación en generación. Todo para proteger a los niños, para impedir que las bestias se abrieran paso. Lasthold sobrevivió solo porque los magos espirituales se criaron entre sus muros. Pero incluso en esta tensión constante, las calles de la ciudad no estaban desprovistas de vida. Los mercados bullían de gente, los comerciantes gritaban los precios, los niños jugaban a la sombra de los puestos. El aire olía a pan recién hecho y a humo de las forjas. Se oían risas entre el ruido, y esas risas sonaban a desafío. Vivir , pasara lo que pasara. Vivir , incluso si mañana otra oleada de bestias descendiera sobre la ciudad. Y en ese instante, como si estuviera sobre el mismo cielo, se abrió otra visión. Una Conciencia se elevó a la deriva, como un pájaro, y todo Lasthold se posó sobre su palma. Las imágenes cambiaron una tras otra: las calles se volvieron nítidas y claras, la luz del sol brillando en cada grieta del pavimento; luego todo se volvió borroso, como si la ciudad fuera solo un frágil recuerdo que se escabullía de las profundidades de un sueño. La mirada se dirigió lentamente hacia el oeste. Allí, más allá de las zonas residenciales, se alzaba un complejo de edificios, cuyos tejados brillaban con un lustre lacado. Los patios, unidos por galerías, ocultaban en sus sombras las esbeltas figuras de los alumnos, y en las torres ondeaban estandartes con los símbolos de Lasthold. La Conciencia Elevada reconoció este lugar de inmediato. “ Academia de Magos Espirituales …” murmuró una voz cansada, disolviéndose como si se tratara del estruendo de la ciudad y el susurro de los bosques más allá. Esas palabras resonaron, se desmoronaron, como si las hubiera pronunciado alguien demasiado distante y demasiado exhausto para permanecer allí mucho tiempo. En el instante en que se pronunciaron esas palabras, la visión se estremeció. La ciudad, las calles, las pagodas se tambalearon, como pintura difuminada por la lluvia. El ruido de las calles se acalló, y en su lugar brilló otra imagen. La Conciencia se encontraba en un espacioso salón, dividido en varios niveles. Con cada escalón descendente, se extendían filas de pupitres, y al fondo, frente a todos, se alzaba el atril del profesor . Pero no había ninguna lección en curso. La clase bullía como un hervidero. Los niños corrían entre las filas, riendo a carcajadas y presumiendo de los regalos que habían traído de casa. Uno, sacando pecho, mostraba un reluciente frasco de elixir violeta , un regalo de sus padres. Otro, sentado en el borde de un escritorio, agitaba un pergamino mágico. El aire estaba lleno de voces, risas y ruido. Pero junto a la ventana, en la sombra, estaba sentado un chico solitario. De unos quince años. Blanco como la tiza, su cabello caía en mechones descuidados sobre su frente, acentuando la palidez de su piel. Sus ojos ámbar, casi dorados, ardían de cansancio, y las profundas sombras bajo ellos hacían su mirada aún más pesada. Su vestimenta era modesta pero pulcra: prendas oscuras de cuello alto ocultaban su delgadez. Dedos largos y excesivamente finos tamborileaban a un ritmo constante sobre la superficie de madera del escritorio, delatando una reflexión tensa y concentrada. No miraba ni las pastillas ni los pergaminos. Como si todo el bullicio a su alrededor no tuviera nada que ver con él. Cuando la mirada de la Conciencia se posó en este chico, todo a su alrededor pareció estremecerse. En un instante, la ruidosa clase pareció frágil, como a punto de desmoronarse. “ Otra vez este día …” dijo la misma voz cansada y cautelosa, como si ya supiera lo que estaba a punto de suceder. Y entonces, como si hubieran recibido una señal, tres de ellos se dirigieron hacia la ventana. Sus ricas túnicas azul oscuro contrastaban con las sencillas capas de la mayoría de los estudiantes. La tela relucía con un brillo sedoso, y