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Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 236 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
“¡He ganado!”, exclamó Lee. —No, no lo haréis —respondieron Noah y Moxie al unísono. —Sí, claro. Conseguí once bajas —dijo Lee, hinchando el pecho y golpeándoselo con el puño—. Estás enfadada porque tienes que cocinar para mí. Por cierto, quiero una cena de siete platos. ¿Cuándo pasamos de elegir dónde comprar comida a cocinar para el vencedor? —El último Molster que mataste fue el número treinta y uno —dijo Moxie, cruzándose de brazos—. No cuenta. Acordamos parar en treinta. Lee se detuvo, contando mentalmente mientras giraba sobre sí misma, observando la carnicería que los rodeaba. Los Molsters no lo habían pasado nada bien. Sus cadáveres yacían esparcidos por el suelo, descuartizados y chamuscados. —Oh —dijo Lee arrugando la nariz con fastidio—. Vaya, qué mal. —Si no me equivoco al contar, todos matamos a diez antes de llegar al límite. Las muertes adicionales no cuentan —dijo Noah, frotándose el puente de la nariz y suspirando—. Quizás deberíamos haber elegido un número que no nos permitiera empatar. —Puede que haya sido una decisión acertada —convino Moxie—. Bueno, supongo que tendremos que cocinar algo juntos. Noah miró a Moxie de reojo. Parecía demasiado satisfecha con esa conclusión, casi como si hubiera conseguido lo que buscaba desde el principio. Moxie notó su mirada y le dedicó una sonrisa de suficiencia. Eh. No puedo decir que esté insatisfecho con eso. —Primero tendremos que llevar todo esto de vuelta a Dawnforge. Empecemos a desmontarlo —dijo Noah, asintiendo hacia los cuerpos que los rodeaban mientras seguía usando su sentido sísmico en el suelo bajo sus pies. Parecía que los Molsters habían llegado a la conclusión de que no valía la pena desafiarlos tras perder a más de treinta de sus miembros, ya que no podía percibir más vibraciones cerca de ellos. Los monstruos no habían ofrecido mucha resistencia, pero sí tenían una cantidad considerable de energía. El Desastre Natural se había llenado entre un uno y un dos por ciento, lo cual era bastante significativo. Claro que, cuanto más cerca estaba la Runa de su capacidad máxima, más difícil era llenarla, pero con el poco esfuerzo que había invertido, Noah había obtenido buenos resultados. El hacha de Lee brilló bajo la luz de la luna naciente cuando la abatió sobre uno de los Molsters, cercenándole las garras con un golpe seco. La levantó sin esfuerzo, y sus hojas ensangrentadas relucieron ominosamente. Noah reprimió un escalofrío. No había muchas cosas que hubiera visto tras su llegada a Arbitage que le hubieran causado mucha inquietud, pero la facilidad con la que Lee blandía el hacha le resultaba perturbadora. Había visto con sus propios ojos cómo el arma era un instrumento de muerte. Lee había aniquilado a cada Molster que se le acercaba en un abrir y cerrar de ojos. Si no hubiera sido por la habilidad de Noah para presentir por dónde saldrían los Molsters de la tierra, estaba seguro de que Lee habría ganado el desafío. Era demasiado rápida. Lo que hacía que el arma fuera aún más aterradora era que Lee no tenía ni idea de cómo manejarla correctamente. La blandía como un juguete, no como un hacha con peso real. Y, por eso, carecía por completo de estilo de lucha. Era imposible predecir cómo atacaría a continuación. Aunque no sea magia, me alegra que esté de nuestro lado. La velocidad de Lee, combinada con su fuerza, es realmente inquietante. Ahora entiendo por qué la gente de este mundo le tiene miedo a los demonios. Si no hubiera sido por el estúpido poder del inquisidor, que de alguna manera nos atacó a Lee y a mí, probablemente lo habría matado en cuestión de segundos. El hacha de Lee resonó al cortar el