Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 30 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Un rugido ensordecedor brotó de la boca del Devorador Infernal con tal intensidad que las llamas que los rodeaban se ondularon. Se puso en pie pesadamente, moviendo los hombros. La saliva le goteaba de la boca, chisporroteando al salpicar la tierra.
Noah lanzó una ráfaga de viento silbando hacia su garganta. El Devorador Infernal movió una mano, bloqueando el hechizo. Noah no pudo determinar si le causó daño alguno. Parecía que la hoja simplemente se había desvanecido entre su oscuro pelaje.
—Vamos, pues —gruñó Noah, preparando magia de viento para lanzarse a un lugar seguro si el Devorador Infernal era más rápido de lo previsto. El monstruo se irguió sobre sus patas traseras y Noah tensó las piernas. Si esquivaba demasiado pronto, tendría tiempo de ajustar su ataque.
El Devorador Infernal alzó las manos y se abalanzó hacia adelante. Noah potenció su picado con una oleada de magia de viento, impulsándose a través del claro. Reconoció el ataque: era el mismo que habían usado los Cortadores. Cayó rodando al suelo, pero algo no iba bien.
No había oído el sonido de los puños del Devorador Infernal al golpear el suelo. Su triunfo momentáneo se desvaneció como una vela en una tormenta y alzó la vista. Los ojos del Devorador Infernal brillaban con una inteligencia que le había pasado completamente desapercibida.
Las manos del Devorador del Infierno no habían caído. Sus mejillas se hincharon y una ola de llamas fundidas se lanzó hacia Noah. Noah recurrió a su magia de viento, intentando desesperadamente formar una barrera con la esperanza de desviar el ataque.
Se desvaneció por completo, abrumado por la intensidad de la magia del Devorador del Infierno. Por un instante, Noé clavó la mirada en el monstruo. Su rostro se contrajo en una expresión de diversión terriblemente humana.
Entonces el fuego lo envolvió, y su mundo se convirtió en agonía.
Por suerte, no duró mucho. El intenso calor derritió el cuerpo de Noah y sus nervios, ya destrozados, cedieron mucho antes de que su garganta pudiera hacerlo. Unos instantes después, perdió la consciencia y su alma se separó del cascarón carbonizado de su cuerpo.
Noé se elevó por los aires y el Devorador Infernal dejó que el torrente de llamas se extinguiera. Observó su cadáver y resopló, descendiendo de nuevo y apoyándose contra los árboles en llamas. Noé rechinó los dientes.
1-0, maldito gordo con forma de pelota de playa. Te voy a matar, recuérdalo.
Noé elevó su alma con la fuerza de su voluntad, deslizándose más allá de los árboles en llamas y muy por encima del bosque. Giró sobre sí mismo, buscando la sombra distante de Arbitage hasta que la divisó. Un tirón le tiró del cuello, pero Noé se resistió. Para su sorpresa, funcionó. Se mantuvo en el mismo sitio unos instantes más, tiempo que aprovechó para memorizar la ubicación del bosque donde habitaba el Devorador del Infierno.
La fuerza que sintió en el cuello se intensificó, destrozando sus defensas. Noé se lanzó de nuevo al bosque y se estrelló contra su nuevo cuerpo como si lo hubiera disparado un cañón. Se incorporó de golpe, golpeando su cabeza contra la empuñadura de su espada con tal fuerza que resonó como un gong.
Noé rodó del árbol, maldiciendo, y cayó de bruces con un fuerte golpe. Permaneció allí varios segundos, con el recuerdo de su carne derritiéndose y burbujeando aún vívido en su mente.
Un fuerte dolor de cabeza se burlaba violentamente de su derrota. Noah apretó los puños, hundiéndolos en la tierra dura. Esta le mordía bajo las uñas y contra la suave piel de la palma, pero eso solo hizo que apretara con más fuerza.
