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Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 566 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Noah no estaba del todo seguro de lo que había sucedido en los últimos minutos. Cuando salió de su tienda para buscar a Zath y avisarle que había terminado sus preparativos, Zath ya lo estaba esperando. Parecía que el enorme demonio había terminado su conversación con… lo que fuera que hubiera estado hablando hacía un rato. En el preciso instante en que Noah salió de la tienda, Zath chasqueó los dedos y un portal comenzó a abrirse en el aire, lanzando chispas de luz púrpura. Zath los había obligado a todos a entrar sin darles la oportunidad de discutir. Aunque Noah no quería que Moxie y Lee lo acompañaran a encontrarse con el Archidemonio, Zath se negó a aceptar cualquier contraargumento. Desafortunadamente, enfrentarse directamente al Rango 7 era prácticamente imposible. Toda la fuerza de Noah dependía de que Zath colaborara y quisiera algo de él. Oponerse abiertamente a él seguía estando fuera de su alcance si quería que todos los demás salieran del campamento sanos y salvos. Noah no tenía ni idea de por qué Zath había decidido de repente que Lee y Moxie también debían acompañarlo. El demonio se negó a dar explicaciones. Simplemente señaló el portal ya formado y esperó, mientras su pie blindado resonaba al golpear el suelo. Y así fue como Noah, junto con Lee y Moxie, se encontraron entrando en el dominio de Sievan. Un escalofrío helado recorrió los hombros de Noah en cuanto emergió del portal, y se quedó paralizado. Un mar infinito de oscuridad se extendía a su alrededor. Una oscuridad familiar, casi reconfortante. Era la misma sombra que conformaba su propia alma. Pero esto no era un alma. Bajo sus pies se extendía una plataforma de obsidiana agrietada, con los bordes adornados con oro liso. El dominio de Noé se estremeció al rozar lo que solo podía describirse como un mar de imbuiciones. Todo a su alrededor estaba impregnado de magia. Era como intentar respirar a través de un pulmón lleno de miel. Un silencio denso reinaba en el aire, hasta el punto de que Noah podía oír los latidos de su propio corazón. Sus pasos resonaban en la habitación como un disparo. Moxie y Lee habían entrado antes que él. Se quedaron paralizados, congelados por la misma conmoción que sintió Noah, pero algo no iba bien. Apenas se movían. Parecía como si alguien los hubiera congelado en el tiempo y ralentizado su velocidad mil veces. ¿Qué demonios es esto? ¿Qué está pasando? Fue entonces cuando Noah se dio cuenta de que no estaban solos en la habitación. La inmensidad de la oscuridad silenciosa había desviado su atención del hombre que flotaba en el aire, envuelto en una tormenta crepitante de energía roja y fragmentos de obsidiana. Sabio. Tenía la boca abierta en un grito de furia, las manos extendidas hacia adelante. Una energía eléctrica emanaba de sus dedos, moviéndose tan lentamente que parecía congelada. Una pequeña demonio estaba sentada en el suelo detrás de él, con los ojos entrecerrados por el cansancio. Ella también permanecía inmóvil, atrapada en el tiempo y el espacio. ¿Qué demonios? ¿Wizen está aquí? Noé casi se muere del susto. Arrancó el poder de sus runas y se preparó para la lucha. —Hola, Spider. Me alegra que hayas podido venir. Tenía muchas ganas de conocerte —dijo una voz suave. Noé giró hacia su origen. Ante él se alzaba un hombre sencillo, vestido con un traje gris liso, con una mata de pelo castaño en la cabeza y las manos cruzadas a la espalda. Y sus ojos… sus ojos eran de un blanco puro, tan planos y vacíos como el abismo. A Noé se le cortó la respiración al encontrarse con la mirada del hombre. Había algo allí, acechando en lo más profundo. Algo que nunca había visto en otro lugar que no fuera un espejo. Era algo más que familiaridad. Fue comprensible. —Sievan —dijo Noé, sabiendo sin duda quién estaba frente a él—. Has estado en la Línea. —Me atrevería a decir que todos hemos estado en esa situación, Spider —dijo Sievan con una sonrisa—. Solo que nadie más tiene la mala suerte de recordarlo. Noah tragó saliva. Intentó encontrar las palabras, pero la mente le falló y no le salió nada. No pudo hacer más que mirar fijamente. Ante él había algo más que un Señor