Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 841 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Eliana frunció los labios mientras observaba el velo de novia en el que había estado trabajando. Aún no estaba segura de para quién era. De hecho, no estaba segura de si era para alguien en absoluto. No todas las prendas estaban hechas para usarse.
Habían pasado más de doce horas desde que se sentó. Eliana no había movido ni un músculo en ese tiempo. Simplemente se quedó allí sentada, mirando el velo. Esperando. A cualquiera que pasara por allí, le habría parecido una locura.
Quizás lo fue.
Al final, no importó. Eliana no creó con un propósito. Creó por el bien de la creación misma. Todo lo demás fue solo un pequeño extra. Atrapar el velo en su mente en lugar de liberar su forma en hilo habría sido un crimen que sus manos jamás cometerían.
Este no era ni de lejos el primer proyecto que emprendía sin dueño, y sin duda no sería el último. Pero este era un poco diferente. Por encima de todo, Eliana se enorgullecía de su rapidez y calidad.
Había una razón por la que magos de toda Obsidia acudían a ella en busca de ropa. Eliana había visto la oscuridad de la Puerta de Obsidiana. Había recorrido las extensas tierras de la Horda del Hombre y se había adentrado en los esplendorosos salones del Imperio Coral. Había pocos lugares donde no hubiera estado.
Pero nunca terminó el velo.
Había cosido el primer hilo hacía cientos de años. Fue uno de sus primeros proyectos. Una parte de ella sospechaba que podría ser el último. Un solo hilo mal colocado habría arruinado toda la pieza.
Habían pasado cinco años desde que le había cosido otro hilo. El velo permanecía inacabado, congelado en el tiempo y sin cumplir su propósito, perfectamente preservado en su incompleto estado. Eliana simplemente no se atrevía a terminarlo. A menos que lo hiciera bien. Eso requeriría inspiración. Pero no se le había ocurrido.
Y así el velo permaneció como estaba.
Estar incompleto era mucho mejor que estar arruinado.
Eso no le impidió contemplar la sencilla tela blanca, tan tenue que era prácticamente translúcida, como si quisiera desentrañar los secretos que albergaba. El velo estaba en silencio. Nada en su interior le decía nada. Nada en absoluto.
Eliana no recordaba la última vez que se había sentido verdaderamente inspirada. La última vez que había realizado algún tipo de trabajo que realmente le interesara. Había habido altibajos, por supuesto. Breves momentos en los que un proyecto había sido un poco más curioso de lo normal.
Ayer había sido uno de ellos. Spider era una persona curiosa. Hacía mucho tiempo que no conocía a alguien mayor que ella. Y aunque el cuerpo del hombre no se sentía viejo en absoluto, su alma era otra historia.
Había cierta… disonancia en él. Una nota de advertencia en el aire, como si se hubiera tocado para advertir a cualquier insensato que se atreviera a hurgar demasiado en sus ojos. Eliana no había llegado a la vejez ignorando tales cosas.
Spider había sido interesante. Pero no inspirador. Había una sutil diferencia. Una que solo un artista podría precisar. Por otro lado, un hombre con túnicas andrajosas no tenía mucho sentido para un velo de novia.
Eliana dejó escapar un suspiro lento.
Sus pensamientos se agitaron como el agua que se agita en un cubo viejo. Entonces su mirada se dirigió a la puerta.
Se abrió con un crujido.
Al otro lado había un hombre vestido con gruesas y suntuosas pieles. Otros dos estaban detrás de él. Eliana entrecerró los ojos.
—Tú —dijo Eliana con sequedad—. Creí haberte dicho que no volvieras. No eres bienvenido.
—Estaba por aquí, Eliana. ¿De verdad esperabas que no me pasara a saludar a una vieja amiga? —preguntó Mordred al entrar en la tienda—. Y tú abriste la puerta. No finjas que no te alegraste un poco de verme.
—Derramaste sopa en mi vestido —dijo Eliana—. Porque le estabas mirando el trasero a un camarero.
—¿No viste a nuestra camarera? —exclamó Mordred—. ¡Era mitad zorro diabólico! Y desde luego no estaba mirando el trasero de nadie. Estaba mirando su cola. Nunca había visto algo igual.
“¿Por eso te dio una bofetada?”
—Admito que pedir una muestra de su pelaje quizá fue demasiado —dijo Mordred—. Me disculpé. Muchísimas veces.
—Eso no me quitó la mancha del vestido. Y solo estaba allí porque me pediste un favor —dijo Eliana con enfado—. ¿Qué clase de hombre necesita practicar para tener una cita?
—Mordred, claro —dijo Ace con un bufido—. ¿Sabías que nunca acudió a la cita que quería que le ayudaras a preparar? Se acobardó.
—No estamos aquí para hablar del pasado —intervino Mordred con frialdad—. Y no habríamos tenido éxito. Resultó que teníamos visiones del mundo muy diferentes. Unas que nos habrían llevado al conflicto.