finos estampados relucían en los cuellos : marcas de familias adineradas. El primero en sentarse fue un joven de larga cabellera azul, recogida con una cinta, y ojos fríos, de un azul hielo. Sin pedir permiso, apoyó la mano en el hombro del chico de pelo blanco . El chico se estremeció casi imperceptiblemente, tensando los hombros. Su inquietud era evidente. El de cabello azul estalló en una carcajada fuerte y deliberadamente descarada. —¡Oye , Kael! —gritó para que todos a su alrededor pudieran oírlo—. ¿ No quieres ir corriendo al comedor a por unos bollos ? Sus palabras provocaron risas entre los estudiantes cercanos. El segundo, de pelo corto y canoso y barbilla afilada, repitió la burla con una sonrisa burlona: , eres un fracaso, ni siquiera puedes absorber maná. ¡ Al menos así serías útil ! La risa aumentó, resonando por toda la clase, mientras Kael permanecía inmóvil, solo sus dedos apretándose sobre el escritorio hasta que los nudillos se pusieron blancos. Kael levantó la mirada tímidamente, sus ojos ámbar parpadearon, pero aún así forzó las palabras: “ Draxion, no es mi culpa que mi cuerpo no tenga talento … Pero tengo otras fortalezas …” “¿ Y qué podrían ser? ” preguntó con arrogancia el joven de cabello azul. —Cerebros —replicó Kael secamente—. ¿ Quizás has oído hablar de algo así ? Por un momento, el silencio llenó la clase. El de cabello azul fue tomado por sorpresa. Su mano agarró repentinamente el cuello de Kael y le golpeó la cara con fuerza contra el escritorio. La madera crujió con un crujido sordo, y una oleada de risas y exclamaciones ahogadas recorrió la clase. Draxion se inclinó cerca de su oído, sus dientes brillando con furia. "¿ Cerebros? " , siseó. "¿ Te refieres a tu empollón de libros? ¡¿Y cómo protegerán tus libros a Lasthold de las bestias espirituales?! " Con un tirón violento, levantó a Kael por el cuello y lo arrojó al suelo. Su cuerpo golpeó las tablas, y el aire salió de sus pulmones con un estruendo. Los demás estudiantes apartaron la mirada. Ninguno intervino. Algunos sintieron vergüenza, otros simplemente miedo, y en algunas miradas se vislumbró satisfacción. “ El cuerpo de Kael alberga el peor talento posible …” , se escuchó un susurro a un lado. “ Y ahora, además, tiene que soportar burlas …” Pero antes de que las palabras se extendieran más, los lacayos de Draxion lanzaron una mirada fugaz al orador. Este guardó silencio al instante, apretó los labios y bajó la cabeza. La Conciencia que observaba la escena dio un bufido de odio. “¿ Talento corporal? ¡Qué tontería !” , la voz rezumaba desprecio. “ No existen los talentos corporales. Hay diferentes formas de alma. Lasthold simplemente no tenía un canon de magia adecuado para mi alma ” . Kael alzó la mirada hacia Draxion y, por un instante, sus ojos brillaron, como si estuvieran listos para desafiarlo. Apretó los puños y apretó los dientes. Por dentro, todo hervía, pero su mente le recordó fríamente: no tenía la más mínima posibilidad. Respiró profundamente, tratando de calmar el temblor en sus manos y en su voz. “ Está bien … voy al comedor …” exhaló , dándose la vuelta. Si ve esta información en Amazon, sepa que ha sido robada. Denuncie la infracción. Pero antes de que pudiera levantarse, un grito agudo cortó el aire del aula: “¡ ¿Cómo te atreves?! ” Todas las cabezas se giraron hacia la puerta. Allí estaba una chica : alta, esbelta, con un elegante vestido carmesí que realzaba su figura. Su cabello lacio y granate le caía en cascada sobre los hombros, y en sus ojos ardía un fuego dispuesto a romper el silencio. “ Roselle …” Los labios de Kael temblaron. Su corazón se encogió dolorosamente. “ Para … Solo lo empeorarás … ” Pero ella no le dejó terminar. Aunque Kael carezca de talento para la magia, ¡tiene una memoria fenomenal! —Su voz resonó por el pasillo, cortando el