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Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 177 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Un destello de luz verde iluminó una habitación lujosamente decorada. Sobre la cama, una pila de armaduras de cuero púrpura estaba ordenada pulcramente, y las paredes estaban cubiertas de diversas armas. Bria cayó al suelo con un jadeo ahogado, aterrizando de bruces. Respiró hondo varias veces, girándose sobre sí misma y mirando fijamente el techo de piedra mientras su pecho subía y bajaba con desesperación. Había desperdiciado el poderoso mármol Imbuido que le había dado su madre. Estaba destinado a usarse en caso de que se enfrentara a un miembro de Rango 4 o 5 de otra familia, no para Vermil. Pero el rostro de Vermil flotaba en su mente, la mirada gélida de sus ojos le helaba la sangre. No había dudado ni un instante. Planeaba matarla allí mismo, y su expresión era la de alguien que simplemente realizaba tareas domésticas en lugar de quitar una vida. Bria respiró hondo varias veces para calmarse. ¿Es posible que me haya descubierto? No. Me niego a creer que mi disfraz fuera tan débil. Si Contessa me creyó, entonces es imposible que Vermil lo haya descubierto. Pero… Bria volvió a estremecerse al ver los ojos vacíos y calculadores de Vermil aparecer de nuevo en su mente. No había sido una actuación. Si Bria no hubiera activado la canica, habría muerto. Eso significa que estaba completamente dispuesto a ejecutar a un miembro de la rama principal de Torrin frente a otros dos Torrin. Eso es un acto de guerra. ¿Planeaba matarlos también? ¿O están de su lado? No entiendo nada. Se suponía que Moxie debía ser sumisa a Contessa, pero Contessa estuvo muerta de miedo durante todo el viaje. Yo… Bria se quedó paralizada al ser asaltada por un pensamiento aterrador. No era a Moxie a quien tenía miedo. ¡Por todos los dioses! ¿Qué demonios le pasa a Vermil? No es el que yo conocía. ¿Habrá logrado lo que sea que Padre le encomendó en Arbitage? Bria se incorporó lentamente. El corazón le latía con fuerza en el pecho. No recordaba la última vez que había estado tan cerca de la muerte. Tras una última respiración profunda, se llevó una mano a la frente. Un escalofrío la recorrió. Su cabello pasó de plateado a rubio, y el plateado apagado de sus ojos se transformó en un rojo brillante. Los rasgos afilados de Bria se suavizaron, dando paso al rostro natural y más delicado de Karina. Aunque hubiera mantenido mis Runas restringidas para que nadie notara que un Rango 3 con siete Runas casi completas andaba por ahí haciéndose pasar por estudiante, Vermil no debería haber podido vencerme tan fácilmente. Nunca había estado en una pelea de verdad, pero era como si ya supiera que iba a atacar. Esa velocidad de reacción es la que esperaría de un soldado o de alguien que lleva años luchando por su vida, no de ese cobarde pervertido. Mi padre tuvo algo que ver con esto. Karina se desnudó y arrojó la ropa a un lado de la habitación. Se dirigió furiosa a su cama y se puso la ropa y la armadura que había dejado allí. Unos minutos después, salió de su habitación a grandes zancadas, casi atropellando a un sirviente en el proceso. El hombre balbuceó disculpas, pero Karina no respondió. Él le parecía insignificante, y ella solo tenía una cosa en mente. Karina salió a grandes zancadas de la mansión familiar, pisó las calles de la urbanización Linwick y se dirigió hacia la propiedad de su padre. Ese maldito intrigante sabría algo al respecto, y entonces podría responder por el intento de asesinato que su hijo casi había logrado contra ella. * * * —¿Fue demasiado lento para atravesarte? —preguntó el padre, haciendo girar una copa de vino en una mano mientras pasaba la otra por el pelaje de una extraña criatura de pelaje negro. Karina no distinguía