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Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 673 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Bixx se humedeció los labios con la lengua mientras caminaba sigilosamente por la calle iluminada por la luna. El mundo estaba en silencio a su alrededor, salvo por los pasos de los dos demonios que la flanqueaban. Se movían por la calle como si fueran las sombras mismas, ajenos a la luz e invisibles para todos. En varias ocasiones, se acercaron tanto a un transeúnte que Bixx podría haber extendido un dedo con garras y degollarlo con un simple movimiento. El impulso de matar le subía por las venas como plomo caliente, pero lo reprimió. Esta noche no habría distracciones. Las órdenes de los Mayores habían sido clarísimas. Esta noche era una oportunidad. Un camino para unirse a las filas de los Verdaderos, para estar junto al mismísimo Heraldo. Docenas de ellos habían recibido la bendición de participar en esta gloriosa oportunidad. Solo unos pocos lo lograrían. Los bajos deseos del mundo engullirían al resto. Los demonios que no pudieran controlarse, aquellos que no mantuvieran la Verdad presente en sus mentes, aquellos que no pudieran seguir el único camino de salvación; se desmoronarían. Bixx no era uno de ellos. La daga le pesaba en la mano. No era una ilusión. La hoja siempre había tenido más peso de lo normal. Hacía demasiado tiempo que no la alimentaba. Si no la regaba pronto, su colmillo se volvería contra ella. Pero eso no importaba. Su ayuno había terminado. Esa noche, su espada bebería. La Verdadera le había dado al equipo de Bixx sus objetivos. Le habían dado sus nombres, apariencias y ubicación. Y eso era todo. Desconocía la identidad de los demás Buscadores de la Verdad que viajaban con ella, ni le importaba. Eran irrelevantes. Incluso la identidad de los Superiores le resultaba indiferente. Quienes seguían verdaderamente el camino de la Verdad solo conocían al Heraldo. Él era el único que debía ser visto entre la multitud. Mientras su gracia alcanzara a Bixx, ella permanecería junto a todos aquellos a quienes él considerara dignos de bendecir. Y así, esta noche, Bixx solo tenía una cosa en mente. Sus objetivos. Un pequeño grupo de necios que osaron alzarse contra el Heraldo con un falso profeta. La pura arrogancia de semejante ideal insensato era asombrosa. Una cosa era intentar interponerse en el camino de la Verdad. Todos esos necios perecerían. Pero afirmar que el Verdadero Heraldo era el Falso, y el Falso el Verdadero, eso era escupir en los ojos de Dios. Su sangre absolverá sus pecados. Su muerte allanará el camino hacia la Verdad. Su vida se empleará para comprar mi futuro, y su muerte les otorgará el suyo. Bixx se detuvo. Alzó la vista hacia el edificio que se alzaba ante ella. Reinaba el silencio, con las ventanas apagadas. Decenas de pequeños seres mortales dormían en su interior. Sus cuellos estaban abiertos, implorando la espada de Bixx, pero ella no permitiría que los devorara ese día. La Verdadera no tenía espacio para un necio hambriento. Comería lo que le sirvieran y nada más. Le temblaba la mano mientras sus dedos se aferraban con fuerza a la empuñadura de la daga. Estaba hambrienta. Su mirada se dirigió a una habitación del tercer piso. Según la información que le había proporcionado la Verdadera, uno de sus objetivos dormía allí. Ignoraban por completo la salvación que se acercaba; eran como corderos que pasarían de esta vida a la siguiente en paz. Bixx los envidiaba. Un tránsito apacible a los brazos del Heraldo. Pocos recibían tal misericordia. Quienes conocían su gracia tenían el deber de brindar a otros aquello que ellos mismos solo podían alcanzar mediante un sufrimiento inmenso. Pero ese es nuestro papel. Me abriré camino hasta presentarme ante el Heraldo y me uniré a aquellos a quienes hoy le envío. Los dos Buscadores de la Verdad a su lado esperaban con paciencia. Sabía que ellos también tenían hambre de verdad, pero el Mayor la había puesto al mando de esta misión. Su espada sería la primera en cortar. La responsabilidad pesaba sobre sus hombros. Aunque desconocía sus identidades, su futuro dependía de ella. Su fe en el Heraldo sería lo que les otorgara la victoria o el fracaso. No defraudaré a nuestras almas. Seremos testigos del Heraldo y derribaremos al Falso Heraldo del vil trono de mentiras que ha construido. Bixx dio un paso hacia el edificio, preparándose para saltar. Acortar la distancia entre ella y la ventana sería pan comido. Las grietas de la piedra ofrecían suficiente agarre. El silencio era su mejor aliado. No podía permitirse ni un solo ruido sin sentido. Un golpe sordo, casi leve, en el costado de Bixx se le clavó en los oídos como una estaca. Su cabeza se ladeó bruscamente. Uno de los Buscadores de la Verdad que la acompañaba yacía en el