cuerpo de otro Molster. Tarareaba para sí misma mientras trabajaba, acercándose al siguiente monstruo y bajando el hacha una vez más. Moxie se deslizó junto a Noah y le dio un suave empujón con el hombro. —¿Estás bien? —Sí. Me distraje —dijo Noah, negando con la cabeza y sonriéndole—. Lee impone bastante con esa hacha tan grande. —Ni que lo digas —convino Moxie. Una enredadera se enroscó alrededor de los restos de Molster y se los acercó. Moxie abrió la bolsa de Noah y los metió dentro. —Esto ha sido bastante rentable. Aunque no ganemos mucho dinero vendiendo sus garras, he conseguido bastante energía. —Lo mismo —dijo Noah. Se arrodilló junto a otro Molster e invocó una ráfaga de viento. Los poderes de Desastre Natural la hicieron mucho más grande de lo que él quería, pero aun así logró arrancarle las garras al monstruo—. Aunque no sé si debería sentirme mal por haberlos masacrado a todos. No lo hagas. Son una plaga, y están lejos de ser inteligentes. Básicamente son monstruos que actúan como una colmena, más parecidos a un hongo que a una criatura viviente normal. Dudo que se dieran cuenta de lo que estaba pasando hasta que murieron suficientes. Además, han matado a más de un pobre incauto que viajaba por las carreteras. Son una gran amenaza cuando te atacan por sorpresa. —Ya entiendo —dijo Noah, levantando una de las largas garras del monstruo. Ninguna había logrado asestarle un golpe, pero de haberlo hecho, estaba seguro de que habría atravesado la carne como si nada. Miró su mochila—. ¿Qué probabilidades hay de que estas cosas me atraviesen la bolsa de viaje en pleno vuelo? “Casi al cien por cien. Solo hay que apretarlas bien e intentar que todo apunte en la misma dirección. Las ataré con una enredadera y podremos usar parte del dinero que ganemos para comprarte una nueva.” “Supongo que es mejor que llevarlas en la mano. Con mi suerte, me tropezaría y me atravesaría el cerebro con una.” —Siempre y cuando sea tuya y no una de las nuestras —resopló Moxie, haciendo una pausa. Un destello de preocupación cruzó su rostro—. Ustedes… tienen vidas infinitas, ¿verdad? ¿No un número limitado? “Que yo sepa, sí.” Moxie suspiró aliviada. —Bien. Me habría enfadado muchísimo si hubieras estado desperdiciando tus oportunidades. ¡Dios sabe que las necesitas! Lee regresó tranquilamente junto a Moxie y Noah, y dejó a sus pies el montón de garras que había recogido. Moxie las recogió todas con una liana y las metió en la mochila de Noah lo mejor que pudo. Logró meter algo más de la mitad antes de que se le acabara el espacio. —Bueno, eso es incómodo —dijo Noé. —Podría llevar algunos —ofreció Lee. “Cuando volvamos volando, serás un pajarito”, señaló Noé. “Ah. Claro. Moxie podría…” —No. Volar es demasiado impredecible y podría acabar hiriéndose accidentalmente —dijo Noah negando con la cabeza—. No pasa nada. Tener de sobra nunca viene mal. Déjalos atrás y alégrate de que tuviéramos en abundancia. Quizá tengamos que volver más tarde por los monstruos de roca. No hay sitio para sus gemas. Lee se encogió de hombros. —¡Vale! ¿Volvemos entonces? Tengo hambre y quiero comer algo rico. Los acosadores me van a quitar el apetito. Noah miró a Lee con sorpresa. Era raro que ella decidiera no comer algo, por muy poco apetitoso que pareciera. Comenzó a asentir, pero se quedó paralizado. Un destello de luz rojiza-púrpura danzaba en la oscuridad de la cima de una colina cercana, desapareciendo en un agujero en el suelo en cuanto lo vio. Noé entrecerró los ojos. ¿Vieron ustedes…? —Sí —dijo Moxie, mientras una enredadera brotaba del suelo a sus pies—. ¿Otra vez el gato? Vi las espinas cuando saltó a ese agujero. —¿Cómo diablos logró seguirnos hasta aquí? —preguntó Noé—. ¡Íbamos montados en una espada voladora! —Puede que simplemente corriera muy rápido —comentó