Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 27 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Noah se topó con cinco Maulers más antes de que se le cumplieran las veinticuatro horas. Eso no le impidió arrancarles los dientes como un dentista vengativo al revés. Los metió todos en su bolsa de viaje y tintinearon como un puñado de monedas sueltas, en las que, si Noah tenía suerte, esperaba convertirse.
Cada uno de los Maulers demostró ser bastante competente en sus peleas, pero ninguno logró asestarle un solo golpe. Eran, sin duda, más listos que los otros monos con los que había luchado, pero sentían que… les faltaba algo.
Si Noah tuviera que clasificarlos, habría decidido que a los Maulers les faltaba algo único. No tenían el tamaño descomunal de los Cortadores, la puntería letal de los Chuckers, ni siquiera la pura estupidez de los pequeños monos. En muchos aspectos eran mediocres, y aunque confiaba en que representarían una amenaza importante para sus alumnos, ya había visto prácticamente todo de lo que eran capaces.
Al final del día, Noé no había recibido ni un solo golpe... de los monos. Los árboles, en cambio, fueron mucho menos amables. Su espada voladora lo lanzó contra ellos unas diez veces, y quedó cubierto de moretones que le escocían y que, para cuando el sol comenzaba a asomar de nuevo en el cielo, ya estaban negros.
Por un instante, Noah consideró buscar un monstruo y dejarse vencer a propósito. Al fin y al cabo, así se libraría de los moretones. Un instante después de que el pensamiento cruzara su mente, Noah entrecerró los ojos y lo apartó bruscamente.
No voy a permitir que mi vida se desmorone por una razón tan insignificante. Aprender a luchar es una cosa, pero morir solo para curar unos moretones es demasiado. Hago todo esto para asegurarme de no tener que morir de verdad, no por conveniencia. Me niego a perderme en ese estado.
Seguía allí de pie, regañándose a sí mismo, cuando sintió un tirón en la nuca. Noah dejó que el mundo pasara ante sus ojos, ya más acostumbrado a esa sensación. Luces azules giraban y centelleaban dentro de su cuerpo mientras el mundo resplandecía.
Con un fuerte golpe, fue arrojado al Cañón de Transporte. Noah se deslizó fuera del tubo y aterrizó en el suelo con un gruñido. Sacudiéndose la ropa, se puso de pie e inclinó la cabeza hacia Tim.
—Gracias —dijo Noé.
—Cuando quieras. Creo que usas mi servicio más que casi nadie —dijo Tim con una risita—. Lástima que sea gratis, porque si no, tú solo me mantendrías a flote.
“Alégrense de que sea gratis, porque no podía permitirme mantener a nadie en el negocio.”
Ambos rieron entre dientes.
—Bueno, gracias por usar Travel Anywhere In No Time —dijo Tim—. Me ayuda a mantener las cifras y a conservar mi trabajo. Nos vemos mañana.
Noah asintió distraídamente. Subió al ascensor en el centro de la habitación y Tim se despidió con la mano. La jaula vibró bajo Noah y descendió, llevándolo hasta las escaleras de abajo. El ascensor llegó a su destino con un golpe sordo y Noah salió, comenzando a caminar hacia el suelo.
Hizo una pausa a mitad de camino, inclinando la cabeza hacia un lado. “Viaja a cualquier lugar en un instante. ¿EN SERIO?”
Noah reprimió el impulso de darse la vuelta y volver con Tim. Simplemente negó con la cabeza, puso los ojos en blanco y reanudó su camino hacia su habitación.
* * *
Al día siguiente, Noah se encontró con Isabel y Todd en su aula. Llevaba la espada voladora en el cinturón, pero ninguno de los dos la mencionó. Parecían a punto de estallar de la emoción, pero Noah levantó la mano para detenerlos. Sin perder tiempo, partieron y usaron el Cañón de Transporte para viajar a las Acres Quemadas. Una vez allí, Noah arqueó una ceja.
“Bien, ahora podemos hablar. ¿Listos?”
—Más que —dijo Todd radiante. Su sonrisa se desvaneció un poco—. Aunque la Gran Runa de Fuego está completamente vacía. Técnicamente, soy más débil que antes.
—Lo mismo —dijo Isabel. Dio una palmadita a una pequeña calabaza que colgaba de su cadera—. Una poción curativa también.