—Aún no hemos terminado —juró Noah, incorporándose con esfuerzo y, haciendo caso omiso del dolor de cabeza, trepando de nuevo al árbol, con torpeza y esfuerzo. Cada movimiento le provocaba punzadas de agotamiento y dolores agudos por todo el cuerpo, pero los ignoró hasta que estuvo junto a su calabaza—. Te quedan pocos días, Devorador Infernal. Por todas las veces que tus pequeños monstruos me han matado, usaré tu piel como cinturón.
* * *
La convicción de Noah fue lo único que lo mantuvo consciente durante las siguientes horas. El dolor que su cuerpo sufrió tras la muerte no parecía disminuir, ni su cuerpo se adaptaba a él. Ni siquiera logró reunir la energía suficiente para sacar su muda de ropa de la bolsa hasta una hora después de haber resucitado.
Supongo que es porque cada vez que muero, tengo un cuerpo nuevo. No puedo adaptarme a algo que mi cuerpo nunca ha experimentado antes.
Sin importar el motivo, Noé solo podía sentarse en su árbol y despotricar. Las horas pasaron volando y, cuando por fin el dolor empezó a remitir, el mundo se tornaba azul.
Noah se deslizó de vuelta a Arbitage, golpeando con el trasero la torreta metálica al llegar. Hizo una mueca, apenas recuperando la capacidad de pensar con claridad, y se dejó caer al suelo.
—¡Bienvenido de nuevo! —dijo Tim—. ¿Qué tal te fue? ¿Pudiste completar el entrenamiento?
“Yo… sí, supongo que sí. Odio a esos monos más de lo que puedo expresar con palabras.”
—He oído que son tipos duros —dijo Tim, negando con la cabeza en señal de comprensión—. ¿Les guardas rencor o algo así? ¿Es por eso que siempre estás en las Acres Quemadas?
“Algo así. Las Acres Quemadas ni siquiera están tan lejos de Arbitage. ¿Seguro que alguien más está luchando contra ellos?”
“Probablemente soldados. Los magos suelen ir a por monstruos con runas llamativas, ¿sabes? Así que pueden llevárselos.”
Noah abrió la boca para protestar. Se suponía que el Devorador Infernal tenía una Runa Maestra. Si eso no era una runa valiosa, Noah no sabía qué lo era. La insinuación de que estaba perdiendo el tiempo luchando en el bosque lo enfurecía. Antes de que las palabras salieran de su boca, se contuvo.
Algo me dice que el mago promedio no anda por ahí cazando monstruos con Runas Maestras. Supongo que eso significa que también se pueden obtener runas de monstruos normales. Interesante. Necesito aprender cómo.
—Supongo que tiene sentido —dijo Noah con una sonrisa diplomática—. Bueno, aun así merece la pena. Mi mayor deber es asegurarme de que mis alumnos aprueben el examen, y eso significa comprender a la perfección a qué se enfrentan.
Y para asegurarme de sobrevivir también.
Tim negó con la cabeza y soltó una risita incrédula. —Eres un auténtico chiflado, Magus Vermil. Jamás te habría clasificado como de Rango 1. No te comportas como tal. Más bien como un soldado.
El rostro de Silvertide apareció en la mente de Noah. Había dicho exactamente lo mismo, aunque con palabras ligeramente distintas. Noah se encogió de hombros y subió al ascensor que había en el centro de la sala.
“Simplemente soy un poco tardío en madurar. Pronto me pondré al día.”
—Seguro que sí —dijo Tim, y Noah supo que el anciano lo decía en serio. Se despidieron mientras la plataforma se estremecía y Noah descendía por las escaleras de abajo.
El campus estaba más concurrido de lo que Noah recordaba, y el ambiente estaba cargado de energía. A pesar de estar sumido en los leves síntomas de su dolor de cabeza, Noah percibió el cambio de actitud.
Los estudiantes hablaban en voz baja y con energía a los lados de la carretera. Muchas tiendas estaban cerradas a pesar de que deberían haber sido las horas punta, y varios hombres que no vestían los colores de Arbitage se veían por las calles.