Lee—. Probablemente podría marcar un ritmo muy bueno en tierra si me esforzara al máximo. ¿Quizás nos alcanzó? —Tiene las patas cortas y rechonchas. Si de verdad fuera tan rápido, seguro que ya nos habría matado a todos —dijo Noah con voz seca. Escudriñó el suelo con su sentido sísmico, intentando localizar al gato. Todo estaba en calma. No había rastro alguno. Se había ocultado bajo tierra, fuera del alcance de sus habilidades, así que no sabía si siquiera podía percibirlo. El gato parecía más una aparición que un ser físico. Si Moxie y Lee no lo veían, habría sospechado que estaba alucinando de nuevo. —¿Se fue? —susurró Lee. La percepción sísmica de Noah detectó un movimiento en el suelo. Frunció el ceño y se concentró, afinando su Imbuición Corporal para intentar percibirlo. Su aguda concentración fue lo único que le permitió distinguir el minúsculo cambio en la oscuridad cerca de un gran cristal gris en los límites de su percepción sísmica. Un pequeño destello negro se dirigió hacia Lee a la velocidad de una flecha. La mano de Noah se extendió de golpe. El destello lo golpeó con fuerza y dejó escapar un gruñido de dolor. La energía se desvaneció, revelando una daga clavada en su palma. Moxie y Lee se giraron hacia el origen del ataque. La oscuridad se onduló, dejando ver a dos hombres. Uno de ellos era calvo y estaba cubierto de cicatrices. Empuñaba una espada de bronce dentada a su lado con aire despreocupado, como si estuviera dando un paseo en lugar de asaltar a desconocidos al amparo de la noche. La otra parecía sencilla. Chasqueó los dedos y la daga desapareció de la palma de Noah para reaparecer en su mano. La sangre brotó a borbotones de la herida de Noah, quien apretó los dientes, reprimiendo el dolor. —Vaya velocidad de reacción —dijo el hombre que blandía la daga, girando el cuello—. Pero no te salvará ni a ti ni a la mocosa asesina. Un tenue destello de una familiar energía rojo-púrpura danzó por el suelo tras los hombres mientras el gato emergía de la tierra a sus espaldas. Se lamió la pata y sus oscuros ojos se encontraron con los de Noah. Juraría que el pequeño monstruo tenía una expresión de autosuficiencia en el rostro. —¡Están con ellos! —siseó Lee—. ¿Cuánto tiempo llevan persiguiéndonos? —No estoy seguro, pero pienso averiguarlo —respondió Noé con la mirada fría. Invocó el Desastre Natural, haciendo que su poder recorriera su cuerpo como un mar embravecido. Se preparó para atacar. Nunca tuvo la oportunidad. Sus sentidos se nublaron al ser su percepción sensorial anulada por una cantidad ingente de información que lo golpeó en un instante. Noah se tambaleó, llevándose una mano a la cabeza por reflejo. La tierra se resquebrajó. Una enorme pata cubierta de espinas, del tamaño de un caballo de guerra, se alzó tras los dos hombres y se abalanzó sobre el gato resplandeciente. Le dirigió una última mirada, bostezó y desapareció. Por desgracia para los dos hombres, no tuvieron esa suerte. Se oyó un crujido seco y quedaron aplastados antes incluso de poder darse la vuelta. Otra pata emergió del suelo, y lo que parecía una rata rabiosa mezclada con un puercoespín salió de debajo de la tierra, desprendiéndose de su cuerpo gris. Gruesas espinas puntiagudas se extendían en todas direcciones, ondulando con una tenue energía gris. Su boca espumaba con una espuma blanca, y sus ojos eran de un rojo intenso y rojizo. Lanzó un chillido furioso, salpicando saliva por todo el suelo. El líquido chisporroteó, quemando la tierra. —¿Noé? —susurró Lee. "¿Sí?" “No creo que el gato estuviera con ellos.” El monstruo rabioso gritó una vez más. Luego se cargó.
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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 236

Estás leyendo el capítulo 236 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.