Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 223 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
—La negociación depende de tu oferta inicial —dijo Moxie sin dudar—. O empiezas con fuerza o buscamos otro vendedor.
“¿De verdad robarías a mi familia…?”
—¿Hijos o hijas? —preguntó Moxie, interrumpiendo a Thaddius.
El comerciante parpadeó. —Hijas. Niñas preciosas, pero cada día es una lucha para conseguir comida…
"¿Cuántos años?"
Thaddius frunció el ceño, confundido. —Nueve y diez, respectivamente.
"¿Adoptado?"
—No, me engendré a mí mismo. No estoy seguro de entenderlo del todo…
—No tenías esposa ni hijos la última vez que estuve aquí —dijo Moxie, lanzándole una sonrisa gélida a Thaddius—. Y eso fue hace menos de nueve años. A menos que hayas desarrollado una forma de manipular el tiempo, no tienes hijos.
Thaddius permaneció inmóvil durante varios instantes. Luego maldijo entre dientes. “Olvidé que hablamos de eso la última vez que estuviste aquí. ¿Quién recuerda un detalle tan insignificante?”
—La familia es importante —respondió Moxie—. Ahora, haznos la oferta de una vez.
“¡Bah! El oro es importante. La familia se puede comprar, y por ti te ofrezco dos mil trescientos de oro.”
A Noah casi se le salen los ojos de las órbitas. Dos mil. Todavía tenía que registrarse en Arbitraje para cobrar su nuevo sueldo como Rango 3, pues quería evitar la atención excesiva que atraería al ascender dos veces tan rápido, pero aun así… bueno, era muchísimo más de lo que jamás había ganado. Era una cantidad ridícula.
—Demasiado bajo —dijo Moxie inmediatamente—. Tres mil quinientos.
—¿Tres mil? —Tadadio golpeó la mesa con el puño cerrado, haciéndola temblar—. ¿Acaso quieres desnudarme y darme una buena paliza?
Lo miraron en silencio durante varios segundos. Thaddius se aclaró la garganta y se ajustó el cuello de la camisa.
“Es una forma de hablar. ¿Acaso intentas exprimirme hasta la última gota? ¡Qué cruel! Ningún buen comerciante te daría ni un centavo más de dos mil trescientos, te lo aseguro. Pero, puesto que te ofrezco los beneficios de un amigo, me conformaré con dos mil quinientos.”
Moxie se cruzó de brazos y fulminó a Thaddius con la mirada. Noah ya había experimentado esa mirada de desdén antes, pero hacía bastante tiempo. Aún recordaba la primera vez que la vio, y no era una sensación agradable. Dominaba a la perfección la mirada de asco. Thaddius sostuvo su mirada sin pestañear. Era como presenciar cómo una fuerza imparable golpeaba un objeto inamovible.
—Dos mil setecientos —dijo Moxie.
“Veinticinco ya es un precio fantástico. Estás delirando si quieres algo más…”
—Dos mil quinientos por todo menos la trompa —dijo Moxie, golpeando la mesa con la mano—. La trompa la subastamos, y tú te llevas el diez por ciento por gestionar la venta.
Thaddius ladeó la cabeza. —¿El cuerno? ¿Por qué iba a importarme...?
“Es lo único que te interesó durante más de unos segundos, aparte del saco de veneno, y tuviste que inspeccionarlo para asegurarte de que no se hubiera reventado. Eso significa que lo quieres, así que vale mucho.”
Thaddius entrelazó los dedos y soltó una risita condescendiente. “Ah, Moxie. Eres una chica optimista. Este cuerno no vale nada. Nadie lo comprará en una subasta. Te daré veintiséis por todo el lote. ¿Qué te parece?”
“No. Definitivamente quieres la trompa. Tres mil por todo menos la trompa y te dejo quedarte con el diez por ciento del precio de la subasta.”
Thaddius se echó hacia atrás en su silla y se irguió, superando en altura a Moxie por unos sesenta centímetros. La señaló acusadoramente con el dedo. —Vas por mal camino. Se supone que debes regatear el precio, no subirlo. ¿Acaso intentas burlarte de mí?
“La próxima oferta será de tres mil quinientos.”
“¡Bah! Tu cuerno no vale tanto. Ningún otro comerciante le prestará atención. Es solo un huesito colorido. ¿Quién pagaría una cantidad significativa de dinero por eso? Ridículo.”
—Noah, ¿puedes empezar a recoger todo? —preguntó Moxie, sin apartar la vista de Thaddius—. Nos vamos a otro sitio.
Noé se encogió de hombros y extendió la mano hacia el cuerno. La mano de Thaddius se extendió con sorprendente rapidez, intentando agarrarle la muñeca. Thaddius era considerablemente más rápido de lo que Noé había previsto, pero después de tanto tiempo luchando, ni siquiera eso logró sorprenderlo del todo. Retiró el brazo de un tirón, esquivando el agarre de Thaddius, y tomó el cuerno de la mesa.
