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Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 226 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
—¿De verdad es necesario? —preguntó Moxie, eligiendo cuidadosamente sus palabras mientras analizaba la expresión de Arnold. Los rasgos del corpulento artesano eran completamente indescifrables. "Sí." Moxie suspiró y se encogió de hombros. —Bien. ¿Y él? "Nombre." “¿Cómo es eso…?” —Evergreen aguantó mis preguntas cuando quería personal —dijo Arnold, sin dejar que Moxie terminara—. Si quieres que te ayude, tú harás lo mismo. Ahora responde a la pregunta. Está protegida por el Juramento, como todo lo demás que hablamos. Si eso no basta, puedes irte. Moxie se mordió el labio inferior. Técnicamente, podría decir Vermil. No estaría mal, pero tampoco sería lo correcto. No estoy seguro de por qué Arnold necesita su nombre, pero si es para algún tipo de Imbuición, entonces sería más efectivo si fuera el nombre real de Noah. Sin embargo, no me corresponde revelar su nombre. —No sé si puedo decirte su nombre —dijo Moxie tras unos segundos de reflexión—. Me lo confiaron, y aunque exista tu Juramento, eso no me da derecho a revelar el secreto. Arnold arqueó las cejas y un fugaz atisbo de aprobación cruzó su rostro. Se desvaneció tan rápido como había aparecido, e inclinó la cabeza en un leve gesto de asentimiento. “Muy bien. Su silencio me dice tanto como si me hubiera dado un nombre. Se tratará de ello cuando llegue el momento. ¿Es este violín para un usuario experimentado, entonces?” —Mucho —dijo Moxie asintiendo con la cabeza. “¿Viajarán a menudo o será solo una pieza de exhibición?” —La funcionalidad es lo primero —dijo Moxie de inmediato—. Y que sea duradero, por favor. No vivimos una vida tranquila, y si es posible, preferiría que el violín pudiera resistir daños. “¿Qué tipo de magia practica?” Moxie hizo otra pausa. Las preguntas rozaban lo incómodamente personal, hasta el punto de que probablemente no sería un gran problema si le contara algo a Arnold, pero aun así sentía que estaba revelando secretos que no le pertenecían. —Basado en la naturaleza —dijo Moxie tras unos instantes—. Pero no solo en la tierra. En todas sus formas. "Impreciso." Otro secreto que no me corresponde compartir. Quizás debería haberlo traído conmigo. Eso habría sido mucho más sensato y efectivo. —Quizás —convino Arnold. Se recostó en su silla y arqueó una ceja—. Entonces, ¿por qué no lo hiciste? “Estaba muy ocupado, y es probable que se hubiera opuesto a gastar tanto dinero en sí mismo cuando podríamos usarlo para otros fines. Sin embargo, creo que vale la pena. Conozco tu maestría.” Arnold soltó una risita. —¿Una sorpresa, tal vez? Moxie miró de reojo. —Yo nunca dije eso. —No, no lo hiciste —dijo Arnold, cuyo guantelete golpeó la mesa pensativo—. ¿Canta? ¿O solo toca? “No estoy segura. Aunque nunca lo he visto cantar.” “Última pregunta, entonces. ¿Por qué le compras esto?” Moxie frunció el ceño. —Las formaciones son poderosas. Esa debería ser razón suficiente, ¿no? “Dijiste que esto era más por pasión que por Formaciones, y sé que no mentiste. Esto no es por poder.” ¿Realmente importa? —Sí —La mirada de Arnold se clavó en los ojos de Moxie, sin pestañear ni titubear—. Cada detalle será importante. No tengo manos. No puedo crear algo tan detallado como lo que buscamos. Tendrás que ayudarme, pero no puedes hacerlo todo. Necesitaremos trabajar juntos. Y, para ello, debo comprender el propósito de la creación de este instrumento. “Es un regalo.” “¿De quién?” “De mi parte.” Arnold resopló. —Estás siendo difícil. “Y lo que dices no tiene sentido. ¿Qué más necesitas?” Arnold estudió a Moxie durante unos segundos. Luego se inclinó