Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 542 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
La lanza negra cayó del cielo y se clavó directamente en el corazón de Axil. La atravesó como si fuera de papel y siguió su curso hasta Noah, inmovilizándolos a ambos contra el suelo.
Axil jadeó. Agarró con fuerza el mango de la enorme lanza, forcejeando para liberarla. Una línea le recorría la piel, desde la coronilla hasta la base del cuerpo.
Entonces se desintegró como una fruta madura, esparciéndose por el suelo a ambos lados de Noé. La sangre brotaba a borbotones de la gruesa herida en su pecho, corriéndose más allá del mango de la lanza incluso mientras se evaporaba, dejándolo caer sin miramientos al suelo.
La consciencia de Noah se agitó. Un dolor punzante le atravesó el pecho y se extendió por sus nervios, acercándose a su garganta y amenazando con engullirlo por completo. Podía sentir cómo su alma se estremecía, intentando desprenderse de su cuerpo.
Se aferró un instante más y ladeó la cabeza. El cuerpo de Axil ya no se regeneraba. Su cadáver permanecía inmóvil. Una leve sonrisa se dibujó en las comisuras de los labios de Noah.
Luego murió.
Era algo que se veía venir, considerando todo. Su muerte quedó sellada en el instante en que Axil le cortó el brazo. No iba a andar por ahí sin poder tocar el violín. La muerte era inevitable. Solo era cuestión de tiempo.
Su alma se elevó por encima de su cuerpo, una banda de energía oscura se formó alrededor de su garganta. Lo jalaba, intentando arrastrarlo a la tienda donde Moxie y Lee se habían refugiado. Noah resistió unos segundos más para asegurarse de que Axil permaneciera exactamente donde la había dejado, y finalmente cedió.
Sunder tiró de su correa y se volvió borroso, lanzándose al encuentro del nuevo cuerpo que se formaba para él.
* * *
Una onda de energía recorrió las Llanuras Malditas. Era tan tenue que su huella fue poco más que un destello en el gran esquema de las cosas, la marca de un alma que pasaba de una vida a otra.
Esta alma no era en absoluto significativa. Tenía poca fuerza y no había alcanzado grandes alturas. Era simplemente el alma de un demonio. Un demonio común y corriente en casi todos los aspectos. En casi todos, pero no en todos.
Esta alma tenía una única anomalía. Nada más que una delicada pincelada sobre su delicada superficie azul, la marca de algo mayor. La pequeña marca apenas era algo que normalmente hubiera llamado la atención.
Pero, en un mar de almas azules, un minúsculo punto negro bien podría haber sido un estruendo ensordecedor en un valle silencioso. Para cualquiera que lo hubiera estado observando, tal diferencia era la diferencia entre el cielo y la tierra.
Alguien estaba observando.
La oscuridad que era el cosmos se transformó. Una voluntad la atravesó como una canoa en un océano negro. Enormes dedos tenues se enroscaron como nubes, atravesando el espacio y el éter como uno solo.
Se abalanzaron sobre el alma que huía de las Llanuras Malditas, deteniendo su avance antes de que alcanzara la línea. La luz azul brillante que emanaba del alma se desvaneció. La mano se cerró a su alrededor, envolviéndola por completo.
Entonces, lentamente, los dedos se abrieron de nuevo. Bandas negras habían envuelto el alma azul por completo como una red de pesca. Rasgos florecieron sobre el alma. Brazos siguieron a las piernas. Un rostro borroso apareció tras ellos, acompañado por el cuerno enroscado de un demonio y, finalmente, la consciencia.
El alma se miró a sí misma, a las ataduras que la envolvían. Luego alzó la vista, y sus rasgos se hicieron más concretos y definidos. Un escalofrío de asombro la invadió mientras contemplaba el cosmos estrellado que la rodeaba. Entonces cayó de rodillas.
—Señor Sievan —susurró Axil, postrándose en el suelo—. No soy digna de su atención. Jamás pensé que se me concedería la gracia de contemplar su poder en vida.
—No lo eras —respondió una voz tan fría como una tormenta invernal.
Axil vaciló. —¿No lo estaba?
“Levanta la cabeza, Axil.”
¿Sabe mi nombre?
Se incorporó lo justo para divisar la superficie negra y nublada ante ella. De la palma de la enorme mano brotaban volutas de oscuridad que tomaban la forma de un hombre de aspecto bastante común. Vestía un traje gris y era de tez pálida.
El hombre tenía los labios finos y casi sin color. Si era un demonio, no tenía cuernos. Solo una mata de pelo castaño polvoriento le cubría la cabeza. Sus ojos eran lo único que podía considerarse extraño en él.
