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Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 251 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Noé quedó impresionado. Encontraron el casino con bastante facilidad, y era sorprendentemente similar a los que había visto en la Tierra. Un edificio colorido y bien iluminado, con diversas formas de apostar y muchísima comida y alcohol. A Lee le bastaron tres minutos para gastar sus trescientas monedas de oro. Noah la observaba atónito desde la silla junto a ella mientras probaba suerte repetidamente en un juego de cartas, perdiendo una y otra vez de forma espectacular. Intentó detener a Lee amablemente varias veces, pero fue inútil. En cuanto perdió su primera ronda, se desató una venganza a muerte. Noah aún no había comprendido bien las reglas del juego y estaba a medio recoger todo cuando Lee anunció que se había gastado todo su oro. Ahí debería haber terminado todo. Noah ya se estaba reprochando por haber dejado que Lee malgastara su dinero en un casino; ella aún sabía tan poco del mundo que sentía que prácticamente había dejado que una niña jugara. Pero, cuando Noah intentó llevarse a Lee, su suerte cambió. Ese cambio se produjo en forma de un noble medio borracho que pidió una enorme fuente de comida y vomitó inmediatamente antes incluso de poder empezar a comer. Un camarero se disponía a tirarlo a la basura debido al espacio que ocupaba en la mesa cuando Lee lo detuvo. —Podría comerme eso en menos de un minuto —dijo Lee, mirando la torre de carne y pan grasientos. Otro de los hombres en la mesa resopló. "¿Tú, pequeñín? Ni de broma. Apuesto a que ganas una mano de Gambito de Rey a que te la terminas, y mucho menos que te la comes entera en menos de un minuto." Lee arqueó una ceja. —¿Quieres apostar? —¿Te queda algo de oro? —preguntó una mujer de mediana edad, de andar redondeado—. Dijiste que solo tenías trescientos cuando te sentaste, y ya lo has perdido todo. Lee miró a Noah. "¿Por favor?" Este va a ser el dinero más fácil que jamás hayamos ganado. —No lo sé —dijo Noah con evasivas, mirando hacia un lado—. No estoy seguro de que sea buena idea. Es una fuente de comida enorme. "¡Puedo hacerlo!" —¿Oíste eso? —preguntó el hombre, acariciándose el bigote mientras los demás en la mesa reían—. Ella puede hacerlo. ¿Qué tal si ponemos cincuenta monedas de oro? —¿Cincuenta? —Noah arrugó la nariz—. Eso no vale la pena. Ni siquiera cubrirá la limpieza si explota después de intentar comerse todo eso. La mesa estalló de nuevo en carcajadas, y el hombre del bigote sacó una bolsa de oro de su cinturón y la golpeó contra la mesa mientras el crupier observaba cada vez más molesto por la demora en su juego. Quinientos. ¿Qué te parece? No tengo quinientos euros que quiera gastar… pero no creo que eso vaya a ser un problema por mucho tiempo. —¡Hecho! —exclamó Lee. “No te pregunto a ti, enano. Le pregunto al tipo desaliñado.” —¿Estás seguro de que puedes hacer esto? —preguntó Noé con reticencia, mordiéndose el labio para intentar convencer de verdad. "¡Sí!" —Bien —dijo Noé—. Quinientas monedas de oro. Tiene un minuto. “Empieza cuando le dé el primer bocado. Anda, cariño. Sin prisa. Si necesitas esperar un poco para digerir la última comida, no te preocupes…” Lee agarró el plato y lo acercó a sí misma. Aplastando la comida hasta convertirla en una pasta, empezó a engullirla sin siquiera parar para respirar. Le bastaron tan solo diez segundos para terminarlo por completo. Reclinándose, Lee eructó sonoramente. Observó el plato y luego la bolsa de oro sobre la mesa. Lentamente, extendió la mano y tomó la bolsa del hombre atónito, deslizándola sobre la mesa hasta colocarla frente a ella. El momento de silencio atónito se disipó cuando todos en la mesa, salvo el hombre del bigote, estallaron en una mezcla de