hacia adelante, apoyándose en la mesa mientras se ponía de pie. Girando el cuello, Arnold avanzó a grandes zancadas sobre la madera y el metal que cubrían el suelo y presionó su guantelete contra la pared. Con un sordo chirrido, una sección de piedra se deslizó, dejando al descubierto un pequeño pasadizo que conducía a una habitación mucho más limpia. Al fondo había una mesa de trabajo, rodeada de estantes repletos de materiales. —Entra —dijo Arnold, entrando a grandes zancadas. Moxie lo siguió. En cuanto cruzó el umbral, la puerta se cerró de golpe tras ella, dejándolos a ambos en la oscuridad. Un instante después, un suave clic resonó en la penumbra y varias velas se encendieron por toda la habitación. Arnold se arrodilló junto a uno de sus estantes, apartando trozos de madera y tallas sin terminar en busca de algo. Moxie permaneció en silencio. Por el momento, parecía que Arnold iba a ayudarla, y ella no quería decir nada que pudiera cambiar eso. Unos segundos después, Arnold encontró lo que buscaba. Se incorporó, sosteniendo en la mano un largo bloque de madera negra como la noche. Delicados remolinos de un tenue color púrpura, casi brillante, resplandecían en su interior, apenas visibles a la luz. Arnold dejó caer la madera sobre la mesa con un golpe seco que sonó más a ladrillo que a madera. Hizo un gesto impaciente a Moxie. —¿Qué haces ahí parado? ¡Manos arriba, sujeta esto! Se acercó a la mesa y sujetó el bloque por ambos lados. —¿Así? Sí. No te muevas. Arnold frunció el ceño, concentrado, y el viento arremolinaba alrededor de sus guanteletes, formando una fina capa de aire blanco y turbulento. Extendió la mano, deslizándola por el borde de la madera. La madera crujía al ser tallada, levantando una nube de serrín que se extendía por la mesa y el aire. Una ráfaga de viento se llevaba el polvo en cuanto llegaba, y Arnold seguía trabajando, deslizando las manos por el bloque con movimientos rápidos y precisos. Moxie no se atrevió a aflojar el agarre ni un instante. Arnold no estaba tratando la madera con delicadeza, y si aflojaba la presión lo más mínimo, el bloque probablemente saldría girando. No tengo la impresión de que Arnold esté dispuesto a empezar de nuevo si algo sale mal. Arnold siguió deslizando los dedos por el bloque, derritiendo grandes trozos de madera negra a la vez. El viento se desvaneció de sus dedos el tiempo justo para que ajustara el agarre de Moxie, y luego volvió a la tarea sin decir una palabra. En cuestión de minutos, había cortado grandes trozos de la pieza y los había apartado a un lado de la mesa. Solo les quedaba una gran pieza plana. Para sorpresa de Moxie, Arnold agarró la fina pieza rectangular y, con un dedo, la partió por la mitad. Arnold se giró y cogió un frasco grande con tapón de corcho de la parte superior de un estante. Golpeó una de las mitades. “Sujétalo en posición vertical”. Moxie obedeció y Arnold destapó el frasco. Un olor rancio inundó la habitación al instante, con tal intensidad que Moxie casi vomitó. Arnold la ignoró y con cuidado acercó el frasco a la madera, apoyándolo contra el borde y apretando los labios. Entrecerró los ojos. Maldijo entre dientes y dejó el frasco, arrebatándole el trozo de las manos a Moxie. —Yo lo sujeto. Vierte el pegamento. Ni mucho ni poco. Por el borde. ¿Entendido? Moxie asintió y tomó el recipiente, manteniéndolo lo más lejos posible de sí misma. Arnold sujetó el trozo de madera y ella deslizó el vial lentamente por el borde, inclinándolo lo justo para derramar el viscoso líquido gris que contenía. En cuanto tocó la madera, esta empezó a chisporrotear. —¡Más rápido! —gritó Arnold. Moxie movió el brazo con más rapidez, inclinando el vial un poco más. En cuanto apartó la