murmullo de susurros—. ¡ Ustedes, ignorantes, no se pueden comparar ni con una gota del conocimiento que él atesora ! La clase se quedó paralizada. Algunos estudiantes intercambiaron miradas, algunos murmuraron entre dientes, pero ahora estaban más callados, temerosos de caer bajo el fuego de su ira. La Conciencia que observaba desde un lado emitió un bufido irónico: ¿ Memoria fenomenal? No, es ilimitada e infinita … Por ella me convertí en esclavo … Si tan solo hubiera sabido que era un Fragmento … La visión tembló, pero el aula aún permanecía ante sus ojos. Draxion, aún apoyado en el escritorio, se puso rígido. No se atrevió a abalanzarse sobre Kael en presencia de Roselle, pero su expresión lo dejaba claro : la defensa de la chica no le había gustado nada. Una ira fría brillaba en sus ojos. Los entrecerró lentamente y, como si cortara con palabras, dijo: “ Debes haber olvidado con quién estás comprometida , preocupándote tanto por otros hombres ... Mi hermano mayor se disgustará mucho cuando se entere de esto ” . El silencio en la clase se hizo casi tangible. Nadie se atrevía a moverse. Incluso las risas que hacía poco llenaban el salón parecieron apagarse. Los tres chicos se levantaron, con pasos retumbantes en las escaleras. Se dirigieron a la salida, claramente reacios a seguir discutiendo con Roselle. Draxion, que fue el último en irse, se dio la vuelta. Sus ojos azules se clavaron en Kael y exclamó: “ Deberías haber obedecido de inmediato …” En cuanto se pronunciaron esas palabras, el mundo a su alrededor tembló. La atmósfera pareció hervir, el aire empezó a burbujear, como si el aula misma se derritiera en un recipiente fundido. Los colores se desvanecieron, se volvieron rojos, distorsionados, como si el mundo se estuviera ahogando en sangre. Un destello de dolor atravesó la Conciencia. Ante sus ojos apareció Kael : lisiado, golpeado, su cuerpo apenas se sostenía sobre las rodillas. Un segundo destello. La imagen cambió: un restaurante familiar en ruinas, con las paredes ennegrecidas, las vigas carbonizadas y el suelo sepultado en astillas y cenizas. Y una nueva punzada de dolor. Kael se arrodilló en medio de un círculo de sangre. Sus brazos se alzaron hacia el cielo, una plegaria brotó de sus labios. Los diagramas de sangre brillaron en el suelo. Un ritual. Una súplica. Una llamada a los dioses. —¡NO ! —gritó la Conciencia, con la voz entrecortada por la histeria—. ¡ No hagas esto , pequeño tonto ! Pero en ese instante el mundo ya no pudo más. ¡Todo se derrumbó en la oscuridad! ✦ ✦ ✦ “ ¡Ghaaaah! ” un jadeo entrecortado y agudo atravesó el aire. El hombre se incorporó de golpe de la cama, respirando con dificultad. El sudor le corría por la cara y el cuello, empapando la manta. Su respiración era irregular, entrecortada. Sus ojos ámbar se abrieron de par en par, llenos de horror y dolor, como si todo acabara de suceder en la realidad. Permaneció así varios instantes antes de recobrar la consciencia. Poco a poco, a través de la neblina del pánico, se vislumbraron los contornos de la habitación. Un salón espacioso, lujoso y frío. A lo largo de las paredes , paneles tallados, cubiertos con telas que representaban símbolos antiguos. En el centro se alzaba una enorme mesa dorada, sepultada bajo libros. Pero no todos eran libros de papel: algunos tomos habían sido forjados con metales, otros brillaban a través de cristales transparentes, como si albergaran palabras talladas por el mismísimo maná. Este hombre se parecía muchísimo al chico del sueño que acababa de ver. No , era él. Kael. Su cabello blanco había crecido, cayendo en cascada en mechones espesos sobre sus hombros y espalda, casi hasta la cintura. Su rostro se había afinado, más masculino : pómulos pronunciados, mandíbulas endurecidas. Pero sus ojos … sus ojos seguían siendo los mismos. Aún esos