Leer Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) Capítulo 40 online gratis en español
🏴 Grupo: Alejey✍️ Traducción: Alejey
Tras apenas un par de horas de descanso, una serie de vibraciones rítmicas bajo el suelo me arrancaron del sueño. Eran temblores irregulares y discontinuos que hacían tintinear las lámparas de cristal de la recámara.
Al instante, dos golpes secos resonaron al otro lado de la puerta.
—Adelante —dije, incorporándome del colchón.
La sirvienta entró con el rostro pálido y las manos temblorosas:
—Joven Alwyn... desde hace unos minutos el suelo no deja de sacudirse de forma extraña... ¿Es seguro permanecer aquí adentro?
—No hay peligro mientras se mantengan en el segundo piso —respondí con calma para mitigar su alarma—. La colonia subterránea acaba de descubrir la muerte de su reina; sin un núcleo biológico de mando, los escarabajos están desplazándose a ciegas por las galerías en un frenesí desorganizado. Esos temblores se sienten en toda la provincia, pero cesarán en cuanto la colmena se disperse.
Hice una breve pausa mientras me calzaba las botas:
—¿Cómo evoluciona la señorita?
—Ha tolerado los medicamentos y el caldo. Ya no tiene fiebre y recupera el color poco a poco.
Asentí en silencio. Me ajusté las correas de la mochila militar, aseguré la pesada placa metálica del escarabajo guardia sobre mi espalda y desenvainé brevemente la Espada Negra Sangrienta para comprobar el filo antes de guardarla.
El caos subterráneo era la oportunidad perfecta: con las bestias desorientadas bajo tierra, podía explorar cuadrantes más lejanos y recolectar provisiones adicionales para la marcha de evacuación.
Salí al jardín de la mansión y canalicé maná hacia mis extremidades inferiores:
¡HUMMM!
\[HABILIDAD ACTIVADA: «Sentido Sísmico»\]
Consumo: 10 PM (PM Restante: 190 / 200)
Las ondas mapearon un radio de veinte metros en mi mente: la tierra bajo el patio estaba completamente despejada. Desactivé la habilidad y salté la reja hacia las avenidas.
El panorama en el exterior era de una desolación absoluta. Los edificios departamentales tenían los accesos destrozados y las plantas superiores no albergaban más que osamentas blanqueadas y alacenas violentadas por los propios civiles antes de perecer.
Tras avanzar varias manzanas hacia el norte, divisé la silueta imponente de un centro comercial de cuatro niveles.
Ingresé por los ventanales reventados del primer piso. Como era de esperarse, los locales de comida de la planta baja estaban reducidos a escombros. Subí por las escaleras mecánicas inoperativas hacia el segundo piso: las tiendas de ropa, joyerías y artículos deportivos habían sido saqueadas minuciosamente.
Sin embargo, al alcanzar el tercer nivel, me topé con un vestigio distinto: restos de lonas térmicas desgarradas y un círculo de ceniza negra compactada sobre las baldosas.
—Hubo sobrevivientes atrincherados aquí... —murmuré, inclinándome sobre el carbón apagado.
¡HUMMM!
\[HABILIDAD ACTIVADA: «Sentido Sísmico»\]
Al expandir el pulso de detección hacia el pasillo trasero, las vibraciones del suelo me revelaron una anomalía: a quince metros a mis espaldas, una figura humana se desplazaba siguiendo mis pasos exactos.
El sujeto caminaba sin emitir el menor sonido físico, pero el leve desplazamiento de su masa corporal contra el concreto delataba su avance hasta que, súbitamente, su señal se desvaneció en un punto muerto tras una columna estructural.
—Una técnica de amortiguación sónica... o un milagro de sigilo —deduje en silencio, desactivando la habilidad.
Me incorporé con absoluta naturalidad, fingiendo no haber notado la presencia, y caminé a paso pausado hacia el fondo de la galería, girando a la derecha en un pasillo sin salida flanqueado por escaparates cerrados.
Aguardé tres segundos en la penumbra.
¡HUMMM!
\[HABILIDAD ACTIVADA: «PASO FALSO LUNAR»\]
Consumo de Maná: 35 PM (PM Restante: 155 / 200)
Un destello de luz plateada dibujó un espejismo de mi silueta en el fondo del callejón ciego. En un parpadeo imperceptible, me deslicé tres metros en el aire, reapareciendo en la penumbra tras el marco de la entrada.
Apenas un instante después, un hombre encapuchado y cubierto con prendas oscuras dobló la esquina con cautela. Al toparse con el muro de ladrillos y la imagen residual desvaneciéndose, se detuvo en seco:
—¿Pero a dónde demonios se fue...? —masculló con voz ronca.
No le di margen de reacción. Avancé en un borrón de velocidad y descargué un golpe contundente con el pomo de la Espada Negra Sangrienta directamente entre sus omóplatos.
¡BAM!
—¡Aaaagh! —el sujeto soltó un alarido sordo al rodar por el piso entre esquirlas de vidrio.
—Veo que tienes la costumbre de seguir a extraños en las sombras —dije con voz gélida, plantando la bota a escasos centímetros de su rostro con el acero desenvainado.
El tipo levantó las manos de golpe, sudando frío:
—¡Espera, espera! ¡No ataques, soy un Despertado! ¡No tengo malas intenciones!
Se bajó la capucha con prisa, revelando el rostro de un hombre de unos treinta años con barba descuidada y expresión de pavor.
—¿Por qué me seguías desde la entrada? —inquirí sin bajar la guardia.
—Te vi entrar solo al centro comercial y quise verificar si eras una amenaza —respondió agitado, tragando saliva—. Me habría mostrado de forma pacífica si comprobaba que no eras un bandido...
