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Leer EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDO (Novela) Capítulo 1 online gratis en español

🏴 Grupo: olvidado134✍️ Traducción: olvidado134
En lo profundo del vasto universo, perdido entre incontables galaxias, existía un mundo conocido con el nombre de Xuan Yu. Allí se libraba el conflicto más despiadado y devastador que la creación hubiera presenciado jamás: una guerra sin cuartel por la mera supervivencia de todo lo que tenía vida. Era un escenario empapado en sangre, donde la muerte se respiraba en el aire y se podía percibir a kilómetros de distancia. Ríos de color carmesí y charcos de espesa sangre inundaban los pasillos de los grandes palacios en ruinas y se extendían por la tierra hasta cubrir casi la totalidad de la superficie del planeta. El día allí era tan oscuro como la noche más cerrada, pues el sol parecía haberse ocultado por puro dolor, negándose a iluminar tanta crueldad. Solo una luna inmensa, brillante y de un tono pálido, alumbraba aquel campo de tragedia; su resplandor caía sobre el mundo como si ella misma llorara la pérdida de incontables vidas que se apagaban en cada instante. Y justo en medio de aquel baño de sangre, se alzaba una figura solitaria. Estaba rodeado no solo por hordas interminables de enemigos sedientos de destrucción, sino también por los pocos aliados que aún quedaban en pie, protegiéndolo con sus últimas fuerzas, dispuestos a caer antes de dejarlo solo. De aquel ser emanaba una luz tan dorada y brillante como el propio astro rey, una luminosidad cálida y firme que desafiaba la espesa oscuridad que lo rodeaba todo. Él era la última línea de defensa. La esperanza de millones de especies, de razas antiguas que habían visto nacer y morir eras enteras, de seres de toda forma y condición, descansaba enteramente sobre sus hombros. ¿Qué será de nosotros si el cayera?, se preguntaban todos con angustia en el pecho. Si sucumbía, miles de razas conocerían su extinción definitiva, y la suya propia desaparecería para siempre de la historia, sin dejar ni rastro. Entre la multitud de guerreros que resistían con lo último que les quedaba de fuerza, uno de ellos sentía cómo la vida se le escapaba entre los dedos. Su aliento se hacía cada vez más corto, la vista se le nublaba y una debilidad extrema recorría cada uno de sus miembros. Aun así, con el último hilo de conciencia que le quedaba, levantó la mirada hacia el centro de la batalla, donde todo se decidía. Allí, combatiendo contra una raza monstruosa que solo sabía destruir, consumir y arrasar todo a su paso, lo vio con claridad. Vio a aquel ser de cabello largo y blanco, tan puro y brillante como la perla más fina que pudiera hallarse en los abismos más profundos. Sus cejas eran también blancas, finas y elegantes, resaltando aún más la intensidad de sus ojos: dos orbes de color dorado profundo, donde en cada iris brillaba una estrella blanca inmóvil, fija como el destino mismo. Era él. Xuan Lie. Luchaba no solo por preservar su propia existencia o la de su pueblo, sino que se alzaba como un muro infranqueable para proteger a incontables razas de ser borradas de la existencia, todo por culpa de esos invasores que no conocían límites, ni piedad, ni conciencia del daño que provocaban donde pasaban. Una lágrima tibia se deslizó por la mejilla del guerrero moribundo, mezclándose con la sangre ajena y propia que cubría su rostro. Mientras sus ojos se cerraban para siempre, viendo la figura dorada de Xuan Lie resistir contra todo un ejército, susurró con voz entrecortada, solo para él mismo y para los cielos que quisieran escucharlo: — Nadie perdura eternamente… ni siquiera los que se convierten en leyenda. Pero espero que tú sí, señor. Que seas eterno, y que protejas todo aquello que amas con tu vida. Sus manos cayeron pesadamente a sus costados. La luz en sus ojos se apagó por completo, perdiendo el brillo de la vida que hasta hacía un instante lo había acompañado. Su espada, aquella arma que había sostenido con firmeza durante años, perdió su resplandor y se deslizó de entre sus dedos, chocando contra el suelo empapado de sangre. De rodillas, con la frente inclinada hacia la tierra, dio su último suspiro y murió, cayendo al lado de tantos otros que habían dado la vida en aquel campo de batalla. En el punto más álgido y sangriento de la contienda, entre el estruendo de choques, los gritos de los que caían y el sonido frío de la muerte que recorría el aire, Xuan Lie escuchó aquel pequeño susurro. Fue algo casi imperceptible, ahogado