su cara de su trasero. Ni siquiera estaba del todo segura de que estuviera viva. —¿Eso es lo que sacaste de esto? —preguntó Karina—. Tu hijo intentó matarme, padre. —Estabas disfrazado. —El padre dio un lento sorbo a su vino. Dejó escapar un suspiro de satisfacción y luego extendió la copa—. ¿Quieres algo de beber? “Prefiero no ser envenenado, gracias.” El padre gruñó. —Últimamente el veneno ha sido sorprendentemente ineficaz. Dime, Karina, ¿por qué estás aquí? “¿No me has escuchado nada de lo que te acabo de decir?” —Claro que te escuché. Toda la información es importante —dijo el padre. Dejó la copa sobre la mesa e inclinó la cabeza hacia un lado. Sus ojos inexpresivos y sin vida le provocaron un escalofrío a Karina. Eran inquietantemente parecidos a los de Vermil—. Pero, por respeto a tu madre, te hablaré con franqueza. Eres mi competencia, Karina. ¿Por qué habría de importarme si mueres? Karina parpadeó. "¿Qué? ¡Yo... yo voy a unirme a vuestra rama familiar! Ese era nuestro acuerdo, ¿no?" “Todavía no te has unido, y esa es una queja extraña. Ya intentaste matar a Vermil, ¿no?” Karina se quedó paralizada. ¿Cómo lo sabe? —No deberías sorprenderte tanto, Karina —dijo el padre con una risita, pero ambos sabían que no había ninguna gracia en ella. Todo lo que hacía el padre era una farsa. Si aquel hombre tenía alguna emoción real, Karina jamás la había visto. —¿De verdad creías que podías pedir veneno a uno de mis proveedores sin que me informaran? Karina tragó saliva con dificultad. —Si lo supieras, ¿por qué…? —Porque me da igual —dijo el padre con franqueza—. Si Vermil se hubiera dejado matar tan fácilmente, habría buscado otro. No sobreprotejo a mis hijos. Eso los convierte en blancos fáciles. Y, la verdad, no te culpo. ¿Está jugando conmigo? No lo sé. “¿No me culpaste por intentar matar a uno de tus hijos?” —He intentado matarlo más veces que tú —dijo el padre encogiéndose de hombros con desdén—. Y lo habría intentado con más ahínco si hubiera tenido que casarme con él. —¡Tú eres la culpable! —espetó Karina—. Si pensabas así, ¿por qué hiciste todo lo posible para que me casara con él? ¡Me recluí para entrenar durante casi un año solo para evitarlo! —Quizás deberías haberte esforzado más —sugirió el padre. Dio otro trago de vino, apurando el resto de la copa. La dejó sobre la mesa y negó con la cabeza—. Y tú, al igual que Vermil, eres un instrumento. Tu madre te utilizó, igual que yo lo utilicé a él. Buscábamos unir a nuestras familias e intentar entrar en la rama principal con nuestras fuerzas combinadas. Tu retirada y tu negativa a seguir nuestros planes lo arruinaron todo. —Acabas de decir que habrías matado a Vermil si hubieras estado en mi lugar —dijo Karina, cruzándose de brazos y fulminándola con la mirada—. ¿Y ahora me dices que debería haberlo hecho? ¿Que debería… casarme con él? ¿Que debería vivir el resto de mi vida con un pervertido, un inútil, una escoria? —Deberías haberlo matado al día siguiente de casaros —dijo papá, ladeando la cabeza—. Eso habría cumplido nuestros objetivos y los vuestros. Pero en vez de eso, elegiste ser arrogante. Pensaste que podías confiar en que bebiera una poción curativa envenenada, pero como nunca se metió en problemas de verdad, no la usó. Es culpa tuya haber tenido que desperdiciar un año de tu vida. “Me niego a casarme con alguien como él.” Mi padre arqueó una ceja. —Eso es lo que he deducido, aunque ahora me importa tan poco tu opinión como a tu madre y a mí cuando establecimos esta estrategia. —Da igual —murmuró Karina—. Pero he oído que vuestra sucursal se va a unir a la principal ahora que Dayton ha huido. Eso significa que no tenemos que… “Me niego.” “Ni siquiera lo he preguntado todavía.” —Sé lo que me vas a pedir. No hago favores gratis —dijo mi padre, entrelazando los dedos—. Quieres que anule el acuerdo que tengo