—Ah, sí —dijo Todd—. Yo también tengo uno. Pero son carísimos. Me gasté como dos semanas de sueldo en él.
“Valdrá la pena cuando evite que se te salgan las tripas”, dijo Isabel.
—Tienes razón —dijo Noah asintiendo. Se palmeó la calabaza. Al fin y al cabo, técnicamente había sido una poción curativa. Envenenada, sí, pero curativa al fin y al cabo—. Yo también tengo la mía. No vayas a ningún sitio sin ella. En fin, es hora de empezar. Un Destripador os espera a los dos.
—¿No deberíamos acabar con algunos de los monos pequeños antes de enfrentarnos a los Cortadores? —Todd se movía nervioso, cambiando el peso de un pie al otro—. Es decir, ahora mismo solo tenemos seis Runas con las que trabajar.
Noah arqueó una ceja. —¿Cuánto crees que durará la pelea? No deberías necesitar más de dos runas, aunque sean menores. Si llegas a usar seis, algo has hecho muy mal.
Isabel tragó saliva. Por un momento, Noah esperó que añadiera algo para apoyar la petición de prórroga de Todd, pero ella simplemente negó con la cabeza.
“Creo que Vermil tiene razón. Quiero superar la prueba, y ya hemos visto todos los movimientos que hacen los Cortadores. Creo que podemos lograrlo.”
“¿Pero qué pasaría si…?”
—No quiero quedarme de brazos cruzados mientras los demás estudiantes se hacen cada vez más fuertes —dijo Isabel, apretando la mandíbula y los puños a los costados—. Vamos a buscar a un Destripador.
Todd apretó los labios. Luego, tras un instante, asintió. Noah sonrió e hizo un gesto para que lo siguieran, adentrándose en el bosque. Los aullidos lejanos de los monos resonaban entre los árboles.
Noé se había acostumbrado tanto a ellos que ya distinguía con facilidad qué chillido pertenecía a cada mono. Se dirigió hacia los gritos de un Desgarrador. Unos cuantos monitos los divisaron entre los árboles, pero Noé los eliminó con tajos de viento antes de que pudieran siquiera atacar.
Unos minutos después, divisaron al Destripador. Apenas intentaba esconderse. El corpulento monstruo paseaba por un pequeño claro del bosque, aullando para sí mismo mientras masticaba una rama peluda.
—Ahí está. Maldito bastardo —dijo Noah. Puso las manos sobre los hombros de Isabel y Todd—. Bien, chicos. Ya saben qué hacer, ¿verdad?
Isabel asintió con firmeza. —Sí. ¿Todd?
—Supongo que estoy listo —dijo Todd, intentando, sin éxito, sonar seguro. Isabel y Noah lo miraron y él arrugó la nariz—. ¡Dije que estoy listo!
—El miedo es sabiduría, pero dejar que cualquier emoción te controle es una tontería. Adelante —dijo Noé, empujándolos suavemente hacia adelante—. Estaré atento para intervenir si lo necesitan, pero preferiría no hacerlo.
Isabel y Todd intercambiaron una mirada. Asintieron y se dirigieron sigilosamente hacia el Destripador. El enorme mono aún no se había percatado de su presencia, ya que Noah los había colocado a sotavento. Pero no tardarían en llegar.
Efectivamente, en cuanto se acercaron al borde del claro, el Desgarrador se quedó inmóvil. Alzó la cabeza, olfateando el aire y bajando el brazo que había estado devorando. Una llamarada chisporroteó a lo largo de los brazos de Todd e Isabel se abalanzó hacia adelante.
A pesar de sus propias palabras, un destello de miedo se apoderó del pecho de Noé. Sacó la espada voladora de su cinturón y la dejó en el suelo, apoyando un pie sobre ella pero dejando el otro en la tierra.
Preparó a Ash, dispuesto a matar al Asesino en el momento en que pareciera que Isabel o Todd pudieran estar en peligro de muerte.
Isabel tomó la delantera, adelantándose a Todd. Desenvainó su espada de su pecho con un grito de guerra. El Destripador rugió y alzó las manos al aire al verla acercarse; la malicia brillaba en sus feos ojos pequeños y brillantes.