entre tanto caos, pero logró llegar hasta lo más profundo de su ser. Apretó los labios con fuerza, y en su pecho ardió una mezcla de rabia incontenible y una llama de esperanza que no pensaba dejar morir. Lo lograré, pensó con determinación absoluta. Ganaré… aunque sea a costa de mi propia vida, aunque tenga que entregar hasta la última gota de mi esencia, haré que estas palabras no sean en vano. Entre lamentos, tristeza y ríos de sangre que inundaban el planeta, una figura se alzó frente a él, bloqueando toda luz y proyectando una sombra inmensa y aterradora que cubrió gran parte del campo de batalla. Era Ye Mo. El llamado Demonio de la Noche se erguía allí con una sonrisa tan malévola que helaba la sangre solo de verla. No había en él ni una pizca de humanidad, ni sentido común, ni rastro de compasión. Sus ojos de un rojo profundo brillaban con locura, mirando a Xuan Lie como si se tratara solo de un insecto que había logrado molestarlo lo suficiente. Con tono de burla y desprecio, habló con voz arrastrada: — ¿Eterno? Qué patético. ¿Cómo puedes creer que tú, o cualquiera de los tuyos, puedan llegar a ser algo así? Son sueños, fantasías de seres débiles. Todos ustedes, razas que se creen poderosas y capaces de dejar huella en la existencia, no son nada más que juguetes… solo porque tienen un poco de fuerza, se atreven a soñar con lo imposible. Soltó una carcajada fuerte, estruendosa y llena de locura que hizo temblar el suelo a su alrededor. Pero justo en ese instante, mientras el demonio hablaba, aquellas palabras pequeñas pero cargadas de fe que el guerrero le había susurrado momentos antes se grabaron a fuego en el alma de Xuan Lie, imposibles de borrar jamás. Una lágrima se desprendió del ojo de Xuan Lie y rodó por su mejilla manchada de sangre. Pero no era una lágrima de tristeza, ni de miedo… era una lágrima de fuerza, de determinación y de promesa. Ye Mo observó aquello con diversión y añadió con desprecio absoluto: — Miren nada más. ¿Lágrimas? ¿Por unas palabras que no significan absolutamente nada? Qué ridículos son todos. Tan débiles, tan inferiores… sin importar a qué raza pertenezcan, sin importar cuánta antigüedad tengan, siguen siendo seres insignificantes ante mi presencia. Dio un paso hacia adelante, y la oscuridad a su alrededor creció, devorando la luz dorada que emanaba Xuan Lie. — Y te demostraré ahora mismo en qué consiste realmente mi poder. De ustedes, de sus vidas y de sus almas, haré mi propia fuente de energía. Antes de que Xuan Lie pudiera responder o atacar, el choque de técnicas y poderes desgarró el cielo. De repente, un guerrero aliado, lleno de coraje y desesperación, se lanzó contra Ye Mo para proteger a su líder. Pero fue en vano. En un abrir y cerrar de ojos, el guerrero fue partido en dos, cortado por la mitad sin que el demonio siquiera moviera una mano. Su cuerpo cayó al suelo, dejando una imagen tan brutal que heló la sangre de todos los que lo vieron. Ye Mo volvió a sonreír y dijo con satisfacción mientras miraba los restos: — Les estoy mostrando, uno a uno, para qué sirven realmente. Inhaló profundamente, y una fuerza invisible y aterradora salió de él, atrayendo hacia sí la esencia, el alma y la energía del guerrero caído, consumiéndolo por completo, haciéndolo desaparecer como si nunca hubiera existido. La furia de Xuan Lie estalló en ese momento con una intensidad nunca vista. Sus ojos dorados brillaron con un resplandor cegador, y con la voz rota por la ira y el dolor, gritó con todas sus fuerzas, haciendo eco no solo en todo el planeta Xuan Yu, sino hasta los confines de la galaxia: — ¡YE MO! ¡Juro por todo lo que soy, por mi vida y mi alma, que te destruiré a ti, a tu estirpe, y borraré hasta el último rastro de los Mo Sheng de esta existencia! De la nada, un poder jamás antes conocido resonó en el tejido del universo. Una energía antigua, abrumadora y sin nombre brotó de su ser, haciendo que el aire mismo vibrara. En su frente apareció de repente una marca dorada, brillante y sagrada: la mitad de un sol, la señal de un poder que trasciende la vida y la muerte. Esa fuerza recorrió cada rincón de la creación. Por un instante, el tiempo pareció detenerse. Miles de guerreros de todas las especies, incluidos los de su propia raza, la Raza Xuan Ling, detuvieron sus movimientos y alzaron la mirada, sobrecogidos por aquella presencia divina. Incluso los enemigos, los terribles Mo Sheng, observaban atónitos, paralizados ante una presión que hacía doler hasta los huesos. Xuan Lie se elevó en el aire, a pesar de las heridas