Demonio. Era alguien que realmente sabía lo que había más allá de la vida. Alguien que lo había recordado. Tal como él lo tenía. —¿Por qué me has llamado? —preguntó Noah, recuperando por fin su voz—. Esto no tiene nada que ver con una Runa Maestra rota. —No —convino Sievan—. No lo es. El Señor Demonio alzó las manos. Humo surgió del suelo y tomó la forma de dos sillas etéreas. Una mesa se formó entre ellas, y los tres muebles se solidificaron en obsidiana un instante después. Sievan rodeó una silla y se sentó en ella sin decir palabra. Por encima de su hombro, la magia de Wizen se arrastraba por el aire en una marcha lenta hacia la nada. Noah apartó la mirada de Wizen y se acercó a la mesa. Se sentó frente a Sievan, sintiendo cómo la fría obsidiana se le clavaba incómodamente en la espalda. —¿Cómo lo supiste? —preguntó Noé, con la mente aún dando vueltas por la incredulidad. —Como tantas cosas en la vida, fue una mezcla de coincidencia e intención. El Hombre Tejido no se esforzó mucho por ocultar su poder al llegar a mi dominio. Un poder cuya fuente conozco muy bien —respondió Sievan, entrelazando las manos sobre la mesa—. Eso agudizó mi atención; y cuando partiste de este mundo pero no lograste entrar en el siguiente, sentí ese mismo poder en ti también, ¿o me equivoco? A Noah se le hizo un nudo en el estómago. Wizen había reconocido a Sunder en el reino mortal, pero esto lo confirmaba. No era el único con una parte del poder de Decras. Wizen también la tenía, y si Sievan reconocía esa fuerza, entonces existía la posibilidad de que Noah supiera exactamente de dónde provenía el poder del Señor de la Muerte. Alzó la vista hacia Wizen. Si Sievan tenía el poder de ralentizar el tiempo de esa manera… el demonio no solo era poderoso. A todos los efectos, era un dios. Noah se sorprendió al descubrir que esa información no lo asustaba. De hecho, lo tranquilizó. Por primera vez desde su llegada a Arbitage, no tenía que ocultar quién era. No tenía que ocultar sus poderes. Sencillamente no tenía sentido. —No lo eres —dijo Noé—. Yo empuño Sunder. La expresión de Sievan era indescifrable. Inspiró profundamente y luego exhaló lentamente mientras dirigía la mirada hacia la oscuridad que los rodeaba. —Y así Decras me recuerda una vez más mi fracaso —susurró Sievan, volviendo la mirada hacia Noah—. ¿Me contarás cómo conseguiste tomar posesión de Sunder? No te obligaré si no quieres hablar, pero la historia significaría mucho para mí. En los ojos vacíos de Sievan había deseo, pero no ansias de poder. No le importaba la runa en sí, sino lo que representaba. Noé se lo dijo. La historia era larga. Un rayo helado se enroscaba tras Sievan como un dragón que se arrastraba por el cielo mientras Noah hablaba. Sus palabras se desvanecieron en la silenciosa oscuridad que los rodeaba mientras le hablaba a Sievan de la Línea. Le contó al antiguo demonio sobre Renewal y Decras, y sobre su llegada al mundo mortal. Noah le habló a Sievan sobre Arbitage. Sobre Moxie y Lee. Le habló de los estudiantes que aún lo esperaban y sobre Wizen. Noé lo contó casi todo, pero no todo. No compartió los detalles de su investigación sobre runas o formaciones. No era relevante para la historia, y eran secretos que Noé no tenía por qué revelar. Sievan no pronunció palabra hasta que Noah terminó su relato. El demonio apenas se movió en la silla. Su rostro era una máscara indescifrable; sus ojos, tan planos y vacíos como un océano helado en una noche tranquila. —Ya veo —dijo Sievan en voz baja—. No somos tan parecidos como creía. Noé parpadeó. —¿Qué? “Recorriste la Línea durante eones. Yo solo la he presenciado, y eso ya fue difícil de soportar”, dijo Sievan. “No puedo comprender cómo sería recordar cada paso de ese camino interminable. Me destrozaría”. —Pero tú estuviste allí —dijo Noé—. ¿Y los dioses? Ellos no… —Los dioses están sujetos a reglas. No pueden interferir mientras nosotros no lo hagamos —dijo Sievan, apartando la mirada de Noé—. Y Decras no interferiría conmigo. No otra vez. “Parece que lo conoces.” —Podría decirse que sí —dijo Sievan con una leve risa. La sonrisa se desvaneció de su rostro al girarse para mirar a la pequeña demonio sentada en el suelo detrás de Wizen—. Dime, Noah. ¿Qué ves cuando la miras? Noah se giró para seguir la mirada de Sievan. —Supongo