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Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 554 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
El bastón de Wizen resonó contra los ladrillos dorados manchados de sangre, marcando sus pasos mientras sorteaba los cadáveres maltrechos que se interponían en su camino. El olor a sangre impregnaba el aire como un buitre. Aparte del sonido de su bastón y el chapoteo de la sangre bajo sus pies, el salón por el que avanzaba permanecía en silencio. Los demonios que aún no habían muerto ya habían comprendido que hacer ruido era buscar la muerte. Pasó junto al cuerpo de un demonio delgado y fibroso; las cuchillas que una vez habían brotado de su cuerpo estaban ahora hechas añicos, como fragmentos de cristal. Un destello de poder aún ardía en su pecho, tan tenue que apenas se notaba. El demonio contuvo la respiración, inmóvil, esperando pasar desapercibido. Wizen no lo pasó por alto, pero aun así lo ignoró. No valía la pena el esfuerzo que supondría acabar con él. Tenía tareas más importantes que atender y ya iba con retraso. Una parte de él había estado convencida de que encontrar la Ciudad de Oro sería el paso más difícil de su plan. Llegar solo a las Llanuras Malditas era una tarea titánica que le había llevado años de preparación e investigación. Ahora que lo había logrado, todo debería ser sencillo. Pero, como resultó, encontrar a quien buscaba era aún más difícil. La Ciudad de Oro no solo era enorme. Una sola palabra no le haría justicia, pero trascendental quizá habría sido más apropiada. Las ciudades eran grandes. Los Bastiones, como Arbitage, eran enormes. Pero la Ciudad de Oro... ni siquiera podía considerarse propiamente una ciudad. Un mundo sería una descripción más precisa. La enorme y reluciente ciudad en la superficie era engañosa. Se extendía profundamente dentro de la tortuga descomunal sobre la que descansaba, y cada capa era una ciudad completamente distinta. A pesar de contar con una extensa red de información por toda la ciudad, encontrar algo útil era como buscar una aguja en un pajar. Barb y los demás estaban dispersos en todas direcciones, y todos sus esfuerzos combinados apenas habían logrado reunir unos pocos fragmentos de información útil. Wizen ya había descendido a través de tres capas de la ciudad. En cada una, ningún demonio había podido darle una idea precisa de su profundidad. Encontrar información allí era como intentar sacar agua de una roca. Posible, sí, pero sumamente frustrante. Su camino lo condujo hasta una puerta metálica incrustada en la piedra. No había forma aparente de abrirla, salvo por una huella de mano grabada en el centro. Runas imbuidas cubrían la superficie de la puerta, extendiéndose desde la hendidura y recorriéndola por completo. Una fina punta emergía del centro de la hendidura. La comisura de los labios de Wizen se curvó hacia abajo. Magia de sangre: una que debía impedir el acceso a la habitación a cualquiera que no perteneciera al linaje del dueño de la puerta. Le bastó un instante para determinar que las Imbuiciones continuaban más allá de los bordes de la puerta, desapareciendo al tocar las paredes. Toda la sala está cubierta de runas, y se construyó una segunda capa de piedra sobre la primera para ocultarlas. Probablemente también tenga trampas. Parece que mi objetivo es bastante paranoico. Bien. Quizás este sí te sea útil. Wizen levantó la mano y la acercó a la puerta metálica, dejando que las yemas de sus dedos rozaran suavemente su superficie antes de detenerse. El metal chirrió con un dolor que solo podía describirse como agonía. Un alarido horrendo llenó el aire cuando la puerta se desplomó sobre sí misma como un trozo de papel. Las imbuiciones crepitaron y llamaron, la magia crujió y danzaba en el aire, pero el metal se había destruido tan rápido que nada tuvo oportunidad de activarse. La puerta se plegó sobre sí misma, formando una bola aplastada, y luego cayó al suelo