casi imposibles de sanar que cubrían su cuerpo. Su cabello blanco estaba teñido de rojo por la sangre derramada, y sus ropas, majestuosas en otro tiempo, estaban completamente rasgadas y destrozadas. Miró hacia el horizonte y vio cómo el sol comenzaba a salir en la lejanía, un amanecer brillante y hermoso que iluminaba la tragedia. ¿Era acaso una señal de esperanza? Se detuvo en el aire, observando desde las alturas a Ye Mo, quien permanecía en el suelo mirándolo con curiosidad y diversión. Por un momento, el silencio fue absoluto; toda la galaxia pareció contener la respiración. No era tregua… era el instante previo a la decisión final. Ganar y destruir a la raza Mo Sheng era lo único que podía librar a la galaxia de aquel tormento eterno. Miles de seres luchaban no solo por seguir vivos, sino por un futuro que aún no conocían, por todo lo que amaban, por sus familias, por su historia y por su derecho a existir. En medio de aquel silencio sepulcral, una figura se alzó entre los escombros y la sangre. Era un guerrero de la Raza Gu Cang, una de las razas más antiguas y nobles, aliada fiel desde el principio. Con el último aliento que le quedaba, sostuvo en alto el estandarte. Con la voz entrecortada y varias armas clavadas en su propio cuerpo, gritó con todas sus fuerzas para que todos lo escucharan: — ¡VIVA XUAN LIE! ¡QUE VIVA EL EMPERADOR BLANCO! ¡QUE BRILLE LA ESTRELLA MÁS FUERTE DE TODA LA GALAXIA! Esas palabras fueron la chispa que faltaba. Al escucharlas, millones de gargantas se unieron al grito, y con fuerzas renovadas, todos se lanzaron de nuevo contra el enemigo, con el corazón lleno de valor y la figura de Xuan Lie como su estandarte. Desde abajo, Ye Mo observaba todo con esa sonrisa que nunca desaparecía. Al ver el ímpetu de los guerreros, soltó una risa y le dijo con sarcasmo: — ¡Lucha con más fuerza, Xuan Lie! Solo así serás de verdadera utilidad para mí. En ese breve instante, Xuan Lie vio al guerrero que, moribundo, había alzado la voz por él. Apretó los puños con tanta fuerza que sus uñas se clavaron en la piel. Se prometió a sí mismo: "Borraré esta oscuridad… por todos los que cayeron. Mi vida será el precio. No los defraudaré." Y así comenzó el choque más feroz de todos. Golpes devastadores chocaban, sacudiendo los cimientos del planeta entero. Xuan Lie, con la marca dorada brillando en su frente, reunió toda la energía que le quedaba y gritó: — ¡ESTRELLA DEL VACÍO! Una esfera de luz blanca y dorada, inmensa y deslumbrante, surgió de sus manos. Ye Mo no retrocedió; al contrario, abrió los brazos con emoción: — ¡ASÍ SE HACE! ¡DALO TODO! ¡Eres el primero en darme una batalla digna! ¡Intenta destruirme si puedes! La técnica impactó. La explosión cegó el horizonte. Cuando la luz se disipó, la mitad del cuerpo de Ye Mo había sido reducida a cenizas. Un grito de victoria estuvo por brotar… pero duró un instante. Las cenizas se movieron, la oscuridad se recompuso, y Ye Mo volvió a estar entero, sin una sola marca. — Ahora me toca a mí —dijo con voz profunda. Extendió la mano y recitó: — ¡DEVORADOR DE LA OSCURIDAD ETERNA! Una marea de sombras infinitas lo inundó todo. No había refugio. La oscuridad no solo mataba: borraba. Razas enteras desaparecieron en un instante. Xuan Lie vio caer a los suyos, impotente. Bajó entre los escombros, buscando con el corazón roto. Y lo encontró: su hermano jurado, su compañero desde la infancia, yacía allí. Sus ojos azules ya no brillaban, pero aún aferraba su espada con firmeza. — Perdóname… —susurró abrazándolo—. No pude protegerte. No pude proteger nada de lo que amábamos. Lleno de rabia y dolor, alzó la voz que rasgó el firmamento: — ¡YEEE MOOOOO! Antes de que pudiera reunir su poder, Ye Mo apareció ante él en un parpadeo. Atravesó el pecho de Xuan Lie con una mano… y el de su hermano también, uniéndolos en la misma herida. — Qué lástima —susurró al oído—. Esa lealtad, ese afecto… fue lo que te hizo débil. Si hubieras estado solo, quizás habrías sido invencible. Lo soltó. Cayeron juntos. La luz dorada se apagó. La imagen de Ye Mo alejándose entre sombras fue lo último que vio. Los lazos te hacen débil… resonó en su mente antes de que la oscuridad lo cubriera. Xuan Yu quedó en silencio. El último bastión había caído. El nombre de Xuan Lie, el Emperador Blanco, quedó sellado bajo sangre y olvido… creído perdido para siempre. CONTINUARÁ © 2026 EL PODER QUE EL UNIVERSO OLVIDÓ Todos los derechos reservados Prohibida su copia o reproducción total o parcial AUT: OLVIDADO
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