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Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 760 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Noah había estado… soñando. En realidad, no estaba seguro de que existiera una palabra que pudiera describir adecuadamente la extraña sensación de flotar entre la vida y la muerte, pero esa parecía ser la más cercana que se le ocurría. No había muerto del todo a causa del ataque que le había arrancado el corazón, pero tampoco había sobrevivido. Su alma estaba a medio camino de separarse de su cuerpo y partir hacia el más allá cuando las cadenas de una jaula sombría lo atraparon dentro de su propio cadáver inerte. Allí permaneció, sumido en una densa bruma que nublaba sus pensamientos y confundía las visiones que destellaban ante sus ojos. La lucha contra Padre continuó incluso después de caer en ese abismo. Pero Noé no era el único allí. Noah-2 estaba a su lado. Ninguno de los dos pronunció palabra. Su atención estaba completamente centrada en las visiones lejanas que se filtraban a su mente desde el mundo exterior. La única razón por la que ninguno intentaba liberarse era que Noah-3 parecía estar haciéndolo con mucha más eficacia que cualquiera de ellos. Y eso aún no había sido suficiente. La última visión permaneció suspendida en el aire ante ambos. Un cielo roto. Un mundo distorsionado. Un Noé muerto. En unos instantes, todo terminará. Una soga ya le rodeaba el cuello. Parecía que el tiempo de Noah-3 en el mundo exterior había terminado. La magia de su calabaza llamaba al original de vuelta a casa, desprovisto de magia, justo a tiempo para que Padre aniquilara a todos, o para que la Sombra de la Noche convirtiera el mundo en piedra gritona. —Bueno —dijo Noé-2—. Esto es una mierda. —Esa es una forma de decirlo —dijo Noah en voz baja—. ¿Qué demonios hago? ¿Crees que lo sé? Soy tú. —Por eso te pregunto —dijo Noah—. Se me han acabado las ideas. La Formación ya no existe. Reconozco que ha sido útil, pero no basta. Es demasiado fuerte. —No solo él. La Larga Noche es increíblemente poderosa —dijo Noah-2—. Padre no posee magia de la Orden. Está usando el bastón. Te diría que encontraras la forma de separarlos… pero es imposible siquiera acercarse. —La larga noche —murmuró Noé. Sus labios se afinaron. La soga de energía que rodeaba el cuello de Noah se apretaba cada vez más. No podía resistirla por mucho más tiempo. Y aunque hubiera querido, eso solo le habría costado más tiempo. Tiempo que no podía permitirse perder. Da igual si tengo acceso a mi magia o no. Tengo que quitarle ese maldito bastón. * * * Una ola de fuerza golpeó a Brayden con tal violencia que le arrancó la espada de las manos y lo lanzó rodando por el suelo envuelto en una nube de polvo. Algo duro le golpeó la cabeza. El mundo dio vueltas. Se dejó caer a un lado, moviéndose más por instinto que por intención, y se puso de pie rápidamente, respirando con dificultad. Pero ningún ataque aéreo se produjo en la zona donde él estaba o donde había estado. Janice se incorporaba con dificultad, a unos metros de él, con un aspecto tan demacrado como el suyo. Se balanceaba con dificultad. Sus ojos se desenfocaban y se movían al buscar a Brayden. Pero él apenas la notaba. Fue difícil de soportar cuando el mundo parecía acabarse a sus espaldas. El cielo tras Padre se había doblado literalmente. Estaba deformado como un cristal roto, enviando corrientes de un poder blanco nacarado que se acumulaban alrededor de Padre como ríos caudalosos. Garina y Revin yacían a sus pies. Un poder intenso los envolvía, pero era como una brisa frente a un huracán. Toda la fuerza que podían reunir apenas les alcanzaba para mantenerse en pie, mucho menos para llegar hasta Padre. Noé yacía muerto en el suelo, no muy lejos de ellos. A Brayden se le hizo un nudo en la garganta. Desconocía el método exacto que aquel hombre utilizaba para resucitar a los muertos, pero sabía que Noah no volvería con magia alguna; y por muy poderoso que fuera, Padre estaba en un nivel completamente distinto. Los magos más poderosos del Reino, y no pueden hacer absolutamente nada contra él. —Ya está hecho —dijo