arrow_back

Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 840 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Las mareas del destino menguaron. Golpearon contra las orillas de la mente de Orlen, con un ritmo tan ilegible como las estrellas en el cielo nocturno. Había conocimiento en el chapoteo de las olas. Susurros del futuro y atisbos de lo que estaba por venir se perdieron en las profundidades del océano de lo por venir. A Orlen no le podría importar menos. Los deseos del universo valían menos que la mierda de una mosca. La ley natural, los mandamientos del hombre, las reglas de la realidad… todo era vil. Limitaciones y ataduras a la verdadera libertad que todo ser debería poseer. Eran las ataduras de una realidad indiferente. El orden era una mentira. No era más que el capricho de quienes tenían demasiado miedo de afrontar sus vidas por sí mismos. Pero esa vil mentira impregnaba cada aspecto de la existencia como una podredumbre infecciosa. Se había arraigado tan firmemente en todo que había logrado erigirse en un absoluto. Casi todo estaba convencido de la omnipotencia del Orden. La realidad se había convertido en una marioneta de hilos que bailaba al ritmo de la mano de un titiritero aterrorizado. Esta vida estaba maldita. Vivir bajo los caprichos de otro era no vivir en absoluto. Incluso los propios seguidores de Orlen carecían de verdadera comprensión. Sus deseos eran acertados, pero buscaban lo mismo que cualquier mortal: conformidad. seguridad. liderazgo. Todos estaban tan ansiosos por desechar todo lo que los hacía vivir. Le repugnaba. Pero no los culpaba. No se podía culpar a la cera por arder cuando lo único que conocía era la llama de una vela. Las pobres almas descarriadas jamás comprenderían lo errado de su camino hasta que se despojaran de las ataduras que el Orden les había impuesto. Pero él persistió. Orlen existía a pesar de su existencia. Y, sin embargo, a pesar de todo, de vez en cuando había algo lo suficientemente interesante como para captar incluso su atención. Había un destello de algo nuevo. Algo diferente. Un rastro de existencia que no se había alineado con los demás soldados que marchaban. Normalmente era débil. Lejana. Poco más que un vago recordatorio de que Orlen no estaba solo. En algún lugar, había más como él. Más de los que habían visto la verdad. Había enviado cada fragmento de su alma al exterior en su búsqueda. Había fragmentos de su mente que se habían ido para nunca regresar. Había fragmentos que no eran suyos en absoluto, pero aun así habían regresado a él. Durante más tiempo del que Orlen podía recordar, había buscado. La iluminación no podía alcanzarse en completo aislamiento. El orden jamás le permitiría lograr lo que buscaba. No por sí solo. Tenía que haber otro. Solo en la inevitabilidad de la muerte la vida tenía valor. La verdadera innovación solo se encontraba en el conflicto. Y durante cientos de años, no había habido ningún ser vivo en este planeta que pudiera ofrecerle el desafío que buscaba. Eso no significaba que nadie fuera más poderoso que él. Orlen conocía sus límites mejor que la mayoría conocía su propio rostro. Muchos magos en este mundo poseían más fuerza bruta que él. Pero no pudieron derrotarlo. El poder era más que runas. La magia era solo un aspecto del alma. Una lucha de verdad, una guerra que realmente valiera la pena librar, era una batalla de voluntades. Podía obligar a ambos combatientes a evolucionar. Se desnudarían mutuamente, desgarrando sus almas hasta que solo quedaran sus ideales. Ésa era la única manera de llegar a ser más grandes de lo que habían sido. Hacía mucho tiempo que Orlen no se enfrentaba a semejante desafío. Todos aquellos capaces de plantearlo habían desaparecido. Se habían conformado con ideales que no valían más que un montón de arena en la playa. Tales magos no podían hacer otra cosa que luchar. Derrotarlos sería una victoria vacía e inútil. Así que durmió. Esperó. Sabía que, un día, la realidad cambiaría. Era inevitable. El Orden tenía un defecto fatal. Así como la vida y la muerte no podían existir la una sin la otra, el Orden no podía gobernar nada si no existía el concepto de su ausencia. La existencia del Orden exigía la existencia del Caos. Cualquier sistema perfectamente organizado eventualmente encontraría al Caos serpenteando entre sus raíces, alzándose para consumir esa horrible perfección con completa y absoluta libertad. Y después de todos estos años de espera, había llegado. Orlen finalmente había regresado y lo había encontrado serpenteando entre las raíces de este mundo. Fue allí, en las Llanuras Malditas, donde un viejo fósil