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Leer El Señor de los Misterios (Novela) Capítulo 170 online gratis en español

🏴 Grupo: Eldolfo/Morganxc✍️ Traducción: Eldolfo/Morganxc
Klein se dirigió a la oficina del Capitán y vio que la puerta estaba completamente abierta. Dunn Smith estaba recostado en su silla, aspirando el aroma de su pipa. Cuando Dunn posó sus ojos grises sobre él, cambió de postura. "Pareces estar en buena forma, nada propio de alguien que acaba de consumir una poción". "Quizá sea la ventaja de haber digerido por completo una poción antes de ascender". Klein cerró la puerta tras de sí y tomó asiento. Él y Dunn conocían el "método de actuación", así que el juramento no les impedía hablar del tema entre ellos. Podían intercambiar opiniones al respecto, pero ambos guardaron silencio con un entendimiento tácito en cuanto terminaron. Klein lo pensó un momento y preguntó: "¿Su Gracia ya se fue?" "Sí. Como diácono de alto rango, tiene otros asuntos que atender". Dunn reflexionó un instante antes de añadir: "Ah, también se llevó el par de ojos rojos que quedaron después de la muerte del Viejo Neil". Klein se sorprendió y frunció el ceño. "¿Por qué?" Dunn tomó su taza de café, dio un sorbo y respondió tras un largo silencio: "No deberíamos engañarnos. Un Alborotado ya es, en esencia, un monstruo. Y como te dije antes, los monstruos dejan objetos cargados de poderes Beyonder al morir. Cuando esos objetos no pueden controlarse, deben ser sellados. Sí, ese es uno de los orígenes más comunes de los Artefactos Sellados. Según las reglas internas de los Halcones Nocturnos, los objetos dejados por los Alborotadores deben almacenarse en otro lugar, para no estimular a sus antiguos compañeros". "Una regla lógica". Klein asintió con pesadez. De pronto notó que el Capitán había omitido algo, así que preguntó con curiosidad: "¿Y si el objeto que queda sí puede controlarse?" Dunn lo miró. Sus ojos grises eran profundos como una noche tranquila. Suspiró antes de responder: "No querrías saber la respuesta". Klein se quedó atónito, hasta que una posibilidad surgió en su mente. Los monstruos normales dejaban ingredientes Beyonder que podían utilizarse para preparar pociones. Pero… ¿qué ocurría con un Alborotado transformado en monstruo? Si dejaba un objeto controlable… ¿también se usaría como ingrediente Beyonder? Al comprenderlo, Klein sintió una oleada de repulsión. Volvió la cabeza con ganas de vomitar, e incluso su visión se volvió borrosa. ¡Qué teoría tan espantosa! Pero probablemente sea la más cercana a la verdad… En ese instante comprendió mejor frases como: "Para luchar contra el abismo, debemos soportar la corrupción del abismo" y "Somos guardianes, pero también unos miserables que luchan constantemente contra amenazas y locura". ¿Será una de las razones por las que la Iglesia oculta el "método de actuación"? ¿Para reciclar a parte de sus propios miembros como repuestos? Pero eso haría que muchos de los niveles superiores rechazaran a la Iglesia… Su rostro reflejaba claramente el torbellino de pensamientos. Al ver su reacción, Dunn soltó una risa repentina. Un destello brilló en sus ojos grises. "Míralo desde un ángulo más optimista. Puedes pensar que nuestros compañeros siguen cuidándonos de otra manera. Permanecerán con nosotros para siempre". Después de decir eso, bajó la cabeza, tomó su café y bebió. Tras casi veinte segundos de silencio, volvió a alzar la vista. "Y no te preocupes. Mientras podamos conseguir fuentes normales de ingredientes Beyonder, no recurriremos a lo que acabas de imaginar". "Está bien. Según las reglas, recibirás un día libre por haber ascendido. Puedes decidir si asistir o no a tu entrenamiento de combate esta tarde, pero de todos modos tendrás que informar a Gawain". Klein asintió suavemente. Inspiró hondo, enderezó la espalda y dijo: "Capitán, terminé mis lecciones de misticismo. Me gustaría usar las