Tajo descendente. Esquiva hacia un lado.
Isabel se lanzó hacia la izquierda, rodando por el suelo mientras las enormes garras del monstruo desgarraban la tierra donde había estado parada. Un rayo de fuego surgió de las manos de Todd e impactó al Destripador en la cara.
Gritó, más de sorpresa que de dolor, y el fuego chisporroteó sobre su piel, sin llegar a prenderla. Isabel se incorporó de su rodar y clavó su espada en el estómago del monstruo. Esta mordió su carne, penetrando varios centímetros antes de detenerse con un golpe seco.
El Destripador le azotó el costado con la mano.
“¡Abajo!”, gritó Todd.
Isabel cayó al suelo, soltando la empuñadura de su espada y desplomándose de bruces. Las garras pasaron por encima de su cabeza y Todd se abalanzó sobre ella, desatando un torrente de fuego con las palmas extendidas, que pasó por encima de Isabel y envolvió al Desgarrador. Este rugió, alzando las manos en defensa y retrocediendo tambaleándose.
Todd miró a Isabel a los ojos y asintió brevemente. Cerró los puños, apagando las llamas, e Isabel se puso de pie de un salto. Se lanzó hacia adelante y clavó el hombro en la empuñadura de la hoja resplandeciente, hundiéndola aún más en el Cortador.
Su grito de dolor rasgó el aire. El Destripador se agachó para agarrar a Isabel. Ella retrocedió de un salto, arrancando su espada del estómago del monstruo, y Todd lanzó otra llamarada al rostro del monstruo para impedir que aprovechara la ventaja.
Noah observaba la pelea con creciente placer. Sus alumnos lo estaban haciendo de maravilla. Mucho mejor de lo que había esperado. Claro, sus ataques individuales no eran espectaculares e Isabel no apuntaba a ningún punto débil, pero se defendían bien.
Los vigilaba con ojo de halcón, y sus dedos se contraían cada vez que el Destripador preparaba un ataque.
Isabel se movía con agilidad, esquivando los ataques del Destripador y golpeándolo con su espada. No lograba alcanzar el cuello del monstruo, y los hechizos de Todd no le hacían suficiente daño como para matarlo, aunque sí le habían chamuscado bastante.
Tras esquivar otro tajo descendente, Isabel cambió de estrategia. Saltó de la palma del monstruo, preparándose para clavarle la espada en la barbilla. Los ojos del Destripador brillaron y lanzó un golpe con la mano hacia Isabel.
El aire se rasgó con un crujido. Una púa de ceniza se desprendió del árbol más cercano y se estrelló contra la palma del Destripador, inmovilizándolo contra el suelo. Otra púa surgió del suelo ennegrecido por el hollín, pasando frente a Isabel y atravesando el cuello del monstruo.
El impulso de Isabel la llevó contra el Destripador, que ya estaba muerto, pero la pelea había terminado. Se apartó de él, cayendo al suelo y respirando con dificultad. Miró a Noah con los ojos muy abiertos.
—Buen intento —dijo Noah, esforzándose por ocultar la intensidad de sus latidos. Una oleada de energía recorrió su cuerpo, y notó que tanto Isabel como Todd se detuvieron un instante para tomar aire profundamente, justo cuando él sentía el poder de la victoria inundándolo.
Todos debemos recibir energía, ya que trabajamos juntos. Me pregunto qué la regula. ¿Será por la magnitud del daño causado? Ahora no es el momento de preguntarlo, pero tendré que investigarlo.
Ahora bien, no olvides que los Desgarradores pueden realizar más de un ataque seguido. Cualquier enemigo puede. Aquí no hay turnos. Los Desgarradores no son los monos más rápidos del bosque, pero aun así son más rápidos que tú. Asegúrate de que se coloque en una posición desde la que no pueda atacarte cuando hagas tu movimiento.
Isabel tragó saliva y asintió. —Yo… sí. Gracias.
—Ahora bien, ¿en qué podemos mejorar? —preguntó Noé, juntando las manos—. Ustedes dos.
“Fui demasiado precipitada y me confié demasiado después de esquivar sus primeros ataques”. Isabel se sonrojó ligeramente avergonzada.
Si supieras lo que hice la primera vez que lancé un hechizo, no te sentirías tan avergonzado.