—¿Sabes quiénes levantaron el campamento del segundo piso? —pregunté, bajando la punta del arma unos milímetros.
El hombre pareció relajarse visiblemente y se puso de pie sacudiéndose el polvo:
—Sí. Eran unos quince civiles que resistieron semanas aquí adentro. Mi grupo y yo logramos escoltarlos en varias tandas hacia la frontera exterior. Vine a revisar si quedaban raciones en los almacenes superiores cuando me topé contigo.
—Entiendo —mentí con absoluta naturalidad—. Mi nombre es Alwyn. Clase Caballero.
—Un gusto, Alwyn. Me llamo Iker... y pertenezco a la Clase Clérigo.
La confirmación encajó a la perfección. Aquello explicaba la amortiguación acústica de sus pasos: estaba utilizando «Pasos Sigilosos», el mismo milagro de bajo consumo que Keyla empleaba para eludir el rastreo de las bestias.
Emprendimos el descenso por las escaleras hacia la planta baja. Mientras caminábamos, un detalle en su costado captó mi atención: una espada larga de acero templado descansaba en su cinto.
—Dime una cosa, Iker... —comenté con tono casual—. ¿Por qué portas una espada larga si tu plantilla base es de Clérigo? El Sistema otorga solo canalizadores a tu clase.
—Ah, esto... —sonrió con soltura—. Me la prestó mi compañero de escuadrón, que es Caballero, para tener una defensa cortante durante las exploraciones en solitario.
Miró de reojo la placa metálica atada a mi espalda:
—¿Y ese escudo tuyo? Jamás había visto un material con ese tono platinado.
—Lo obtuve de una variante acorazada de los escarabajos subterráneos —respondí de forma escueta.
—Vaya... Yo también he conseguido algunos materiales interesantes —dijo dándole una palmada a su morral—. ¿Y qué hacías en este cuadrante? ¿Buscabas comida?
—Sí. Mis reservas están al mínimo.
—Qué mala suerte, amigo... Si quieres, puedo compartir algo de lo mío.
Iker se detuvo junto a una banca de descanso, abrió su mochila y extrajo un par de latas de conserva selladas y varias manzanas frescas.
—Aproveché para abastecerme antes de que la ciudad fuera asimilada por completo —dijo con amabilidad, sentándose en el extremo de la banca y mordiendo una fruta—. Toma, come algo. Debes estar agotado.
Me senté en la banca opuesta, recibí una de las manzanas y le di un bocado masticando despacio.
Comimos en silencio durante medio minuto. De pronto, Iker dejó de masticar, me miró fijamente a los ojos y su semblante amable se transformó en una sonrisa torcida y siniestra:
—Dime algo, Alwyn... ¿sabías que en este Sistema, cuando un Despertado asesina a otro, la víctima deja caer la totalidad de los objetos y armas de su inventario?
En ese instante, una punzada ardiente me atravesó el estómago. Mis pupilas se dilataron, los músculos de mis brazos se entumecieron y mi visión comenzó a desdoblarse en un mar borroso y oscilante.
Había impregnado la fruta con una clase de veneno.
—El veneno de slime ya está en tu torrente sanguíneo —se mofó Iker, poniéndose de pie con lentitud mientras desenvainaba la espada larga con un chirrido metálico—. Esa coraza de escarabajo y tu espada negra serán una excelente adición para mi equipo... No te preocupes, seré piadoso y te cortaré la garganta rápido para que no sufras.
El hombre levantó la hoja a dos manos, fijando mi cuello inmóvil.
—¡Muereeee! —rugió, descargando el acero con furia.
Para cualquier combatiente común, la pérdida de visión y la parálisis sensorial equivalían a una sentencia de muerte. Sin embargo, en el instante exacto en que sus pies tocaron el suelo para impulsarse, quemé maná:
¡HUMMM!
\[HABILIDAD ACTIVADA: «Sentido Sísmico»\]
Las ondas del suelo dibujaron la trayectoria de sus botas, la flexión de sus rodillas y el arco descendente de su espada con una precisión milimétrica en mi mente, ignorando por completo la ceguera de mis ojos.
Calculé el punto exacto de intercepción. Con un movimiento relámpago nacido de la memoria muscular de mi experiencia de batalla, desenvainé la Espada Negra Sangrienta desde la cintura y tracé un corte horizontal ascendente con toda mi fuerza.
¡PLUSSSH!
El acero azabache cruzó el aire a una velocidad sobrehumana.
¡PAM!
Un impacto húmedo resonó sobre las baldosas. La cabeza de Iker rodó por el suelo, deteniéndose a escasos centímetros de mis pies con los ojos desorbitados por el shock, congelado en una mueca de incredulidad absoluta antes de apagarse.
¡PUM!
Un segundo después, su cuerpo decapitado se desplomó pesadamente hacia adelante, tiñendo el suelo de un charco escarlata viscoso.
—No eres más que un aficionado —murmuré con voz neutra, limpiando el filo de la hoja contra su pantalón.
¡DING!
\[¡Has eliminado a un Despertado!\]
\[¡Has obtenido botín de eliminación directa!\]
El timbre mecánico del Sistema resonó en mi cabeza mientras el efecto del veneno comenzaba a disiparse lentamente. Cerré los ojos, me recosté contra el respaldo de la banca y mastiqué con calma el último bocado de la manzana.

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Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) Capítulo 40
Estás leyendo el capítulo 40 de Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela), un novela. La humanidad enfrentaba la extinción. La aparición de bestias y monstruos de fantasía azotó el mundo, pero con ellos vino una esperanza: los Despertados, personas que recibieron la facultad de usar el Sistema para… Este capítulo tiene publicado el 21 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Alejey. Elysium: El Regreso al Fin del Mundo (Novela) tiene 59 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.