mano, Arnold apuntó con la barbilla hacia la otra pieza. “Téngalo en cuenta. Ahora.” Moxie las tomó, las colocó y las presionó juntas. Casi de inmediato sintió cómo comenzaban a unirse. El siseo de la madera se hizo más fuerte y luego se desvaneció en el transcurso de los siguientes dos segundos. Moxie sujetó las piezas con firmeza. Arnold asintió y dejó las piezas sobre la mesa. —Bien. Haré la siguiente parte. Quédate. Metió la mano en un bolsillo y, con un poco de esfuerzo, introdujo una pluma estilográfica en una ranura de sus guanteletes. Parecía que la pluma había sido hecha precisamente para eso, porque encajó a la perfección. Moxie volvió a meter el corcho en el frasco de pegamento por el bien de ambos. A pesar de la falta de extremidades de Arnold, dibujó sobre la madera con la confianza y precisión de un maestro artista. En apenas unos minutos, había esbozado el diseño de la tapa armónica del violín. "Sostener." Moxie puso las manos en el centro del bloque y presionó. Arnold recorrió con los dedos el contorno que había dibujado, eliminando el exceso de madera en cuestión de segundos. Luego apartó las manos de Moxie y trabajó sobre la superficie de la tapa del violín, tallando una pendiente descendente desde el centro. Arnold formó una ráfaga de viento con la punta de un dedo y la pasó por la madera, a unos seis milímetros del borde. Luego se giró, rebuscando entre la madera que tenía en sus estantes hasta que encontró una tira larga y delgada de madera amarillo dorado. La midió, cortó el sobrante y le hizo un gesto a Moxie. “Pegamento en la ranura que tallé. No demasiado. No derrames nada.” Moxie volvió a tomar el frasco, lo descorchó una vez más y una fina enredadera se deslizó de su túnica. Se sumergió en la vasija, luego recorrió el surco y regresó para recoger más cuando se agotaba. Para cuando terminó, la parte superior de la vid se había derretido. Arnold presionó la tira de madera dorada en la ranura, y el chisporroteo que emanó de ella le indicó a Moxie que las dos piezas se habían unido. En cuanto cesó el chisporroteo, Arnold apartó la pieza a un lado de la mesa y tomó un poco de la madera que había tallado. Tallar esta le llevó casi una hora, pero Moxie no se atrevió a decir nada. Apenas entendía lo que estaban haciendo, pero imaginaba que todo tendría sentido una vez terminado. La concentración en el rostro de Arnold era tan intensa que parecía que sus ojos podían atravesar el acero. Cuando terminó, tenía entre manos la forma de un violín. Arnold la apartó y cogió un trozo de madera color obsidiana. Se lo lanzó a Moxie. “Ya sabes qué hacer”. ¿Lo mantienes quieto? "Muy bien." Arnold presionó la madera con los dedos, y un leve quejido emanó de ella. Con precisión calculada, comenzó a cortar una fina tira. Giró el bloque en las manos de Moxie, continuando la talla hasta convertirlo en un largo y plano fideo de madera. Arnold se arrodilló y tomó un gran aparato metálico, colocándolo sobre la mesa. Apoyó la mano contra él, y un tenue resplandor anaranjado comenzó a llenar la habitación al calentarse. —Presiona la tira contra la parte curva —ordenó Arnold, entregándole a Moxie la pieza que acababa de cortar—. Y prepárate para pegarla. Moxie tragó saliva y asintió. Las instrucciones comenzaban a ser un poco más difíciles de seguir, pero no parecía que requirieran demasiada precisión. Obedeció, frotando la madera dura contra el metal con un chisporroteo. Para su sorpresa, no se quemó. Arnold tomó sus manos, presionándolas y dando forma a la tira de madera. Se movió con rapidez, cambiando de posición y haciéndola presionar distintas partes de la madera contra el metal caliente. En segundos, había formado a la perfección el contorno de las tapas