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Leer El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 120 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
A pesar de su milagroso regreso a la vida, Noah no abrió los ojos. Lee lo presionó durante varios minutos antes de que Brayden la apartara, sin dejar de mirar a Noah como si fuera una aparición. —¿Qué está pasando? —preguntó Todd—. No hay ninguna runa que pueda hacer esto. —Me da igual —gruñó Brayden en respuesta. Se arrodilló junto a Noah y le levantó suavemente un párpado con un dedo—. Está vivo. Aunque inconsciente. —¿Deberíamos despertarlo? —preguntó Isabel. —Creo que deberíamos empezar por ponerle algo de ropa —respondió Brayden. —Tiene ropa de repuesto en su bolsa —dijo Lee, extendiendo la mano y sacando un fajo de tela. Lo abrió con un dedo y un montón de prendas cayó al suelo. Cogió un conjunto y metió el resto en la bolsa. Brayden frunció el ceño y le quitó el conjunto de ropa de entrenamiento a Lee, sujetándolo entre dos dedos. Miró las prendas adicionales que sobresalían de la bolsa. —¿Por qué tiene tanta ropa? Parece un poco excesivo. Isabel tragó saliva y se secó las lágrimas con la manga. Su mirada se desvió de la ropa a Noah y se abrió ligeramente. “No es la primera vez que ocurre esto”. Lee se quedó paralizado, luego le dirigió a Isabel una mirada de culpabilidad. —Por eso decías que no podía morir —dijo Isabel—. No estabas negándolo. Literalmente no crees que pueda morir. Lee le arrebató la ropa a Brayden y comenzó a ponérsela a Noah, que yacía inerte. —Yo no dije eso. —Sí, definitivamente lo hiciste —dijo Todd, frunciendo el ceño al igual que Isabel. "No." "Sotavento-" —No tengo ni idea de qué estás hablando —dijo Lee, logrando subirle los pantalones a Noah hasta arriba y metiéndole los brazos dentro de la camisa—. Debes de haber oído cosas. —No era cierto —insistió Isabel—. Vamos. ¿Qué pasa, Lee? ¡Creí que había muerto! ¿Acaso ibas a…? —¡Sí que murió! —exclamó Lee bruscamente. Parpadeó y luego negó con la cabeza—. Sí que murió. “No me parece que esté muy muerto”, dijo Brayden. Lee señaló el cadáver que yacía junto al Inquisidor muerto. —¿Qué tan muerto te parece? Brayden palideció. —¿Qué estás diciendo, entonces? —Digo que no viste nada —dijo Lee. Se puso la chaqueta de Noah, se levantó y caminó hacia el cuerpo que yacía donde Brayden lo había dejado. —No es solo Vermil —murmuró Isabel—. Estaban cazando un demonio. Vermil dijo que había uno en algún lugar de Arbitage, pero ya no está allí, ¿verdad? —¿De qué estás hablando? —preguntó Todd, mirando de Isabel a Lee. De repente comprendió el significado de las palabras de Isabel y se puso rígido—. ¿Tú? No. ¿Los dos? ¿Son los dos demonios? ¿Por eso les hacían efecto las cuentas de la oración? Lee no respondió. Se arrodilló y agarró el cuerpo de Noah. Le crujió la mandíbula. Los demás se pusieron rígidos cuando abrió la boca desmesuradamente, tragándose el cadáver entero de un solo bocado. Se oyeron varios crujidos fuertes cuando se enderezó y se volvió hacia ellos. —No puedes dejar eso por ahí tirado —dijo Lee en voz baja—. Podría meterlo en problemas. ¿Vas a contárselo a alguien? Todd e Isabel intercambiaron una mirada. Entonces Isabel resopló. Se dobló de la risa histérica, y todos los demás la miraron con una mezcla de preocupación e inquietud. —¿Isa? —preguntó Todd, poniendo una mano en su hombro. Isabel le hizo un gesto para que se alejara, aún riendo. Se secó la risa de los ojos, logrando finalmente recomponerse tras varios segundos. “Me da igual lo que sean. Habría hecho un trato con cualquier monstruo lo suficientemente poderoso como para darme lo que quería si hubiera creído que podía, pero nunca imaginé que realmente lo hubiera hecho”. Lee hizo una pausa. —¿No te importa…? —Es un poco impactante —admitió Todd frunciendo el ceño—. Pero los prefiero a ustedes dos a casi cualquier otro profesor que hayamos tenido. Entiendo por qué mantuvieron ese secreto oculto. Eso me hace preguntarme… cuando Vermil