Leer El Señor de Puluo (Novela) Capítulo 56 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
"¡Maldita marimacho!" El hombre de la magua olió primero el humo, e inmediatamente todo su cuerpo ardió en llamas; solo entonces comprendió que se había topado con una vieja enemiga.
Con razón ese sujeto del traje rojo entendía tan bien a los Cultivadores del Aceite.
Con razón conocía incluso sus técnicas letales.
Resulta que Yu Nan lo había instruido.
En efecto, Yu Nan había instruido a Li Banfeng; de lo contrario, si hubiera dependido únicamente de sí mismo ante una senda daoísta tan poco común como la del Cultivador del Aceite, sin duda habría llevado las de perder.
Los Cultivadores del Aceite le temían al fuego; recurrir al fuego era la táctica más acertada para combatirlos.
¿Pero por qué Li Banfeng no lo había usado desde el principio?
Porque el método correcto debía aplicarse en el momento oportuno.
La razón por la que la emboscada de Li Banfeng había tenido éxito era la discreción de su acometida; de haberse aproximado al hombre de la magua sosteniendo una antorcha, este lo habría derribado en el primer instante.
Durante el combate, ¿por qué Li Banfeng no usó fuego?
¿Encender un fósforo en mitad de la contienda?
Li Banfeng llegó a considerarlo.
Pero el hombre de la magua no era ningún idiota; jamás le habría concedido a Li Banfeng la oportunidad de frotar un fósforo, y aun si lograba encenderlo, tampoco permitiría que la llama lo alcanzara.
Ya no se trataba solo de Li Banfeng; incluso para Yu Nan, una Cultivadora del Humo, prenderle fuego al hombre de la magua entrañaba una dificultad enorme. Cuando se enfrentaron en el pasado, el sujeto ni siquiera le había dado a Yu Nan la ocasión de encender su pipa.
Y ahora, aunque habían logrado prenderle fuego, el hombre de la magua no carecía por completo de recursos para responder.
De inmediato replegó la grasa de su cuerpo y rodó por el suelo, sofocando las llamas con presteza.
Sin embargo, para cuando extinguió el fuego, Li Banfeng ya se le venía encima empuñando la guadaña.
El hombre de la magua había perdido un ojo, presentaba quemaduras por todo el cuerpo y apenas le quedaban fuerzas; sin recurrir al aceite, solo le aguardaba la muerte.
¿Y si usaba el aceite?
El humo flotaba justo a su alrededor; en cuanto segregara grasa, volvería a prenderse fuego y su destino seguiría siendo perecer.
Había caído en un callejón sin salida, una trampa mortal de la que era imposible zafarse.
Al verse desprovisto de toda esperanza, el hombre de la magua gritó a voz en cuello:
"¡Patrona Yu! ¡Reconozco que lo del pasado fue culpa mía! Si hay algún problema, ¡todo se puede hablar!"
"¿Hablar?", replicó Yu Nan con una risa helada. "Rong Jin'an, cuando mataste a mis hermanos en aquel entonces, ¿por qué no hablaste conmigo? ¿Cuando destrozaste mi tienda, por qué no hablaste conmigo? ¿Y cuando ultrajaste a las hermanas de mi tienda, por qué no hablaste con ellas?"
Así que el hombre de la magua se llamaba Rong Jin'an; Li Banfeng grabó su nombre en silencio en la memoria.
Rong Jin'an se justificó:
"¡Había cosas que nuestro tendero trató de hablar contigo! Como no aceptaste, no me quedó más remedio que quemar tu tienda. ¡Pero yo actué a cara descubierta, a la luz del día, no como tú, valiéndote de tretas rastreras en las sombras! ¡Has quebrantado las reglas del bajo mundo!"
Yu Nan dio un paso al frente y le estampó una patada en pleno rostro a Rong Jin'an, marcando una huella de zapato rojinegra.
Rong Jin'an profirió un aullido de dolor:
"¡Administradora Yu, te pido perdón! ¡Hasta me arrodillaré y me postraré si quieres, pero perdóname la vida! No obstante, hay algo que debo advertirte: tienes una tienda que mantener, tienes un negocio abierto y todavía debes ganarte la vida en el Barranco Interior. Ya te desahogaste, ya te cobraste tu venganza; con esto, el asunto debería quedar zanjado. Si de verdad llevas las cosas a un extremo irremediable, te estarás cerrando tus propias salidas. Ya sabes bien de lo que es capaz la Botica Geng, ¡y detrás de ellos está la Banda Jiangxiang! Llevas años desenvolviéndote en este mundillo; herir a traición a espaldas ajenas ya te deja en falta. Conoces las reglas y conoces la mesura. He dicho todo lo que tenía que decir; ¡tú sabrás qué hacer!"
