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Leer El Pico del Loto Verde (Novela) Capítulo 102 online gratis en español

🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
La marea de bestias que estalló en la Ciudad del Destino Inmortal se originó cuando Liu Yuerong y sus dos acompañantes aniquilaron a la compañera y a la cría del Tigre Ígneo Volador. En aquella ocasión, Liu Yuerong y Nangong Chen lograron eludir la catástrofe por los pelos, mientras que Wu Tianhu pereció de forma trágica entre las fauces de la fiera. En la guarida del Tigre Ígneo Volador se descubrió una pequeña veta de piedras espirituales, lo que sirvió para compensar la falta con méritos; además, el asunto se mantuvo en estricto secreto ante los forasteros. Aun así, por haberse internado en la Cordillera de las Cien Bestias sin autorización, los mayores del clan reprendieron con severidad a Nangong Chen y lo sentenciaron a cumplir un periodo de reclusión disciplinaria. Tan pronto como recobró la libertad, corrió a buscar a Liu Yuerong; sin embargo, ella no se encontraba en su morada de cultivo. Tras indagar entre sus compañeros de secta, se enteró de que frecuentaba el Pabellón de Recepción. Sin darle mayores vueltas al asunto, se dirigió a paso veloz hacia el lugar. Al toparse con Wang Changsheng, un monje en el Establecimiento de la Fundación completamente desconocido para él, Nangong Chen frunció el ceño; no obstante, al posar la vista en Zhao Ningxiang, sus ojos se iluminaron al instante. Forzando una sonrisa amable en su rostro, se dirigió a Liu Yuerong con un marcado tono servicial: "Hermana menor Liu, ¿quién es este compañero taoísta? Jamás lo había visto por aquí. Y esta sobrina marcial es...". Liu Yuerong respondió con desgana: "Este compañero Wang es el primo hermano de la sobrina marcial Zhao; vino exclusivamente a visitarla. ¿Cómo es que saliste tan pronto? ¿Acaso tu padre no te impuso diez años de encierro?". Por la muerte de Wu Tianhu, Liu Hongguang también había confinado a Liu Yuerong; empero, al tratarse de su única hija, levantó el castigo cuando apenas habían transcurrido cinco años. "Mi madre intercedió ante mi padre y solo por eso accedió a liberarme; después de todo, me mantuvieron encerrado durante ocho años enteros, ya era justo que me dejaran salir", se justificó Nangong Chen. Luego añadió con suspicacia: "Si el compañero Wang vino a visitar a la sobrina Zhao, ¿a qué se debe tu presencia aquí, hermana menor Liu? Escuché de labios de la hermana menor Guan que visitas el Pabellón de Recepción con demasiada frecuencia... ¿No será por causa de este compañero Wang?". Al concluir la frase, la mirada de Nangong Chen hacia Wang Changsheng destiló una innegable hostilidad. Liu Yuerong frunció sus delicadas cejas y aclaró: "El compañero Wang es un amigo que acabo de conocer; no saques conclusiones precipitadas". "El compañero Nangong malinterpreta las cosas", terció Wang Changsheng de inmediato. "Este humilde posee ciertos conocimientos modestos sobre el arte de las marionetas mecánicas y tan solo le estaba brindando algunas pautas a la Señora Liu". Wang Changsheng no deseaba granjearse la enemistad de Nangong Chen; alcanzar el Establecimiento de la Fundación a una edad tan temprana indicaba a las claras una cuna de gran linaje o una aptitud espiritual sobresaliente. Si en el futuro Nangong Chen llegaba a escalar a los altos mandos del Valle del Rey de la Medicina, cualquier rencor previo se tornaría un problema mayúsculo. Zhao Ningxiang esbozó una dulce sonrisa y lo respaldó: "Así es. Mi primo Changsheng solo estaba orientando a la tía marcial Liu en la manufactura de bestias marioneta; tío marcial Nangong, no se confunda". Wang Changsheng ahuecó las manos hacia Liu Yuerong y declaró: "Señora Liu, compañero Nangong, este humilde todavía tiene asuntos urgentes que atender, por lo que no perturbaré más su tiempo. Me despido". Se volvió entonces hacia su prima: "Prima Ningxiang, me marcho. Cuídate mucho; en cuanto disponga de tiempo libre, vendré a verte de nuevo". "Compañero Wang, permíteme acompañarte hasta la salida", ofreció Liu Yuerong. Ella misma escoltó a Wang Changsheng fuera del Pabellón de Recepción y observó su partida a lomos del Caballo de Escamas Verdes. Nangong Chen miró a Liu Yuerong y le propuso con una sonrisa zalamera: "Hermana menor Liu, esta noche ofreceré un banquete en mi residencia para celebrar que he recuperado la libertad. La hermana menor Guan y las demás asistirán; deberías venir también, entre más seamos, más amena será la velada". Liu Yuerong negó con la cabeza: "Paso. Me siento algo indispuesta corporalmente, así que no asistiré; diviértanse ustedes. Vamos, sobrina marcial Zhao, regresemos a la secta". Dio una ligera palmada a la bolsa de bestias espirituales que llevaba al cinto y un