Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 618 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Toda la sala de subastas se quedó mirando al escenario. Durante unos breves instantes, reinó el silencio absoluto. La sorpresa había silenciado a todos, impidiéndoles hacer otra cosa que no fuera contemplar el escenario con los ojos desorbitados.
Vermil permanecía de pie, con la mano apoyada en su enorme libro y la cabeza ladeada. Un demonio gigantesco se cernía sobre él. El monstruo había crecido al abandonar su forma humana y ahora lo superaba en altura por varias cabezas. Un fuego negro y silencioso recorría las enormes alas del demonio y lamía el escenario a sus pies, derritiendo la piedra como si fuera mantequilla.
La subastadora que estaba detrás de Vermil había caído de espaldas. Tenía los ojos y la boca desorbitados por el terror y se había quedado paralizada a medio camino de ponerse a salvo, incapaz de moverse ni un centímetro ante la presencia del monstruo mítico que tenía delante.
Incluso un mago débil podía percibir el inmenso poder de aquel demonio. El rosario ensangrentado a sus pies era prueba irrefutable. Que un demonio matara a un Inquisidor era una hazaña descomunal, y el poder que emanaba de él era tan palpable que Jalen casi podía saborearlo.
De hecho, podía. Olía a azufre, ceniza y sudor hollín.
Uno de los guardias retrocedió un paso. Su pálido rostro tembló. Apretó con fuerza su arma. Respiró hondo mientras se preparaba para gritar algo. Quizás planeaba arengar a las tropas y cargar. Quizás pretendía huir.
Nunca descubrieron cuál.
El demonio agitó la mano.
Una afilada aguja de fuego negro surgió del infierno y se abalanzó sobre su cuerpo. Le atravesó el ojo y salió por la nuca. Sin siquiera un gemido, el hombre se desplomó.
El estrépito de su armadura resonó en la sala de subastas.
—¡Que nadie se mueva! —ordenó el demonio, torciendo los labios mientras su mueca se acentuaba—. Muévanse... y morirán antes de que lleguemos al plato fuerte.
—Eres un demonio. Matar a un Inquisidor no significa que no podamos ocuparnos de ti nosotros mismos —gruñó el enorme hombre rodeado de asistentes, aunque no se movió de su trono. Era difícil saber si lo hacía por miedo o simplemente porque le daba pereza levantarse.
El demonio soltó una risa ronca. “No soy el único presente. Mis demonios están repartidos por todo este edificio. Somos más que suficientes para acabar con todos vosotros, sobre todo porque nunca nos veis venir”.
—¡Tonterías! —gritó un mago desde una plataforma debajo de Jalen—. Tú eres…
Se oyó un golpe sordo y húmedo. El mago cayó de la plataforma. Se precipitó por los aires, dejando un rastro de sangre como la cola de un cometa rojo, y se estrelló contra el suelo con un crujido húmedo.
Una mujer estaba detrás de él, con sangre goteando de sus garras. Se arrancó la piel bronceada del rostro, dejando al descubierto un brillo azul opaco. Sus labios se separaron para mostrar una sonrisa descomunal, increíblemente amplia y llena de dientes.
—¡Uy! —dijo, sacando la lengua bífida de la boca y saboreando el aire.
Jalen se rascó el trasero.
¡Qué buenas manos para lanzar dardos! Me pregunto qué hará después.
—Somos la puñalada por la espalda —rugió el demonio en el escenario—. Los ojos en las sombras. El susurro en el viento. Nadie se mueve. Nadie hace nada más que respirar sin mi permiso expreso. Agradezcan a sus dioses que podamos usar su poder. Es la única razón por la que aún respiran.
Murmullos de pánico recorrieron la arena, pero la advertencia del demonio había surtido efecto. Era imposible saber cuántos demonios se habían infiltrado entre el público, y a la hora de luchar contra monstruos, los demonios eran de los peores adversarios que uno podía tener de ala.
Los magos no estaban bien preparados para lidiar con ataques sorpresa. Los escudos estaban optimizados contra la magia, no contra asesinatos increíblemente rápidos.
Por supuesto, cualquier mago de verdad podría defenderse sin problemas, pero esos son escasos. Probablemente ganaríamos esta pelea fácilmente si todos atacáramos al idiota, pero eso requeriría valentía y sacrificio personal que ninguno de estos engreídos conoce.
—Cualquier intento de llamar a los inquisidores será severamente castigado —dijo la demonio, pasándose la lengua por los labios—. Pero, por favor, os animo a intentarlo.
—¿Cómo? —preguntó Jalen.
El demonio lo miró fijamente. —¿Yo... qué?
—¿Cómo? —repitió Jalen—. ¿Tienes un látigo o algo así? Han pasado algunos años y ya no soy tan ágil como antes, pero podría convencerme…
—No —siseó—. No tengo látigo.
