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Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 535 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Noah no tuvo mucho tiempo para asimilar su descubrimiento. Un estruendo ensordecedor, como el de un glaciar partiéndose y cayendo al mar, rasgó el aire y le arrebató la atención de la Runa Demoníaca de Rango 1. Se giró, consultando sus runas, para encarar a Igris, pero no era el demonio quien lo esperaba. Una luz blanca y brillante brotó de una enorme fisura que atravesaba los mares de oro. Monedas se desbordaron y cayeron al vacío pálido, desapareciendo sin hacer ruido. El daño en forma de telaraña que cubría a Igris se expandió desde la fisura y se extendió por todo su cuerpo. Fisuras finas cubrían el suelo y corrían bajo los pies de Noah. Igris yacía inmóvil sobre un montón de oro. Sus ojos estaban vidriosos y sin vida; toda resistencia lo había abandonado. Estaba muerto. Noah no sabía cuánto tiempo llevaba muerto. Había reprimido al demonio bajo el peso de Sunder hasta el punto de no poder hablar. El daño en su alma había llegado a un punto en el que ya no podía resistir más. Más grietas resonaron. El alma de Igris se derramó en la fisura. Se expandió con movimientos bruscos, extendiéndose por el suelo y dejando entrar más energía blanca, como al abrir la cremallera rota de una tienda de campaña atrapada en una tormenta de nieve. Un estruendo sacudió el alma mientras las grietas se elevaban hacia el cielo y se unían sobre Noé. Creo que quizá me he quedado más de la cuenta. ¿Qué pasa si quedas atrapado en el alma de alguien cuando muere? No creo que yo también muera. Las grietas no están conectadas conmigo, pero no quiero seguir tocando ese vacío blanco más de lo necesario. ¿Por qué no regreso a mi cuerpo? Juro que ha pasado... Una ola de vértigo golpeó la cabeza de Noé. Se tambaleó. Apoyó una mano en la rodilla. Las monedas caían a raudales, como una marea que empujaba sus pies e intentaba arrastrarlo consigo. El cuerpo de Igris quedó atrapado en las olas turbulentas que consumían lo que quedaba de su alma. Monedas rodaban sobre su cadáver, engullendo al demonio entero mientras fluían hacia la grieta. Noé lo vio por última vez cuando se precipitó al vacío, suspendido en el aire un instante entre la lluvia de oro, y luego desapareció. El zumbido en la cabeza de Noé se intensificó. Mil abejas golpeaban el interior de su cráneo, clamando por escapar. Su cráneo palpitaba desorientado y la oscuridad danzaba en los bordes de su visión. Monedas de oro golpeaban sus piernas. Lo que antes había sido una marea ahora era un vórtice. El suelo desapareció, reemplazado por un océano brillante que se negaba a aceptar un no por respuesta y le hizo perder el equilibrio. Noé resbaló y cayó de nuevo al torrente dorado con un gruñido. En el instante en que tocó el agua, las monedas rodaron sobre él y quedó atrapado por la corriente. Ni siquiera podía invocar sus runas. El zumbido era tan fuerte, la desorientación tan intensa, que su poder se le escapaba de las manos como arena que cae. Sintió un vuelco en el estómago. Cayó en picado a la grieta, despojado de su alma junto con lo que quedaba de Igris. Noé se vio lanzado fuera del mar dorado. Por un instante fugaz, quedó suspendido en una extensión blanca infinita, rodeado por una lluvia de riquezas. Entonces se oyó un estallido. El mundo se hizo añicos y él desapareció. * * * Noah abrió los ojos de golpe en la habitación de Igris. La casa estaba en silencio. Estaba vivo y nadie intentaba remediarlo. Eso era bueno. Moxie había logrado evitar que alguien interfiriera. Los pensamientos nublaban la mente de Noah como agua turbia. La magnitud del descubrimiento y sus implicaciones, no solo para Lee, sino para cada demonio, le daban vueltas en la cabeza. No estaba seguro de si había respondido más preguntas de las que había recibido, pero no era momento de