ojos ámbar, apagados por el cansancio, ensombrecidos por la tristeza y las ojeras. Se secó el sudor de la frente con un movimiento torcido por la ira y dijo con voz áspera: “ Otra vez esa maldita pesadilla … No. La pesadilla es el lugar donde vivo. ” Se levantó bruscamente de la cama y, haciendo caso omiso del silencio, se dirigió a grandes zancadas hacia un enorme espejo con marco tallado. Vestía solo unos pantalones blancos y anchos, cuya tela le caía suelta desde las caderas. Su torso era asombroso : firme, definido, cada línea muscular afinada como tras años de duro trabajo. Su cuerpo ya no era la delgada figura de la juventud. Sin embargo, ni siquiera esta « fuerza » podía borrar la expresión desoladora de su rostro. Kael se detuvo frente al espejo y levantó la cabeza con gesto sombrío. En el reflejo, esos mismos ojos ámbar le devolvieron la mirada , ya no con la timidez juvenil, sino con un fuego sombrío y amargo, y el cansancio de siglos. —Maldito Dios del Conocimiento y la Locura ... —masculló entre dientes, como si maldijera el nombre mismo—. Espero que después de lo que haga hoy ... finalmente me mates y acabes con mi tormento . Por un momento su mirada se detuvo en el espejo, como si quisiera comprobar si el propio reflejo se deformaría bajo el peso de sus palabras. Kael se acercó lentamente al perchero y se echó una pesada capa sobre los hombros. La tela, oscura y áspera, ocultaba las líneas esculpidas de su cuerpo, transformándolo de nuevo en una figura sombría y alargada. Se abrochó el cuello alto y fijó la mirada en el reflejo. “ Setecientos años de esclavitud …” , murmuró con cansancio, apenas moviendo los labios. “ Y durante todo ese tiempo ni una sola gota de maná ha fluido a mi cuerpo … Qué lástima. ” Su mirada se dirigió a un pequeño cofre junto al espejo. Kael levantó la tapa. Dentro yacían hileras de píldoras translúcidas con un brillo arcoíris, como si la fuerza vital misma estuviera contenida en ellas. Tomó uno con asco. Sus dedos se congelaron. Su palma tembló, como exigiendo romper la frágil cáscara y poner fin a la humillación. Pero en el momento en que sus músculos comenzaron a cerrarse, un dolor agudo le atravesó la mano. Un espasmo le retorció los dedos. Kael solo hizo una mueca, exhalando con voz ronca: “ Malditos juramentos … Si hubiera sabido adónde me llevaría invocar a los dioses, habría preferido morir en Lasthold …” Apretando los dientes, se metió la pastilla en la boca y se la tragó, sin siquiera saborearla. Luego giró bruscamente, sus pasos resonando contra el suelo de piedra. En cuanto Kael abrió la puerta y salió, la luz le iluminó el rostro. Lo que encontró no era una cámara familiar, sino una plataforma flotante de oro liso. Colgaba en el vacío, y en su centro se alzaba la puerta abierta por la que acababa de salir. Pero lo que se reveló a su alrededor estaba más allá de lo imaginable. La plataforma flotaba en medio de una biblioteca infinita e inagotable. Estanterías doradas se elevaban hacia abajo y hacia arriba a lo largo de cientos de niveles, desapareciendo en la penumbra y la luminosidad. Los balcones, dispuestos a diferentes alturas, estaban unidos por elegantes puentes fundidos en el mismo oro que las estanterías. Por ellos se movían silenciosas marionetas doradas : figuras sin vida y sin rostro. Sus movimientos eran mecánicos: una ordenaba libros, otra ordenaba pergaminos, una tercera quitaba el polvo de las estanterías, manteniendo el radiante orden. Todo el espacio vibraba con el eco silencioso del crujido de las páginas. Parecía como si la eternidad misma se hubiera plasmado allí en palabras y símbolos. Pero Kael ni siquiera levantó una ceja. Su rostro permaneció igual : sombrío y distante. Contempló los puentes dorados y las interminables gradas con la indiferencia de quien ha visto esta vista no una ni dos