con un estrépito a los pies de Wizen. Más allá se extendía un gran salón de reuniones. En el centro, una larga mesa flanqueada por doce sillas, estaba cubierta con un exquisito mantel de seda blanca ribeteada de oro. Platos de comida e ingredientes mágicos se esparcían sobre la mesa, desbordándose sobre el lujoso mantel. Los demonios estaban sentados alrededor de la mesa en costosas sillas de madera, paralizados en medio de la comida con rostros atónitos e incrédulos. A ninguno le importaba un comino que Wizen acabara de matar a sus hombres. Habían estado cenando mientras él masacraba a sus familias. En el otro extremo de la mesa, arrodillado, se encontraba un demonio de tres metros de altura, con la piel de un azul brillante y una cicatriz en forma de X que le cruzaba el rostro. De entre sus labios grises, tan grandes que el demonio apenas podía cerrar la boca, sobresalían dientes ennegrecidos y curvados. Su objetivo. ¿Mikthal, verdad? Nunca me acuerdo de sus nombres. Hay tantos, y al final se me mezclan. ¿Cómo se llamaba el último? ¿Arthur? Qué nombre más raro para un demonio. Da igual. El dominio de Wizen inundó la habitación en un instante. En ese instante, examinó a cada demonio que tenía delante. Una mezcla de demonios de rango 4 y 5, siendo el más poderoso de la sala el Demonio del Terror de piel azul, de rango 7. No era el primer demonio de rango 7 que mataba en la Ciudad de Oro, pero una gran parte de él esperaba que fuera el último. No le gustaba perder el tiempo. —Busco a Sievan —dijo Wizen, antes de que los demonios pudieran siquiera asimilar su llegada—. Díganme dónde está. —¿Cómo entraste aquí? —preguntó un demonio corpulento, levantándose de su silla y desenvainando su espada. Poseía poca magia y no podía ser superior al Rango 4—. ¿Cómo…? Wizen cerró la mano en un puño. La cabeza del demonio se desplomó sobre sí misma. Estalló como un tomate cherry. La sangre salpicó su ropa y la mesa a su alrededor. Tambaleándose, el cuerpo se inclinó hacia atrás, agarrándose a la silla, y ambos cayeron al suelo con un estruendo ensordecedor. —Eso —dijo Wizen— no fue una respuesta. Dime dónde está Sievan. Esto no es una petición. Es una orden. Con su bastón, apartó a un lado la bola de metal deformada que había sido una puerta, y luego entró en la habitación. Los demonios saltaron de sus sillas, tambaleándose para alejarse de él. —No estamos con Sievan —tartamudeó otro demonio—. Este es el sistema de túneles del Sable Aullador. No tenemos nada que ver con Sievan. —Vives en la Ciudad de Oro, y un mercader tuvo la amabilidad de informarme de que has tratado con Sievan anteriormente —dijo Wizen con frialdad—. No quiero malgastar tiempo ni energía. Dame las respuestas que busco y me marcharé. —¿Cómo lo sabes? —preguntó Mikthal, recostándose en su silla—. ¿Y quién eres tú para exigirnos nada? A diferencia del resto de los demonios, el de Rango 7 no parecía preocupado por la intrusión de Wizen. Era un demonio de Rango 7; no muchos de ellos solían ser particularmente tímidos. Su confianza era solo parcialmente merecida. La presión rúnica de Mikthal lo situaba en la parte baja del Rango 7. No era lo suficientemente fuerte como para encontrar una Ciudad Andante y convertirse en un Señor propiamente dicho, pero aun así poseía el poder suficiente para justificar el liderazgo de algunos demonios más débiles. Vivir en la Ciudad de Oro era generalmente seguro, siempre y cuando uno no se enfrentara a Sievan. —Tuve una breve conversación con un comerciante —dijo Wizen. Sus palabras resonaron en la sala—. Tuvo la amabilidad de indicarme dónde encontrarte, junto con algunos de tus compatriotas. Ninguno me fue de utilidad. Tengo grandes esperanzas de que aquí las cosas sean diferentes. La expresión de Mikthal vaciló por un instante. —¿Eres tú quien ha estado atacando a los otros Dens? “Atacar es una palabra muy fuerte”, dijo Wizen. “Casi implica que hubo una pelea. No hubo tal cosa”. Un demonio de alto rango 5 se