Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 709 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
La sangre goteaba de las palmas de Garina. Le recorría las uñas y los dedos hasta caer de los nudillos y dispersarse por el cielo como gotas de lluvia roja. Un escalofrío la invadió como las ondas que se forman al romper un trono de piedra en un lago en calma.
El mundo sobre ella estaba sumido en sombras. El tentáculo de la Sombra de la Noche se extendía por el aire, su pálida piel gris engullendo el cielo mismo y dejando tras de sí solo oscuridad y gritos.
Pero el tentáculo ni se movió. No se había inmutado en el último minuto. El enorme apéndice estaba completamente congelado. Hilos de la voluntad de Garina lo aprisionaban por completo como la tela de una araña.
Una gota de sudor le resbaló por la mejilla mientras su alma volvía a gemir en protesta. Solo podía contener a la Sombra de la Noche por un tiempo limitado. Ya había agotado hasta la última gota de Fuerza Rúnica de la que era capaz, y todo su poder solo había bastado para doblegar una mínima parte de la voluntad de la Sombra de la Noche.
Si el monstruo hubiera estado mínimamente despierto, ni siquiera habría habido combate. Sus runas habrían sido pulverizadas como un silbido en un tornado. Dicho esto, jamás habría intentado someter la verdadera consciencia de la Sombra de la Noche solo con su voluntad.
Si hubiera estado despierta, habría elegido primero mil estrategias distintas. Su especialidad nunca habían sido las aplicaciones complejas de la Fuerza Rúnica. Había otros entre los Apóstoles que habrían podido manejar algo así mucho mejor que ella.
Garina era cazadora.
Por desgracia, la Sombra de la Noche no era un ser al que pudiera cazar. Si recurría al verdadero poder de sus Runas de Rango 7, al poder que necesitaba para acabar de una vez por todas con la criatura letal que la acechaba, existía una posibilidad muy real de que lo lograra.
Y existía la misma probabilidad de que la Sombra de la Noche despertara.
El monstruo seguía dormido. Eso era lo único que impedía la destrucción total del Imperio. Su presencia hoy era como si se moviera mientras dormía. Si ella lo apuñalara mientras le golpeaba el oído con un gong con todas sus fuerzas, el monstruo no tardaría en dormirse.
Lo único que puedo hacer es ralentizarlo. Padre... ese bastardo. Descubrió cómo empezar a trastear con la Larga Noche. Pero no puede controlar la Sombra de la Noche. Solo la ha provocado. Su agitación debería cesar pronto. Cuando lo haga... podré sellarla de nuevo.
Pero hasta entonces, no puedo hacer nada más que quedarme aquí sentado. Esta es la presencia más poderosa de la Sombra. Las demás causarán daño… pero no tanto como esta. Maldita sea. Si intento salvarlo todo, no salvaré nada.
Una gota de sudor rodó por la mejilla de Garina.
Su concentración era implacable. No podía permitirse menos. El esfuerzo le quemaba el alma. Ansiaba volver a su estado normal, pero ella no lo permitiría. No podía permitirse tener piedad de sí misma en ese momento.
La única prueba que necesitaba era una rápida mirada hacia abajo.
Debajo de ella se encontraba uno de los Bastiones.
Una ciudad tan extensa que parecía interminable. Hubo un tiempo en que fue más grande que Arbitage. Quizás no más influyente, pero sí más grande.
Ahora era un mar de piedras cantoras.
Cada árbol. Cada roca, cada guijarro, cada animal. Cada persona. Todo lo que había en la superficie de la ciudad no era más que un jardín deformado y retorcido. Miles y miles de vidas se habían extinguido. La magnitud de los daños era incalculable.
Pero algunos aún vivían. Cualquiera que se hubiera adentrado lo suficiente en la ciudad habría tenido tiempo de replegarse aún más. La influencia de la Sombra de la Noche no podía corromperlo todo al instante. Requería tiempo, y mientras Garina la mantuviera allí, su avance sería lento.