mencionó a esos clones… Lee se aclaró la garganta. —Yo también. —Sabía que no existía una runa clon —murmuró Todd. —¿Así que tú eras lo que Vermil buscaba todo este tiempo? —preguntó Brayden, más confundido que sorprendido—. Supongo que esperaba otra cosa. —¿Yo? —preguntó Lee, desconcertado por las respuestas completamente indiferentes de los demás. Ninguno parecía enfadado ni asustado. Simplemente sentían curiosidad. —No. La verdad es que no. —Entonces eso debe ser lo que le permite regresar —dijo Brayden, con un destello de alivio en el rostro—. Él… volverá siendo el mismo de antes, ¿verdad? —Sí —respondió Lee, pero tardó unos instantes—. Creo. —¿Qué quieres decir con que piensas eso? —preguntó Isabel—. Ya lo ha hecho antes, ¿no? —No realmente —respondió Lee—. No así. Siempre volvía enseguida. Esta vez tardó mucho, y nunca había regresado inconsciente. No sé si debería decir algo más. —¿Qué debemos hacer entonces? —preguntó Todd—. Algo me dice que en realidad no tiene una poción curativa en esa calabaza. —Llévenlo de vuelta a Arbitage —respondió Brayden. —¿Qué? —Isabel parpadeó—. Pero si acabamos de salir de la urbanización Linwick. ¿No sería mucho más seguro si…? Brayden negó con la cabeza. Con delicadeza, alzó a Noah en brazos, acunándolo como a un niño. —Confía en mí. Ahora mismo, no hay lugar más seguro para él que la Finca Linwick. Tenemos que irnos y reunirnos con Moxie. —Creía que no te caía bien Moxie porque es una Torrin —dijo Isabel—. ¿Y por qué no es segura la Finca Linwick? —Eso no te incumbe ahora mismo —dijo Brayden—. A mí tampoco, pero Vermil confiaba en ella, y no sé cuánto tiempo me quedará. —¿Hasta cuándo? —preguntó Todd. Brayden no respondió. Simplemente asintió con la barbilla en la dirección en la que se dirigían antes de que los Inquisidores los interrumpieran y emprendió la marcha por el camino. Lee recogió las pertenencias de Noah y, tras intercambiar una última mirada con los dos estudiantes, los demás lo siguieron. * * * Noé flotaba en un mar de oscuridad. Solo sabía una cosa con certeza: no estaba muerto. Sabía cómo era el más allá, y aquello no se parecía en nada. No había filas de gente ni senderos brillantes que condujeran al otro mundo. Lo único que lo rodeaba era la nada. No supo cuánto tiempo permaneció allí, suspendido, antes de que finalmente lo invadiera el impulso de hacer cualquier cosa. El mundo entero se sentía apagado y distante, pero Noah se obligó a incorporarse. Al menos, eso creía. Le parecía que estaba en posición vertical. No había manera de saberlo con certeza, ya que no había ningún punto de referencia para distinguir arriba de abajo o izquierda de derecha. Noé levantó una mano, pero no pudo verla. Eso probablemente tampoco debería haberle sorprendido mucho, pero aun así parpadeó. O mejor dicho, sintió que parpadeaba. No es que pudiera darse cuenta. —¿Hola? —preguntó Noé. Sus palabras se desvanecieron en la oscuridad, pero al menos le permitieron oír algo más allá del silencio infinito que lo rodeaba. Noah se llevó una mano a la cara, acariciándose la incipiente barba. Esté donde esté, hace tiempo que no tengo oportunidad de afeitarme. El pensamiento le arrancó una risita divertida. Se frotó los ojos y suspiró, estirando los brazos. Noah no recordaba bien qué había pasado ni cómo había llegado a ese reino de vacío. Fragmentos de recuerdos danzaban en su mente como imágenes que intentaban perseguirse unas a otras para formar una película completa. Un destello de la Finca Linwick, el rostro sereno de su padre, el entrenamiento de Isabel y Todd, Lee devorando una mariposa. Las imágenes se sucedían con mayor rapidez cuanto más tiempo se concentraba en él. Noah frunció el ceño. Otro recuerdo lo asaltó. Un hombre con túnica, portando un rosario que resonaba con un dolor agonizante. Inspiró profundamente, intentando contenerse, pero la represa se había roto y los recuerdos fluían aún más rápido. Cada detalle de la pelea se repetía en su mente con una nitidez estremecedora, hasta el momento en