El índice y el dedo medio de Yu Nan acariciaron de arriba abajo la boquilla de su pipa; el semblante de su rostro se tornó excepcionalmente sombrío.
Lo dicho por Rong Jin'an no carecía de cierta lógica: cuando él atacó la tienda de Yu Nan en el pasado, lo hizo a cara descubierta, de frente y sin tapujos.
En cambio, la emboscada que Yu Nan tendió esta noche equivalía a un tiro por la espalda.
Actuar de esa guisa, ciertamente, quebrantaba las reglas.
Y matarlo aquí mismo rebasaría todo límite de mesura.
Mientras Yu Nan titubeaba, Li Banfeng se plantó frente a Rong Jin'an y le preguntó:
"Eso que acabas de decir de que has dicho todo lo que tenías que decir... ¿qué significa exactamente?"
Rong Jin'an soltó una risa burlona:
"¿Ni eso entiendes? ¿Acaso es tu primer día en el bajo mundo? ¿Qué significa? ¡Mastícalo tú mismo!"
Li Banfeng replicó:
"Ya lo mastiqué. Según lo que entiendo, significa que ya dijiste hasta la última palabra que tenías por decir."
Rong Jin'an se quedó perplejo:
"¿Y eso qué significa?"
"¿Ni eso entiendes? Si ya terminaste tus últimas palabras, es hora de ponerte en camino."
Li Banfeng blandió la guadaña y descargó un tajo directo hacia la garganta del hombre de la magua.
Rong Jin'an intentó bloquear con la mano derecha, pero por desgracia no le dio tiempo de segregar aceite, y Li Banfeng le cercenó el antebrazo de cuajo.
Con la mano amputada, Rong Jin’an jadeó entrecortadamente:
"Hermanito, a ti también te pagan por hacer un trabajo. Si los patrones aún no han dado la orden y tú ya te lanzas a actuar, esto va contra las reglas".
"¿De dónde sacas tantas reglas?". Li Banfeng le asestó otro tajo al hombre del chaleco tradicional. Su intención original era abrirle la cabeza, pero el hombre esquivó a la desesperada y acabó perdiendo una oreja.
"No hablemos de reglas, hablemos entonces de lo razonable. Entre tú y yo no hay agravio ni rencor alguno...".
"¿De dónde sacas tanta razón?". Li Banfeng lanzó otro tajo. Apuntaba a degollarlo, pero Rong Jin’an volvió a esquivar y la hoja le atravesó el hombro izquierdo de parte a parte.
"¡Yo... yo pertenezco a la Banda Jiangxiang!...".
"Conque eres de la Banda Jiangxiang... En ese caso, te toca una puñalada de propina". Li Banfeng volvió a descargar el arma.
"¡No! Yo... en realidad tampoco pertenezco del todo a la Banda Jiangxiang, soy de la Botica Geng...".
"¿Y por qué me mentiste hace un momento?". Li Banfeng descargó una estocada más.
...
La última puñalada se hundió en pleno pecho. Rong Jin’an dejó de moverse.
Al presenciar la escena, Yu Nan, que al principio todavía albergaba ciertas dudas, no tuvo más remedio que aceptar la realidad consumada.
Tras deliberar brevemente, acordaron repartirse la faena: Li Banfeng se encargaría de deshacerse del cadáver, mientras que Yu Nan se ocuparía de borrar todo rastro.
Dado que los dependientes de la Tienda de Telas Yu ya habían puesto a salvo a Qin el Gordo, Yu Nan le dijo:
"Séptimo Señor, mañana a primera hora pásese a buscarme a la tienda de telas. Lo llevaré a visitar al Patrón Qin".
Li Banfeng asintió con la cabeza, se echó el cadáver del hombre del chaleco al hombro y se dio media vuelta para marcharse.
Yu Nan observó cómo la sangre del individuo manaba y empapaba el traje rojo de Li Banfeng; a menos que uno mirara con minucioso detalle, era imposible notar mancha alguna.
'¿Será por eso que Li Banfeng viste de rojo? ¿Acaso desde el mismísimo principio ya estaba resuelto a matar gente?'.
Yu Nan dejó escapar un suspiro y comentó:
"Séptimo Señor, la verdad es que usted no respeta ni las reglas ni la mesura en lo más mínimo".