de violín que tenía sobre los lados de la mesa. —Estas serán las costillas del violín —dijo Arnold, dejando el contorno sobre la mesa. ¿Cómo lo hace con tanta facilidad? Pensé que necesitaría algún tipo de guía o modelo. Hacerlo todo a ojo es una locura. —Pegamento —ordenó Arnold, señalando un punto en la parte posterior del violín. Moxie aplicó una pequeña cantidad de la sustancia de olor desagradable sobre la madera, y Arnold presionó una fina tira de madera sobre ella. Repitieron el proceso varias veces antes de tomar los aros y, tras aplicar pegamento en los bordes del violín y en las tiras que acababan de añadir, pegaron los aros a la parte posterior. Entonces Arnold tomó un trozo de madera largo y ligeramente curvado que había apartado antes y chasqueó los dedos. Moxie le puso un poco de pegamento y Arnold lo pegó en el centro de la parte inferior del violín. Cuando cesó el chisporroteo, pegaron la tapa del violín. Apenas lo hicieron, Arnold se dio la vuelta y se alejó a grandes zancadas, murmurando entre dientes. Rebuscó en los estantes una vez más antes de regresar con un trozo cilíndrico de madera negra. —Sujeta esto y concéntrate —dijo Arnold, entregándoselo a Moxie. “¿Concentrarme? ¿En qué?” —Sobre él —respondió Arnold—. Lo que sea que imagines que este violín signifique para él. Concéntrate en ello. No te distraigas. Normalmente, yo tocaría esta parte. Es la más importante, pero no lo conozco y no está aquí. La tocarás tú en su lugar. Moxie le quitó la leña. Esto llevará algún tiempo. Diez minutos, como mínimo. No te distraigas. ¿Estás preparado? Pasó un instante antes de que Moxie respondiera. “Sí. Estoy lista.” “Cerrar los ojos te ayudará”, sugirió Arnold. Moxie siguió su consejo, despejando su mente y concentrándose únicamente en el trozo de madera que tenía entre manos y en Noah. La emoción en sus ojos cuando hablaba de música, y la decepción que había sentido al perder su vida anterior. Cada pizca de anhelo que flotaba en el aire de sus palabras... todo volvió a inundar la mente de Moxie. La visión se agudizó más de lo normal, casi como si estuviera reviviendo la conversación. Un leve hormigueo recorrió las extremidades de Moxie hasta las yemas de los dedos, pero lo ignoró. No estaba segura de cuánto tiempo estuvo concentrada, pero alguien la agarró del hombro. Moxie abrió los ojos de golpe y se dio cuenta de que ya no sostenía nada. Se tambaleó al sentir una repentina ola de cansancio, pero apenas la registró. Abrió la boca, pero Arnold habló primero. —Tranquila —dijo Arnold, notando la preocupación en sus ojos—. Has llegado más lejos de lo que esperaba. Lo has hecho bien. Moxie suspiró aliviada. —Pensé que algo había salido mal. ¿Qué fue eso? —Una antigua técnica de Imbuición —respondió Arnold encogiéndose de hombros—. Algunas personas la dominan mejor que otras. Evidentemente, tienes cierta experiencia. Te sumergiste en un estado de profunda concentración durante mucho más tiempo del necesario. “Nunca había oído hablar de algo así. ¿Por qué siento que mis runas se han agotado?” Una leve sonrisa cruzó el rostro de Arnold. “Fuiste muy amable al proporcionarme gran parte de la energía que necesitaba. Tus runas probablemente se hayan agotado por completo, pero cumplieron su función. Te recuperarás pronto. Un poco de energía es un precio insignificante a pagar por algo así”. “¿Entonces el violín está a salvo?” Arnold soltó una risita. “Sí. Yo… bueno, supongo que nosotros… lo terminamos hace una hora. ¿Les gustaría venir a ver nuestra creación?”
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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 226

Estás leyendo el capítulo 226 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.