—Oh. Qué decepción —dijo Jalen frunciendo los labios—. ¿Planchas calientes? ¿Pinzas para pezones?
Unas alas coriáceas brotaron de la espalda de la demonio y se lanzó al aire, desplazándose a toda velocidad por la casa de subastas.
Para Jalen, fue dolorosamente lento.
Resistió la tentación de teletransportarse al lugar donde ella había estado. Eso habría dejado a los alumnos de Vermil indefensos, y no iba a arriesgar sus vidas por un poco de diversión.
El demonio se posó en la barandilla frente a él y se desplegó en toda su altura, con los labios curvados en un gruñido.
“Si juegas conmigo, te voy a destrozar… espera. ¿Qué es una pinza para pezones?”
¿Qué vas a hacer esta noche?
—Linestra —gruñó el demonio en el suelo, con la ira ardiendo en sus ojos—. No es momento de jugar con la comida.
—Al contrario —dijo Jalen—. Siempre es buen momento para jugar con la comida. Aunque nunca me han atraído mucho las mujeres jóvenes. ¿Cuántos años tienes?
Linestra lo miró fijamente, tan sorprendida que no encontraba palabras para responder. Su mirada pasó de Jalen a los demonios que estaban detrás de él. Los ojos de la demonio se abrieron desmesuradamente.
"Qué-"
Jalen chasqueó los dedos.
Bandas de energía espacial envolvieron al demonio en un instante. Le golpearon los brazos contra los costados y le aplastaron las alas contra la espalda. Le cerraron la mandíbula de golpe cuando una banda le rodeó la cabeza, impidiéndole hablar.
En ese mismo instante, una energía púrpura ardiente emanó de Jalen. Envolvió toda la plataforma sobre la que se encontraban, zumbando y siseando mientras ondas mágicas la recorrían.
—¿Ves eso? —preguntó Jalen, ladeando la cabeza—. Todavía lo tengo.
Linestra forcejeó desesperadamente contra las ataduras, pero estas ni siquiera se movieron. Su magia superaba con creces el poder de ella.
—Tus amenazas no significan nada, mago. Libérala si quieres salir vivo de este edificio —ordenó el demonio en el suelo, mientras el fuego negro que lo envolvía se intensificaba. Sus alas se extendieron y cortaron el suelo a sus pies—. Si muere, ningún mago aquí respirará mañana.
—¿Crees que me importa alguien aquí? —preguntó Jalen entre carcajadas—. No te preocupes por mí. Simplemente me molesta bastante cuando alguien está conversando conmigo y luego decide irse a hacer otra cosa. Es bastante grosero.
—¡Qué casualidad! —exclamó Vermil con voz atronadora—. Yo opino igual. ¡Y este imbécil ni siquiera se ha presentado!
—¿Sigues aquí? ¡Cállate, escoria! —gruñó el demonio. No apartó la mirada de Jalen—. Suelta al demonio, o…
Una grieta rasgó el aire.
Una de las alas del demonio se desplomó. El aire a su alrededor pareció colapsar, y brillantes grietas blancas se cerraron sobre sí mismas. Un grito de dolor rasgó el aire. El demonio se tambaleó mientras su ala crujía estruendosamente, y los huesos en su interior se hicieron añicos.
Vermil bajó la mano. —Me interrumpiste.
El demonio dejó escapar un rugido. Se dirigió a toda velocidad hacia Vermil, pero Vermil pasó justo a su lado.
Los ojos de Jalen se abrieron de par en par. Debería haber sido imposible que un mortal se apartara más rápido que un demonio de rango 6, sobre todo sin usar magia. La forma de luchar contra un demonio era creando defensas impenetrables o atrapándolo, no igualando su velocidad o fuerza.
Parecía que el demonio estaba igualmente sorprendido. Tropezó y se giró hacia Vermil, con los ojos muy abiertos. “Imposible”.
—Imposible —murmuró Vermil—. ¿Sabes qué es imposible? ¡Tenía planeada una gran subasta! Iba a ofrecerles a estas buenas personas unas ofertas increíbles. ¡Precios de oro! ¡Una liquidación total! ¿Cómo es que justo encontré la subasta en la que apareces tú, imbécil?
“¿Te atreves a hablarme con desprecio después de esquivar un solo ataque? Soy Salthazar, el Demonio de…”
Vermil chasqueó los dedos. El fuego que chisporroteaba a lo largo de la espalda de Salthazar se evaporó, y los ojos del demonio se desorbitaron. Se arañó la garganta, descubriendo de repente que le faltaba el aire.
—¡Lo tengo! —exclamó Vermil, golpeando su mano con el puño. Una oleada de energía emanó de él—. ¡Tenías razón! No necesito a los Inquisidores para nada.
