arrow_back

Leer El renacimiento de la maliciosa emperatriz de linaje militar (Novela) Capítulo 136 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Aquello fue un paisaje onírico sumamente aterrador que hizo que todos los esfuerzos fueran en vano. Uno sabía perfectamente que el desenlace sería brutal, pero era incapaz de impedir que nada sucediera, y solo podía observar cómo todo se precipitaba irremediablemente hacia un camino sin retorno. Ella era una asesina. Se oyó un estruendo de trueno. Era principio de invierno y resultaba extraño que hubiera semejante relámpago. Shen Miao se incorporó, aún dormida, jadeando y resoplando. Involuntariamente, su mano se aferró a algo y sintió que alguien le daba unas palmaditas suaves en la espalda. La fuerza de esa mano era muy delicada, como si transmitiera una seguridad reconfortante. Se dejó llevar por el abrazo de la otra persona y se sujetó el cuello, sintiendo cómo el sudor le empapaba la cabeza y le faltaba el aire. Aquella persona también tenía buen carácter y la dejó acurrucarse, antes de detenerse y extender la mano para colocarla tras la cabeza de Shen Miao y estrecharla contra sí. Todo el cuerpo de Shen Miao temblaba violentamente y le mordió el hombro. Él se puso rígido, pero no se movió y solo le dio unas palmaditas en la cabeza. Nadie sabía cuánto tiempo había pasado, pero el trueno se fue apagando poco a poco, y solo el repiqueteo de la lluvia se oía desde fuera de la habitación. El corazón de Shen Miao se tranquilizó y su boca se relajó, pero la punta de su nariz rozó algo frío: un botón dorado. Ella se encontraba en una posición muy íntima con la otra persona. Lentamente se incorporó del abrazo de esa persona. Un instante después de que este último se levantara, la habitación se iluminó y alguien, sosteniendo una lámpara sobre el taburete frente a la cama, se sentó a su lado. Sus cejas eran oscuras y apuestos, y su porte, como siempre, era elegante y noble. ¿Quién más podría ser, sino Xie Jing Xing? Bajo la luz de la lámpara, su mirada era menos cínica de lo habitual, con un atisbo de consuelo y una leve preocupación. El corazón de Shen Miao se encogió. Estaba tan absorta en la horrible pesadilla que no pudo despertar hasta ahora. Aquel sueño no fue solo un sueño, sino que fue como si hubiera sucedido de verdad. Le aterraba la terrible verdad y, en un momento de confusión, al sentir algo cálido, se aferró a ello y se negó a soltarlo como un náufrago que se aferra a un hilo de esperanza. Pero había olvidado que, a esas horas de la noche, quien solía venir era alguien difícil de tratar. El secreto que había guardado celosamente parecía resquebrajarse en ese instante, y se encontraba frente al más astuto de los cazadores. La perspicacia de Xie Jing Xing era como una antorcha que, con apenas unas palabras, le permitía intuir algo. “¿Con qué soñabas?” Xie Jing Xing cortó el sobrante de mecha de la lámpara de aceite. Incluso un gesto tan sencillo, realizado por él, se convertía en una silueta perfecta, llenando el corazón de calidez y alegría. “Solo fue una pesadilla” dijo Shen Miao con la mirada baja. Sin embargo, su voz seguía sonando antinatural. Xie Jing Xing hizo una pausa y giró la cabeza hacia ella: “También hay momentos en los que tienes miedo”. De repente, la ira hirvió en el corazón de Shen Miao: “No soy Su Alteza el Príncipe Rui. Vivir en el mundo es, por naturaleza, un trabajo duro; es natural que haya momentos en que uno tenga miedo”. Shen Miao lo miró. Sus ojos eran preciosos, con la forma de una flor de durazno. Normalmente, su mirada era una mezcla de coquetería y seriedad, lo que hacía imposible discernir su sinceridad, pero también podía cautivar a cualquier mujer. Ahora, frente a Shen Miao, sus ojos eran como un lago otoñal, profundos como el jade oscuro, dificultando la percepción de sus emociones. Dijo: “No temas, solo es un sueño”. A Shen Miao se le hizo un nudo en la garganta y una tristeza profunda la invadió. Tras su renacimiento, había controlado sus emociones a la perfección; solo