Si lo mantengo aquí, el daño será limitado. Al menos no hay nadie tan idiota como para venir a atacarlo. Su alma se retorcería como un pretzel antes de que pudieran siquiera invocar una runa.
Ya no debería faltar mucho. Estaba segura de que la Sombra de la Noche seguía sumida en un profundo sueño. Su única salvación eran las estrictas leyes que Garina había impuesto al Imperio durante todos esos años.
Solo tres magos en todo el Imperio tienen el poder de despertar a la Sombra de la Noche: mi padre, yo y Revin. Mi padre no lo hará porque la Sombra de la Noche también lo mataría. No es tonto. Revin… bueno, él tampoco lo hará. Y yo tampoco.
Así que, mientras resistamos, esto debería pasar; entonces podremos encontrar a Padre y detenerlo antes de que logre perfeccionar el uso de la Larga Noche. Solo necesitamos…
Una presencia se extendió por la mente de Garina. Su espalda se tensó. Se le cortó la respiración. Y, por un instante, casi perdió el control de su alma.
Pero no lo hizo. A Garina no era tan fácil sorprenderla. Era una profesional. Garina había vivido cientos de años y no era una simple maga. Era una de los Siete.
Eso no disminuyó su sorpresa. En rápida sucesión, dos presencias se habían dado a conocer brevemente en el Imperio. Presencias con un poder tan significativo que no podía ignorarlas.
Lo primero que supo fue que se trataba de Noah y la pequeña porción del poder de Decras que había reclamado para sí. Parecía que lo habían obligado a luchar. A Garina no le preocupaba su magia. Noah era increíblemente poderoso para ser de Rango 5, pero no podía hacer más que pincharle el pulgar a la Sombra de la Noche. No podía despertarla.
Pero la otra presencia... era una que Garina reconoció. Le recordaba a Ferdinand, pero mil veces más poderosa. Era algo que no pertenecía a ese lugar. Algo que superaba con creces el poder que cualquier Rango 7 pudiera siquiera soñar con alcanzar.
Era la presencia de un dios.
* * *
—Mierda —exclamó Renewal, inclinándose hacia delante y observando a Noah con los ojos muy abiertos. El enorme miembro de la Sombra de la Noche se abalanzó sobre él en una agonizante cámara lenta, mucho más lenta de lo que debería moverse.
Mucho, muchísimo más lento.
Rneewal entrecerró los ojos. Le lanzó una mirada de reojo a Decras.
—¿Qué? —preguntó Decras.
—Lo ralentizaste —espetó Renewal—. ¿Por qué?
—Me pareció un buen efecto dramático —respondió Decras—. Y no ralenticé nada. ¿Qué te crees que soy, un Rango 15? No puedo controlar el flujo del tiempo. Simplemente lo procesamos a una velocidad mucho mayor.
—No me expliques cómo funciona la compresión temporal. No nací ayer —dijo Renewal, incapaz de apartar la vista de la pantalla. El tentáculo seguía deslizándose hacia Noah, un micrómetro a la vez. A este ritmo, tardaría diez minutos en alcanzarlo. —Noah está muerto.
—Sin duda —convino Decras—. Tengo curiosidad por ver si realmente podrá hacerle algo a la Sombra de la Noche. Qué nombre más curioso. Sombra de la Noche. Es un nombre fuerte para ese planeta… pero qué arrogante, proclamarse el primero de la oscuridad.
—Los mortales le pusieron el nombre —señaló Renewal—. No puedes culparlo por un nombre que no eligió.
—De acuerdo —admitió Decras—. Entonces quizá deberíamos abordar el tema que todos evitamos. O mejor dicho, el del gato…
—¡Cállate! —dijo Renewal con enfado. Señaló la pantalla con una mano mientras acariciaba con la otra la bola de pelo negro que Decras había creado para ella—. Noah está a punto de ser aplastado. No quiero perdérmelo.
—Sádico —dijo Decras.
