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Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 767 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Noé lo recordó. El ritmo incesante de pasos arrastrados. La luz dorada y serpenteante del sendero. La oscuridad que lo engullía todo salvo el camino a seguir. Recordó la Línea. Recordó la implacable fuerza del tiempo que había desgastado su mente. Recordó el monótono mandato de la existencia que lo arrastraba, paso a paso, hacia la eternidad. Los recuerdos eran interminables. Se fundían entre sí, el sonido de cada paso individual superponiéndose hasta convertirse en un rugido atronador que resonaba en los recovecos agrietados de su alma. El pasado y el presente eran uno y el mismo. No había distinción entre lo que había sido y lo que era ahora. El tiempo mismo se convirtió en una mera sugerencia, y luego se convirtió en nada. Estaba en su interior. Él estaba en la línea. Él estaba en Arbitraje. Él estaba en la Tierra. Estaba en ninguna parte y en todas partes a la vez. La eternidad no tenía límites. No tenía fronteras. Los conceptos mortales no eran más que recuerdos lejanos. Y esos recuerdos se hundían en el océano de su mente en ruinas. La esencia de un mortal —todo lo que lo definía— no era más que una gota en un mar de huellas. Por cada recuerdo que Noé tenía de algo, tenía cien de la Línea. Mil. Un millón. Todo era igual. No había diferencia entre los recuerdos. No había distinción entre un paso y el siguiente. No hay frontera entre donde termina Noé y comienza el linaje. No hay límite para los ríos de agua que desembocan en el océano, cuyo estruendo ahoga los gritos lejanos en la mente de Noé. Nadie podía oír sus gritos en la fila. Para empezar, nadie podía gritar dentro de la fila. Solo se permitía una acción a todos los que inevitablemente transitaban por su camino: dar el siguiente paso. Todo se desvaneció. Todo recuerdo de lo que había hecho, de por qué había luchado y contra qué, era irrelevante. Nada de eso importaba ya. Esas cosas no podían llevarse a la otra vida. Se perdieron. Olvidado. Estaba predestinado que así fuera. El mar sería purificado hasta que no quedara nada. Sería puro. ¿Y eso qué es? Los pensamientos volvieron a la mente de Noé, enredados en una mar de nada. Dentro del mar de la nada había… algo. Una mancha negra como un derrame de petróleo. Brillaba, pura, expectante. Los recuerdos de la Línea la golpeaban contra ella. Se estrellaban en grandes olas y buscaban engullir la oscuridad. Pero aún así permanecía, flotando sobre la superficie del océano infinito que era su mente. Se hizo el silencio. Nadie sabía cuánto duraría. Pero el tiempo pasó. Y los recuerdos permanecieron. Resaltaban sobre los fragmentos de lo que había sido una mente y flotaban a la espera de alguien. Esperándolo. A la espera de aquel que una vez fue Noé. Su mente recorrió la mancha de oscuridad. Era tan pequeña que bien podría haber sido un mero destello. Una sola estrella en un cielo negro, insignificante para cualquiera excepto para quien estuviera bajo su luz. No había mucho dentro. Desde luego, nada relevante para nadie más. Unas cuantas caras. Nombres. Un pastel, un pájaro y un violín. Unos cuantos recuerdos fugaces. No podían abarcar más de uno o dos años, como mucho. Ese pequeño bastión de pensamientos que deberían haber sido olvidados hace mucho tiempo se alzaba desafiando la Línea. Se mantenían frente a las olas de la eternidad. La Línea se alzó. Se abalanzó sobre la minúscula chispa de resistencia para aplastarla con el sonido de un millón de pies que caían. Se oyó un estruendo brillante y resonante. Era como si mil finos platos se estrellaran contra el suelo, el aullido del viento entre las cumbres inmóviles de una montaña lejana, el crepitar de una llama encendiéndose en la oscuridad de la noche. Y la Línea se hizo añicos. Un nombre que se grabó en la existencia con una certeza que ningún dios podía negar. Un nombre que ordenó su existencia con un mandato que ni la eternidad podía acallar. Noah Vines existió. Había gente esperándolo. Un grito desgarrador escapó de sus labios. No había océano. No había Línea. Solo estaba él. Solo estaba Noé y los recuerdos grabados a fuego en su alma. Jamás podrían volver a quedar sellados. Eran parte de él. Lo eran casi todo. Todo menos una pequeña mancha de petróleo negro. Pero, en ese momento, estorbaban. Noé abrió los ojos de golpe. Una luz dorada ardía en su interior como miel líquida. Atravesaba la oscuridad de su alma, olas de luz brillante como si el rey Midas hubiera maldecido el aire mismo. Enormes grietas blancas se abrían en la oscuridad que lo rodeaba. La obra del Profeta se deshizo en un instante, incapaz de contener ni un segundo más la plena fuerza del alma que se abalanzaba sobre ella. Un grito de agonía rasgó el aire. Pero no era suyo. —¡No! —suplicó el padre. La voz del hombre era ronca y áspera. Sus cuerdas vocales estaban destrozadas por el uso excesivo. Se arrodilló ante Noé, con la mirada perdida y vidriosa. Surcos sangrientos recorrían su rostro, donde sus uñas se habían clavado en la piel, grabados en la pluma de la agonía. —¡No! ¡Detente! ¡Libérame de este infierno! —Puedes soportarlo lo suficiente como para pensar —dijo Noé. Sus palabras sonaban distantes, como si las hubiera pronunciado otra persona. Pero no lo habían sido. Eran suyos. La mirada del padre no se enfocó del todo, pero logró desviarse hacia Noé. Jadeaba como un perro rabioso, con la saliva goteando de las comisuras de la boca mientras se tambaleaba, intentando en vano ponerse de pie. —¿Qué es esto? —preguntó mi padre, con una voz que oscilaba entre la exigencia y la súplica—. ¿Qué me has hecho? ¿Qué te has hecho a ti mismo? ¿Quién eres? Noé miró fijamente a su padre. “Soy Noah Vines.” Padre le devolvió la mirada. Sus labios temblaban, entreabiertos por el horror. Noah sabía lo que aquel hombre estaba viendo. No tenía que adivinarlo. Padre se desmoronaba. Su alma increíble no lo hacía inmune a la Línea. Ningún hombre podría oponerse a la eternidad. Y el Padre, por encima de todo, permaneció solo. Solo había una cosa que podía detener a la Línea. No era una runa. No era ninguna técnica de Imbuición o manipulación del alma. No era una formación, y desde luego no era una herramienta. Era lo único de lo que mi padre carecía por completo. —¿Cómo? —susurró mi padre—. Te entiendo. ¿Has… sobrevivido a esto? No es posible. —No es para ti —dijo Noé. Padre se puso en pie tambaleándose. Su respiración se aceleró, convirtiéndose en jadeos entrecortados y ásperos. Se balanceó sobre sí mismo, su alma descontrolándose y sacudiéndose en todas direcciones mientras intentaba liberarse de la Línea. Pero no había escapatoria. La magia dorada se abría paso entre las sombras en una red tan interminable como la propia oscuridad. Sus ondas se extendían ante sus ojos y brotaban de sus labios con cada aliento. La Línea no solo residía en el alma de Noah; era su alma, grabada tan profundamente en su ser que no existía separación alguna entre ambos. —Si te mato, se acabará —susurró el padre. Se inclinó hacia delante. Noé se apartó del camino. Un paso resonó en su mente... no. Cientos de ellos. Golpeaban contra su cordura, intentando arrastrarlo a las fauces de la serpiente dorada que se enroscaba y se entrelazaba en su interior. Pero no podía permitir que eso sucediera. Aún no. Moxie lo estaba esperando. Lee lo estaba esperando. Sus alumnos lo estaban esperando. La mente de Noé debía permanecer intacta un poco más. La Línea tendría que esperar su turno. Había una mancha negra en su alma que no podía permitirse que sufriera daño. Ni en esta vida, ni en la siguiente. Padre se abalanzó sobre él de nuevo. Fue un ataque triste, poco más que un tropiezo. Apenas quedaba rastro del monstruo aterrador y de mirada inexpresiva que una vez habitó su piel. El pánico y el terror se reflejaban en sus ojos. Sus manos se movían en el aire como buscando algo a lo que aferrarse. Algo que le ayudara a soportar la infinitud. De padre solo quedaba un anciano asustado. —Ayúdame —susurró el padre—. Yo... poder. Yo tengo... —No tienes nada —dijo Noé. —Araña. Estás haciendo el ridículo —gruñó Padre—. Orden. Caos. ¿No lo entiendes? El destino de este mundo. Yo tengo las llaves. Lo he visto todo. El Orden lo destruirá todo si el Caos sigue creciendo. Puedo demostrártelo. La Canción de la Sombra de la Noche… —No lo necesito —dijo Noé. Miró fijamente a su padre, con disgusto reflejado en su rostro. —Por favor —suplicó el padre. Agarró la camisa de Noah, dejando marcas de sangre en la tela mientras sus ojos vidriosos lo miraban con desesperación—. Tengo poder. Podría ser… —¿Una herramienta? —preguntó Noé—. No necesito herramientas, padre. Y no te necesito a ti. El suelo empezó a desmoronarse. Padre se puso rígido. Sus ojos se cerraron bruscamente al sentir cómo fragmentos de oscuridad se desvanecían bajo ellos. Una luz amarilla majestuosa rasgó las sombras, tragándolas por completo mientras más y más del alma de Noé se transformaba en oro brillante. —¡No! —gritó el padre—. ¡Alto! Noé clavó su pie en el suelo. Los últimos fragmentos de la oscuridad se hicieron añicos. Se desvanecieron, dejando tras de sí únicamente un segmento sinuoso de la Línea. Los dedos de mi padre perdieron el equilibrio. Cayó, precipitándose hacia la Línea inferior. Su alma ya ni siquiera luchaba. No existía ya ninguna diferencia entre esta realidad y el mundo exterior. Su alma se contrajo sobre sí misma, hecha pedazos mientras su mente se desintegraba. Había una diferencia entre recorrer la Línea paso a paso y experimentar enormes extensiones de ella en cuestión de segundos. Padre quizá fuera de Rango 7, pero no era un dios. Y ahora ya nunca lo sería. Noah observaba, la tenue luz de su mente parpadeando y desvaneciéndose, mientras lo que una vez fue su padre se desvanecía hasta la nada. Seguía existiendo, pero no de ninguna manera que pudiera considerarse vida. Ya no había recuerdos. Ni planes ni intrigas. Ya no había padre. Lo único que le quedaba era la Línea. O, mejor dicho, esta versión de ella. Una impronta de la Línea, idéntica en todo salvo en su final. Porque, a diferencia del verdadero Linaje, no había ninguna diosa esperando al Padre al final. Solo quedaba el siguiente paso.
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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 767

Estás leyendo el capítulo 767 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.