era incapaz de ocultar el amor y el odio, pero tras un breve arrebato, se recomponía rápidamente. Sin embargo, hoy no podía soportar ese sueño. Quizá fuera por el frío de la lluvia, o tal vez por la mirada tan dulce de Xie Jing Xing, que había hecho que su corazón, antes frío, se volviera de repente frágil. Deseaba con todas sus fuerzas encontrar un lugar donde llorar a gritos. Sintió que la escena frente a ella se volvía borrosa, como si tuviera algo en la cara. Al levantar la vista, vio a Xie Jing Xing con un pañuelo en la mano, secándose las lágrimas. Ella gritó de verdad. Los dedos de aquel joven eran delgados mientras bajaba ligeramente la mirada, y sus movimientos eran muy suaves. Su mirada era muy seria, como si estuviera realizando la tarea más meticulosa del mundo. Sus largas pestañas caían y su rostro, habitualmente indiferente y travieso, se había desvanecido; ahora mostraba la más tierna compañía. Como un hermano mayor y a la vez como un amigo. Shen Miao estaba algo desanimada. Cuando Xie Jing Xing la secó, la miró a los ojos y arqueó una ceja: "¿No estás llorando?". Shen Miao evitó su mirada: “Muchas gracias”. Esta vez, el agradecimiento ya no estaba lleno de burla como antes, y era la primera vez que tenía una apariencia tan modesta. Xie Jing Xing también se sorprendió un poco al mirarla, y de repente sus labios se curvaron mientras le acariciaba la cabeza: "¿Qué viste para seguir llamando a Shen Furen? ¿Qué hiciste mal?" Shen Miao se sorprendió en secreto y miró a Xie Jing Xing mientras preguntaba: "¿Qué conversación onírica dije?" Xie Jing Xing hizo una pausa antes de decir:” Dijo Shen Furen, te equivocas. Lo siento, Shen Furen.” Y preguntó pensativo”: ¿Qué clase de grave error cometiste en tus sueños? Al oír esto, Shen Miao se sintió aliviada y dijo con desgana: “Nada. Solo fue un sueño”. Pero no sabía que Xie Jing Xing había notado sus esfuerzos por relajarse y que sus dedos se habían tensado ligeramente. “Pero…” Shen Miao recordó algo de repente y lo miró para preguntar”: Ya es tarde, ¿qué haces aquí?” Ni siquiera ella misma se había dado cuenta de que ya se había acostumbrado a que Xie Jing Xing irrumpiera en su habitación en mitad de la noche. En ese momento, su pregunta no denotaba enfado, como si fuera algo de lo más normal. Xie Jing Xing sacó una carta de la manga: “En realidad pensaba darte un regalo”. Shen Miao lo miró con expresión incomprensible y tomó la carta para abrirla. Sin embargo, se sorprendió por un instante al verla. Las palabras, escritas con letra densa, no eran otra cosa que el asunto de Chang Zai Qing en la provincia de Liu. Incluían que Chang Zai Qing aún tenía un esposo y un hijo a quienes había abandonado. Todos esos secretos pertenecían a Chang Zai Qing. Se quedó paralizada por un instante, no por el contenido de la carta, sino porque Xie Jing Xing se la hubiera entregado. “No pareces sorprendida” dijo Xie Jing Xing mirándola de reojo. “¿Ya lo sabías desde hace tiempo? “Muchas gracias a la amable atención del príncipe Rui”. Shen Miao guardó la carta: “Príncipe Rui, no intervenga en este asunto. Lo resolveré yo misma”. Xie Jing Xing la miró un rato y negó con la cabeza sonriendo: “Es este príncipe el entrometido”. Shen Miao guardó silencio un instante, sin saber por qué, pero sentía que la habitación era estrecha. Bajó la cabeza y su mirada se posó inconscientemente en la esquina de la túnica de Xie Jing Xing. La tela era muy lujosa y los bordados con hilos dorados, exquisitos. Era como si sintiera la mirada inquisitiva de Xie Jing Xing sobre ella. Shen Miao alzó la vista, se esforzó por mantener la calma y lo miró: “Si no hay nada que te preocupe, puedes regresar”. Xie Jing Xing la miró fijamente. Shen Miao frunció ligeramente el ceño. Aquella persona la había sacado de la pesadilla y debía estar agradecida. Sin embargo, ¿qué clase de persona era Xie Jing Xing? Alguien que veía un pequeño detalle y lo sabía todo. Cuanto más tiempo permaneciera allí con ella, más temía que la devorara sin dejar rastro. Shen Miao