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Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 676 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Alucion se deslizó silenciosamente por los pasillos del edificio humano junto a tres Buscadores de la Verdad. Una pesada espada colgaba a su lado, oprimiéndole la cadera con una fuerza que casi parecía un vórtice. Un fuerte y constante tirón le desgarraba la carne mientras la hoja absorbía la energía mágica del aire circundante. El arma era excepcional, forjada específicamente para contrarrestar una de las técnicas de combate favoritas de los humanos. Era una espada asesina de soldados. Un Mageripper. Estas armas eran raras y escasas. Cada una era exorbitantemente cara y nunca duraba más de unas pocas misiones. Interrumpir las Imbuiciones era una tarea sumamente difícil. Pero esta no era una misión en la que se pudieran escatimar gastos. Los Grandes habían elegido a los más grandes de la secta exterior. Cada uno de ellos había sido seleccionado específicamente para esta tarea y equipado en consecuencia. Para esta oportunidad, el éxito estaba prácticamente garantizado. El Heraldo lo sabía todo. El camino era claro para él, y habían sido elegidos para ejecutar su voluntad: acercar el mundo a donde realmente pertenecía: libre, sin ataduras ni cadenas. Todos habían sido advertidos de la importancia de esta misión. De los guerreros más cercanos del Falso Heraldo… y de las armas que portaban. Todd e Isabel figuraban entre los objetivos prioritarios que se les habían asignado a los Buscadores de la Verdad. Acabar con ellos era de suma importancia. No podían fallar. No solo porque el Heraldo había decretado su victoria, sino porque no debería haber habido competencia. Dos niños humanos de Rango 3 contra cuatro demonios ya era una victoria aplastante. Pero no se trataba simplemente de cuatro demonios que habían venido para esta misión. Venían armados con algo más que las enseñanzas y las armas del Heraldo. Sus armas eran más que las garras en sus dedos y las cuchillas en sus costados. Estaban armados con conocimiento. Alucion conocía todas las capacidades de Isabel y Todd. No había ningún elemento sorpresa que pudiera cambiar el rumbo del destino a favor de los niños. Él, junto con los demás demonios a su lado, había sido armado específicamente para enfrentarse a ellos. Su destino estaba sellado; la muerte era el único camino hacia la gracia del Heraldo que aún les quedaba. Se detuvo ante la puerta que buscaban. Los demás Buscadores de la Verdad se detuvieron a su lado. Ninguno emitió el más mínimo ruido al tomar posición. Todos permanecieron en perfecto silencio, tan quietos como un lago muerto en plena noche. Ni siquiera habría combate. Todo su armamento y preparación eran mera precaución. La misión de esta noche no admitía errores. Sería una ejecución silenciosa, y luego pasarían a su siguiente y último objetivo: aquel que representaría el verdadero desafío. Una de las Buscadoras de la Verdad dio un paso al frente. Dejó que su mano rozara el pomo de la puerta. Alucin apretó los puños a los costados. Solo su entrenamiento le permitía controlar los latidos de su corazón. Este era el punto crítico de todo su plan. Abrir una puerta rara vez era silencioso. Si hacían ruido, todo se desmoronaría y su plan se arruinaría. El anillo en el dedo de la demonio dejó escapar un tenue destello de luz cuando el mecanismo de cierre se desató suavemente, deslizándose sin hacer ruido. Los labios de Alucin esbozaron una sonrisa. Toda su preocupación había sido en vano. El mayor oponente ya había sido derrotado. Un suave empujón de la demonio entreabrió la puerta lo suficiente para permitir el acceso a la habitación. Su anillo ya había atenuado su luz de nuevo, para no despertar a los humanos dormidos. La habitación estaba tan oscura como el pasillo. No se oía ningún sonido, salvo la suave respiración de las personas que estaban dentro. Alucin reconoció el patrón: era el lento subir y bajar del sueño. Asintió levemente al líder de los Buscadores de la Verdad. Ahora solo tenían que completar su misión y marcharse. El Heraldo acogería a dos más en su seno, y así los Buscadores de la Verdad estarían un paso más cerca de su gracia. Avanzaron en perfecto