Leer Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) Capítulo 26 online gratis en español
Carruajes se acercaban a una ciudad de sólidas murallas, no tan extensas como las fronterizas, pero construidas para demostrar el poderío de una capital.
Comerciantes, espadachines con sombreros de paja y figuras envueltas en túnicas de toda clase transitaban sin mostrar el rostro. En la Capital del Reino Gan, nadie quería llamar la atención.
Un carruaje específico, dedicado a la Secta de los Mil Rostros, transportaba a los líderes de la facción. Al ser una secta del Reino Gan, gozaban de privilegios y entrar en la ciudad no les supuso ninguna dificultad.
Dentro viajaban el Maestro de la Secta, el segundo anciano y Long Yin. Mientras el carruaje avanzaba hacia el corazón de la ciudad, donde el Reino Secreto aguardaba sellado, el Maestro de la Secta aprovechó para señalar las calles y poner a su señor en contexto.
Li Mu y Long Sha habían preferido viajar solos, manteniéndose encubiertos. Con Li Mu, resultaba imposible ser detectados.
El carruaje se adentró en la vasta ciudad entre comerciantes que pregonaban en la calle principal y civiles que deambulaban con tranquilidad. La capital nunca había sido atacada; era la ciudad con mayor población y la que menos había sentido la guerra.
Poco después de que el carruaje de la Secta de los Mil Rostros se internara en la urbe, otro carruaje elegante, con el estandarte del Reino Qi, avanzaba tras ellos. En él viajaban los protectores de la familia real de dicho reino y el primer príncipe Qi.
En el interior, este último rezongaba: —¿Por qué mi padre me hizo venir? Si no habrá nada para este príncipe. Hmph.
Su protector, un Núcleo Dorado Avanzado —alguien importante en el reino Qi—, le respondió con mesura: —Su Alteza, su hermana, la princesa, necesita aliados. Para eso estamos.
El príncipe se irritó aún más al oír la mención. —Esa inútil solo debe cumplir con su trabajo. ¿Para qué quiere involucrarnos?
El protector guardó silencio. Era su escolta y, como Núcleo Dorado, no desafiaba la autoridad real, aunque aquello no abarcaba sus principios.
Minutos después, un tercer carruaje ingresó en la ciudad: el del Reino Yan. Un anciano tocado con un sombrero de paja y una calabaza en las manos lo conducía, jactándose de su alcohol.
Dentro viajaban un joven y una jovencita. Ella irradiaba un aura única, un magnetismo difícil de ignorar, una belleza que parecía esconder algo más.
El joven vestía la túnica imperial de príncipe heredero, con una altura considerable y facciones similares a las de Long Yin, pero con una marca en la frente que brillaba con un fulgor especial, como un fuego diminuto e incesante.
Conversaban animadamente. Lo que no sabían era que, en una tienda de té, dos hombres los observaban: un joven de aura rebelde y otro de porte tan sereno que, aun si la ciudad se derrumbara, parecía tener el poder para sostenerla. Las personas a su alrededor se sentían seguras, como si aquel hombre pudiera resolverlo todo.
Eran Li Mu y Long Sha.
Li Mu dio un sorbo a su taza y comentó: —Mocoso, esa chica que quiere nuestro señor es especial. No alcanzo a comprender qué tipo de constitución posee.
Long Sha, a pesar de su habitual despreocupación, entendía bien cómo giraba el mundo. —Señor Li, ¿qué cultivo tiene ese anciano? —preguntó, con la mirada fija en el conductor del carruaje Yan.
Justo en ese instante, el viejo del sombrero de paja le devolvió una mirada de reojo y alzó la calabaza, dejando caer el líquido directamente en su boca.
En esa fracción de segundo, Long Sha sintió una presión abrumadora, una advertencia fulminante para que no albergara malas intenciones.
Li Mu dejó su taza sobre la mesa. —Con ese Qi Espiritual, diría que es un Refinamiento del Espíritu de etapa media o alta. Pero ese anciano está cargado de heridas graves.