no deseaba que sus secretos salieran a la luz, y mucho menos que la identidad de Xie Jing Xing fuera tan delicada. Aunque Xie Jing Xing no mostrara hostilidad alguna en ese momento, no se atrevía a estar tranquila. Xie Jing Xing dijo: “¿Llueve tan fuerte que me dejas ir?” Como señal, un suave trueno acompañó la lluvia fuera de la ventana, y parecía que no cesaría en toda la noche. Shen Miao estaba tan enfadada por sus palabras que casi olvidó su pena de hacía un momento: "¿Será que el príncipe Rui todavía quiere quedarse a pasar la noche?". Xie Jing Xing arqueó las cejas: “Buena idea”. “Xie Jing Xing” llamó Shen Miao en voz baja. “Pronuncias mi nombre con dulzura” dijo Xie Jing Xing, dejando el pañuelo con el que había secado las lágrimas de Shen Miao. “Ve a dormir. Me iré cuando pare de llover. Shen Miao estaba exasperada y la sensación de agobio que había en la habitación había desaparecido. ¿Cómo podía una jovencita dormir con un desconocido vigilándola? ¿Qué clase de canallada era esa que Xie Jing Xing había estado haciendo todo el día? “El príncipe Rui está aquí. No puedo dormir” dijo Shen Miao, mirándolo sin expresión. Tras distraerse con Xie Jing Xing, la solemnidad que había provocado la aparición de Chang Zai Qing se atenuó considerablemente, e incluso su rostro lucía mucho más sereno. Xie Jing Xing extendió la mano para levantarle la barbilla y obligó a Shen Miao a mirarlo a los ojos antes de decir con calma: “Mira bien. Este príncipe es de sangre real y tiene porte de dragón. Cuando este príncipe esté en tu habitación, esos demonios y espíritus no se atreverán a acercarse, así que no tendrás pesadillas”. Shen Miao no se enfadó, sino que se rió mientras le apartaba la mano de un manotazo: “Esto quiere decir que tengo que darle las gracias al príncipe Rui”. "Correcto." Shen Miao fulminó con la mirada a Xie Jing Xing, pero su ánimo se fue relajando poco a poco. Xie Jing Xing no le preguntó nada más. A ella le daba igual si Xie Jing Xing realmente no lo había adivinado o si lo sabía pero fingía no hacerlo, porque eso la hacía sentir como si hubiera escapado. En ese momento no tenía fuerzas ni energía para lidiar con los demás, así que el silencio de Xie Jing Xing le estaba haciendo un favor. Xie Jing Xing se acercó a la ventana y la cerró para que no entrara la lluvia. Luego caminó hasta la mesa cercana a la cama y se sentó, antes de tomar un libro con displicencia, como si fuera a leer. Sin volverse, dijo: “Aquí está el príncipe, pueden dormir tranquilos”. Shen Miao movió los labios, queriendo decir algo, pero al final no dijo nada. Afuera, el viento aullaba, la lluvia gemía y los relámpagos eran realmente aterradores. Se cubrió con las sábanas, dejando solo la cabeza al descubierto, pero su mirada se dirigió inconscientemente hacia la persona sentada frente a la mesa. El joven sentado era delgado y alto, y hojeaba el libro con semblante serio. De perfil, se veía muy apuesto y, bajo la luz, parecía algo modesto. Su cinismo ante la vida se había desvanecido, y en ese momento Xie Jing Xing irradiaba calma y serenidad, como si su presencia pudiera protegerlo todo, transmitiendo una sensación de confianza incluso sin palabras. Tenía intrigas profundas y era frío, indiferente y despiadado. Se atrevió a engañar al mundo y a tomar decisiones drásticas. Engañó a la familia imperial, robó una viga y la reemplazó por una columna. En apariencia era cínico, pero con un simple gesto, se cernían nubes de tormenta. No era buena persona, pero tampoco tan insensible como se podría pensar. El estado de ánimo de Shen Miao era como el viento y la lluvia del exterior; esa pequeña tristeza y dolor parecían quedar ocultos por esa luz mientras cerraba lentamente los ojos. Tras un largo rato, por fin cesaron las gotas de lluvia, y en la lámpara de mesa apenas quedaba aceite. La llama titilaba ligeramente, como si fuera a extinguirse pronto. El joven vestido de púrpura que estaba delante de la mesa cerró el libro que tenía en las manos y se levantó para caminar hasta el borde