silencio. Inadvertido. Invisible. La primera de las Buscadoras de la Verdad murió al cruzar la puerta. Solo hubo un instante de advertencia: un zumbido tenue, casi inaudible. Luego, un destello azul brilló en la oscuridad y una punta de lanza surgió de la espalda de la demonio. Gotas de sangre salpicaron el rostro de Alucin mientras, por un instante, se quedaba paralizado por la sorpresa. La leve sonrisa aún se dibujaba en su cara cuando sintió el sabor a hierro en sus labios. Entonces, la lanza resplandeciente se desprendió del pecho del demonio. Con ella fluyó un torrente de energía azul centelleante, arrancada del cuerpo del Buscador de la Verdad y absorbida por la oscuridad de la habitación contigua. La luz se desvaneció, no sin antes iluminar fugazmente los fríos rasgos de una muchacha humana. Isabel. Imposible. ¡Respiraban! Era evidente que ambos estaban dormidos. ¿Cómo está ella...? Y entonces Alución lo comprendió. Sus sentidos eran los de un demonio. Aunque ya no podía ver a Isabel, aún podía oírla… y su respiración no había cambiado. No había pánico en su aliento. Era casi como si aún estuviera dormida. —Están despiertos y controlan su respiración —gruñó Alucin—. ¡Sabían que íbamos a venir! ¡Elimínenlos ahora! ¡No podemos arriesgarnos a que interfieran! Arrancó la hoja de su costado mientras se movía con una rapidez asombrosa. Si Alucion no lo hubiera sabido, habría pensado que los habían traicionado. Atacar para matar al instante, sin siquiera averiguar quién estaba en la puerta, no era propio de un niño. Da igual. Su única ventaja es la sorpresa. Luchar en la oscuridad perjudica mucho más a los humanos que a los demonios. No volverán a pillarnos desprevenidos. Alucin y los Buscadores de la Verdad irrumpieron en la habitación, con las armas listas. Todavía podía oír la respiración de Isabel. Incluso el sonido de su corazón le hacía cosquillas en los oídos, indicándole con exactitud dónde se encontraba. Pero Isabel no era su primer objetivo. Ese honor le correspondía a Todd, cuyo corazón latía al otro lado de la habitación. Alucin se abalanzó sobre él, blandiendo su espada en el aire. Un cegador destello de luz rasgó la habitación. Pero era más que luz. El fuego crepitaba y rugía al expandirse por el aire. Una ola de calor golpeó el rostro de Alucin, quien giró bruscamente hacia un lado, esquivando por poco una densa llamarada que lo alcanzó justo donde había estado momentos antes. Las antorchas se encendieron de repente por toda la habitación, bañándolo todo en una luz naranja rojiza. El calor de la ignición le quemó la piel a Alucin mientras Todd e Isabel eran arrastrados por la luz. —Demonios —dijo Todd con la voz amortiguada por una fina capa de armadura de piedra que cubría su cuerpo—. No son nuestros. —Y yo que pensaba que habíamos tenido suerte —gruñó Isabel desde el otro lado de la habitación. Ella también llevaba armadura, pero la suya era de una piedra mucho más gruesa y pesada—. Tenía la esperanza de que algún noble idiota se cansara de esperar y viniera a terminar el trabajo. Qué decepción. —Así es —convino Todd. Alzó las manos y juntó las muñecas. La llama descendió en remolino desde las antorchas que rodeaban la habitación, enroscándose a su alrededor como un dragón a punto de atacar. Ambos estaban preparados para un ataque. ¿Se atreven a burlarse de nuestro pedido? La espada de Alucion zumbaba en su mano. Las antorchas en el aire chisporroteaban mientras la magia que las imbuía luchaba contra el filo de la hoja. Entonces, una a una, comenzaron a apagarse. El calor que inundaba la habitación se desvaneció al instante, y el fuego que Todd había invocado desapareció con él. Después de todo, la llama no provenía directamente de él. Surgió de una fuente Imbuida, y cuando una fuente Imbuida se quedaba sin poder, sus creaciones también desaparecían. Sonrió al ver cómo se aceleraba el ritmo cardíaco de Todd. —¿Qué demonios? —preguntó Todd—. ¡Están manipulando mis Imbuiciones, Isabel! ¡Jamás he visto magia así! Entonces la habitación volvió a sumirse en la oscuridad. —Y no volverá a suceder —susurró Alucin. Sus operaciones habían fallado, pero ningún plan era perfecto. No importaba. Con tal de que ambos murieran en menos de un minuto, nada cambiaría. —¡Acaba con esto! Yo me