que hacía tiempo había renunciado a toda pasión había despertado repentinamente una vez más. Había levantado su cabeza en Arbalest, antes de que la Larga Noche lo consumiera todo. Y ahora estaba aquí. Orlen podía sentirlo. Los Apóstoles de Decras se conmovieron. La Iglesia del Reposo murmuró. Poderes ancestrales se conmovieron. No era el único que había despertado. Había excitación en el aire, como si el mundo mismo supiera lo que se avecinaba. Pero, por alguna razón, el Orden no había asomado su fea cabeza. Parecía ciego a este mundo. Era algo poco común. Pero Orlen no se permitiría dejarlo pasar. No le quedaba mucho tiempo. Incluso ahora, su lucidez se desvanecía. Podía sentir que los fragmentos de su mente empezaban a divagar de nuevo. No tardaría en volver a quedarse dormido. Cualquier acción que tomara tendría que ser rápida. Aunque el que buscaba había llegado, aún no eran lo suficientemente fuertes. Eso tendría que cambiarse. La mirada de Orlen se concentró. Volvió a centrar su atención en la habitación donde se encontraba su cuerpo mortal. Estaba vacía, salvo por una sola alma: un demonio grande y de hombros anchos. Orlen curvó la comisura de los labios. —Oh —dijo Orlen. —Heraldo —respondió Og, arrodillándose e inclinando la cabeza—. Esperamos tus órdenes. Hace tiempo que esperamos tu regreso. —Y más tiempo esperarás —respondió Orlen—. Mi dominio es tenue. Aunque las raíces del Caos se extienden, el árbol aún no ha brotado. “Estamos considerando múltiples opciones”, dijo Og. “Los Buscadores de la Verdad están preparados. Los Falsos Heraldos han comenzado a surgir. Muchos ya han caído. Debo admitir que tenía esperanzas de encontrar uno. Pensé que era él, pero pereció. A pesar de eso, los que persisten… son poderosos. El momento nunca ha estado tan cerca”. “Una afirmación que cada vez es más cierta, independientemente de lo que haya ocurrido. Así es el paso del tiempo. Nunca retrocede”, dijo Orlen secamente. “Estoy loco, Og. No soy tonto. Hay una diferencia. Pero tienes razón. Las mareas del caos son más fuertes ahora que en mucho tiempo. Y no pongas esperanzas en nada más que en lo que ya ha sucedido. Esperar es esperar. Solo puedes tener esperanza cuando posees el poder de arrebatar lo que deseas de las garras del universo mismo”. —No lo olvidaré —prometió Og—. Entonces, ¿es hora de...? —No —dijo Orlen—. ¿Quién crees que sería digno? Desde luego que no tú. Desde luego que no los Apóstoles, ni los seguidores de la Renovación, ni ninguna de las facciones que conspiran para gobernar la tierra. —Entonces, ¿qué quieres que hagamos? —preguntó Og—. Hemos esperado mucho, Heraldo. —Y he esperado más tiempo —respondió Orlen—. El amanecer de una nueva era se cierne sobre nosotros. Habrá mucho que hacer en muy poco tiempo. Pero puedes continuar con los preparativos. Perfecciona a los Falsos Heraldos. Afila a los que se puedan afilar. Destruye a los que no. —Haremos lo que ordenes. —Og inclinó la cabeza—. ¿Tienes alguna otra orden? Si tu tiempo se acaba, ¿qué debo hacer hasta que regreses? ¿Serán otros cien años? ¿Más? —Menos —dijo Orlen. Ladeó la cabeza. Pasó un minuto en completo silencio antes de que volviera a su posición anterior. La disonancia que resonaba en su cráneo se hacía cada vez más fuerte. Había estado consciente demasiado tiempo—. Mucho menos. No tardará mucho. Y harás lo mismo que has hecho... con un cambio. Siento movimiento. Hacia el Imperio Coral. —El Torneo del Camino Celestial —dijo Og—. Guerreros de toda Obsidia acuden para demostrar su valía y buscar el reconocimiento de los dioses. Al menos uno de los Falsos Heraldos estará presente. —Perros mendigando migajas —dijo Orlen—. Pero presta atención a ese torneo. Siento que el Caos se agita. Algo se avecina, Og. Algo que no hemos visto en siglos. Comenzó con la caída de Arbalest... o quizás incluso antes. No dejes que esto se te escape de las manos. —No lo haré —juró Og—. Llevamos mucho tiempo preparándonos. Ninguna de las facciones tiene la menor idea de hasta dónde llega nuestro alcance. —Entonces vete —dijo Orlen. Una leve sonrisa se dibujó en sus labios—. Haz lo que sea necesario para crear mi piedra de afilar, Og. Forja un guerrero lo suficientemente fuerte como para matar a un dios. Forja un guerrero lo suficientemente fuerte como para matarme.
El Regreso del Profesor Runebound (Novela)

Continúa leyendo

El Regreso del Profesor Runebound (Novela)

Capítulo 841

Siguiente Capítulo ›

El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 840

Estás leyendo el capítulo 840 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 7 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.