vítores y aplausos. Incluso el crupier pareció algo impresionado. “¿Qué demonios... esto es una estafa o algo así?”, preguntó el hombre. —Fuiste tú quien decidió arriesgarse, cariño —dijo la mujer de mediana edad, tapándose la risa con la mano—. Aunque no creo que hubieras podido encontrar una mejor manera de perder. —¿Cómo lo hizo? —preguntó otra mujer, rodeando a Lee para colocarse detrás de ella y mirar debajo de la mesa—. ¿Lo escondió en algún sitio? —No. Tenía hambre —dijo Lee, entrecerrando los ojos hacia la mujer—. ¿Por qué iba a esconder comida si no fuera para guardarla para después? Eso provocó otra oleada de risas en la mesa. El crupier, irritado, agitó las manos hacia Lee, intentando ahuyentarla. —Está claro que ya no estás jugando —dijo el crupier—. Venga, lárgate. Me estás haciendo perder el tiempo. Probablemente sea lo mejor. De hecho, llevamos doscientos de oro de ventaja. Ahora es el mejor momento para salir de aquí, antes de que… Noah parpadeó. Lee se había ido. —Allá —dijo la mujer corpulenta, asintiendo por encima del hombro de Noah. Él se giró justo a tiempo para ver a Lee dejar caer el saco de oro y apostar todo su valor al aire. —¡Cruz! —proclamó Lee. —Es cara —dijo el crupier, mirando al centro de la mesa. Tomó la bolsa de oro de Lee. Noé abrió la boca, luego la cerró mientras sus hombros se desplomaban y dejaba escapar un suspiro de derrota. "Debería haberlo previsto". —Entonces deberías ver eso también —dijo la mujer desde atrás de Noah. Él alzó la vista justo a tiempo para ver a Lee escabullirse entre dos camareros y dirigirse directamente hacia el otro extremo del casino. Noah maldijo entre dientes y corrió tras ella. Lee tenía un talento único para generar caos a una velocidad increíble. Todavía no lo habían expulsado de un casino, y no tenía ganas de que este fuera el primero. Mientras se abría paso entre la multitud en su persecución, Moxie se puso a su lado. —¿Dónde se ha metido Lee? —preguntó Moxie. “Así fue. Perdió todo su dinero al instante. Estoy intentando atraparla antes de que haga algo más.” —Creo que deberíamos haberlo previsto —dijo Moxie, negando con la cabeza y acelerando el paso—. ¿Qué ha pasado? “Jugamos a las cartas. Por cierto, ¿qué has estado haciendo? Te perdí de vista en cuanto entramos aquí.” Moxie no respondió. Noah la miró, sorprendido al ver que ella miraba tímidamente hacia un lado. Noah siguió su mirada hasta una gran rueca con varios peluches colocados en estantes detrás. Le recordaba más a un juego de feria que a algo propio de un casino, pero considerando que ambos lugares prosperaban gracias a estar igualmente amañados, supuso que tenía sentido. “…perdiste tu dinero, ¿verdad?” Moxie se aclaró la garganta. —Lo invertí en divertirme. “No te culpo por eso. ¿Te divertiste, entonces?” —No gané —se quejó Moxie—. ¿No se supone que esto es ganar? Gasté muchísimo más oro del que valían todas esas cosas. Podría haber conseguido cincuenta premios con lo que gasté intentando conseguir uno. Noah le dio una palmada en el hombro, lo cual fue una maniobra bastante impresionante considerando que todavía se abrían paso a toda velocidad entre la multitud. “Se trata de la experiencia. Dudo que haga falta decírtelo, pero apostar no suele ser una buena idea. Quizá podamos tomarlo como una lección aprendida, ¿no?” Moxie gruñó. “Sí. Busquemos a Lee y salgamos de aquí antes de que pase algo.” * * * Les prohibieron la entrada al casino. Noah deseaba poder decir que estaba sorprendido, pero después de que los empujaran a los tres y les cerraran la puerta en las narices, lo único que pudo hacer fue negar con la cabeza. Lee les dedicó a él y a Moxie una sonrisa tímida. "Lo siento." Había sido extraordinariamente eficaz eludiendo su persecución, lo que podría haberse considerado una coincidencia, pero Noah conocía a Lee