mañanas para aprender rastreo, vigilancia y otras técnicas". Hizo una pausa y añadió con expresión seria: "Quiero cumplir cuanto antes con todos mis deberes como Halcón Nocturno". Dunn le lanzó una mirada penetrante y suspiró. "Eres más duro de lo que imaginaba. Como desees". "¡Sí, Capitán!" Klein se puso de pie de inmediato y dibujó una luna carmesí sobre su pecho. \*\*\* Después de salir de la Compañía de Seguridad Endrina, Klein no volvió a casa a descansar. Aprovechó para tomar un carruaje sin rumbo fijo hasta la residencia de Azik. Din don. Din don. Cuando el timbre resonó con claridad, Azik abrió la puerta vestido con camisa blanca y chaleco negro. Una cadena de reloj dorada colgaba del bolsillo del chaleco. "¿No deberías estar trabajando?" Azik miró al cielo y notó que el sol aún no llegaba a su punto más alto. "En realidad, hoy tengo casi todo el día libre por algunas circunstancias especiales", explicó Klein vagamente. Azik lo observó, como si hubiera notado algo, y asintió mientras se apartaba para dejarlo entrar. En el pasillo, Klein dejó su bastón a un lado, se quitó el sombrero y siguió a Azik hasta la sala de estar. La habitación estaba cómodamente amueblada con chimenea, mecedora, sofás y una mesa de centro. Klein tomó su asiento habitual. Azik se sentó frente a él y señaló los puros sobre la mesa. "¿Quieres uno?" "No". Klein negó con firmeza. Azik no insistió. Encendió una cerilla y prendió uno de los puros mientras preguntaba con naturalidad: "¿Ya resolviste el asunto de la Ciudad de Morse?" "Tengo que agradecerle por eso", respondió Klein con sinceridad. Al mismo tiempo, criticó en silencio: Señor Azik, antes de perder la memoria debió de dejarse una fortuna considerable. De lo contrario, ¿cómo podría un profesor que ni siquiera es asociado permitirse fumar puros con tanta frecuencia? Mientras jugueteaba con el cigarro, Klein planteó otro asunto. "Señor Azik, hay algo que quisiera preguntarle". "¿Qué sucede?" respondió Azik sin alzar la cabeza. Klein hizo una pausa para ordenar sus palabras. "Uno de mis colegas perdió el control y se convirtió en un monstruo. Me gustaría saber si su espíritu fue contaminado". No estaba seguro de que Azik conociera el significado de "perder el control", así que ya había preparado una explicación adicional. Azik dejó lo que estaba haciendo y levantó la cabeza para mirarlo. Asintió con gravedad. "Sin duda. Debes ser muy cuidadoso en una situación así. Si perdió el control debido a la tentación de un dios maligno o de un demonio, evita contactar con su espíritu. Es muy probable que eso conduzca a un peligro mortal". "Entiendo..." Klein soltó un suspiro decepcionado. Cuando estuvo frente al cadáver del Viejo Neil, había estado demasiado conmocionado y olvidó contactar su espíritu. Dunn Smith tampoco se lo recordó. Ahora que lo pienso, el Capitán no lo olvidó. Lo evitó deliberadamente… No insistió en el tema y cambió de asunto. "Señor Azik, traté de adivinar el origen de los incidentes paranormales de la Ciudad de Morse. Vi una pirámide invertida extendiéndose bajo tierra. Mi compañero me dijo que es un símbolo de la Muerte. Solo ‘Sus’ descendientes recibirían tal honor". Azik dejó la cerilla y tomó el cortapuros, pero de pronto quedó inmóvil, en trance. Permaneció así largo rato. Se recostó lentamente y mostró una expresión extrañamente sombría. Después de un tiempo, habló con voz grave: "Eso me resulta muy familiar... pero no parece despertar ningún recuerdo". "Lo siento mucho". Klein suspiró con sinceridad. Había esperado que aquella revelación ayudara a recuperar parte de la memoria de Azik. Azik cortó la punta del cigarro, negó con la cabeza y sonrió con amargura. "Si fuese algo fácil de recordar, hace tiempo habría encontrado la forma de escapar de mi destino. Aun así, debo agradecerte tu intención. Gracias por seguir pensando en mí todo este tiempo". Pensó un momento antes de añadir: "Ah, y