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Leer El Pico del Loto Verde (Novela) Capítulo 104 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
La niña sonrió con dulzura: "¡Qué dulce está! Es delicioso". "No pienses solo en comer. ¿Qué aprendiste hoy?", preguntó Wang Changsheng. Wang Changyue se metió el medio pastelillo de azufaifa roja restante en la boca y respondió con voz ligeramente confusa mientras masticaba: "Hoy el octavo tío abuelo enseñó sobre formaciones de matriz. Hizo venir al vigésimo primer tío y le pidió que dispusiera una pequeña matriz de extravío. El trigésimo quinto tío estaba escondido justo enfrente de mí y ni siquiera podía verlo. Las formaciones son muy entretenidas". Wang Changsheng asintió con aprobación y le recordó: "Escucha con atención en clase. El octavo tío abuelo ya está anciano; no se te ocurra causarle alborotos". "Ya lo sé, yo no soy como Qingze. Ese bribón se atrevió a causar disturbios la última vez en el Pabellón de la Doctrina y el tercer hermano le dio una paliza tan descomunal que le dejó el trasero hecho pedazos". Al decir Qingze, la pequeña se refería al primogénito de Wang Changxing. Poseía tres raíces espirituales; Wang Changxing tenía otros dos hijos, pero al carecer de talento espiritual ya habían sido enviados al mundo mortal. Wang Changxing albergaba la ferviente ilusión de que Wang Qingze se convirtiera en un pilar para la familia, por lo que solía ser implacable con su disciplina. Con tal de ganar más piedras espirituales rara vez pisaba su hogar: prácticamente vivía en la tienda y solo regresaba a la montaña una vez cada varios meses. Liu Leyun, en cambio, consentía con exceso a Wang Qingze; no soportaba ni dirigirle un reproche, y mucho menos levantarle la mano. Hacía poco tiempo, Wang Qingze contradijo de forma insolente a un anciano del clan en plena lección, perturbando la compostura de la sala. Al enterarse, Wang Changxing montó en cólera: regresó a la montaña esa misma noche y le propinó un castigo tan severo que casi lo deja maltrecho, logrando que el muchacho se enderezara bastante desde entonces. Wang Mingyan sonrió de medio lado y comentó: "Changxing casi nunca está en casa y Leyun no se atreve ni a alzarle la voz. Si a esa edad Qingze ya arma alborotos en clase y no se le endereza con rigor, el día de mañana bien podría terminar convertido en un tirano que atropelle a la gente allá afuera. Si el hijo no aprende, la falta recae en el padre; que Changxing le diera una lección estaba más que justificado. Eso sí, se le fue la mano por completo: de no ser porque el tercer y cuarto hermano intervinieron a tiempo para sujetarlo, no se habría limitado solo a dejarle el trasero inflamado". "¡Cierto!", acotó la niña. "Qingze todavía tiene que asistir a clases de pie". Antes de que a Wang Qingze le evaluaran las raíces espirituales, Wang Changxing ya había empezado a ahorrar piedras espirituales para su porvenir. Se privaba de comodidades cotidianas con el único propósito de que su primogénito pudiera avanzar con solidez en el sendero inmortal; ante semejante sacrificio, Wang Changsheng comprendía a la perfección que la indisciplina del joven desatara una cólera tan visceral en su padre. "Hermano, ¿podrías sacar a Lin'er para que juegue conmigo un momento, por favor?", rogó Wang Changyue abriendo sus grandes ojos negros con la mirada desbordante de expectación. Wang Changsheng sonrió con ternura y liberó al Caballo de Escamas Verdes de la bolsa de bestias espirituales, alzando a la niña en brazos para acomodarla sobre el lomo. El corcel extendió sus alas y se remontó hacia el firmamento llevándolos por los aires. Tras el tiempo que toma beber una taza de té, la montura aterrizó con suavidad junto a los establos. Wang Changsheng bajó a la niña, que aún rebosaba de emoción, y se dirigió a Wang Mingyan: "Vigésimo tercer tío, dejaré a Lin'er en los establos