puso en movimiento de repente. El aire a su alrededor estalló y se volvió borroso, ráfagas de viento se desprendían de su cuerpo mientras se lanzaba hacia Wizen, con las garras listas para desgarrarle la garganta. La sangre salpicó el rostro de Wizen. Fue lo único que le llegó. Un cadáver rodó hasta detenerse a sus pies. Su cabeza había desaparecido, convertida en una fina niebla sanguinolenta. Sus brazos habían corrido la misma suerte. Wizen metió la mano en un bolsillo y sacó un pañuelo, limpiándose las gotas de sangre del rostro. —Lo que estoy haciendo —dijo Wizen, doblando el cuadrado de tela y devolviéndolo a su lugar anterior—, es cazar. Mikthal se puso de pie, pero la postura del demonio denotaba mayor inquietud que un instante antes. No podía ver la magia invisible que se arremolinaba en el aire alrededor de Wizen. No podía sentir los tentáculos de magia de Densidad que lo rodeaban, listos para pulverizar cualquier cosa que llamara su atención. —Nunca he hablado con Sievan —dijo Mikthal—. Quien te haya dado esa información se equivoca. Podría ser un rival. ¿Arthon, tal vez? Él y yo somos enemigos. Te habría enviado conmigo para… Wizen chasqueó los dedos. “Arthon. No Arthur. Sí, ahora lo recuerdo.” Mikthal miró fijamente a Wizen. "¿Qué?" —Ya lo maté —dijo Wizen—. Ofreció una resistencia patética, pero la verdad es que no debería haber esperado mucho más. Toda tu especie me repugna. Ser esclavo de tu propia magia… patético. Mikthal tardó un instante en procesar las palabras de Wizen. Los ojos del Demonio del Terror se abrieron de par en par al comprender, y Wizen le concedió un pequeño mérito por ello. Había entendido las cosas más rápido que los últimos problemas. —Eres un ser humano —dijo Mikthal. “Alguien cuya paciencia se ha agotado hace tiempo. ¿Dónde está Sievan?” —No lo sé —dijo Mikthal, apretando la mandíbula—. Lord Sievan no comparte su ubicación con gente como nosotros. Hay muchos rango 7 a su servicio. ¡Pero conozco a alguien que podría ayudarte! Wizen ladeó la cabeza. Siempre podía usar sus runas mentales para penetrar el cráneo de Mikthal, pero eso habría sido engorroso. Usarlas en un monstruo de rango 7 sería extremadamente difícil y poco probable que diera buenos resultados. —Habla —dijo Wizen. —Hay un corredor de información. Tixen —dijo Mikthal apresuradamente—. Es el líder de la Guarida de los Sin Ojos. No están muy lejos de aquí; sé que ya se ha reunido con Sievan. Él sabría dónde puedes encontrarte con Lord Sievan. La comisura de los labios de Wizen se crispó. —Supongo que no eres amigo tuyo, ¿verdad? —Tenemos nuestras diferencias —dijo Mikthal con voz lacónica. Los demás demonios de la sala se apartaron, intentando mantenerse lo más lejos posible de Wizen. El lenguaje corporal de Mikthal no parecía tan reservado. Era bueno controlando su miedo, lo cual, dado el deseo del que se alimentaba, no era sorprendente. Mikthal tragó saliva. —Es astuto, pero si tienes el poder suficiente para entrar en mi Guarida, lo encontrarás fácilmente. —Ya veo —dijo Wizen—. ¿Y crees que su información es cierta? ¿Que vale la pena arriesgar tus vidas? Mikthal tragó saliva de nuevo y asintió con un gesto brusco a Wizen. —Sí. Es lo que buscas, ¿verdad? Me parece un trato justo. No puedo ofrecer nada más. Wizen inclinó la cabeza. —Si tu información es cierta, lo es. ¿Dónde está…? ¡Está mintiendo! —Una voz joven resonó en el aire. Todos, incluido Wizen, se volvieron al unísono. En la sala cubierta de cadáveres se encontraba una diminuta niña demonio, con una daga aferrada en sus manos. El miedo la invadía por completo y su rostro palidecía, pero aun así permanecía en pie. Aun así, habló. Era la chica a la que había perdonado la vida después de lidiar con algunas plagas. ¿Qué hace aquí? Su poder es tan débil que mi Dominio apenas la detectó. Creí que era uno de los demonios moribundos. Los ojos de Wizen volvieron rápidamente a Mikthal. Por un instante fugaz, un destello de reconocimiento cruzó