pronto dejaré Tingen". "¿Por qué?" preguntó Klein, sorprendido. ¿No habíamos dicho que buscaríamos al manipulador detrás de escena? ¿A quien alteró mi destino y robó el cráneo de tu hijo? Azik sostuvo el cigarro y suspiró. "Es posible que el objetivo haya notado mi atención y mi investigación. No ha vuelto a actuar, así que me he quedado sin pistas. Por eso pienso marcharme temporalmente a Backlund. Por un lado, buscaré rastros que dejé antes de perder la memoria. Por otro, mi ausencia puede hacer que el objetivo baje la guardia". Qué pena que no puedas ocupar mi lugar buscando la casa de la chimenea roja… Klein asintió solemnemente. "Estaré muy atento. Si el objetivo actúa y se expone, le informaré de inmediato. "Hmm, Señor Azik, ¿cómo podría avisarle a tiempo?" Klein tenía la sospecha de que, si Azik estaba vinculado a la Muerte o era uno de ‘Sus’ descendientes, sus poderes serían similares a los del camino del Recolector de Cadáveres. Sin duda tendría un método semejante al mensajero de Daly. En otras palabras, aquello podía confirmar su relación con la Muerte. Azik dio una calada al cigarro y pensó durante casi veinte segundos. Luego sacó un objeto de la manga izquierda. Era un antiguo silbato de cobre, intrincado y cubierto de patrones singulares que desprendían un aura misteriosa. "Esto estaba conmigo cuando desperté en Backlund. Si soplas este silbato, invocarás a un mensajero que me pertenece", explicó mientras se lo mostraba. ¡¿Después de tantos años aún funciona?! Esto debe ser un objeto mágico… Klein estaba sorprendido y satisfecho. Aquello confirmaba indirectamente que Azik estaba relacionado con la Muerte. Azik lo miró, llevó el viejo silbato a sus labios y sopló con todas sus fuerzas. No salió ningún sonido. Sin embargo, Klein sintió de inmediato una atmósfera lúgubre y helada. Rápidamente golpeó su molar izquierdo y vio cómo huesos blancos borrosos brotaban del suelo uno tras otro, formando una grotesca fuente. Pocos segundos después, una criatura ilusoria apareció en la sala. Su cuerpo estaba compuesto de huesos blancos. En las cuencas oculares ardían llamas oscuras. Medía casi cuatro metros de altura y se alzaba sobre Klein, que ni siquiera alcanzaba el metro setenta y cinco. Al ver que su cabeza casi rozaba el techo, Klein no pudo evitar pensar: Señor Azik... ¿no es su mensajero un poco... demasiado exagerado? Azik no compartía esa opinión. Sonrió y explicó: "Después de entregarle la carta, vuelve a soplar el silbato para finalizar la invocación. Entonces me la hará llegar con rapidez y discreción". Luego agitó la muñeca y lanzó el viejo silbato al otro lado de la habitación. Klein extendió la mano derecha y lo atrapó con precisión. Lo sintió frío y suave. Gracias, Poción Payaso... Suspiró aliviado, limpió el silbato y sopló con fuerza. En silencio, el enorme mensajero se desmoronó mientras los huesos blancos se hundían bajo tierra. \*\*\* El río Tussock atravesaba Backlund, rodeado de numerosos puertos. Alger Wilson, vestido con las largas túnicas sacerdotales de la Iglesia del Señor de las Tormentas, descendió lentamente de un barco de pasajeros. Observó a la multitud yendo y viniendo por el puerto, con incontables estibadores sudando bajo el sol. Era una escena bulliciosa y ruidosa. "Ha pasado un tiempo, Backlund", murmuró Alger para sí mismo.
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El Señor de los Misterios (Novela) Capítulo 170

Estás leyendo el capítulo 170 de El Señor de los Misterios (Novela), un novela. Con la creciente marea del poder del vapor y la maquinaria, ¿Quién puede aspirar a ser un Beyonder? Oculto en la niebla de la historia y la oscuridad, ¿Quién o qué es el mal que acecha y murmura en nuestros oídos?… Este capítulo tiene publicado el 16 de enero de 2021, Traducido por el grupo Eldolfo/Morganxc. El Señor de los Misterios (Novela) tiene 1437 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.