que es una chica. “Veo el fracaso.” “Eso me parece un poco duro. Apenas es una niña. ¿Qué hizo?” —No es suya —dijo Sievan—. Es de nuestra raza. Mía. Los demonios somos un pueblo imperfecto y roto. Nos controlan las runas que llevamos dentro. Somos las runas que llevamos dentro. Están rotas, y por lo tanto, nosotros también. Cuanto más nos esforzamos por alcanzar la perfección, más nos desgarramos por dentro hasta que solo queda la runa. A Noah casi se le cae la boca de la impresión. En una sola frase, Sievan le había dicho exactamente qué le pasaba a Lee. ¡Joder! Ahora todo tiene sentido. Por eso los demonios se ven consumidos por el sentimiento que representan sus runas. Su cuerpo y su alma están tan íntimamente ligados que, literalmente, son sus propias runas. La runa se apodera del cuerpo, transformándolo en algo más parecido a la runa, hasta que pierden su propia identidad. —¿Y la chica? ¿Por qué es un fracaso? —preguntó Noah, desesperado por obtener más información. Si Sievan tuviera más información, tal vez habría una forma de salvarla. —Está destrozada —dijo Sievan—. Un viviente ejemplo de lo que está roto en mi raza. No posee runas. Un demonio sin runas no es nada. Cada día que pasa es más difícil mantenerla con vida. Su cuerpo consume la magia que entra en contacto con él, pero ninguna runa puede arraigarse en su alma. Ha intentado retrasar su final inyectando energía mágica en su propio corazón, pero eso solo alivia el sufrimiento de su cuerpo. Su alma sigue desmoronándose. Noé volvió a mirar a la niña. “¿Acaso no tienes el control sobre la muerte? Simplemente tráela de vuelta.” —No tengo nada que me una a ella. Las runas son el vínculo entre el alma y el cuerpo, y ella no tiene nada a lo que pueda recurrir —dijo Sievan, negando con la cabeza—. No mencioné su situación para pedirte consejo, Noah. Tú me contaste tu historia. Ahora te cuento la mía. “No sé si entiendo.” “Mi raza está maldita. Buscas una solución que no existe, porque los demonios están rotos. Yo, con todo el poder de las 7 Runas de Rango 8 perfeccionadas, no pude salvar a una simple muchacha. ¿Y crees que tienes alguna posibilidad de salvar a Lee?” —Sí —dijo Noah, entrecerrando los ojos. Sievan no le estaba dando una solución. El demonio intentaba que se rindiera, y eso jamás sucedería—. No voy a abandonar a mi amigo. Que alguien más fuerte que yo no haya podido lograrlo no significa que hayas considerado todas las opciones. —Bien dicho —dijo Sievan. Su sonrisa volvió a su rostro mientras se ponía de pie. La silla de obsidiana bajo él se desintegró en humo. Noah se apresuró a ponerse de pie ante la mesa y su silla hizo lo mismo. Sievan miró a Wizen y suspiró—. No puedo ralentizar el tiempo por mucho más tiempo. Pronto nos reuniremos con los demás. Me alegra que hayas sido más amable que el Hombre Tejido. Noah alzó la vista hacia Wizen, que seguía envuelto en una capa de magia rugiente. “Eso no fue tan difícil de lograr”. —No —convino Sievan con una leve sonrisa—. No fue así. Disfruté nuestra conversación, Noah. Me alegro de que la hayamos tenido antes del final. “¿El fin? No estoy seguro de que me guste cómo suena eso.” —Pocos lo hacen —dijo Sievan. Volviéndose hacia Wizen—, pero he llegado a comprender que no puedo ascender en mi estado actual. Yo, como cualquier otro demonio, soy imperfecto. No puedo alcanzar el siguiente rango, e incluso con todo mi poder, mi vida no es eterna. La muchacha moribunda en el suelo no es diferente a mí. —¿Te estás muriendo? —preguntó Noé, parpadeando sorprendido. Que el Señor de la Muerte muriera resultaba casi irónico. —Me estoy desmoronando. Temo no haber vivido de verdad —respondió Sievan con una sonrisa—. Pero me di cuenta de que no lo he intentado todo. Hay una última cosa que puedo hacer para intentar controlar de verdad mis runas y convertirme en algo más que mis cadenas. —¿Y qué es eso? —preguntó Noé, pero por la forma en que Sievan miraba a Wizen, sospechaba que ya sabía la respuesta. “Voy a morir. Le agradecería su ayuda al respecto.” Sievan deslizó las manos hacia abajo, y el tiempo volvió a ponerse en marcha.
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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 566

Estás leyendo el capítulo 566 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.