de la cama. En la cama, la joven dormía plácidamente, respirando con suavidad y regularidad. Al cerrar los ojos, su semblante no era tan solemne como de costumbre, sino más bien apacible, como si aún conservara la inocencia de la infancia. En realidad, solo tenía dieciséis años y aún era una jovencita. En una familia normal, una chica de dieciséis años probablemente estaría pensando en qué familia tenía a los jóvenes más guapos o qué perfume de qué tienda era más fragante. La mirada de Xie Jing Xing era un tanto compleja. Desde el primer momento en que vio a Shen Miao, ella acababa de alcanzar la edad de casarse, pero lo que demostró fue una crueldad impropia de su edad. Era crueldad, pero también serenidad. La familia Shen se enfrentaba a una situación muy complicada, pero ella nunca se dejó llevar por el pánico y respondió a los soldados con armas y al agua con una vasija de barro. Era como si lo hubiera previsto desde hacía tiempo. Sin embargo, al final seguía siendo una jovencita, como su nombre indicaba, Shen Jiao Jiao. Debería haber crecido mimada, pero se vio obligada a madurar. Ocultar las vulnerabilidades no significaba no ser vulnerable. Igual que cuando despertó de su pesadilla, la desesperación que reflejaban sus ojos era impactante. Se aferró a su solapa y todo su cuerpo temblaba, como si estuviera sufriendo un horror terrible, pero al instante recuperó su porte digno habitual. Como una bestia herida que debía aparentar ser más fuerte y poderosa en todo momento, porque si sus enemigos descubrían la herida, la matarían y la atacarían sin dejar rastro de energía. Xie Jing Xing estaba confundido. No era buena persona y poseía una crueldad inusual, pero cada vez que se encontraba con Shen Miao, cedía un poco. Desde la primera vez que la vio, en realidad había adoptado una actitud complaciente. Se entregaba a ella. Pero nadie sabía para qué servía. Era como si hubiera dicho a propósito que la lluvia no cesaba solo para verla dormir. Ella estaba obviamente muy asustada, pero intentaba aparentar valentía, así que él solo pudo fingir que no se daba cuenta. La lluvia había cesado y él arropó a Shen Miao con la manta, antes de dejar la gasa en el suelo y salir de la habitación. En la cama, las pestañas de Shen Miao se movieron ligeramente pero no se abrieron. La mansión, separada de la mansión Shen únicamente por un muro, había sido adquirida por el príncipe Rui. Cuando Xie Jing Xing salió de ella, Tie Yi y Nan Qi, que esperaban afuera, lo siguieron rápidamente. “Acepta la invitación del Palacio” dijo Xie Jing Xing. Tie Yi se sorprendió: "¿No dijo el Maestro que no fuéramos?" “Cambió de opinión” dijo Xie Jing Xing lanzándole una mirada. Tie Yi accedió rápidamente, pero en secreto sospechaba. Aquella invitación provenía de los príncipes del palacio, dirigida a todos los príncipes de Ming Qi y al príncipe heredero de la Gran Qin. Xie Jing Xing no deseaba relacionarse con ellos, por lo que la rechazó de plano. ¿Por qué querría ir ahora? Tie Yi observó con cautela a su maestro y solo sintió la frialdad en sus ojos, lo que aumentó su desconcierto. Los ojos de Xie Jing Xing eran ligeramente fríos. De hecho, en el sueño de Shen Miao, no solo pronunció el nombre de Luo Xue Yan, sino también el del príncipe Ding y el de Fu Xiu Yi. ¿Ya no te gusta Fu Xiu Yi? Sus labios se curvaron en una mueca de desprecio. ¿Te gusta? Las palabras que más resultaban ofensivas eran siempre "me gusta" o "me gusta" anteriormente. La repentina tormenta en la capital de Ding provocó un descenso brusco del frío al segundo día. Parecía que el invierno había llegado de la noche a la mañana, por lo que, al comentar la intensa lluvia del día anterior, todos coincidieron en que había sido algo inesperado. “Nadie esperaba que lloviera así, y se había olvidado de las plantas y los animales del patio. Al pensarlo, me di cuenta de que se habían roto varias macetas. Esas flores siempre las cuidaba con mucho esmero. Es una lástima”. Chen Rou Qiu estaba ordenando la ropa de Shen Wan mientras hablaba de