destello escarlata emergió de su interior, materializándose en una colosal grulla roja como el fuego que flexionó las patas para que subieran. Liu Yuerong montó de un salto ligero y Zhao Ningxiang la siguió de cerca. Nangong Chen movió los ojos con astucia y sus labios articularon un breve mensaje mediante transmisión de voz. Zhao Ningxiang volvió el rostro hacia él y asintió con un rubor tímido en las mejillas. La enorme grulla roja lanzó un chillido cristalino, batió sus alas y se remontó hacia el firmamento llevando a ambas mujeres a sus espaldas, perdiéndose al poco rato en las profundidades de la Cordillera del Rey de la Medicina. País de Wei, Valle del Dragón Blanco. Al alba, cuando la claridad apenas despuntaba sobre el cielo, las calles aún permanecían desiertas. Edificio de los Cien Espíritus, cocina principal. Más de una decena de cultivadores se afanaban de un lado a otro: unos cortaban legumbres, otros avivaban las llamas de los fogones, cada cual concentrado en su cometido. "Zhao Yi, Liu Hao, apresúrense a terminar de cocer los bollos al vapor al vapor. Lin Ming, revisa si las gachas de dátiles espirituales ya están a punto. Chen Feng, ¿cómo va el estofado? Abriremos las puertas para atender a la clientela en breve; ¡no se duerman en los laureles y muévanse con ligereza!". Wang Changxue caminaba con paso mesurado entre los trabajadores, impartiendo directrices para coordinar las tareas. Llevaba casi ocho años desempeñándose en el Edificio de los Cien Espíritus, y su compensación había pasado de apenas tres piedras espirituales al mes a treinta piedras completas. En sus inicios ingresó como una simple aprendiz de repostería; no obstante, destacaba por una diligencia incansable, sin rehuir las privaciones ni el agotamiento físico, ofreciéndose voluntaria para las labores más pesadas y engorrosas. En cada festividad y cambio de estación preparaba modestos presentes para agasajar a los dos maestros pasteleros y a los cocineros espirituales del lugar, teniendo presente que, aunque el obsequio fuera humilde, el afecto era sincero. A lo largo de cinco años de devoción logró ganarse la estima de los artesanos culinarios: los reposteros comenzaron a instruirla en la confección de pasteles y los cocineros espirituales le enseñaron las técnicas de salteado y sofrito. Por supuesto, solo le transmitían conocimientos elementales, sin llegar a revelarle sus secretos más celados. Al regresar a sus aposentos, compraba ingredientes con sus propios ahorros para practicar la cocina y la repostería, y cuando tropezaba con dudas técnicas, acudía con humildad a consultar a sus superiores. Tras tres años adicionales de estudio riguroso, la destreza culinaria de Wang Changxue dio un salto cualitativo considerable. Llegó incluso a invertir sus propias piedras espirituales en la creación e innovación de nuevos platillos y pasteles, consagrándose como la única mujer con el título de cocinera espiritual en todo el Edificio de los Cien Espíritus. Al combinar un dominio sobresaliente de la gastronomía con una apariencia física atractiva y agraciada, no tardaron en lloverle pretendientes entre los cultivadores locales. Wang Changxue los rechazó a todos sin excepción. Sabía de sobra que aquellos hombres solo codiciaban su talento práctico; asimismo, diversas tabernas y posadas le ofrecieron salarios exorbitantes para contratarla, pero desestimó cada una de las ofertas. Con su nivel en la cocina, abrir un establecimiento modesto por su cuenta no supondría ninguna complicación; sin embargo, su verdadera meta vital apuntaba al Establecimiento de la Fundación. Durante los primeros años, Wang Mingzhi la visitó en contadas ocasiones y, al constatar que se valía por sí misma con soltura, sintió un inmenso alivio. Aunque Lin Yuting ya había contraído matrimonio, el clan Lin, tras ganarse el favor y respaldo de un cultivador en la Formación del Núcleo, vio nacer a un nuevo monje en el Establecimiento de la Fundación entre sus filas. Dedicados a estrechar alianzas, concertar nupcias estratégicas y absorber a numerosos cultivadores errantes, su poderío no hacía más que expandirse. Bajo tales condiciones, la perspectiva de que ella pudiera regresar al seno de su familia se tornaba cada vez más remota. Con sus habilidades actuales el sustento diario estaba más que asegurado, pero si aspiraba a dar el salto al Establecimiento de la Fundación, ingresar en una secta de cultivo constituía su mejor opción. Habiendo averiguado los pormenores, supo que cada diez años las cinco grandes sectas del País de Wei abrían sus portales de par en par para reclutar discípulos. Entre ellas, la Secta de los Cien Espíritus aplicaba criterios de admisión sumamente particulares: aquellos cultivadores que sobresalieran en la gastronomía o la repostería podían superar las