"Te resultará difícil encontrar a alguien que comparta incluso un mínimo punto de vista sobre el mundo contigo", dijo Fist.
—Lamentamos lo del vestido —añadió Ace, mirando a Eliana—. Mordred dijo que te envió un cargamento de telas para disculparse. No me digas que...
—No. Ya lo entiendo —dijo Eliana. La comisura de su labio se curvó—. ¿Qué haces aquí, Mordred? No eres de los que vendrían a visitarme sin motivo. ¿Se te dañó la túnica?
—Claro que no —dijo Mordred—. Tu trabajo no se daña tan fácilmente. Estamos aquí por otra razón. Una misión.
Los labios de Eliana se tensaron. «No estoy disponible. No trabajo para el Imperio».
—Lo sabemos —dijo Mordred—. Es una petición personal. Estoy... eh, extrapolando mis instrucciones. Solo un poco.
—Te has vuelto a volver rebelde —concluyó Eliana.
"Se ha vuelto rebelde", confirmó Ace.
—No me voy a volver loco —espetó Mordred—. Simplemente me aseguro de que actuemos con todo el conocimiento necesario. Hay un demonio al que estamos rastreando. Uno muy singular. Seguimos su rastro hasta aquí. Imaginé que, si hubiera algo extraño en esta ciudad, lo sabrías.
Eliana inclinó la cabeza. "¿Un demonio? No me digas que has encontrado a otra chica zorro".
Ella no es una zorra. Y, por favor, no insinúe que tengo algún interés romántico en las personas que investigo. Eso interferiría con mi capacidad de analizar y catalogar la información objetivamente.
"Es por eso que empezó a preguntarle al demonio sobre sus hábitos de apareamiento", añadió Fist.
—Cállate —espetó Mordred—. Me confundí. Sucede.
—Ya veo —dijo Eliana arrastrando las palabras—. ¿De verdad crees que sigo la pista de cada demonio que pasa por Banesbridge? Tengo mejores cosas que hacer.
—No. Claro que no —dijo Mordred negando con la cabeza—. Pero su rastro no solo pasaba por la ciudad. Cuando dije aquí, quise decir aquí. Estaba en tu tienda.
Eliana parpadeó.
¿La que estaba con Araña? ¿Por qué tendría a alguien como Mordred pisándole los talones?
“No tengo por costumbre hablar de quienes recurren a mis servicios”, dijo Eliana. “Eso no sería bueno para el negocio a largo plazo”.
—No pretendo hacerle daño —insistió Mordred—. Solo quiero saber más sobre ella. Esto es importante, Eliana. Nunca había visto un demonio como ella. Era... no sé cómo decirlo. Diferente. Completa. Casi diría perfeccionada. Esto es inaudito. No puedo dejarlo así. Por favor. No me hagas suplicar.
Eliana hizo una mueca. "No."
—Lo haré —advirtió Mordred—. Mi orgullo vale poco ante el descubrimiento.
—Soy más que consciente de lo poco que valoras el orgullo, ya sea tuyo o de otros. —Eliana apretó los labios—. Pero ya es demasiado tarde.
—¿Qué? —preguntó Mordred—. ¿Qué quieres decir?
—Ya se fueron —respondió Eliana—. Estuvieron aquí hace un día. Ambos ya se fueron. Ya no están en la ciudad. Dudo que los encuentres pronto. Probablemente el rastro ya se esté desvaneciendo.
—Mierda. ¿Nos quedamos atrapados en la ciudad y nos perdimos por completo el rastro que lleva a la salida? ¡Tenemos que irnos! ¡Ahora mismo! —Mordred giró sobre sus talones y volvió a cruzar la puerta. Se detuvo justo afuera de la tienda, luego se volvió hacia Eliana y se aclaró la garganta—. Gracias. Y... eh, disculpa lo de tu vestido.
Eliana suspiró y negó con la cabeza. «No era un buen vestido. Y una disculpa no sirve de nada cuando estás a punto de salir corriendo. Vete».
—Gracias —dijo Mordred. Luego se fue, y su equipo corrió tras él, desapareciendo de su vista.
Una leve sonrisa se dibujó en la comisura de los labios de Eliana. Con el rabillo del ojo, vislumbró su velo. Su cabeza se inclinó ligeramente hacia un lado.
Luego chasqueó los dedos.
Todos los maniquíes de la tienda se sacudieron. Giraron, todos volteándose para mirarla directamente. Un ruido ensordecedor llenó el aire al unirse, y decenas de piezas de madera con diferentes trajes se desplomaron unas sobre otras.
La tienda se vació al instante. No quedó nada más que un espacio vacío y un gran bastón de madera dos cabezas más alto que Elania. Extendió la mano y tomó el bastón, dejando que el enorme trozo de madera cayera sobre su hombro.
Ha pasado bastante tiempo desde la última vez que me mudé. Quizás debería visitar el torneo.

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Estás leyendo el capítulo 841 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 7 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.