Donde debería haber habido un iris, solo había un blanco lechoso. Los ojos del hombre no eran más que dos orbes perfectamente planos y blancos. Una mirada que debería haber sido vacía y ciega, pero que, cuando Axil la encontró, era todo lo contrario.
—¿Lord Sievan? —preguntó Axil, sintiendo cómo la confusión la atenazaba aún más. Sus recuerdos eran borrosos, confusos. Cuanto más intentaba pensar, más se enredaba todo. La habían llamado. Había habido una batalla.
Excitación.
Decepción.
Y luego… nada.
Fue como si un trozo de sus recuerdos hubiera sido arrancado y una herida abierta hubiera quedado en su mente donde antes estaban.
Axil gimió cuando un agudo dolor de cabeza le atravesó el cráneo como una puñalada. Se agarró la cabeza y apretó los dientes, luchando por no mostrar demasiada emoción en presencia de Lord Sievan, si es que realmente estaba ante él.
No. Tiene que ser así. Este poder es inconfundible. No importa la forma que haya adoptado para saludarme. Reconozco esta magia.
—La confusión es natural. No te resistas a ella —la voz de Sievan resonó alrededor de Axil como una lluvia helada de primavera.
Una mano apareció ante la vista de Axil. Sencilla y bien cuidada. Más pequeña que la suya. La miró fijamente, sin comprender. Pasó un segundo. Ninguna de las dos habló. Axil tragó saliva. El dolor se intensificaba con cada segundo que pasaba.
Extendió su mano y aceptó lentamente la oferta.
Un río helado le rugía en la cabeza. Envolvió el dolor y lo arrastró en un instante, dejando claridad a su paso. Los ojos translúcidos de Axil se abrieron de par en par. Se miró a sí misma una vez más, y luego volvió a mirar al hombre sencillo que estaba de pie sobre ella.
—He muerto —se dio cuenta Axil.
—Así que lo hiciste —dijo Sievan. Ayudó a Axil a ponerse de pie, y Axil se dio cuenta de que en realidad era más alta que él.
—¿Yo… morí? —repitió Axil, con las palabras sonando extrañas y huecas. No podía morir. La muerte no llegaba para quienes seguían a Lord Sievan. Había dolor. Derrota. Decepción. Todos los demás aspectos de la vida permanecían, pero no la muerte.
Los seguidores de Sievan nunca pudieron hacer nada más que saborear la muerte. Podían probar de su plato, sentir su presencia mientras se alejaban danzando de su dominio, pero jamás podrían ser atrapados por ella.
Al menos, eso era lo que ella creía.
—Una anomalía —convino Sievan—. Moriste. Y me gustaría saber cómo. Hacía tanto tiempo que no sentía que un fragmento de mi poder abandonara este plano que tuve que investigarlo por mi cuenta. Pensé que quizá…
Su voz se apagó y negó con la cabeza. “No importa. Responde a la pregunta, discípulo mío. ¿Cómo es que tu alma se separó de tu cuerpo? Tal cosa debería haber sido imposible a menos que hubieras decidido que ya no deseabas servirme. ¿Es así?”
—¡No! —Axil negó con la cabeza con firmeza—. Jamás le daría la espalda, Lord Sievan. Servirle ha llenado mi vida de belleza. He sido testigo de cosas grandiosas. De una admiración tan indescriptible que…
Las palabras se le quedaron atascadas en el pecho a Axil. Una visión cruzó fugazmente su mente. El recuerdo de una lanza negra y el lienzo que había dejado a su paso. Una obra de arte que ya no podía describirse simplemente como bella.
Su inmensidad había engullido el cielo. Había más trazos de los que su mente podía comprender, más diseños de los que un mortal podría estudiar jamás, incluso dedicando toda su vida a ello.
Perfección.
No existía otra palabra para describirlo. La muerte perfecta, una pintura terminada, realizada por una mano tan magistral que jamás habría creído en su existencia de no haberla presenciado ella misma, de no haber participado ella misma en las pinceladas de ese lienzo.
Spider había estado jugando con ella. Había fingido ser un simple demonio, pero al final, le había concedido su deseo. Cada detalle de perfección que llenaba el cielo estaba conectado con él. Se extendían desde su alma como los tentáculos de una medusa que se arrastran por el mar abierto tras ella.
Una lágrima asomó a los ojos de Axil. Se había unido a la belleza del universo, entrando en el lienzo más grandioso que jamás había contemplado. No podía haber mayor honor que entrar en él de la mano del mismísimo Sievan.