—¡Espera! —dijo Thaddius apresuradamente—. No hemos terminado de negociar. No tengas tanta prisa, Moxie. Piensa en mis hijos.
“No tienes ninguna.”
“Estoy trabajando en ello. Intentas arrebatarme hasta las más mínimas ganancias. ¿Cómo voy a encontrar esposa si me dejas sin nada para alimentarme, y mucho menos para alimentar a otra persona?”
“Podrías probar con una prostituta.”
“Por desgracia, también cuestan dinero. Un dos mil quinientos diez por ciento del precio de la subasta.”
“Veintiocho.”
Thaddius frunció los labios, observando a Moxie durante unos instantes. Sus ojos se humedecieron como si Moxie acabara de patear a su perro y robarle el almuerzo. Finalmente, con un suspiro de tristeza, extendió la mano. Moxie la tomó; su mano parecía la de una niña en comparación con la suya.
Se dieron la mano y una enorme sonrisa iluminó el rostro de Thaddius. Le dio una palmada en el hombro a Moxie y luego le hizo una seña a Noah con entusiasmo. “¡Cuerno! ¡Devuélvemelo, amigo!”.
Noé devolvió el cuerno, completamente desconcertado por lo que sucedía. Había visto videos de gente regateando en la Tierra, pero esto le parecía más bien como si se hubiera topado con dos personas hablando un idioma completamente distinto. Hasta hacía apenas unos segundos, estaba seguro de que se iban a marchar en busca de otro comerciante.
—Entonces, ¿qué es? —preguntó Moxie.
—Ni idea —respondió Thaddius encogiéndose de hombros y soltando una sonora carcajada—. No soy experto en objetos raros, pero sé reconocer una pieza valiosa cuando la veo. Para el coleccionista adecuado, se venderá muy bien.
—¿A través de una casa de subastas? —adivinó Noé.
—No, no es una casa de subastas. No somos lo suficientemente importantes para eso, amigo —dijo Thaddius con una risita—. No, se hará mediante una subasta privada. Me pondré en contacto con mis conocidos y cerraré el trato en unos días. ¿Confío en que sea suficiente?
—Es aceptable —admitió Moxie, descruzando los brazos y poniendo una mano en el hombro de Lee antes de que pudiera entrar en la tienda. Thaddius contó varios fajos de oro sobre la mesa, luego los metió todos en una bolsa de tela y se la entregó a Moxie.
—¿Hay algo que te interese de mi tienda? —preguntó Thaddius, señalando el desorden que los rodeaba—. Es de la mejor calidad. Una excelente manera de aligerar tu carga al salir por la puerta.
“Y para que recuperes tu dinero. Hemos terminado por hoy, pero si se me ocurre algo específico que queramos, iré a buscarte”, prometió Moxie.
Thaddius se despidió de ellos con un tono alegre mientras salían de su tienda. Noah tuvo la impresión de que Moxie probablemente habría conseguido un mejor precio si hubiera insistido un poco más, pero lo había hecho mucho mejor que él.
—¡Joder! —exclamó Noah una vez que estuvieron en la calle y volvieron a caminar—. ¿Ya habías hecho esto antes, Moxie?
—De vez en cuando —respondió Moxie. No hizo ningún esfuerzo por disimular la sonrisa de suficiencia que se dibujaba en su rostro—. No está nada mal, diría yo. Aunque podría haber subido el precio. Ya viste lo contento que estaba Thaddius cuando nos fuimos.
“Sí, pero creo que lo hiciste mejor de lo que yo lo habría hecho, y sin duda mejor que Lee.”
—¡Oye! —protestó Lee, apartando la mirada de un vendedor ambulante de comida y fulminando con la mirada a Noah—. Soy una gran negociadora.
“Lo único que tendría que hacer es ofrecerte un par de trozos de comida y cederías.”
Lee abrió la boca y la volvió a cerrar. —Bueno, tal vez. Pero el oro da para comprar comida. Mil monedas de oro dan para mucha comida. Probablemente habría aceptado la primera oferta que me hizo.
—Entonces ambos sois igual de malos —dijo Moxie riendo.
Caminaron unos minutos más, adentrándose en la ciudad. La multitud se hizo un poco más densa al acercarse al centro de Forja del Amanecer. Moxie los condujo hasta un largo edificio de cuatro plantas que ocupaba toda una calle. Grandes ventanales en la planta baja dejaban ver un comedor lleno de gente, con mesas de madera iluminadas por la cálida luz anaranjada que proyectaban las antorchas que colgaban de las paredes.
Entraron y se encontraron en una amplia sala de espera. Dos filas se extendían ante ellos. La más larga conducía a un mostrador de madera cerca de la entrada al comedor, donde una camarera se dedicaba a acomodar a los recién llegados.