detenerse en ello. Noah se incorporó de un salto. El enorme cuerpo de Igris yacía a su lado, inerte. La sangre le goteaba de la nariz y las orejas, acumulándose alrededor de la cabeza. Tenía la boca abierta por la agonía y los ojos inyectados en sangre. El demonio llevaba muerto bastante tiempo. Secándose el sudor de la frente, Noah se puso de pie. Una sensación de energía le recorría la mente como un recuerdo lejano. Sus runas habían absorbido el poder del demonio y, como resultado, habían crecido considerablemente. Matar demonios de Rango 5 era una forma bastante efectiva de hacerse más fuerte, pero no podía quedarse parado perdiendo el tiempo. Moxie no podía seguir dándole tiempo para siempre. Cuanto antes saliera de allí, antes podría sentarse a asimilar lo que acababa de descubrir. Su mirada recorrió la otrora hermosa habitación, ahora marcada por las cicatrices de la lucha. Escoria dorada cubría el suelo alrededor de Igris y las paredes estaban chamuscadas. Las monedas se movían bajo los pies de Noah mientras rodeaba el cadáver del demonio y recogía del suelo una de las dagas doradas grabadas, casi tan grande como una espada al sostenerla en sus manos. No puedo irme de aquí con un saco repleto de cosas robadas, pero quién sabe cuándo necesitaré pruebas de que eliminé a este idiota. No quiero que otro se lleve el mérito cuando puedo aprovechar la muerte de Igris. El factor intimidación siempre es útil. Noah tomó su Espada Voladora y miró hacia el agujero en el techo. La enredadera de Moxie seguía bloqueando la salida de la habitación, y no tenía ninguna gana de salir así como así a la calle. Se ajustó las vendas que le cubrían el rostro antes de impulsarse por los aires con una ráfaga de magia de viento. Se agarró al borde del agujero del techo y se impulsó hasta la pequeña habitación de arriba. Noé se puso de pie de un salto y salió de la habitación a paso ligero, llegando pronto a la ventana rota por la que había entrado. Al asomarse, vio una calle vacía. Desde las ventanas de sus mansiones, pudo distinguir a algunos demonios merodeando, pero o bien nadie venía a investigar lo sucedido o, simplemente, les daba igual. Noah había evitado en lo posible los ruidos fuertes, así que existía una pequeña posibilidad de que no lo hubieran visto. Todavía no, al menos. Era solo cuestión de tiempo. Arrojó la Espada Voladora al suelo y saltó sobre ella, activando el artefacto y saliendo disparado de la casa sin más dilación. En un abrir y cerrar de ojos, apareció en el callejón del que él y Moxie habían venido. En cuanto aterrizó, Noah saltó del arma y la guardó en su cinturón. Se quitó la chaqueta y envolvió la espada de Igris con ella antes de aguzar el sentido. No había demonios en la zona y Moxie había desaparecido. Solo había piedra fría. El callejón no mostraba señales de lucha. Noah no creía ni por un segundo que Moxie pudiera haber sido tomada tan por sorpresa como para rendirse sin luchar. Entonces ya está de regreso al campamento. Bien. Me alegra que no se haya quedado mucho tiempo. De verdad necesito preguntarle cómo diablos hizo esa cosa tan grande con la enredadera. No tenía ni idea de que fuera capaz de hacer algo a esa escala. Noah echó una mirada por encima del hombro hacia la mansión de Igris. La puerta principal colgaba ligeramente torcida, y tras ella se veía una masa de materia grisácea. Muy por encima, los fragmentos de cristal sobresalían de la ventana superior. Su operación no había sido precisamente discreta, pero tampoco había sido un desastre total. Eso era todo lo que podía pedir. Dando media vuelta, Noé caminó a grandes zancadas por el callejón y de regreso hacia el campamento. El viaje de regreso fue considerablemente más corto que el de ida. Esto se debió en parte a no perderse y en parte a no distraerse con un masaje. Si bien la idea era tentadora, Noah tenía cosas un poco más importantes en mente. Nadie lo detuvo en su