con tu madre y te libere de tu matrimonio concertado. Ya no lo necesitas. —No —convino el padre—. Y eso significa que no te necesito. Karina sintió un escalofrío. Reprimió el impulso de mirar por encima del hombro. Si su padre planeaba matarla, no había absolutamente nada que pudiera hacer al respecto. Pero matarla significaría la guerra entre sus ramas, y su padre no haría algo así sin motivo. —Amenazas vacías —dijo Karina, manteniendo el rostro lo más inexpresivo posible a pesar de los latidos de su corazón—. No tienes ningún motivo para matarme. ¿No sería esto lo mejor también para Vermil? No tendría que seguir intentando matarlo, y… “No puedes.” Karina parpadeó. —¿No puedo matar a Vermil? ¿Es eso preocupación lo que oigo en tu voz, padre? “No me entiendes. Careces de la capacidad para matar a Vermil. Él ha crecido enormemente mientras tú te consumías, encerrado en tus habitaciones. Ya lo he intentado.” Karina miró a su padre con incredulidad. Había admitido que había fracasado. En todos los años que Karina lo conocía, jamás lo había reconocido. Ni siquiera se le había ocurrido pensar que pudiera fracasar. “¿No pudiste matar a Vermil?” —Sospecho que podría, pero las acciones que ello implicaría revelarían por completo mis intenciones —dijo el padre encogiéndose de hombros—. Y hemos llegado a un acuerdo. Vermil ha cumplido con su parte. Por el momento, no tengo motivos para interferir en nada de lo que haga. El hielo le heló la sangre a Karina. Su padre había pactado una tregua. Con Vermil. La persona a la que se suponía que ella debía reemplazar tras su matrimonio. —No entiendo. ¿Por qué me cuentas esto? —preguntó Karina, levantándose de la silla—. Nada de esto tiene sentido. —Porque no hay nada que puedas hacer —respondió el padre. Hizo una pausa y un leve ceño fruncido cruzó su rostro—. Y, tal vez, te tenga cierto respeto. Eras un niño talentoso. Me habría sido útil tu talento. —¡Basta ya! —gruñó Karina. “¿Detener qué?” “Hablas de mí como si ya estuviera muerta.” “Para mí, sí lo has sido. Este es simplemente mi último regalo a alguien que podría haber sido una hija útil”, dijo el padre. Karina apretó los puños a los costados. Existía la posibilidad de que su padre la estuviera engañando, pero si no era así… —Yo... yo puedo contárselo a los demás. A los otros Linwick —dijo Karina—. Les diré que Vermil tuvo éxito en lo que sea que estuviera haciendo, y sobre tus planes. Si no ayudas... —No puedes. El Juramento Rúnico te lo impedirá —dijo mi padre con una sonrisa irónica—. Sí, matará al oficiante, pero por algo le pagaron bien para que aceptara el Juramento. No, Karina. No hay nada que puedas hacerme daño. —¿Y qué hay de Vermil? —preguntó Karina, intentando desesperadamente encontrar algo con lo que trabajar—. Si de repente crees que es útil, ¿no se enemistará contigo si le obligas a casarse conmigo? Mi padre ladeó la cabeza. —No insistiré en el matrimonio, pero tarde o temprano lo descubrirá. Ya me has contado que intentó matarte una vez. Si no te mata antes de casarte, te matará poco después. La puerta de la habitación de mi padre se abrió de golpe. Karina se giró, pero no había nadie. —¡No puedes hacer esto! —dijo Karina—. ¡Anúlalo! —No —respondió mi padre—. Harás este último trabajo por mí, quieras o no. En el improbable caso de que Vermil no te mate, tendrá que pedirme un favor: anular el matrimonio. No renunciaré a eso tan fácilmente. Su padre alzó la mano y una fuerza descomunal envolvió a Karina, lanzándola fuera de la habitación. Aterrizó fuera con un gruñido, rodando sobre sí misma y poniéndose de pie. —Adiós, Karina —dijo el padre. La puerta se cerró de golpe.
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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 177

Estás leyendo el capítulo 177 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.