La otra se acercó a una mesa junto a una amplia escalera. Una mujer —idéntica a la camarera que encabezaba la otra fila— estaba sentada tras el mostrador, escribiendo con pluma en un fajo de papeles.
Ambas filas avanzaban rápidamente, y Noah y los demás pronto se encontraron frente a la mujer. Una pequeña placa de madera, con su nombre y cargo, estaba sobre el escritorio.
Bethany – Ayudante de posada
—Bienvenidos a la Extensa Urbanización —dijo Bethany, mirándolos con una sonrisa amable—. ¿Están buscando habitaciones?
—Sí, por favor —dijo Moxie—. Una semana para empezar, creo. ¿Cuánto por noche?
“Siete monedas de plata por una habitación grande, cuatro por una pequeña.”
—¿Eso viene con comida? —preguntó Lee, mirando el comedor—. Veo gente comiendo.
“El desayuno está incluido para todos los huéspedes alojados en la habitación. El almuerzo y la cena corren por cuenta de ustedes.”
—Una habitación grande servirá —dijo Moxie, dejando una moneda de oro sobre la mesa. Bethany la cogió y la moneda desapareció en un bolsillo de su delantal.
Bethany sacó una llave y se la entregó a Moxie. “Habitación 415. Cuarto piso.”
—Gracias —dijo Noah. Él y Lee se apresuraron a seguir el paso de Moxie mientras ella subía las escaleras.
Su habitación resultó ser un poco más grande de lo que Noah había esperado. Tenía dos camas grandes a ambos lados de un enorme ventanal con vistas a la ciudad. Unas cortinas de color púrpura descolorido colgaban abiertas a ambos lados de la ventana, y justo debajo había un escritorio para aprovechar al máximo la luz. Sobre el escritorio había una pequeña cesta de fruta.
—Ajá —dijo Noah asintiendo con aprobación—. No sé qué esperaba, pero la verdad es que está bastante bien.
Lee se dirigió directamente al escritorio y agarró una fruta morada. Se parecía a un plátano, pero era mucho más grande y su piel tenía una textura leñosa. Lee se la llevó a la boca y le dio un mordisco que la partió con un fuerte crujido.
—Si hubiera sido yo, se me habrían roto todos los dientes —dijo Moxie, mirando a Lee con una mezcla de celos y admiración.
—Está rico —dijo Lee con la boca llena de crujidos de madera y pulpa de fruta. Se lo ofreció a Moxie—. ¿Quieres un poco?
—Hay que pelarlas —dijo Moxie—. Probablemente me rompa la mandíbula si le doy un mordisco.
Lee apretó con más fuerza el plátano, rompiendo su dura cáscara con un fuerte crujido y, en el proceso, aplastando su pulpa. Le tendió la mano a Moxie. Moxie abrió la boca, levantando un dedo. Luego la cerró y, en vez de eso, extendió la mano, tomando un poco de la pulpa. “Gracias”.
—De nada —respondió Lee con una sonrisa radiante. Se metió el resto de la fruta en la boca, crujiendo dos veces más antes de tragar y dirigir la mirada al resto de la cesta de frutas.
—¿Y ahora qué? —preguntó Noé—. ¿Tenemos algo que hacer? ¿Preparativos para…?
—Relájate, Noah —dijo Moxie, poniendo una mano en su hombro para detenerlo—. ¿No tienes ya bastante con lo tuyo? Deja de buscar más. Hay mucho tiempo para trabajar y explorar después.
Noah hizo una mueca. Moxie, como siempre, tenía razón. Había tiempo, y por muy tentador que fuera recorrer la ciudad, casi con seguridad añadiría más cosas a su interminable lista de tareas pendientes.
—Tienes razón —dijo Noah, sentándose en una de las camas. No era la cama más cómoda en la que había estado, pero tampoco era de extrañar. Sacó su lista del bolsillo y la desplegó, repasando todo lo que había anotado.
—¿Vas a intentar tachar algunas tareas de tu lista antes de empezar una nueva? —Moxie le dedicó una sonrisa divertida.
—Bueno, todavía no puedo hacer mucho con muchos de estos —gruñó Noah. Sacó el manual de Formaciones que Revin le había dado—. Pero con los que sí puedo hacer, sí, estoy en ello. Empezando por esto. Tenía pensado echarle un vistazo.
—Buena suerte —dijo Moxie—. Las formaciones son brutales.
Noé abrió el pequeño libro de un tirón, saltándose las primeras páginas para ir directamente al meollo del contenido.
Y entonces se quedó paralizado.
—¿Estás bien? —preguntó Moxie, con evidente preocupación en la voz—. ¿Revin le hizo algo al libro?
Noé no respondió. Apenas registró sus palabras. Ante él, en el libro de lo que Revin llamaba formaciones, había algo que no había visto en miles de años.
Era una partitura musical.

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El Regreso del Profesor Runebound (Novela)
Capítulo 224
El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 223
Estás leyendo el capítulo 223 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.