la lluvia de anoche. Chen Rou Qiu siempre había prestado atención a la elegancia y se dedicaba a buscar variedades de flora y fauna particularmente raras. Shen Wan escuchaba distraídamente, pero sus ojos no estaban puestos en Chen Rou Qiu. Chen Rou Qiu notó la expresión de Shen Wan y preguntó con una sonrisa: "¿Tiene algún asunto en mente el Maestro?" Shen Wan recobró el sentido y miró a Chen Rou Qiu: “Estaba pensando que Yue-er ya tiene edad para hablar de matrimonio”. El corazón de Chen Rou Qiu latía con fuerza, pero aun así sonrió: “Lo sé. He estado buscando a la persona adecuada para Yue-er, pero debo elegir con cuidado y no dejar que Yue-er se case impulsivamente, de lo contrario, el Maestro también se afligirá”. “Este asunto se ha retrasado demasiado” dijo Shen Wan sin rodeos. “Desde que Yue-er cumplió dieciséis años, han pasado ya dos años. Incluso las jóvenes de otras familias que aún no se han casado están todas comprometidas. Si Yue-er continúa así, le será difícil encontrar a alguien adecuado en el futuro. Hace unos días le presenté a algunas familias que eran bastante buenas. Las revisé y son familias acomodadas, con residencias tranquilas, así que Yue-er no estará en desventaja cuando se case. “Dicho esto” dijo Chen Rou Qiu a regañadientes”, solo ha sido por un tiempo. Hay que dejar que Yue-er se familiarice con ello. “Han pasado dos años. Cada vez que se menciona el tema del matrimonio, ella se niega, y tú, como madre, también la dejas en paz”. La mirada de Shen Wan se aguzó. “Aunque nuestra casa no está mal, Yue-er tiene demasiadas expectativas. Si tiene malas intenciones y nos involucra, no valdrá la pena”. La mirada de Shen Wan tenía una connotación intencionada, y Chen Rou Qiu lo comprendió de inmediato. Shen Wan no era tonto, así que cuando Shen Yue insistía en casarse con él, siendo su padre, sospechaba sin duda. Shen Yue estaba enamorada del príncipe Ding, Fu Xiu Yi, y si Shen Wan lo supiera, era de temer que no la perdonaría. “Hay familias a las que no podemos ascender”. Las palabras de Shen Wan escondían un significado oculto: “Es mejor que Yue-er baje a la tierra y abandone esos pensamientos cuanto antes. De lo contrario, el fango será demasiado profundo y no habrá forma de salir de él”. Chen Rou Qiu sintió un escalofrío recorrerle la espalda. Tras tantos años de matrimonio con Shen Wan, casi podía concluir que Shen Wan conocía a la perfección los deseos de Shen Yue. Pero Chen Rou Qiu comprendía perfectamente el carácter de Shen Yue. Al principio, cuando Shen Miao aún estaba presente, Shen Yue estaba completamente enamorada del príncipe Ding, y ahora, sin Shen Miao, estaría aún más empeñada en casarse con él. Si se le pedía que se casara con otro, se temía que Shen Yue se negara hasta la muerte. “Pero, Maestro” Chen Rou Qiu seguía queriendo defender a Shen Yue. “Yue-er aún es joven y no se puede ser impaciente con ciertas cosas. Antes también la mimabas, ¿cómo no vas a comprenderla ahora? Shen Wan respiró hondo y miró a Chen Rou Qiu con cierta decepción en los ojos. Dijo: “Furen, siempre has comprendido la situación en su conjunto, pero ¿por qué ahora no puedes verlo? El príncipe Ding parece sencillo en apariencia, y cuando la familia principal aún existía y contaba con el poderío militar del ejército Shen, tal vez el príncipe Ding le tuviera cierto temor. Ahora que la familia principal se ha separado, y el segundo hermano mayor y yo somos funcionarios públicos con carreras exitosas, el príncipe Ding no les dará importancia. Cuando el príncipe Ding se case, sin duda será con una esposa cuya familia pueda beneficiarlo. Yue-er no tiene ninguna importancia para él, así que no permitirá que Yue-er sea su esposa oficial; solo puede ser una concubina. Incluso si Yue-er se ganara su favor, ¿cómo podría una concubina enfrentarse a la esposa oficial? En ese caso, la que estaría en desventaja sería Yue-er”. Al oír esto, Chen Rou Qiu sintió un escalofrío. Inicialmente pensó que Shen Wan no estaba de acuerdo con que Shen Yue se casara con el príncipe