Janice, limpiándose la boca con el dorso de la mano—. Brayden, aún no es demasiado tarde. Todavía puedes detenerlo. Entiendo que tengas miedo, pero Padre no es malo. Todo esto tiene un propósito. Un propósito necesario. La sangre le corría por la mejilla a Brayden. Le palpitaba el cráneo y la vista le daba vueltas. Había recibido un golpe tremendo en la cabeza. Y, a juzgar por cómo le pasaban los pensamientos como arena entre las paredes de un reloj de arena roto, no iba a estar en condiciones de luchar en un futuro próximo. —Cualquiera que sea la causa por la que lucha, importa menos que la familia —siseó Brayden—. Pero parece que estoy rodeado de gente que nunca entendió el significado de esa palabra. Padre nunca fue lo que su nombre decía ser. Vermil era una escoria vil, y yo fingía desesperadamente ser todo lo contrario. Los Linwick estaban podridos hasta la médula. Pero pensé que tú serías diferente. Janice apretó los puños a los costados. —Brayden… “Pero ahora me pides que renuncie a la única familia que me queda. ¿Para qué? ¿Para complacer a un loco que cree que el mundo debería convertirse en un mar de piedra? ¡Mira el Imperio, Janice! Desapareció. Destruido. Por el mismo hombre al que me dices que siga. Y ahora que también quiere llevarse a estos estudiantes, ¿quieres que simplemente… qué? ¿Que me rinda?” —¡No se trata de rendirse! —espetó Janice—. ¡Se trata de reconocer que tal vez no tengas toda la razón! —¿Esto? ¿Esto es lo mejor? —gritó Brayden—. ¡Mira, Janice! ¡Mira! ¿Por qué demonios estás peleando? Porque yo no lo veo. —¿Y por qué luchas? —preguntó Janice—. ¿Por los muertos? Para ellos todo ha terminado, Brayden. Pero Padre confía… —¿Tú? —terminó Brayden. Sus labios se curvaron en una sonrisa demente—. ¿Le importas? ¿Le importas siquiera? ¿O solo eres otra pieza en su plan? —Eso es todo lo que debo ser —espetó Janice—. Una herramienta es cómo cumplimos nuestro propósito. Brayden la miró fijamente durante un largo segundo. Luego dejó escapar un suspiro lento y tembloroso. Un dolor punzante le quemaba el corazón. No era el tipo de dolor que pudiera causar un ataque físico o mágico, ni tampoco el que pudiera curarse. “Tú… tú nunca fuiste nada más que eso, ¿verdad? Lo siento. A pesar de todas mis palabras, supongo que nunca me di cuenta de lo profundamente que te había atrapado.” —No te has perdido nada —dijo Janice—. Yo cumplo mi propósito. Y es hora de que cumplas el tuyo, Brayden. Padre me dio una orden. Por tu bien, he intentado contenerme. Para darte una oportunidad. Pero eso se acabó. Esta es la última oportunidad que te doy. Deja de ser un tonto. Puede que Padre te permita unirte a nosotros. Pero el destino de todos los demás ya está sellado. No desperdicies tu vida por algo que ya está perdido. Una herramienta aún puede tener utilidad. De reojo, Brayden vio a Lee transformarse. Un humo negro brotó de la calabaza a su lado, retorciéndose para formar un nuevo cuerpo. Noé regresaba. Brayden apretó la mandíbula. —No eres el único —dijo Brayden. —¿Qué? —preguntó Janice, con un destello de confusión cruzando sus ojos. Brayden alzó las manos y concentró la energía mágica que aún residía en su interior. Bebió profundamente de su runa de rango 5 recién formada, dejando que la energía crepitante llenara su cuerpo por completo. “No eres el único que se está reprimiendo”, dijo Brayden. Luego, con un siseo de magia púrpura crepitante, desapareció. * * * Noé ya corría antes incluso de que su mente hubiera terminado de volver a su cuerpo. Sus pies golpeaban el césped perfectamente alineado mientras se lanzaba hacia su padre, con la mirada fija en su objetivo. Una reluciente armadura azul se abalanzó sobre su cuerpo. La magia de Yoru. Noah no tuvo tiempo de agradecerle. Ni siquiera pudo dedicarle el tiempo o la energía necesarios para reconocerla. Noah simplemente corrió. La armadura resplandeciente resistió la inmensa presión de Padre. Pero con cada paso que daba, la resistencia aumentaba. Solo podía hacer hasta cierto punto. El alma de Noé temblaba. La presión le aplastaba los pulmones dentro del pecho. Lo único que le permitía moverse era el tamaño de su alma. Incluso