que fue expulsado de su cuerpo. —¿Qué ha pasado? —murmuró Noah para sí mismo. Un destello de pánico lo recorrió—. Espera. Había otro Inquisidor. Se giró, intentando encontrar cualquier cosa que pudiera ayudarle, pero la oscuridad infinita no le proporcionó más información que antes. Noah buscó sus runas, pero no encontró nada. Sus intentos por adentrarse en su espacio mental resultaron igualmente inútiles, aunque no había niebla en su mente. “¿Qué demonios? ¿Dónde estoy?” Como era de esperar, no hubo respuesta. No habría ninguno durante bastante tiempo. Noah estaba acostumbrado a esperar. Era una de las cosas que más odiaba. Y, por desgracia, era precisamente lo único que podía hacer en ese momento. Por más que lo intentara, no podía moverse de su posición suspendida en el aire. No podía ver. No podía invocar sus runas. Lo único que podía hacer era esperar. Y así lo hizo. El tiempo, sin duda, pasó; Noah estaba seguro. Calculaba que habían transcurrido entre unos pocos días y una o dos semanas, aunque perdió la cuenta y se quedó dormido varias veces, lo que le obligó a calcular cuánto tiempo se había perdido. Pero, conforme avanzaba el tiempo, algo cambió. Un minúsculo punto blanco apareció en el borde de la oscuridad. A Noah le costó más tiempo del que hubiera querido admitir darse cuenta. Debió de estar mirando hacia allí, como en trance, durante horas antes de que una pequeña parte de su cerebro finalmente reaccionara. Noé se dirigió con determinación hacia la luz y voló a través de la oscuridad, llegando ante ella. Entrecerró los ojos, pero no pudo ver nada a través del foso. Era simplemente un blanco brillante. Noé extendió la mano hacia él, viendo su mano por primera vez desde que había llegado a la oscuridad. Presionó contra la superficie blanca. La oscuridad se resistía, pero Noé escarbó más profundamente en la pequeña grieta, intentando ensancharla. Un poco más de luz se filtró cuando Noé logró abrir el agujero un poco más. Noé cavó y arañó el agujero, presa de una desesperación repentina. Pateó y rasgó, golpeando con todo su cuerpo contra la oscuridad en un intento por atraer más luz. Poco a poco, el agujero se hizo más grande. Seguía sin ver nada más que un blanco puro e inmaculado tras la grieta, pero a Noé ya no le importaba. Con esfuerzo, logró ensancharla lo suficiente como para meter ambas manos. Noé la agarró por los bordes, dejando escapar un rugido mientras tiraba con todas sus fuerzas. Cada músculo que podía usar se tensó al tirar. El agujero comenzó a ensancharse. La luz inundó a Noah, obligándolo a entrecerrar los ojos. Una línea se abrió paso en la oscuridad sobre él, desgarrándose al ritmo del agujero a medida que tiraba con más y más fuerza. Ya casi lo había logrado. Solo necesitaba un poco más. Noé reunió sus últimas fuerzas, esforzándose al máximo, y tiró con fuerza. El sonido, como el de una cortina rasgándose, rasgó la oscuridad. Una luz blanca y brillante inundó a Noah, bañándolo por completo en su abrazo y desterrando hasta el último rastro de sombra. Contuvo el aliento con un jadeo repentino al sentir que el mundo se desvanecía bajo sus pies. Noah abrió los ojos de golpe y se incorporó de un salto, apoyándose en los brazos mientras su corazón latía con fuerza en su pecho. Un fuerte dolor de cabeza le oprimía las sienes y sentía todo el cuerpo como si estuviera hecho de madera muerta, pero ya estaba despierto.
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El Regreso del Profesor Runebound (Novela) Capítulo 120

Estás leyendo el capítulo 120 de El Regreso del Profesor Runebound (Novela), un novela. Las vidas son moneda corriente, y Noah Vines es rico. Reencarnado en el cuerpo de un profesor de magia envenenado, Noah recibe más que una segunda oportunidad. Cada vez que muere, su cuerpo se reforma. Con infinitas… Este capítulo tiene publicado el 18 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. El Regreso del Profesor Runebound (Novela) tiene 923 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.