encargaré de Todd. Encárgate del más fuerte. Los dos Buscadores de la Verdad restantes cargaron contra Isabel. Ella representaba la mayor amenaza, por supuesto. La Runa Maestra que portaba era letal. Incluso el Heraldo desconocía el alcance total de su poder, pero dos Buscadores de la Verdad eran más que suficientes para acabar con la muchacha. En cuanto a Todd… Sus pulseras tintineaban en la oscuridad. —¿Qué hiciste? ¿Cómo es posible? —tartamudeó Todd. Un golpe sordo resonó cuando un trozo de su armadura se desprendió y crujió al caer al suelo a sus pies. Más fragmentos cayeron tras él, desmoronándose hasta que volvió a estar vestido de civil. —¡Mis Imbuiciones! Depender demasiado de las herramientas. ¡Qué idiota! Las imbuiciones son un arma. Usarlas en exceso es como pedir que te las arrebaten. Lo único en lo que realmente puedes confiar es en tu propio cuerpo y la magia que reside en él. Lamentablemente, ya es demasiado tarde para que aprendas esta lección. —¡Todd! —gritó Isabel—. ¡Corre! —Demasiado tarde —susurró Alucin. Se lanzó hacia adelante. Su espada relampagueó, moviéndose a una velocidad que ningún humano de Rango 3 podría siquiera imaginar. Un fuerte golpe seco recorrió su brazo al impactar contra la pared, a escasos centímetros de la cabeza de Todd. La hoja tembló en el aire. No había ni una gota de sangre sobre ella. Todd había logrado esquivar el golpe. La sorpresa recorrió fugazmente la mirada de Alucin. Imposible. ¿Cómo podría un personaje de rango 3 moverse así...? Unas tenues luces rojas rasgaban la oscuridad. Se extendían ante Alucin, líneas rectas que se entrelazaban formando un extraño patrón. Pero esas líneas no solo estaban en el aire. Estaban sobre la piel de Todd. Como tatuajes, recorrían cada centímetro expuesto de su cuerpo, desde la punta de los dedos hasta los brazos, donde desaparecían bajo la camisa. Le cubrían el rostro. Ni siquiera sus ojos se habían librado, iluminados desde dentro por patrones cuadrados y espirales. Un tenue poder pulsaba entre las líneas, tan contenido que era casi imposible de detectar. —Es broma —dijo Todd. Sus blancos dientes brillaban en la oscuridad con una sonrisa fría. Alucion gruñó. Desenvainó su espada de la pared, lanzándola a toda velocidad hacia la cabeza de Todd. El chico le propinó un puñetazo en el estómago, pero Alucion lo ignoró. Era un demonio. Un simple golpe de un niño no justificaba retrasar la pelea para esquivarlo. Simplemente podía ignorarlo. Un dolor agudo recorrió a Alucion. Retrocedió tambaleándose, la sangre salpicando entre sus labios mientras su espada se le escapaba de la mano y caía al suelo con un estrépito. Tropezó y cayó al suelo, desgarrado por la agonía. Miró hacia abajo, a su estómago, con incredulidad, pero no quedaba ni un moretón del golpe de Todd. —Da un poco de pena, ¿no? ¿Caerse de un solo golpe? —preguntó Todd, acercándose a Alucin. Su rostro, iluminado por las líneas rectas que cubrían su cuerpo, era frío. —¿Qué hiciste? ¿Qué clase de magia es esta? —jadeó Alucin, con la sangre brotando de sus labios a borbotones. Sentía como si sus órganos internos se hubieran licuado por completo. Pero Todd era humano. Ningún humano podía golpear así. Lo único que la magia de Todd podía hacer era… —Una explosión —susurró Alucin, la palabra escapándosele de los labios junto con la sangre—. ¿Me pasaste la explosión directamente al estómago? ¿Cómo es posible? —Las imbuiciones pueden hacer cosas increíbles —dijo Todd—. Sobre todo si sabes usarlas. Por cierto, bonita espada. ¿Te importa si la cojo? Más sangre brotó de los labios de Alucin mientras intentaba, en vano, articular una respuesta. Su cabeza cayó hacia atrás y golpeó el suelo con un ruido sordo y húmedo. La oscuridad rápidamente envolvió su visión. Lo último que vio fue a un Buscador de la Verdad desplomarse a los pies de Isabel; la luz de su lanza azul brillante iluminaba al último de ellos, que yacía desangrándose a su lado. Los cuatro habían caído. Habían fracasado. Entonces el talón de Todd golpeó con fuerza el cráneo de Alucin y este perdió el conocimiento.
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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 676

Estás leyendo el capítulo 676 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.