camino de regreso al campamento y llegó a la plaza del mercado poco después. Al menos, eso creía. Ya le resultaba algo difícil calcular la hora. Las Llanuras Malditas solo empeoraban las cosas, pues los días y las noches transcurrían con una lentitud exasperante. Noah se dirigió directamente a la tienda que compartía con Moxie, apenas percatándose de los demonios que esquivaba mientras se apartaban a su paso. Abrió la solapa de golpe, sintiendo una punzada de preocupación justo antes de que sus ojos se posaran en Moxie. Iba de un lado a otro en la tienda, con las manos entrelazadas a la espalda y el ceño fruncido como una maestra estresada. Lee estaba sentado en la cabecera de la cama detrás de ella, con la calabaza entre las manos. Ambos levantaron la cabeza de golpe al entrar Noah. Moxie parpadeó sorprendida y retrocedió. La confusión se transformó en sospecha y entrecerró los ojos. —¿Quién te sigue? —¿Eh? —Noah miró por encima del hombro—. Nadie. ¿Por qué alguien me estaría siguiendo? —Regresaste con vida —dijo Moxie, acercándose a él y agarrándolo de la muñeca. Le levantó un brazo, le subió la camisa y le examinó el estómago—. ¿Te apuñalaron en algún lugar grave? ¿Estuviste a punto de morir desangrado o envenenado? —Estoy bien, Moxie —dijo Noah, reprimiendo una risa—. Todas las heridas son superficiales. Me lastimé más al saltar por la ventana que con Igris. Por cierto, está muerto. —¿Mataste a un Rango 5? —Lee se puso de pie de un salto y dejó con cuidado su calabaza sobre la cama antes de volver a mirarlo—. ¿Y sobreviviste a la pelea? “No tienes que fingir tanta sorpresa. No siempre me suicido.” —Devorador Infernal —dijo Lee. —Evergreen —dijo Moxie. —Los inquisidores —dijo Lee. “Cuando fuiste a practicar tus patrones”, dijo Moxie. “Cuando conociste a papá por primera vez. También con Dayton. Varias veces.” —¡Vale, ya lo pillo! —exclamó Noah, soltando una risa derrotada. Con cuidado, retiró la mano del agarre de Moxie y se desabrochó la chaqueta, dejando al descubierto la espada de Igris—. Puede que tenga un problema. Pero esta vez he salido con vida. Casi con toda seguridad gracias a tu planta, Moxie. ¿Qué demonios era eso? ¡Era increíble! ¿Acaso llenaste toda la maldita casa de enredaderas? —La culminación de mucha práctica de patrones —respondió Moxie, sonrojándose ante el elogio—. La enredadera en sí forma parte del patrón. Crece a partir de materia orgánica. Cuanta más gente le proporciona energía, más grande se vuelve. Nadie en la casa era muy fuerte, así que no pudieron hacer nada a tiempo para detenerla. —¿Qué les hiciste exactamente? —preguntó Noah. No estaba seguro de querer saber la respuesta, pero no podía reprimir su curiosidad. —La enredadera contenía veneno. Estoy casi segura de que los durmió, los paralizó o los mató —dijo Moxie, dudando un instante—. No estoy del todo segura. El veneno se basaba en algo que leí en Arbitage. No tenía ni idea de qué efecto tendría en los demonios, así que concentré mucha energía en la parte de la enredadera que los mataba drenando su energía. Existe la posibilidad de que el veneno no haya tenido ningún efecto. —¿Mataste a todos los que estaban en la casa? —preguntó Lee. El rostro de Moxie se ensombreció. —Sí. La enredadera busca energía automáticamente, del mismo modo que las flores buscan la luz del sol. No voy a arriesgar vuestras vidas. Solo espero que tanta muerte haya valido la pena. Eso hizo que Noah volviera a centrar su atención en la runa que había estado ocupando su mente. La había dejado de lado momentáneamente al volver a ver a Moxie y Lee, pero ya nada distraía su atención. —Sí —dijo Noah en voz baja—. Creo que he encontrado el problema con los demonios. Sé qué les pasa a las runas de Lee.
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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 535

Estás leyendo el capítulo 535 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.