el rostro del enorme demonio. Luego, hizo un gesto de desdén con la mano. —De alguna manera se coló un mocoso callejero. Que alguien lo mate —dijo Mikthal, con un aire de exasperación cansada en sus palabras que no coincidía con el instante de inquietud que se reflejaba en sus ojos. —¡No miento! —insistió la chica, abriendo mucho los ojos mientras daba un paso atrás—. ¡Te está mintiendo! Mikthal y Tixen son guaridas rivales. Ambos se han encontrado con Sievan antes, y Mikthal sabe quién soy. ¡Yo formaba parte de su guarida! —¡Cállate, rata callejera! —dijo Mikthal con una carcajada—. Te aseguro que jamás he visto a este mocoso en mi vida. No hay motivo para… El resto de las palabras de Mikthal fueron reemplazadas por un jadeo húmedo. Los ojos del Demonio del Terror se abrieron desmesuradamente y su cabeza se inclinó hacia adelante, mirando el agujero de treinta centímetros de ancho en el centro de su pecho, donde antes había estado su corazón. Su mirada se alzó hacia Wizen, cuya mano estaba extendida hacia él. En la otra palma descansaba una llave, vibrando con una tenue energía roja. Un humo gris se arremolinaba alrededor de las yemas de los dedos de Wizen, emanando de Mikthal y concentrándose en su mano. La incredulidad se apoderó del rostro del demonio. Sus labios se entreabrieron y se desplomó hacia adelante, estrellándose contra el suelo. Wizen agitó la mano. El humo gris estalló en la habitación, arrasando con los demonios como una plaga. Apenas tuvieron tiempo de gritar. En un instante, todos murieron; el humo gris les había arrebatado la energía de sus almas y la había transportado de vuelta a Wizen. Solo entonces Wizen se giró. Miró a la pequeña demonio. Ella temblaba, paralizada, sin atreverse siquiera a apartar la mirada. —Me seguiste —dijo Wizen con voz monótona—. ¿Por qué? —¡M-mataste a Mikthal! —tartamudeó la chica, con los ojos desorbitados—. Así como así. Mataste a un demonio de rango 7 de un solo ataque. —Me hizo perder el tiempo —dijo Wizen—. Y tú pareces haberlo ahorrado. Eso te lo agradezco. No te mataré por eso. Pero ¿por qué decidiste seguirme? —No lo querías —dijo la demonio, tragando saliva con dificultad—. Y si no lo querías, no tenías por qué matarme. También estabas matando a todos los que sí lo querían. —¿Eso? —Wizen ladeó la cabeza. En ese momento, su curiosidad se despertó. Su mirada se extendió sobre la chica mientras la examinaba. En lo profundo de su pecho, donde debería estar su corazón, había un diminuto núcleo de magia. Era tan pequeño que casi pasaba desapercibido, pero estaba lo suficientemente fuera de lugar como para llamar su atención. —¿Un artefacto en tu corazón? Los ojos de la chica se abrieron de par en par. —Sí que lo sabes. Parece que me libré de un viaje inútil de vuelta aquí para matar a estos tontos por mentirme, gracias a una insignificante disputa demoníaca por una herramienta inútil. ¡Qué gracioso! —Ya veo —dijo Wizen—. Dijiste que conocías a ese Tixen, ¿verdad? La chica asintió con un movimiento brusco. “Sí”. “Llévame a su guarida.” Sus ojos se abrieron de par en par. —¿Yo? —Ya me estás siguiendo —dijo Wizen—. Si me usas para protegerte, te ganarás tu lugar guiándome hasta alguien que pueda llevarme con Sievan. ¿Te parece un trato justo? El demonio inclinó la cabeza apresuradamente. —Sí. Muy bien. La sonrisa de Wizen no llegó a sus ojos. Le hizo un gesto a la chica, y ella se giró apresuradamente para adentrarse por el túnel salpicado de sangre, con Wizen siguiéndola de cerca. Estaba tan cerca de su meta que casi podía saborearla. Años y años de planificación, a solo unos cuantos incautos y unos pocos días de lograrlo. Todo por una reunión. Por una sola oportunidad. No iba a fallar. No podía fallar. Ya voy, cariño. No tendrás que esperar mucho más.
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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 554

Estás leyendo el capítulo 554 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.