“Estará bien. Supéralo.”
Ambos guardaron silencio mientras el tentáculo continuaba descendiendo hacia las manos extendidas de Noah. Él lo alcanzaba, con el rostro concentrado y la mirada llena de determinación.
Un muro de muerte se cernía sobre él. Se precipitaba hacia Noah a una velocidad increíble, pero su cerebro aún tenía tiempo de procesar lo que sucedía. Sabía que estaba a punto de morir, y ni siquiera un atisbo de miedo lo invadió.
El mayor temor del hombre no lo atenazaba en absoluto. Solo se concentraba en la tarea que tenía entre manos. Renewal deseó poder leerle la mente. Deseó poder oír sus pensamientos. Saber qué era lo que le daba tanta motivación para seguir adelante.
Pero no pudo. Lo único que pudo hacer fue observar cómo la piedra gris que componía la Sombra de la Noche rozaba sus dedos.
Todo el poder acumulado en su Formación explotó.
Una línea negra se dibujaba hacia arriba en el enorme tentáculo mientras este continuaba su camino hacia abajo.
El tiempo volvió a su curso normal.
Una explosión arrasó las Acres Quemadas. El tentáculo impactó contra el suelo con tal fuerza que la ola de viento que emanó de él destrozó todos los árboles petrificados en un radio de cientos de metros desde su punto de colapso.
Noé desapareció bajo él. Pocas cosas en el mundo estaban más definitivamente muertas que él en ese preciso instante.
—¡Mira! —exclamó Decras, señalando como un padre orgulloso.
Un largo surco recorría la circunferencia del tentáculo de la Sombra Nocturna. Era lo suficientemente profundo como para seccionar muchos de los orificios que atravesaban el enorme apéndice. El daño estructural era insignificante, pero a nadie le gusta golpearse el dedo del pie mientras duerme.
Con una cacofonía sibilante de gritos, el tentáculo retrocedió bruscamente. Se elevó en el aire hacia el portal del que había surgido, enroscándose alrededor de la montaña que tan bruscamente había caído sobre él y arrastrando consigo la enorme masa de piedra. Renewal observó absorta cómo el tentáculo era absorbido por el vórtice celestial como un largo fideo que desaparece en la boca de un comensal ansioso.
Y entonces desapareció.
Lo único que quedaba era un bosque de árboles de piedra, cuyo canto no era más que el viento que se filtraba por los agujeros. La magia que los había conectado a todos con la Sombra de la Noche se había roto.
—Nada mal —dijo Decras con aprobación—. Consiguió evitar que su influencia se extendiera demasiado. Perfecto para el trabajo. No tiene el poder suficiente para despertar a la Sombra de la Noche, pero sí el justo para ahuyentarla.
—¿Dónde está Mascot? —preguntó Renewal, mientras sus ojos recorrían la pantalla.
Decras la miró de reojo. “Renewal”.
—Lo sé —espetó Renewal—. ¿Dónde está Mascot?
—Ambos vimos lo que hizo —dijo Decras—. Ese pequeño avatar no tenía la capacidad de manejar el poder de esa manera. No sin su conexión contigo.
Renewal apretó los brazos contra sus costados. Los avatares eran extensiones del dios al que pertenecían. Poseían cierto poder. Pero eso ocurría cuando eran avatares propiamente dichos.
Mascot había roto su conexión. Por muy grosero que hubiera sido, eso significaba que Renewal no podía controlarlo, y él no podía recurrir a su magia. La única energía que quedaba en él era la que ella le había dejado.
Le bastaba con atravesar la barrera entre planos por su cuenta o hacer alguna travesura menor. Pero teletransportar una montaña entera era harina de otro costal. Algo así estaba muy por encima de lo que Mascot podía permitirse.
Los ojos de Renewal recorrieron la pantalla en busca de algún rastro de pelaje blanco. “No puede haberse ido. No así. Me esforcé mucho en crearlo, ¿sabes? Es un pequeño cabroncete muy resistente”.