lo suficientemente bien como para comprender que ella definitivamente los había presentido y que había mantenido la distancia a propósito para evitar que la sacaran de su diversión. Noah apenas había logrado verla ganar tres apuestas más, todas relacionadas con comida, antes de perder todo su dinero en cada una de ellas, y siempre escabulléndose justo antes de que él o Moxie pudieran alcanzarla. Probablemente al casino no le habría importado en absoluto que Lee les diera más dinero, pero todo eso terminó cuando una de sus apuestas señaló que habían acordado que Lee podía comerse todo lo que hubiera en la mesa, no solo la comida. Probablemente pensaron que era una forma ingeniosa de evitar pagarle a Lee. Desde luego, no esperaban que Lee agarrara todas las fichas de la mesa y empezara a engullirlas, junto con las cartas, los cubiertos y un sombrero de mujer. —Está bien —dijo Noah, frotándose la frente—. Al menos no nos multaron. Que nos expulsen y nos veten no es lo peor que podía pasar. Al final, solo perdimos un poco de oro. No es para tanto. Me alegra que no nos hayan multado. Que nos hayan suspendido es, la verdad, una suerte increíble. —¿Entonces cuándo podemos regresar? —preguntó Lee. “Jamás. Estamos vetados.” —Ah, está bien. Apostar es una tontería. Solo son unos viejos que te quitan el dinero y se enfadan cuando comes su comida —dijo Lee con aire de suficiencia mientras caminaban calle abajo. —No es un buen hábito —dijo Noah—. Quizás sea mejor que no te gustara. —Quería conseguir suficiente dinero para comprarme una runa chula —dijo Lee con el ceño fruncido y decepcionado—. Son unos tramposos. Nunca me pagaron por todo lo que me comí de esa mesa. —Le pediremos a Brayden que imbuya un poco de su runa y le pagaremos por las molestias. Es mucho más efectivo que andar perdiendo el tiempo ahí dentro —dijo Noah, revolviéndole el pelo a Lee—. Olvida eso. Ya sabes, todavía tenemos ese trabajo pendiente. El de los gólems de roca. —Ah, sí. Lo había olvidado por culpa de ese viejo espeluznante —dijo Lee—. ¿Crees que los monstruos de roca tienen runas espaciales? —Probablemente no —dijo Noah—. Pero tienen dinero, y no podemos permitir que nos prohíban golpear un montón de rocas. Si queremos conseguir una runa de Brayden, deberíamos poder pagarle por las molestias. Necesito conseguir más dinero para comprarle algo a Moxie. Parecía que le gustaba mucho uno de esos peluches. Nunca pensé que le gustaran esas cosas tan monas, y no estoy segura de que uno de esos reemplace un regalo de verdad, pero quizá podría comprarle una capa o algo así y ponérsela al peluche cuando se lo dé. ¿Sería demasiado? Bueno. De todas formas, necesito dinero. Ya veré qué hago después. —¡Vale! —Lee le dedicó una sonrisa, olvidando por completo su enfado con el casino—. Pues vamos a hacerlo. —¿A ti también te parece bien? —preguntó Noah a Moxie. Sí. Acabo de gastar más oro del que me gustaría admitir, así que reponerlo no me vendrá mal. Conseguir más energía para mis runas también será útil. Cada paso hacia el rango 4 es un paso en la dirección correcta. Noé asintió y los tres se pusieron en marcha hacia las afueras de la ciudad. En definitiva, Noah pudo darse cuenta de que Moxie y Lee se lo habían pasado bien, aunque no fuera una experiencia que se fuera a repetir pronto. Supongo que pagar unos cientos de monedas de oro para relajarme después de haberle dado una paliza a ese asqueroso bastardo de Gentil no es un gran desperdicio. De vez en cuando viene bien tomarse las cosas con más calma. A Noah le vino un pensamiento a la mente y ocultó una mueca. Solo espero que ese gato no aparezca y cause problemas mientras lidiamos con los monstruos de roca.
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Estás leyendo el capítulo 251 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.