Noah frunció el ceño y cambió de rumbo hacia la biblioteca. Aunque sentía mucha curiosidad por saber qué ocurría, ya se había prometido a sí mismo investigar sobre la familia Linwick.
A juzgar por su suerte hasta el momento, intentar averiguar qué estaba sucediendo casi con toda seguridad acabaría planteando dos preguntas por cada respuesta que diera.
Para deleite de Noah, el camino a la biblioteca estaba casi vacío. Evidentemente, fuera cual fuese el motivo, atraía a todo el campus. Subió los majestuosos escalones y entró en la biblioteca, frotándose las manos, solo para descubrir que los estudiantes no eran los únicos absortos en aquel fenómeno.
No había bibliotecarios en las mesas. Noah hizo una pausa. Observó las interminables filas de libros y los altísimos pisos que se alzaban sobre él, todos repletos de estantes atestados. Le tembló un ojo.
“¡Maldita sea!”. Noah pensó en regresar otro día, pero la idea de admitir la derrota le irritaba un poco más de lo que quería reconocer. Quizás demasiado, pero su camino ya estaba decidido.
Noah entró en la biblioteca, buscando entre los estantes etiquetas que pudieran guiarlo hacia sus linajes familiares. No estaba seguro de si un Ser Superior lo había estado protegiendo o si simplemente había tenido suerte, pero después de unos minutos recorriendo las interminables filas de estantes, Noah encontró un directorio.
Sus ojos se iluminaron y corrió hacia ella, repasando con la mirada los cientos de nombres de la clave hasta que localizó la línea que buscaba.
“Linajes de Familias Nobles. Segundo piso, pasillo treinta y nueve”, leyó Noah. Sonrió y se dirigió a la escalera más cercana.
Subió las escaleras a grandes zancadas y bajó al segundo piso, sintiendo que su objetivo se acercaba a cada paso. Noah pasaba por el pasillo treinta y siete cuando unas voces surgieron de entre las estanterías, permitiéndole alcanzar a oír la mitad de la frase de un chico.
“…si te pillo intentando meterte con mi familia otra vez, te voy a romper los dos brazos y me aseguraré de que nunca vuelvas a blandir esa espada tuya.”
Quienquiera que estuviera hablando, tenía el tono más altivo y arrogante que Noah jamás había oído. Un escalofrío de irritación le recorrió la espalda, y eso que ni siquiera había visto a la persona que hablaba. Noah salió al pasillo.
Un chico estaba de pie frente a él, con un grueso libro bajo el brazo y una mueca maliciosa dibujada en sus afilados rasgos. Llevaba el pelo rubio recogido en una coleta y un pendiente dorado colgando del lóbulo de la oreja derecha. Combinaba con su ropa negra y dorada, cubierta de runas de pies a cabeza.
Arrodillada frente a él había una chica de cabello azul cristalino. Sin siquiera verle la cara, Noah supo con certeza que era Isabel. Entrecerró los ojos al cruzar miradas con el chico.
—¿Quién es este idiota? —preguntó el chico—. Y me dijiste que estabas sola, pequeña zorra mentirosa.
Retiró una pierna. Noé se impulsó hacia adelante con una ráfaga de viento, pasando junto a Isabel. Al llegar, Noé desató una segunda ráfaga de viento. La ropa del niño brilló con una luz amarilla y regresó saltando.
—¿Usar magia conmigo? Eres aún más tonto que ella. Espera a que… —El chico se interrumpió al ver la ropa de Noah. Soltó una risita ahogada—. Espera, ¿eres profesor? ¿De rango 1? ¿Qué tan desesperado estás? Es hilarante. ¿Eres el supervisor de este campesino estúpido? Supongo que le queda bien. Basura enseñando basura.
Noah ladeó la cabeza. —Eres un bocazas, ¿verdad?
“Haz algo al respecto. Incluso si tienes la magia suficiente para romper mi escudo, invocarás a mi mentor y él te partirá la espalda como una ramita.”