Se levantó, pagó unas monedas al dueño del local y ambos echaron a andar con tranquilidad.
Dentro del carruaje, el anciano de la calabaza le habló suavemente a la jovencita: —Señorita, he sentido la mirada de un joven. Un Establecimiento de Fundación a sus quince años, acompañado por un protector de Refinamiento del Espíritu. Será difícil, niña. Debes cuidarte.
En el interior, un escalofrío de nerviosismo recorrió a los pasajeros. Un muchacho de quince años con semejante cultivo demostraba un talento digno de mención, y un Refinamiento del Espíritu era un monstruo que no se veía todos los días.
Ya todos estaban reunidos en el centro de la ciudad, frente a la mansión del primer ministro, donde había brotado el Reino Secreto.
Se veían personajes con túnicas aún más lujosas que las de la propia familia real del reino, lo que evidenciaba su prestigio y su origen: la Dinastía Dragón Azul.
Un anciano custodiaba la entrada con una formación, sentado en posición de loto y con los ojos cerrados. Frente a él aguardaban los líderes de las diversas fuerzas, incluido el Maestro de la Secta de los Mil Rostros, las delegaciones y las sectas menores.
Aunque fueran ordinarias, tenían el privilegio de acceder al Reino Secreto por el simple hecho de pertenecer al Reino Gan. Por eso la mayoría de las sectas decidían echar raíces en los reinos: para acumular poder y beneficiarse del Qi de la Suerte local. Una estrategia que convenía tanto al reino como a ellas. Nada era gratis.
Long Yin se encontraba entre los miembros de la Secta de los Mil Rostros, vestido con la túnica de la facción. No llamaba la atención, por mucho que su aura de príncipe se filtrará. Ni siquiera el príncipe heredero, su hermano mayor, sospechaba que Long Yin estuviera allí.
La mirada de Long Yin se desvió hacia la joven que acompañaba a su hermano mayor. Durante un instante, se quedó prendado. Le habría bastado una sola palabra para definirla: etérea.
Una mujer que parecía nacida para ser aclamada, de una belleza por la que miles de reyes pelearían solo para tenerla como consorte. Y más aún con aquella constitución, una herramienta demasiado perfecta para el cultivo.
Desde que transmigrará a este mundo, Long Yin se había jurado no reprimirse. Viviría conforme a lo que quería, lucharía por ello y se mantendría firme.
En su vida pasada no había podido disfrutar de placer alguno, y en esta no iba a ser ni un lujurioso ni un santo. Tenía claros sus principios: a quien le demostrara voluntad, le correspondería, siempre que valiera la pena.
Más allá de la belleza, buscaba utilidad. No sería un semental ni conservaría flores inútiles.
Apartó la vista de ella y volvió a posarla en el anciano que protegía la entrada. Incapaz de identificar su cultivo, le preguntó a Taichu.
El viejo ancestro le respondió con hastío: —Es un Refinamiento del Vacío.
Alguien imposible de ver en los reinos vecinos. Para esos seres, la dinastía es su único hogar, por la mayor concentración de Qi Espiritual y Qi de Suerte.
La joven que acompañaba al príncipe heredero Yan percibió la breve mirada del miembro de la secta, pero no le dio importancia. Siempre la miraban con lujuria o con algo más.
Sin embargo, aquella mirada en particular le transmitió una autoridad inesperada, como si alguien la estuviera evaluando como un objeto valioso que, aun así, no terminaba de impresionarle.

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Estás leyendo el capítulo 26 de Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela), un novela. Un joven que murió en la Tierra recibe la oportunidad definitiva de reescribir su destino al unirse al artefacto del caos primordial: Taichu. Al despertar en un nuevo mundo, se convierte en Long Yin, el tercer príncipe… Este capítulo tiene publicado el 21 de julio de 2026. Emperador: Invocando Ancestros Chinos en el Mundo de Cultivo (Novela) tiene 38 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.