Leer El vagabundo del Invierno (Novela) Capítulo 8 online gratis en español
Ya era poco más de las 2:00 p. m. Matt observaba desde lejos a un oso polar adulto. Lo miraba fijamente, calculando cómo vencerlo sin morir en el intento…
¿Por qué? Hoy era el día de la prueba. Tenía que cazar con éxito a un oso adulto.
Tras quince días bajo la tutela de Matskim, Matt ya no era un completo novato; al menos, ya sabía qué hacer para no morir. O, mejor dicho: sobreviviría y mataría.
Si ni siquiera puedes asegurar tu propia victoria, ¿qué sentido tendría intentar subir de rango?
En este mundo, solo aquellos con la voluntad inquebrantable de hacerse más fuertes y ganar logran ascender. No, en este mundo el poder no se regala: solo los que son «pulidos» suben de nivel. Un cobarde ni siquiera conseguiría despertar…
Matt esperó a que el oso pasara por un barranco de cinco metros. En cuanto la bestia lo cruzara, se abalanzaría sobre ella sin dudarlo.
El oso caminó bajo el barranco y, justo cuando iba a salir de aquel estrecho paso, Matt saltó sobre su cuello y le clavó el cuchillo en la espalda.
Sin embargo, la bestia ni siquiera se inmutó. De hecho, la hoja ni siquiera logró penetrar su gruesa piel.
Con una simple sacudida, el oso envió a Matt directo al suelo.
«¡Mierda!», pensó Matt.
El ataque sorpresa había sido un rotundo fracaso.
No tenía tiempo para lamentarse. Inmediatamente rodó hacia la derecha, justo a tiempo para esquivar las garras de la bestia.
¡Zuuuu!
El aire resonó como el restallido de un látigo. Aunque esa zarpa parecía lenta debido a su enorme tamaño, era solo una ilusión óptica.
¡Zuuuu!
Otro golpe devastador lo obligó a rodar hacia la izquierda.
Matt se concentró al máximo y todo a su alrededor pareció ralentizarse. Aunque, en esta «cámara lenta», lo único que se aceleró fue su propia percepción: su cuerpo aún obedecía las leyes de la física.
Entendió que este fenómeno ocurría porque su cerebro procesaba un peligro absoluto: un solo error y sería hecho papilla por una pata más ancha que su propia cabeza.
¡Zuuuu! ¡Bang!
El suelo se agrietó tras un golpe descendente de la fiera.
Matt hizo una maniobra extraña hacia la derecha, pisó el brazo del oso e instantáneamente saltó hacia arriba.
Fue una estupidez.
¿Qué sentido tenía saltar si no había nada donde impulsarse? En el aire, la fuerza de un humano se reduce al no tener un punto de apoyo.
Sabía que había cometido un error, pero lanzó su cuchillo al ojo del oso para intentar cegarlo.
La bestia solo inclinó la cabeza y la hoja rebotó como si hubiera chocado contra cemento.
Matt volvió a esquivar un zarpazo ascendente, tensando por completo el cuerpo y retorciéndolo como si fuera un gato. Cayó al suelo esquivándolo por un pelo.
Estaba lleno de heridas.
No solo los zarpazos directos eran peligrosos: cada vez que el oso balanceaba los brazos, las piedras y los trozos de madera del entorno salían disparados como proyectiles a alta velocidad. Sin el lujo de poder esquivar cada esquirla, sangraba copiosamente de brazos y piernas.
—¡Ahhh!
Intentó gritar, pero el aire escapó de sus pulmones al recibir un «toque» del oso.
La bestia había logrado alcanzarlo en el costado izquierdo. Por suerte, Matt consiguió desviar ligeramente el impacto, lo que evitó que muriera en el acto.
Salió volando como un muñeco de trapo y se estrelló contra las rocas cubiertas de nieve.
Estaba seguro de haber esquivado bien aquel golpe, pero una astilla de madera de varios centímetros se le había clavado en el muslo derecho, dificultando sus movimientos.
Echado en la nieve, sabía que si no se movía moriría.
Su respiración se volvió entrecortada por la sangre que brotaba de su boca; sentía al menos dos costillas rotas del lado izquierdo.
Estaba furioso.
Las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos inyectados en sangre mientras comprendía la amarga realidad.