Ding porque no era optimista respecto a su futuro en la lucha por la sucesión. Pero ahora parecía que la evaluación que Shen Wan hacía del príncipe Ding no era la de un hombre común, sino la de alguien que sopesaba todos los pros y los contras. Era difícil que un hombre así fuera sincero, e incluso si lo fuera, Chen Rou Qiu no estaba dispuesta a ver cómo su hija Di se doblegaba ante otra mujer. Ella dijo: “Siendo así, la que no fue considerada fue mi esposa. El amo seguía pensando en Yue-er, pero yo aún lo culpaba. La culpa es mía”. “Tú tampoco tienes la culpa” suspiró Shen Wan. “Yue-er se ha vuelto más arrogante que antes. Debes ayudarla a corregir ese comportamiento para evitar problemas en el futuro. Haré que mis subordinados elaboren un informe sobre todos los hijos de familias distinguidas de la capital y te lo enviaré. Elige a algunos y lleva a Yue-er a visitarlos otro día.” Tras una pausa, añadió”: Este asunto no puede prolongarse. Tras enterarse del asunto, Chen Rou Qiu se unió a Shen Wan y aceptó de inmediato. Después de que Shen Wan fuera a la corte, enviaron el libro y Chen Rou Qiu lo revisó cuidadosamente, marcando los documentos compatibles con la intención de que Shen Yue los conociera. Pero nadie vio que en Qiu Shui Yuan, entre las criadas que barrían el patio, alguien dejara en suspenso la tarea en silencio y se marchara. El pincel de caligrafía en la mano de Shen Yue se detuvo de repente, y una larga mancha de tinta apareció sobre el cuadro inacabado. En realidad, se trataba de un paisaje otoñal bien logrado, pero la repentina aparición de una larga mancha negra sobresalía del cielo azul. Sin embargo, no le dio importancia y le preguntó con enfado a la criada que estaba delante. “¿Qué dijiste? ¿Que mi madre me va a elegir marido?” “Respondiendo, señorita” dijo la criada, bajando la cabeza con cautela”, la señora ya ha elegido a algunas personas de un libro y ha enviado invitaciones. Se supone que dentro de unos días la señora traerá a la segunda señorita de visita. “¡Canalla!” exclamó Shen Yue, furiosa, arrojando el cepillo. Nadie sabía a quién se dirigía, y su anterior apariencia de dulzura y elegancia había desaparecido por completo. Las criadas presentes apenas se atrevieron a susurrar. Todos sabían que esta Segunda Joven Señora podía parecer débil y gentil, pero despreciaba a los sirvientes y no tenía la menor piedad con ellos. Shen Yue mostró una expresión de irritación. Tenía dieciocho años. En la capital Ding, las mujeres de esa edad ya estarían casadas, y las que no lo estuvieran, como mucho comprometidas. Pero hasta ahora ella seguía soltera. Era una joven con talento limitado, de buena apariencia y carácter amable e inteligente. Muchos hombres la pretendían, pero ella solo quería casarse con uno: Fu Xiu Yi. El príncipe Ding, Fu Xiu Yi, era el más joven de todos los príncipes y el único que no tenía consorte. Shen Miao se enamoró de él a primera vista, cautivada por su encanto, pero Shen Yue también se sintió atraída por ese tipo de hombre. Su don para encantar a los demás lo disimulaba, carecía del temperamento caprichoso típico de los príncipes y, además, era joven y apuesto. Por si fuera poco, era descendiente de la realeza y el hombre más distinguido de Ming Qi, después del emperador. Shen Yue siempre había creído que solo ella era compatible con Fu Xiu Yi. Por eso, cuando Shen Miao hizo pública su pasión por él sin pudor alguno, Shen Yue sintió que lo estaba insultando. Por suerte, Fu Xiu Yi era extremadamente frío con Shen Miao, y ahora no había nada entre ellos, lo que tranquilizó a Shen Yue. Al principio, había escuchado a escondidas la conversación de Shen Wan y Shen Gui, quienes comentaban que existía la posibilidad de que Fu Xiu Yi cometiera una injusticia y se casara con Shen Miao para obtener el poder militar de Shen Xin. Había estado muy preocupada durante mucho tiempo y deseaba que Shen Miao no existiera en este mundo. Afortunadamente, Shen Miao finalmente desistió. En ese momento Shen Miao no estaba peleando con