—No lo distraía lo suficiente —dijo Todd—. Mi magia no tenía la potencia necesaria, así que no pudo atravesar las defensas del Destripador tan bien como las de los monos más pequeños. Si hubiera tenido más energía, lo habría quemado vivo.
“Correcto, pero por la forma en que lo dices, me hace pensar que crees que la única solución es usar tu Runa Mayor, ¿verdad?”
Todd ladeó la cabeza. —Claro, ¿cómo iba a hacerlo si no?
Noah invocó su magia de ceniza. Las púas que sostenían al Destripador se derrumbaron, dejando caer el cadáver al suelo mientras una nube de hollín flotaba hacia él y formaba un tubo. Noah lo alzó frente a Todd.
“¿Tienes una cantimplora?”
Todd parpadeó y asintió. Sacó una pequeña petaca y se la entregó a Noah.
—Gracias. Hagamos una demostración rápida. Voy a soplar en este tubo —dijo Noé—. Mi aliento representa la cantidad de energía que tiene tu runa. No voy a cambiar la fuerza con la que soplo.
Noah se metió el tubo en la boca, haciendo una mueca por el sabor a ceniza, luego vertió el agua y sopló. El agua salió a borbotones por el extremo, sin mucha gracia, y salpicó el suelo. Todd lo miró como si se hubiera vuelto loco.
—Ahora, no voy a cambiar la fuerza con la que soplo, pero voy a estrechar el tubo —dijo Noé. El diámetro interior de la ceniza se redujo, convirtiéndose en una fina pajita. Se echó un poco de agua en la boca, se metió el tubo y sopló.
Un fino chorro de agua salió disparado del tubo. Todd frunció el ceño y Noah se quitó la ceniza de la boca, relamiéndose los labios con disgusto. Le devolvió la cantimplora a Todd y sonrió. —La presión es la fuerza dividida por el área. La fuerza es constante y quieres que la presión aumente, así que ¿qué haces?
—El área tiene que reducirse —dijo Todd, con un destello de comprensión en los ojos—. ¿Y el área es el tamaño de mis llamas?
Noé sonrió.
“¿Estás diciendo que si concentro mi fuego de grandes explosiones en ataques más pequeños, haré más daño?”
Noah se encogió de hombros. Se agachó y le quitó las garras al Desgarrador, guardándolas en su espalda antes de enderezarse. Les ofreció algunas a Todd e Isabel, pero ambos negaron con la cabeza. Se encogió de hombros. “No estoy seguro de si hará más daño, pero lógicamente, ese es el resultado que supongo. Gastas mucha energía creando grandes explosiones, pero no parecen tener la fuerza que deseas. Así que, si las concentras más, supongo que también causarán más daño”.
Todd señaló un árbol con el dedo. Una bola de fuego se formó en su mano, condensándose luego en un punto diminuto. Saltó y se estrelló contra la madera cenicienta, quemándola varios centímetros en un instante.
—Mierda —murmuró Todd—. Tienes razón. No creo que una de mis bolas de fuego hubiera hecho eso. Todavía no.
—¿Cómo no se te ocurrió antes? —preguntó Isabel, y luego volvió a mirar a Noah—. ¿Y yo? ¿Yo también tengo derecho a un secreto?
—Ya había visto a gente hacerlo, así que no es ningún secreto —dijo Todd frunciendo el ceño—. Pero, para ser sincero, nunca me lo había planteado. No entendía por qué lo hacían.
“Todavía quiero algo.”
—¿Qué pasó con pensarlo por tu cuenta? —Todd la miró de reojo con una sonrisa de complicidad. Isabel lo ignoró.
—Nada tan interesante como Todd —admitió Noah, rascándose la nuca—. Pero intenta apuntar a zonas vitales cuando ataques. Con los Destripadores, ya sabes lo que van a hacer, así que no hace falta intentar herirlos antes de acabar con ellos. Es mucho más eficaz asestar el golpe de gracia cuando te dan la oportunidad. Claro que es mucho más fácil decirlo que hacerlo, así que te diré qué te ayudará: practicar. Bueno… ¿vamos a buscar otro Destripador?

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Estás leyendo el capítulo 27 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 6 de diciembre de 2025, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.