«No soy nada. Sigo perdiendo incluso después de haber despertado… Aún soy una hormiga y pretendía vengarme. Con razón al viejo le parecía ridículo cuando le decía que mataría a un Iluminado, si ni siquiera puedo con un simple oso…».
Lloraba y se maldecía a sí mismo mientras la fiera caminaba despacio hacia él.
El oso no tenía prisa alguna; se desplazaba con lentitud, como burlándose.
Para el animal, Matt no era más que una presa entretenida que le servía de diversión antes del almuerzo.
Cuando la bestia estuvo a tan solo un metro de él y alzó la pata derecha para aplastarle la cabeza, una voz resonó en el aire:
—Deja de llorar, mocoso, y presta atención.
Volviendo al momento en que Matt esperaba para la emboscada, Matskim lo observaba oculto a la distancia.
Esta era una prueba crucial.
Matt era terco y estaba cegado por la venganza. Si continuaba así, moriría en menos de un año. Ni siquiera se lo imaginaba saliendo vivo de ese infierno helado.
El objetivo de la prueba era mostrarle lo débil que realmente era, forzarlo a cambiar de actitud e inculcarle una lección valiosa a través del fracaso.
Al ver que el primer ataque había fallado, Matskim suspiró y se aprestó a intervenir.
Nunca esperó que el chico ganara. Solo quería demostrarle su ingenuidad.
Al principio, le había hecho compañía por pura pena, pero en esas dos semanas había llegado a apreciarlo sinceramente. No como el mero reflejo de su hijo difunto, sino como un nuevo hijo a quien no estaba dispuesto a ver morir de nuevo.
En el suelo, mientras sangraba, Matt pensó en sus tíos, en la amiga que había perdido en Anádyr y, finalmente, en el viejo borracho.
Aunque nunca lo demostraba, apreciaba enormemente a Matskim.
Tal vez porque, tras perder a todos, había pasado dos meses en completa soledad. O tal vez porque lo quería como al padre que nunca tuvo.
Al ver al oso acercarse, cerró los ojos y pensó:
«Al menos el viejo estará bien y no tendrá que quedarse atrapado aquí conmigo…».
Justo cuando se despedía de la vida, la voz del veterano lo devolvió a la realidad:
—Deja de llorar, mocoso, y presta atención.
Matt abrió los ojos de golpe y vio a Matskim a un lado, adoptando una postura extraña.
Todo su ser estaba concentrado.
Su cuerpo se volvió rígido, el cabello se le erizó y alzó el brazo derecho a la altura de sus ojos. Parecía como si su figura se comprimiera por completo en un trance de absoluta inmovilidad.
Por un milisegundo, a Matt le pareció ver un extraño destello blanco recorrer el aire, pero la vista se le nublaba tanto por la sangre que pensó que simplemente se lo estaba imaginando o que estaba perdiendo el conocimiento.
El oso, sin embargo, se aterrorizó de inmediato.
No entendía qué pasaba, pero sus instintos le gritaban que aquel hombre era mortalmente peligroso y que debía huir.
Ni por un segundo pensó en atacar, pero ya no tenía salida: estaba a solo un metro del cazador.
Y entonces ocurrió.
¡Plazhhh!
Matt no pudo seguir el movimiento de la espada.
Lo siguiente que supo fue que la cabeza del oso explotó, cubriéndolo de sangre y materia cerebral.
La estocada había atravesado el ojo de la bestia, reventándole el cerebro de un solo impacto.
¡Pushh!
El viejo cayó sentado de golpe sobre la nieve, jadeando pesadamente.
Haber mantenido esa postura y ejecutado ese único ataque parecía haber drenado por completo toda su fuerza y concentración…
Matt lo miró atónito, sin entender en lo absoluto cómo un simple corte con una espada corta había destruido el cráneo de una bestia que hacía rebotar cuchillos como si fueran de papel.

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El vagabundo del Invierno (Novela) Capítulo 8
Estás leyendo el capítulo 8 de El vagabundo del Invierno (Novela), un novela. Impulsado por la venganza, Matthew emprende un viaje sin retorno a través de un continente marcado por la guerra y la desolación. En su camino, busca dominar la misteriosa “Voluntad”, un poder que consume tanto como… Este capítulo tiene publicado el 20 de septiembre de 2026. El vagabundo del Invierno (Novela) tiene 34 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.