El libro que estaba al lado de Vermil se onduló.
La furia en el rostro de Salthazar se desvaneció al percatarse de algo; Jalen no tenía ni idea de qué era. Pero en un instante, el terror se reflejó en los ojos del demonio.
—Ese poder. ¿Qué eres? —preguntó Salthazar con voz ronca, dando un paso atrás. Su rostro palideció—. ¿Qué clase de...?
“¡Miren!”, exclamó Vermil con voz atronadora. “¡Una demostración en vivo se ha presentado ante mí!”
—¿Estás loco? —gritó un mago—. ¡No luches contra el maldito demonio! ¡Tenemos que esperar a los Inquisidores y hacer lo que digan! ¡No quiero que me maten!
Vermil hizo una pausa. Se volvió hacia el mago que había hablado. Aunque su rostro estaba oculto por la máscara, su actitud denotaba tal desdén que era imposible ignorarlo.
“Parece que no has entendido el motivo de mi visita. No soy como tú, Magus. Cualquiera tan inútil que no pueda defenderse de unos cuantos cuchillos en la oscuridad no merece mi tiempo.”
Entonces chasqueó los dedos.
—¡No! —gritó Salthazar, girando hacia las gradas y llamando a sus aliados ocultos—. ¡Ayuda…!
Las extremidades de Salthazar se tensaron bruscamente hacia los costados como si una mano enorme e invisible lo hubiera agarrado. La mano de Vermil se estrelló contra el hombro de Salthazar.
—Nunca lo olvides —dijo, bajando la voz hasta un susurro—. Tú empezaste esto.
—¡Orlen! —gritó el demonio—. ¡Ayuda! ¡No me dijiste…!
Una hoja de energía negra como la noche rebanó al demonio de pies a cabeza. Por un instante, Vermil quedó atónito.
—¿Qué? —preguntó.
El demonio se partió por la mitad. La sangre brotó de sus dos mitades mientras se desplomaba muerto al suelo. Seis runas surgieron de su cadáver, y Vermil recuperó la compostura al instante. Jalen dudaba que alguien lo hubiera notado. Todos, él incluido, estaban mucho más concentrados en las runas. Jalen no podía determinar su rango exacto. De hecho, era incapaz de leerlas.
Fascinante. Me da la impresión de que deberían estar entre el nivel 5 y el 6. No logro distinguir cuál era el demonio. Sin embargo, no debería haber caído tan fácilmente. Incluso sin la magia que poseería un mago humano de rango 6, alguien de su fuerza debería haber sobrevivido a más de un golpe de Vermil.
¿Qué está pasando? Es casi como si Salthazar hubiera visto algo más justo antes de que Vermil atacara. Como si ni siquiera fuera a Vermil a quien temía.
Lenguas de papel brotaron del grimorio que yacía en el suelo, enredándose alrededor de las seis runas y apretándolas contra sus páginas. Vermil agarró el grimorio y lo alzó en alto.
En sus páginas estaban las runas que acababa de arrebatarle al demonio.
—¡Mirad! —rugió Vermil—. Vuestra demostración ha concluido. Seis runas demoníacas recién extraídas os esperan. Diría que eso es prueba suficiente de mis palabras. Así que… ¿qué ofertas hacéis?
—¿Estás loco? —preguntó el mago del sonido, mirándolo con una mezcla de asombro y terror—. ¡Nos atacan! ¡Hay demonios escondidos entre nosotros! ¡Nadie está pujando en una subasta!
Vermil soltó una carcajada. “No. Estás siendo atacado. Estoy celebrando una subasta, y cualquiera que la interrumpa correrá la misma suerte que este bondadoso donante que yace a mis pies.”
Se hizo un momento de silencio atónito. Incluso Jalen miraba incrédulo. Vermil acababa de arrancar todas y cada una de las runas del demonio muerto, y no con Catchpaper, sino a la vista de todos.
¿Qué poder tan ridículo es ese? ¿Todavía guarda secretos? Increíble. Absolutamente increíble.
Linestra se retorció. Le lanzó a Jalen una mirada desesperada. Intrigado, él movió la mano y le quitó las ataduras de la cabeza, sin apartar la vista de Vermil. Aquello era demasiado fascinante como para distraerse.
—¿Cualquiera puede pujar? —preguntó Linestra, sin inmutarse en absoluto por la muerte de su compatriota.
—Cualquiera —confirmó Vermil con una risita—. Así que demos comienzo a esta subasta, ¿de acuerdo? Soy un hombre de mente abierta. Demonio, humano, me da igual quién seas. Olvida tus lealtades. Olvida tu pasado. Lo único que importa es el presente. Si quieres poder… te guiaré hacia él.

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El Regreso del Profesor Runebound (Novela)
Capítulo 619
El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 618
Estás leyendo el capítulo 618 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.