—Está bien —murmuró Isabel—. Profesor, no se preocupe…
—Ahora no, Isabel —dijo Noah, sosteniendo la mirada del chico sin pestañear—. Creo que este alumno me acaba de pedir clases particulares. Por lo tanto, estoy obligado a darle una buena lección.
El chico mostró los dientes en una sonrisa amenazante. “Muchas palabras para un Rango 1. Tu magia ni siquiera puede romper mi Escudo. ¿Acaso no te das cuenta de lo que representan estos símbolos?”
Noé concentró una brizna de viento sobre su palma. Se echó hacia atrás y el mocoso odioso bajó la guardia con una sonrisa confiada. Era evidente que tenía una fe absoluta en su escudo.
Y, en consecuencia, Noah imitó al Devorador Infernal. Se abalanzó hacia adelante, dejando que su magia se disipara en el aire tras él, y le propinó un puñetazo en la nariz al chico con toda la fuerza que pudo reunir.
Se rompió con un crujido audible y el niño rodó por el suelo, golpeándose contra una estantería que tenía detrás. Un libro que estaba al borde se deslizó y le cayó en la cabeza con un golpe sordo.
—Buen escudo —dijo Noah, acercándose con paso firme para ponerse por encima del matón.
El chico lo miró con ojos llorosos e incrédulos. —No puedo creer que hayas hecho eso. ¿Sabes quién soy...?
—Te voy a detener aquí mismo —dijo Noah, agachándose frente al chico y mostrando los dientes en una sonrisa gélida—. Mira, no tengo ni idea de quién eres. Eso significa que puedo hacer pasar todo esto por un malentendido. Pero si me lo dices, te mataré y me libraré del problema. ¿Entendido?
Unos ojos aterrorizados le devolvieron la mirada.
“Esta es la parte en la que tienes que correr”, aconsejó Noé.
El chico siguió su consejo. Se puso de pie de un salto, aún aferrado al libro contra su pecho, y echó a correr en dirección opuesta tan rápido como sus piernas se lo permitieron. La tensión se le escapó de la espalda a Noah y negó con la cabeza con disgusto, volviéndose hacia Isabel.
"¿Estás bien?"
Isabel tragó saliva con dificultad. La mirada en sus ojos era algo que él nunca le había visto, una mezcla de admiración, sorpresa y miedo.
—Estás loco —murmuró.
Noé le tendió la mano. Isabel la tomó y él la ayudó a ponerse de pie.
—Creo que solo cumplía con mi deber como profesor. No me digas que el arbitraje fomenta el acoso escolar. Además, el chico me pidió una clase. ¿Acaso iba a negarme? Todo sea por el bien del conocimiento —dijo Noah, llevándose una mano al pecho y alzando la voz, con la mirada perdida en la distancia, como si estuviera dando un discurso.
Isabel soltó una risita burlona. Se giró, secándose una lágrima que Noah fingió no ver.
“Estás completamente loco. Gracias de todos modos. Pero… ¿por qué me estabas siguiendo?”
—¿Te estaba siguiendo? —Noah parpadeó—. No te estaba siguiendo. Vine a leer algunas cosas.
Isabel arqueó una ceja. —¿En serio? ¿Aquí? ¿En este mismo pasillo?
“En realidad, la de al lado. Solo quería leer algo ligero. Ponerme al día con la familia. Lo de siempre.”
Isabel tragó saliva con dificultad. —Oh.
“¿Qué significa esa expresión?”
Isabel miró hacia donde había huido el matón. —Creí que bromeabas cuando dijiste que no lo reconocías. Era Edward Linwick, y acaba de huir con el libro sobre la familia Linwick.
—Ah —dijo Noé, cruzándose de brazos y mordiéndose el labio inferior—. Vale, sí. “Ah” parece apropiado aquí.

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Capítulo 31
El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 30
Estás leyendo el capítulo 30 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 6 de diciembre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.