—Fue increíble —susurró Axil, apenas capaz de encontrar las palabras—. Presencié la belleza, Lord Sievan. ¿Me regalaste esta muerte? ¿Por mis servicios?
—Tu muerte no fue obra mía —respondió Sievan, con voz inmutable—. Fue obra de otro.
—Increíble —repitió Axil. Su mente aún no era capaz de articular ninguna otra palabra.
—¿A quién pertenecía esta inmensa belleza? —preguntó Sievan—. ¿Quién fue capaz de matarte?
—Araña —la voz de Axil se desvaneció mientras los recuerdos la atormentaban—. Aquella que posee la runa que buscas. Lo siento. No pude conseguirla para ti, Lord Sievan. Me distraje demasiado. Su belleza era demasiado grande.
—Los errores y la vida no pueden existir de forma independiente. Parece que te has visto superada. —Por primera vez, la voz de Lord Sievan cambió. Algo diferente se coló en su tono, pero la emoción era ajena a Axil y no pudo comprenderla—. Y ahora te enfrentas a una elección.
“Estoy a su servicio, Lord Sievan.”
Una risa cansada resonó entre las estrellas que giraban a su alrededor. “Estás muerto, Axil. Ya no estás al servicio de nadie. Y esta es la decisión que debes tomar. ¿Estás satisfecho con tu vida y su final? ¿Estás preparado para partir hacia el más allá?”
“Lo único que lamento es no poder presenciar semejante belleza una segunda vez”. Una sonrisa soñadora se dibujó en los labios de Axil. Luego se desvaneció. Inclinó la cabeza hacia un lado. “Pero… ¿qué sigue? ¿Qué me espera en el más allá?”.
Un largo y lento suspiro escapó de Sievan y una leve sonrisa se dibujó en las comisuras de sus labios. “La espera aguarda. Un nuevo futuro, comprado a costa del presente. Serás… diferente. Renacido”.
—¿Renacido? —Una punzada de inquietud recorrió el estómago de Axil—. ¿Mis recuerdos?
“Me temo que se ha ido. Como inevitablemente ocurre con todas las cosas que pasan al más allá.”
La inquietud se transformó en miedo.
—No quiero olvidar lo que vi —dijo Axil—. ¿Hay otro camino? ¿Una vía libre de esto? ¿Una en la que pueda conservar mi conocimiento?
—Muy pocas veces en la vida hay un solo camino —dijo Sievan. Su sonrisa se ensanchó, pero no llegó a sus ojos—. La muerte no es tan diferente. Algunas cosas cambian y otras permanecen. Pero tu muerte aún no está escrita en piedra.
“Haré lo que sea necesario”, dijo Axil. “No quiero olvidar lo que vi. Quiero ver más. No quiero olvidarlo jamás”.
—No todo volverá a ser como antes —advirtió Sievan—. No regresarás a lo que dejaste. La muerte no es algo que se pueda tomar a la ligera. Tiene un precio. Un precio muy alto.
"¿A mí?"
Sievan asintió.
—Lo haré —dijo Axil—. Permaneceré a su servicio mientras me concedan su ayuda.
—Tu servicio hacia mí ya ha terminado —dijo Sievan con un leve movimiento de cabeza—. Ya no me perteneces. Lo que nos unía se ha borrado por completo. Pero me harás un último favor antes de que tu vida vuelva a ser tuya de verdad.
“Lo que desees.”
—Tráeme esa runa, y de paso averigua más sobre esta araña —dijo Sievan—. Y esta vez, te sugiero que lo intentes desde otro ángulo. Si tu muerte se repite, no me daré cuenta.
Axil tragó saliva. La reprimenda en el tono de Lord Sievan era evidente. Le dirigió un rápido asentimiento. La idea de dejar de estar a su servicio le quemaba el corazón como hierro fundido, pero no iba a suplicarle ni a discutir con él. Hacerlo habría sido una deshonra para su nombre.
—Haré lo que me pides —juró Axil—. No te fallaré dos veces. Suplicaré por la runa, si es que así se me exige.
Sievan sonrió.
Su cuerpo se desvaneció en nubes de humo negro.
La mano nubosa se cerró sobre Axil. Se desplomó sobre sí misma, desvaneciéndose sin dejar rastro. El alma de Axil jamás alcanzó la Gran Línea. Su suave resplandor se extinguió con el paso de la enorme mano, robado como un beso en la noche.
A gran distancia, en las Llanuras Malditas, sobre las calles de la ciudad peatonal de Treadon, un hacha negra que yacía en un charco de sangre en la calle empedrada de un mercado comenzó a sonar.

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Capítulo 543
El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 542
Estás leyendo el capítulo 542 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.