para que permanezca en los corrales; le encargo que supervise la cruza con las yeguas". Wang Mingyan sonrió con serenidad: "Es parte de mis deberes. Ojalá el año entrante nazcan dos buenos potros". Tras cruzar unas palabras más, Wang Changsheng tomó a Wang Changyue de la mano y regresó con ella a su vivienda. Hacía mucho tiempo que la pequeña no veía a su hermano mayor, de modo que se aferró a su brazo insistiendo en que le contara historias sobre el mundo exterior. Wang Changsheng le relató de forma sucinta sus vivencias durante aquel año y pico de ausencia. Wang Changyue escuchaba con fascinación y asombro hasta que el peso del sueño la venció, quedándose profundamente dormida entre los brazos de su hermano. Wang Changsheng la recostó con suavidad en el lecho, acomodó el cobertor sobre ella y abandonó la habitación en silencio. Ya en sus propios aposentos, cerró los ojos y se sumergió en meditación para regular su respiración y su Qi. Un cuarto de hora después, abrió los ojos henchido de vitalidad y concentración. Extrajo el calabazo azul y lo agitó levemente. Una corriente de fluido azul claro emergió del interior, flotando ingrávida frente a su pecho. Inhaló hondo y atrajo la masa líquida, absorbiéndola directamente hacia su interior. En cuestión de instantes, una densa y arrolladora oleada de Qi espiritual brotó en su bajo vientre. Sin perder un segundo, activó los cánticos del cuarto nivel del Clásico Genuino del Agua Kuishui para asimilar y refinar aquel inmenso caudal energético. Estado de Yun, Cresta de la Nube Blanca. La Cresta de la Nube Blanca se extendía a lo largo de decenas de miles de li, conformada por centenares de colinas y picos de diversa elevación. El territorio solía estar plagado de bestias feroces e insectos ponzoñosos, y en sus valles florecían ciertas plantas medicinales poco comunes en otras latitudes, atrayendo a numerosos cultivadores dispuestos a cazar monstruos y cosechar hierbas para canjear recursos de cultivo. El clan Ye, en alianza con otras cuatro familias locales, había fundado el Mercado de la Nube Blanca, habilitando un punto seguro de descanso y comercio para los cultivadores que acudían a la cordillera. Años atrás, cuando la marea de bestias de la Cordillera de las Cien Bestias arrasó la Ciudad del Destino Inmortal, las bajas entre los cultivadores fueron colosales. Con el fin de evitar una calamidad semejante en su territorio, los cinco clanes combinaron sus fuerzas para adentrarse en lo profundo de la Cresta de la Nube Blanca y exterminar a múltiples bestias monstruosas de rango 2, sufriendo en el proceso algunas bajas inevitables. Habiendo abatido a más de una docena de monstruos de rango 2 a lo largo de aquellas incursiones, los riesgos dentro de la cresta habían mermado notablemente. En lo profundo de la cordillera, junto a una laguna de aguas negruzcas de aproximadamente un mu de superficie, siete cultivadores asediaban a una colosal serpiente negra. El tronco del reptil superaba en grosor a una tinaja de agua; su pellejo estaba cubierto de escamas oscuras del tamaño de puños y lucía dos cabezas descomunales sobre los hombros. Seis cultivadores maniobraban sus artefactos mágicos repartidos en abanico para hostigar a la fiera. Entre ellos destacaba un letrado con túnica verde: alto, delgado, de modales refinados y con un marcado porte académico, quien controlaba dos grandes marionetas de halcones negros para acosar al reptil desde el aire. La serpiente de dos cabezas apenas pertenecía al rango 1 superior. Asediada por múltiples artefactos mágicos y dos marionetas de su misma categoría, carecía de margen de maniobra: su cuerpo arrastraba heridas sangrantes y varias placas de escamas habían saltado despedazadas. Comprendiendo que la muerte acechaba, intentó sumergirse hacia el lecho de la laguna; sin embargo, las dos marionetas de halcones negros descendieron en picada