veces, sino miles, decenas de miles de veces. En el mismo borde de la plataforma se alzaba un esbelto pedestal coronado por una esfera transparente. Su lisa superficie brillaba con una luz tenue, como si absorbiera el aliento de la propia biblioteca. Kael le lanzó una mirada pesada y murmuró en voz baja: Hoy es el único día en que puedo ir contra la voluntad del Dios del Conocimiento y la Locura. El único día en que podría alcanzar un atisbo de libertad y sentir maná por primera vez ... Pero necesito asegurarme de que se haya ido ... Extendió la mano y tocó la esfera. De inmediato, la plataforma se estremeció y se deslizó hacia adelante, deslizándose hacia el balcón más cercano, donde se movían marionetas doradas. Cuando se acercaba al borde, Kael ladró con fuerza: ¡ Oye, lata! ¿Ya se fue el Maestro ? Una de las marionetas se quedó paralizada. Sus movimientos se detuvieron tan abruptamente que fue como si le hubieran cortado una cuerda invisible. Lentamente giró, se inclinó y, con una voz hueca y sin vida, dijo: La Asamblea Milenaria de Dioses ya ha comenzado, por lo que el Maestro ha partido de la Biblioteca Divina. Antes de partir, les ordenó que estudiaran todo sobre la Época del Origen. A su regreso, deben estar bien informados o enfrentarán un severo castigo . Kael sonrió con desprecio, con una chispa maliciosa brillando en sus ojos. “ La tortura ya no me da miedo …” dijo fríamente. Con esas palabras, tocó nuevamente la esfera y dirigió la plataforma hacia arriba, hacia la cima de la interminable Biblioteca. Pisos y estanterías pasaban fugazmente, desapareciendo, mientras puentes y balcones dorados pasaban como páginas de un libro hojeadas por una mano invisible. La plataforma ascendía cada vez más, pero Kael apenas lo notaba. Su mirada estaba fija al frente, sus pensamientos en el pasado. “ Por mi debilidad, el restaurante de mis padres fue destruido y mi padre quedó lisiado …” , pensó, un pensamiento sombrío. “ Y yo , un niño insensato , decidí invocar a los dioses mediante un antiguo ritual que encontré en los libros. ” Apretó los puños con tanta fuerza que se le clavaron las uñas en las palmas. Su rostro se contorsionó de rabia. “ Me vendí como esclavo eterno del Dios del Conocimiento y la Locura a cambio del castigo de mis torturadores …” Los labios de Kael temblaron. “ Solo entonces … aún no sabía lo bastardo que era el Amo. ” El recuerdo se apoderó de él: el momento en que un portal se abrió ante él y lo arrastró a esta misma Biblioteca Divina. El Dios del Conocimiento y la Locura le permitió ver morir a sus enemigos en un tormento terrible. Pero la satisfacción duró poco. Sus muertes desataron una ola de acusaciones. Todas las sospechas recaían sobre sus padres. Y Kael seguía observando mientras los jueces pronunciaban la sentencia y los verdugos alzaban sus espadas. Su familia —su madre, su padre, incluso su hermana pequeña— fue ejecutada. Entonces gritó, lloró, suplicó a Dios que interviniera. Pero Dios solo rió, saboreando la desesperación del niño. “ Esa fue tu primera lección ” , había dicho. “ Al negociar, hay que ser preciso en cada detalle. No mencionaste a tu familia en el acuerdo. Por lo tanto, sus vidas no valen nada ” . Y entonces … entonces comenzó el verdadero infierno de Kael …
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Engañé a un Dios (Novela) Capítulo 1

Estás leyendo el capítulo 1 de Engañé a un Dios (Novela), un novela. Born with a soul mutation desired even by the Gods — perfect memory. Kael could recall every word, every book… yet not a single drop of mana. Mockery, beatings, a ruined family — and a desperate deal with the God of… Este capítulo tiene publicado el 26 de febrero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Engañé a un Dios (Novela) tiene 84 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.