“Ya no te pertenece, ¿sabes?”
—Me da igual —espetó Renewal—. ¿Lo consumió por completo? Retrocede la pantalla. Si se ha ido…
El suelo frente a Renewal centelleaba. Parpadeó y su mirada se desvió hacia abajo mientras se le cortaba la respiración.
Una tenue bola de pelaje blanco, casi completamente translúcida, salió rodando de un portal y cayó a sus pies.
Era Mascot, pero estaba en muy mal estado. De hecho, estaba hecho un desastre. Su cuerpo era tan transparente que parecía dibujado en un pañuelo de papel. Los cuernos, antes rojos, que le salían de la cabeza y le recorrían la espalda, se habían vuelto grises.
Renewal recogió a Mascot del suelo y lo sostuvo frente a ella. Fragmentos de él ya se desprendían y caían. Entrelazó su alma con la de Mascot, recomponiendo el avatar como si estuviera armando un rompecabezas.
No era una solución definitiva, pero le serviría para mantenerse cuerdo hasta que ella pudiera ocuparse de las cosas adecuadamente.
—Has vuelto —dijo Renewal con una sonrisa de alivio. Extendió un tentáculo de su voluntad hacia el gato—. Sabía que lo harías. Vaya hazaña. No creas que volverás a hacer algo así. Pero no te preocupes. Te devolveré tu mejor forma dentro de unos cientos de años. Eso me dará tiempo para presentarte a Fiesty. Intenta llevarte bien, ¿de acuerdo?
La gata negra que tenía en su regazo miró a Mascot. Luego, él siguió a lo suyo. A Fiesty no le importaba casi nada.
Mascot abrió los ojos lentamente. Su mirada se encontró con la de Renewal.
Sintió cómo su fuerza de voluntad chocaba contra un muro de hierro.
Sus ojos se abrieron de par en par.
¿Qué estás haciendo? ¡Baja esa barrera, pedazo de mierda!
—Él es igualito a ti —señaló Decras—. Dudo que eso funcione. Siempre has sido testarudo.
Renewal lo fulminó con la mirada, luego volvió a mirar a Mascot. “No puedo ayudarte si no te abres. No olvides quién eres, avatar. ¿Quieres recuperar tu poder? Derriba el muro. No te obligaré, pero si me mantienes al margen, poco podré hacer”.
La determinación en los ojos de Mascot no flaqueó ni un instante. Aunque su cuerpo translúcido colgaba inerte en las manos de Renewal, a un paso de la extinción, la voluntad de su alma permanecía inquebrantable.
—Como un gato —dijo Decras—. Te caga en la puerta, se larga, vuelve y espera que lo cuides gratis para poder irse de vuelta con su persona favorita. Que, por cierto, no eres tú. Por si no lo había dejado claro.
No lo puedo creer. Mascot no es tonto. Puede que no hable, pero sabe perfectamente lo que está pasando. Debió de haberle costado un gran esfuerzo llegar hasta aquí para que yo pudiera estabilizarlo. Si no se vincula conmigo, no podrá recuperar los poderes de un avatar. ¿De verdad está tan decidido a quedarse al lado de Noah?
Renewal suspiró. Bajó a Mascot y lo sentó en su regazo. “Si no te reconectas conmigo, poco puedo hacer. Estabilizarte podría llevarme meses, y eso sin contar la restauración de tus poderes. ¿De verdad estás de acuerdo? Noah aún no puede curarte, ni siquiera si te envío de vuelta. No es un dios. Podrían pasar cientos o miles de años antes de que lo sea. ¿De verdad vas a esperar tanto? Te quedarás como un simple gato con poderes mágicos hasta que él mismo pueda otorgarte poderes”.
Mascot miró con desgana a Renewal.
Luego empezó a acicalarse el trasero.
Y eso, suponía Renewal, era respuesta suficiente.

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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 709
Estás leyendo el capítulo 709 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.