comparada con la de Garina, era enorme. Pero no era lo suficientemente grande. El padre se limitó a observarlo, con una expresión de desconcierto en el rostro. Puro poder mágico redujo a Noé a la nada, a un simple cadáver. Murió, retorcido como un viejo trapo. Y entonces regresó, corriendo antes de que las volutas de humo negro terminaran de enredarse en su cuerpo. Un grito de desafío mudo brotó de sus labios mientras corría. Terminó únicamente cuando él murió, un paso más allá de donde yacía su cuerpo anterior, regresó con el mismo aliento al formarse una vez más, y luego terminó como lo había hecho el primero. Noé regresó. Atacó de nuevo. La resistencia de los dominios de Garina y Revin se intensificó al aumentar la magia que emanaba de ellos. Quizás intentaban ayudar. Quizás solo intentaban sobrevivir. No lo sabía. No tenía espacio para pensar, para saber. En su mente solo había lugar para una única certeza. Y esa certeza hizo que sus piernas golpearan el suelo con fuerza y lo llevó hasta donde yacían sus otros cuerpos. Eso provocó que se desplomara al suelo justo al lado de ellos. Lo trajo de vuelta, con grietas que se abrían paso a través de su espacio mental, y lo lanzó de nuevo a la carga. Noé no supo cuántas veces murió en cuestión de segundos. Fue una actuación francamente asombrosa. Su Calabaza pareció comprender la urgencia de la situación. Nunca antes había regresado tan rápido. Había amontonado una pequeña colina con sus propios cuerpos en el tiempo que tardaba alguien en servir un vaso de agua. El leve interés que sentía por los rasgos de su padre se había transformado en una mirada escrutadora. Una mirada dirigida, no a Noah, sino a Lee. Hacia la calabaza que tenía a su lado. A Noé se le acabó el tiempo. —Interesante —dijo el padre—. Me preguntaba qué clase de magia usabas. ¿Qué es esa calabaza? Extendió una mano hacia ella. Los pies de Noé golpearon el suelo por enésima vez. Corrió hacia la pila de cuerpos, con el latido de su corazón resonando en sus oídos. Con cada carga se acercaba un poco más a Padre, pero aún no era suficiente. Tengo que llegar hasta él. Pero es imposible. No en mi estado actual. Hay que distraerlo. —¡Alguien! —gritó Noah con la voz ronca—. ¡Hagan algo! ¡Ahora! Un destello rojo cruzó el cielo en dirección a Padre, con crepitaciones de magia del Caos retorciéndose a su alrededor. Los ojos del padre se apartaron bruscamente de Lee y se dirigieron hacia él. Su mano libre se alzó con un movimiento rápido y borroso. Se produjo un crujido. Tillian se detuvo en seco, con el cuello atrapado en las garras de su padre, los ojos desorbitados mientras un par de espadas ensangrentadas giraban de sus manos para caer inofensivamente al suelo bajo él. —¿Un Inquisidor? ¿Con el Caos? —El padre ladeó la cabeza—. Idiota. —Me alegra saber qué cazas —jadeó Tillian—. Y oíste al hombre. Tenías que… intentarlo. El padre agitó la mano. Tillian se desplomó, estrellándose contra el suelo con un crujido espeluznante. Un fugaz gesto de molestia cruzó el rostro de padre. Se volvió hacia Lee— —¡Padre! —exclamó Brayden con la voz desgarrada por una angustia incontenible. Eso no le llamó la atención. Pero el fuerte crujido que rasgó el aire un instante después sin duda lo hizo. Incluso los ojos de Noah se desviaron momentáneamente hacia Brayden. Hacia el cuerpo de Janice, acunado en sus brazos como a una amante, su cuello se rompió y la luz se desvaneció de sus ojos como una vela apagada. Y el padre hizo una pausa. No duró más que un instante. Quizá solo un leve destello de sorpresa. Pero se detuvo. La inmensidad del dominio que emanaba de su mera presencia cedió un ápice de espacio. Noé se puso en movimiento de un salto. Saltó sobre la pila de sus propios cadáveres, consciente de que no tenía ni de lejos la fuerza suficiente para llegar hasta su padre. Pero este cuerpo no era el que tenía que lograrlo. Noé agarró los brazos de uno de sus cuerpos, lo levantó en el aire y lo hizo girar una vez como un lanzador de disco. Los cuerpos debajo de él resbalaron y se movieron. Perdió el equilibrio, pero eso no bastó para detenerlo. Con un grito, Noah terminó el giro y lanzó su cuerpo