Li Banfeng volvió la cabeza y preguntó con genuino desconcierto:
"¿Qué son exactamente las reglas y la mesura?".
Yu Nan se quedó perpleja, sin saber a ciencia cierta si Li Banfeng de verdad era así de ignorante o si solo se hacía el tonto.
Tras un breve silencio, esbozó una sonrisa:
"Las reglas y la mesura... son el Jianghu".
'¿El Jianghu?
¿Un concepto tan profundo?
No lo entiendo'.
Con respecto a los asuntos que no alcanzaba a comprender, Li Banfeng jamás perdía el tiempo dándoles demasiadas vueltas.
Caminó hasta el fondo del callejón y, tras cerciorarse de que no había un alma a la vista, metió el cadáver de Rong Jin’an en la Residencia Móvil.
Sus movimientos fueron en extremo sigilosos, por temor a despertar al gramófono. Al depositar el cuerpo junto a la flor de loto de bronce, descubrió que los pétalos estaban abiertos de par en par. En el receptáculo de siete orificios reposaban tres semillas de loto.
Li Banfeng desprendió las semillas.
Dos de ellas se habían gestado a partir de los cadáveres de Decai y Demao.
La otra procedía de la refinación de la daga chupasangre.
Al cabo de unos instantes, dos de las semillas estallaron. De cada una brotaron dos píldoras rojas, y Li Banfeng procedió a guardarlas.
Contando estas, ya acumulaba ocho píldoras rojas en su poder. Calculando al rendimiento habitual de dos píldoras por cada cadáver de Primer Nivel, el cuerpo de Rong Jin’an le proporcionaría otras dos, con lo que alcanzaría una decena de píldoras rojas. El único inconveniente era que Li Banfeng todavía ignoraba qué utilidad práctica tenían.
Mientras Li Banfeng cavilaba al respecto, los ojos de Rong Jin’an se movieron de forma casi imperceptible.
No estaba muerto. En el mismísimo instante en que Li Banfeng le clavó el cuchillo en el pecho, había secretado una densa capa de aceite sobre su propio corazón, haciendo que la hoja resbalara a un costado sin penetrar el órgano vital.
Ahora que la marimacho no estaba presente y solo quedaba este mocoso atolondrado, Rong Jin’an planeaba acumular un poco de fuerzas para arrebatarle la vida a Li Banfeng por sorpresa.
¡\*Crac\*!
La última semilla de loto reventó.
De su interior salieron expulsadas tres píldoras herrumbrosas. Li Banfeng se apresuró a recogerlas con las manos enguantadas para guardarlas debidamente.
Aparte de las píldoras, desde el corazón del loto también salió despedido un péndulo de reloj.
Li Banfeng reconoció aquel péndulo de inmediato: era la reliquia que había dejado Luo Yuni.
'¿En qué momento entró esta cosa en el loto de bronce?'.
Li Banfeng palpó el borde exterior del péndulo; estaba afilado como una navaja.
'¿Para qué servirá esto?'.
Li Banfeng dirigió la mirada hacia Rong Jin’an:
"¿Sabes para qué sirve esta cosa?".
El corazón de Rong Jin’an dio un vuelco alarmado, pero no se atrevió a emitir el menor sonido.
'¡Está intentando engañarme para que me delate! ¡No puedo caer en su trampa!'.
"Aguanta un poco el dolor, voy a probarlo". Li Banfeng empuñó el péndulo y lo descargó contra el cráneo de Rong Jin’an.
La cabeza de Rong Jin’an comenzó a segregar aceite a toda prisa, pero ya era demasiado tarde.
La velocidad de un Cultivador del Viaje era abrumadora: el péndulo ya se había incrustado profundamente en el hueso del cráneo.
El cuerpo de Rong Jin’an se sacudió en violentas convulsiones. Li Banfeng clavó la mirada en la herida y frunció el ceño con extrañeza.
'Qué raro... ¿Por qué no sangra?'.
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• Novela: El Señor de Puluo / 普罗之主 (Pǔluó Zhī Zhǔ)
• Autor: Salagusi (沙拉古斯)
• Traductor: Inmensurable
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Estás leyendo el capítulo 56 de El Señor de Puluo (Novela), un novela. Para salvar la vida de un amigo, Li Banfeng —cuyo nombre se escribe con el carácter de "cumbre" y no de "locura", pues el médico aseguró que no está loco— aborda el tren de vapor 1160 con destino a la Provincia de… Este capítulo tiene publicado el 18 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Señor de Puluo (Novela) tiene 56 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.