ella, entonces ¿por qué sus propios padres la obligaban? “Quiero hablar con mi madre. No me voy a casar. No me voy a casar” dijo Shen Yue, poniéndose de pie de un salto y tirando la tinta y el papel de la mesa, visiblemente furiosa. Las criadas que la rodeaban se arrodillaron rápidamente, pero ninguna se atrevió a persuadirla. En Cai Yun Yuan, alguien también escuchó los movimientos. En comparación con el alboroto de dos años atrás, Cai Yun Yuan era mucho más sombrío. Desde la muerte de Ren Wan Yun y el daño causado a la descendencia de Shen Gui, la anciana Shen Furen se enfureció y le prohibió a Shen Gui volver a traer mujeres a la residencia. Tras descubrir que no podría tener hijos en esta vida, Shen Gui se sentía abatido al regresar a la residencia y frecuentaba los aposentos de placer. Además de las sirvientas, las únicas mujeres que quedaban en Cai Yun Yuan eran Wan YiNiang y Shen Dong Ling. Shen Gui tuvo en su día dos hijos y, en comparación con la Tercera Casa, se la consideraba próspera y con una numerosa descendencia; pero ahora, por desgracia, solo quedaba una hija, Shu. A pesar de todo, Shen Dong Ling era el único descendiente que le quedaba a Shen Gui, por lo que los sirvientes trataban a Shen Dong Ling y a Wan YiNiang con respeto. “¿Qué es todo este ajetreo afuera?” preguntó Wan YiNiang, que estaba bordando. En los últimos dos años había vivido bien y, en comparación con el pasado, se había vuelto mucho más inflexible. La criada de la puerta dijo: “Respondiendo a YiNiang, es la Segunda Señorita la que está haciendo un berrinche porque la Tercera Señora le está buscando marido. En este momento se dirige corriendo hacia Qiu Shui Yuan”. Con una mueca de desdén, Wan YiNiang soltó una carcajada y negó con la cabeza: “Esta Segunda Señorita se enfadaría mucho por este asunto”. De repente, recordó algo y su mirada se ensombreció: “Cuando uno crece en la felicidad, no llega a apreciar lo que realmente significa la felicidad”. Su hermana Shen Dong Ling también era una joven de la residencia Shen, y casi de la misma edad que Shen Yue. Sin embargo, la anciana Shen Furen despreciaba a las hijas de Shu, y a Shen Gui simplemente no le importaban los asuntos del patio. Shen Dong Ling no gozaba de gran prestigio, por lo que muy pocas personas venían a pedirle matrimonio. Incluso quienes lo hacían eran personas extrañas que, con solo verlas, se notaba que no eran de fiar. Ella estaba allí preocupada por el matrimonio de Shen Dong Ling, pero por otro lado, Shen Yue, quien estaba bajo control, no estaba satisfecha. El puesto al que se reencarnaba era, en realidad, una cuestión de mérito. Justo cuando estaba pensando en eso, Shen Dong Ling, que estaba sentada detrás de la pantalla, se puso de pie. Había crecido mucho; tenía una figura esbelta y delgada, y sus ojos eran penetrantes, con la misma gracia que Wan YiNiang tenía al cantar. “¿Adónde vas?” preguntó Wan YiNiang con naturalidad. Shen Dong Ling dijo: "¿Acaso Wan YiNiang no se preocupa constantemente por mi matrimonio?" Wan YiNiang se sorprendió por un momento, ya que no sabía qué significaban esas palabras. “He esperado dos años. Ahora ha llegado la oportunidad”, dijo Shen Dong Ling.
El renacimiento de la maliciosa emperatriz de linaje militar (Novela)

Continúa leyendo

El renacimiento de la maliciosa emperatriz de linaje militar (Novela)

Capítulo 137

Siguiente Capítulo ›

El renacimiento de la maliciosa emperatriz de linaje militar (Novela) Capítulo 136

Estás leyendo el capítulo 136 de El renacimiento de la maliciosa emperatriz de linaje militar (Novela), un novela. Shen Miao, la hija Di de una familia militar, era pura, tranquila, amable y gentil. Debido a su insensato amor por el príncipe Ding, se vio obligada a convertirse en su esposa. Después de seis años de ayudar a su… Este capítulo tiene publicado el 11 de noviembre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. El renacimiento de la maliciosa emperatriz de linaje militar (Novela) tiene 313 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.