desde las alturas, lanzando sus garras afiladas en dirección a sus ojos. El reptil abrió las fauces y disparó más de una decena de saetas de agua azul para repelerlas. Entre sordas detonaciones, los proyectiles líquidos chocaron contra los armazones de madera de los halcones sin causarles desperfectos mayores. Aprovechando esa fracción de segundo, unas tijeras doradas de un zhang de envergadura cortaron el aire por su retaguardia, mientras dos dagas voladoras azules y dos espadas cortas verdes arremetían de frente. Acorralada por ambos flancos, la bestia fue incapaz de presentar defensa: con un alarido de agonía, las tijeras doradas cercenaron el tronco de la serpiente partiéndola en dos mitades. Un torrente de sangre espesa brotó en el acto, tiñendo de rojo una amplia porción de la laguna. El letrado de túnica verde maniobró las dos marionetas de halcones para levantar los restos de la fiera y depositarlos sobre la orilla de tierra firme. "Vigésimo primer tío, qué magnífica estrategia. Fingir que vaciábamos las aguas para forzar a esta serpiente de dos cabezas de rango 1 superior a salir a flote, trabarla en combate con las marionetas y luego descargar todo nuestro poder sobre ella. Si no fuera porque sus marionetas la retuvieron a tiempo, de seguro se nos habría escapado al fondo de la laguna", elogió un joven de túnica azul y facciones despejadas, contemplando al letrado con admiración. "¡Así es! El vigésimo primer tío es insuperable. Cada vez que salimos a cazar a las montañas bajo su mando, regresamos con una buena cosecha". "Ya se los había dicho antes: el vigésimo primer tío jamás emprende nada a ciegas. Si nos trajo a la cordillera es porque tenía la certeza de salir airoso". Ante las alabanzas de sus parientes, el letrado esbozó una sonrisa tranquila y ordenó con aplomo: "Basta de lisonjas. Despiecen el cadáver de la serpiente de dos cabezas de inmediato; debemos regresar al mercado". El joven de túnica azul vaciló un instante y propuso: "Vigésimo primer tío, aún es temprano y la jornada ha ido sobre ruedas; si exploramos un poco más adelante, quizás demos con otra presa". El letrado mudó el gesto a una expresión severa y lo reprendió: "Changhao, ¿cuántas veces te lo he repetido? La codicia es una trampa mortal; hay que saber cuándo detenerse. Un solo error de cálculo puede costarnos la vida a todos los presentes. Hazme caso: procesen los restos de la bestia a toda prisa y volvamos al mercado para vender los materiales en el puesto del clan". "Sí, vigésimo primer tío", acató el joven con docilidad. Aquel grupo de cultivadores pertenecía en su totalidad al clan Wang. Su cabecilla era Wang Mingjiang, quien ocupaba el vigésimo primer lugar en la generación "Ming"; contaba con veintidós años y se hallaba en el séptimo nivel de Refinación de Qi. Los demás miembros correspondían a la generación "Chang". El más aventajado de ellos era Wang Changhao, decimoctavo de su generación, quien a sus veinte años alcanzaba el quinto nivel de Refinación de Qi. \----- • Novela: El Pico del Loto Verde (青莲之巅 - Qing Lian Zhi Dian) • Título en inglés: Peak of the Green Lotus / Rise of Qinglian • Autor: Xiao Shiyi Mo (萧十一番) • Traducción del chino al español: Inmensurable Si encuentras algún error tipográfico o inconsistencia en los términos, déjamelo saber en los comentarios.
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El Pico del Loto Verde (Novela) Capítulo 104

Estás leyendo el capítulo 104 de El Pico del Loto Verde (Novela), un novela. La historia arranca en una pequeña y humilde montaña espiritual conocida como el Pico del Loto Verde (Qinglian Peak). La trama no sigue a un llanero solitario con un sistema invencible, sino que relata la epopeya… Este capítulo tiene publicado el 5 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Pico del Loto Verde (Novela) tiene 307 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.