suelo, extendido como en un sueño profundo. No quedaba ni rastro de movimiento en su cuerpo. Estaba completamente inmóvil. Estaban muertos. Un atacante. Uno de los soldados del Falso Profeta debe estar despierto. ¿Nos vieron venir? No. Imposible. Bixx cambió de postura. Agudizó todos sus sentidos, concentrándose intensamente en su entorno mientras se unía a la otra Buscadora de la Verdad, protegiéndose mutuamente la espalda. Su lengua rozó el aire. Entonces entrecerró los ojos. Una pequeña porción de aire frente a ella estaba mal. La magia la contaminaba como un veneno vil y enfermizo. —Maldita sea —dijo una voz masculina, con un cansancio que destilaba miel en sus palabras—. ¿Tan fácilmente? ¡Qué fastidio! El aire se agitó cuando un joven humano tomó forma ante ella, surgiendo de la nada y pasándose una mano por el cabello revuelto. Sus ojos reflejaban el cansancio de un ser diez veces mayor que él y caminaba encorvado, como si lo hubieran sacado de la cama a la fuerza. Bixx lo conocía. Este era uno de los soldados del Falso Profeta. A quien menos esperaba ver. Este es el conocido como James. Se supone que está dormido… y que no posee ninguna habilidad valiosa más allá de la invisibilidad. ¿Por qué está despierto? ¿Y qué clase de magia usó para matar al otro Buscador de la Verdad? Bixx apretó con fuerza la empuñadura de su daga. Ninguna de sus preguntas importaba. Un objetivo caminaba ante ella. El objetivo moriría. —Supongo que podríamos hacerlo en otro momento —preguntó James, frotándose la nuca—. Estaba bastante motivado antes, pero que me vieran me quitó las ganas por completo. Bixx se puso en movimiento con una rapidez asombrosa. El Buscador de la Verdad que la seguía se unió a la carga y ambas se lanzaron en formación de pinza, abalanzándose sobre James al mismo tiempo. Su hoja no encontró más que aire al atravesar a James. Su figura se onduló como un espejismo en el lago, desvaneciéndose con el viento hasta desaparecer de la vista. Bixx giró sobre sí misma cuando James reapareció tras ella. Alzó su daga, preparándose para un contraataque, pero el muchacho ni siquiera intentó aprovechar su ventaja. Simplemente se quedó atrás, observando a los demonios con ojos cansados. Su control de la luz es mucho más significativo de lo que se informó. No importa. No soy tan débil como para dejarme engañar por meras ilusiones. Cualquier técnica que haya usado para matar al otro Buscador de la Verdad no funcionará ahora que estamos preparados. —Hablando en serio —dijo James—. Mira, quizá pueda ir a buscar a mi profesor. Así podrá matarte rápido y sin problemas, y nos ahorraremos el trabajo a los dos. ¿Qué te parece? No tardaremos nada. Una leve sonrisa se dibujó en los labios de Bixx. La voz de James no provenía exactamente de donde tenía la boca. En realidad, surgía ligeramente a un lado, a unos treinta centímetros. Quizás pudiera desviar la luz, pero el sonido lo delataba. El chico quizá fuera más hábil de lo esperado, pero no dejaba de ser un cachorro llorón que intentaba ganar tiempo, y uno bastante tonto, además. No haber buscado ayuda en cuanto empezó la pelea había sido su único error esa noche. Bixx se puso en movimiento de un salto. En una fracción de segundo, acortó la distancia que la separaba del lugar de donde provenía la voz de James, clavando su daga con fuerza. Sus esfuerzos fueron recompensados con un fuerte golpe y un quejido ahogado y doloroso. La sangre caliente le corrió por las palmas de las manos y el aire frente a ella se agitó. James se materializó en un destello de luz, con los ojos desorbitados. Se agarró el estómago mientras Bixx le arrancaba la daga. El chico intentó articular palabra, pero no le salieron las palabras. Cayó hacia delante y se golpeó contra el suelo. Un instante después, permaneció inmóvil. Bixx sacudió la sangre de su hoja y se giró hacia el edificio que tenían detrás. Se habían perdido segundos preciosos, pero uno de sus objetivos estaba muerto. La noche no la esperaría. Aún quedaban más vidas que reunir en la Verdad. Las comisuras de los labios de Bixx se curvaron en un leve ceño fruncido. Miró el cuerpo que yacía a sus pies. Ni se inmutó. Apenas se había percatado de la muerte. El chico no parecía tan débil… pero su sangre era tan inútil que ni siquiera había alimentado su daga. —Patético —murmuró Bixx. Pero la Heraldo no iba a conceder más indulgencia por el tiempo perdido. No importaba cuán poderosos fueran sus objetivos. Lo único que importaba era que dejaran de respirar al amanecer. Intercambió un rápido asentimiento con la otra Buscadora de la Verdad antes de volver a ponerse en marcha. Y, a su lado, su daga se volvió aún más pesada.
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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 673

Estás leyendo el capítulo 673 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.