con toda la fuerza que pudo reunir incluso mientras caía en picado hacia atrás. Garina y Revin se impulsaron hacia Padre, finalmente libres de las ataduras que los habían mantenido sujetos. La atención de Padre volvió de golpe a la pelea. Con un movimiento de mano, los hizo caer a ambos al suelo mientras volvía a invocar a la Orden. Pero el cuerpo de Noah no era más que un cadáver. No quedaba nada que sintiera la presión que había ejercido. Se agitó en el aire, con las extremidades girando en todas direcciones. Padre apenas le prestó atención. Simplemente se hizo a un lado para que el cadáver pasara a su lado sin hacerle daño. Y, mientras todo el peso del dominio del Padre volvía a recaer sobre los hombros de Noé, él buscó en lo más profundo de sí mismo. Más profundo de lo que jamás había llegado. Más allá de sus runas. Más allá de las grietas y el daño de su alma. Hacia la profunda infinitud de la Línea, y un poco más allá. Sintió cómo su alma se tensaba mientras la niebla de toda la muerte que había sufrido oscurecía su camino. Entonces Noé murió, su cuerpo incapaz de resistir el poder del Padre. Y, mientras lo hacía, extendió la mano hacia el lazo mágico que lo ataba a la calabaza antes incluso de que pudiera empezar a apretarse. Recurrió a la magia que lo había acompañado desde su llegada a Arbitage. El poder que lo había traído desde las Acres Quemadas hasta donde se encontraba hoy. La magia que nunca se había atrevido a tocar. Hasta el día de hoy. Los ojos de Noé se abrieron de golpe, y una vez más tuvo un cuerpo. Pero no despertó junto a la calabaza. Se encontró volando por los aires, atrapado en un cadáver que ya tenía un pie en la tumba debido a la fuerza mágica que apretaba con más fuerza que la propia muerte. Noé se encontró a un paso de la Larga Noche. Extendió la mano de golpe. Agarró el bastón de madera. Sus labios se curvaron en un gruñido. Por muy poderoso o paranoico que fuera Padre, ni siquiera él estaba preparado para que un cadáver comenzara a moverse. Noé arrebató el artefacto de las manos de su padre. La presión que lo asfixiaba se evaporó. Cayó al suelo dando vueltas y vueltas. La soga alrededor de su cuello se apretó, liberándolo de su cadáver robado e intentando arrastrar su alma de vuelta a su lugar, pero Noé se resistió un instante más. Se puso de pie de un salto, sujetando con fuerza el bastón de madera mientras lo alzaba en el aire. Luego lo bajó hasta su rodilla. —¡No! —gritó el padre, con pánico y miedo reflejados en sus ojos. Se lanzó hacia adelante, abalanzándose sobre Noé. Garina se abalanzó sobre él. Ambos cayeron a un lado. Padre la apartó bruscamente de un empujón y giró sobre sí mismo, recuperando la velocidad en un instante. Apareció a escasos centímetros de Noé— Un fuerte crujido resonó. El padre se quedó paralizado. Y, finalmente, la emoción se reflejó en sus ojos. La incredulidad y el horror inundaron su rostro cuando Noé dejó caer las dos mitades de La Larga Noche, que resonaron al caer al suelo. Algo se agitaba en su interior, tan inmenso, tan primigenio, que ni siquiera Noé habría podido precisar su origen. Era una energía como ninguna otra que hubiera sentido jamás. La inmensidad de ese poder hacía que todo lo que había sentido, todo lo que había visto, no fuera más que una pequeña llama parpadeando ante un incendio forestal. —No —susurró el padre. Retrocedió un paso, y el terror en su rostro se intensificó—. ¿Tú... cómo? ¿Crees que un artefacto así se rompe sin consecuencias? ¿Qué has hecho? ¿Qué has hecho? —Yo diría que he arruinado cientos de años de trabajo —dijo Noé con una sonrisa torcida. Luego murió. Ya no podía resistirse a la atracción de la calabaza. La extraña energía que lo llenaba se evaporó junto con su vida, extinguida como una vela, cuando Sunder lo arrancó de su cadáver y lo introdujo en un cuerpo recién formado. Y, en la cercanía, los gritos de la Sombra de la Noche se hicieron más fuertes. Mucho, muchísimo más fuertes.
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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 760

Estás leyendo el capítulo 760 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.