evaluaciones e integrarse formalmente en sus filas. La Secta de los Cien Espíritus gozaba de gran renombre en el País de Wei por sus avanzadas artes de cultivo botánico, y sus miembros destacaban en la elaboración culinaria de banquetes y dulces. Más del ochenta por ciento de los cocineros espirituales y maestros pasteleros del país procedían directamente de esta institución. Como una de las cinco sectas principales de Wei, sus adeptos rara vez consumían píldoras medicinales para su progreso; en su lugar, se alimentaban de platillos y pasteles confeccionados con ingredientes espirituales para potenciar su base de cultivo. Corrían rumores de que la doctrina fundacional de la secta, el Gran Método de los Cien Espíritus, utilizaba los alimentos como vehículo para comprender el Tao, nutriendo y refinando el cultivo a través de manjares y elixires gastronómicos. Aunque la gran mayoría de sus discípulos eran expertos cocineros, nadie en el mundo de la cultivación se atrevía a subestimar su capacidad de combate. Su líder de secta, Guang Dongren, era un personaje formidable que en su juventud había degollado personalmente a un dragón de inundación de rango 3; según las habladurías del exterior, no existía criatura bajo los cielos que Guang Dongren no se atreviera a devorar. La encargada del Edificio de los Cien Espíritus, Liu Hong, era discípula formal de dicha secta. Si Wang Changxue había permanecido trabajando en el establecimiento era, precisamente, para tender un puente a través de ella y asegurarse una vía de ingreso a la Secta de los Cien Espíritus. Un cuarto de hora después, las puertas del Edificio de los Cien Espíritus se abrieron de par en par y una marea de comensales ingresó para tomar sus alimentos. Wang Changxue no tuvo ni un respiro para beber un trago de agua, preparando una docena de platillos complejos de manera ininterrumpida. Al llegar la hora del Mono, otro cocinero espiritual se presentó a relevarla en su turno, permitiéndole retirarse a descansar. Tras abandonar el establecimiento, Wang Changxue acudió a una tienda especializada para comprar un recipiente de té espiritual de rango 2. Con él en mano se encaminó hacia un apacible patio residencial, frente a cuyo portón arrojó un talismán de transmisión de voz. Poco después, la puerta de madera se abrió y una mujer de mediana edad, de complexión robusta y hombros anchos, salió a su encuentro. "Vaya, Changxue, eres tú. ¡Pasa, adelante!", la saludó la mujer sin mostrar sorpresa. La invitó a cruzar el patio y ambas tomaron asiento dentro de un pabellón de piedra. "Encargada, le agradezco profundamente el cuidado y apoyo que me ha brindado todos estos años. Este es el Té de la Túnica Roja del Canto del Fénix, recién tostado de la cosecha de este año; es una modesta muestra de mi gratitud, espero no lo desaire". Wang Changxue extrajo una primorosa lata de color carmesí y se la tendió a Liu Hong. La mujer se mostró asombrada. Tomó el recipiente, lo colocó sobre la mesa de piedra y comentó: "El Té de la Túnica Roja del Canto del Fénix es un té espiritual de rango 2. Sus arbustos requieren un siglo entero para que sus hojas puedan cosecharse, y cada árbol apenas rinde cinco o seis jin de producto procesado. Una lata como esta debe rondar las trescientas piedras espirituales como mínimo. Como nadie recibe un presente sin una razón de por medio, dime con franqueza qué es lo que buscas". "En realidad no se trata de nada grave. Escuché que las cinco grandes sectas del País de Wei abrirán pronto sus convocatorias para admitir discípulos. Siempre he sentido devoción por la cocina y sé que en la Secta de los Cien Espíritus abunda el talento culinario; desearía ingresar en sus filas y me preguntaba si la encargada tendría la gentileza de recomendarme. Si el asunto llega a buen término, sin duda le corresponderé con creces". Al decir esto, Wang Changxue se puso en pie y realizó una reverencia solemne ante Liu Hong. Liu Hong meditó la petición unos instantes antes de responder: "Tu talento culinario es competente y sabes afrontar las dificultades sin quejarte; no obstante, para ingresar en nuestra secta, la aptitud espiritual no puede ser demasiado deficiente y los antecedentes familiares deben ser transparentes. Por cierto, ¿cuál es tu procedencia exacta? Si posees un linaje intachable, puedo recomendarte ante los evaluadores; sin embargo, que logres entrar o no dependerá de tu propia fortuna". Wang Changxue no tenía intención de mentir; cualquier secta indagaba a fondo los orígenes de sus aspirantes y se sabía que empleaban técnicas secretas o artefactos para detectar engaños. "Provengo del clan Wang de la Montaña del Loto Verde, en el Estado de Ning, perteneciente al País de Song. Debido a circunstancias excepcionales, me vi obligada a abandonar mi tierra natal y trasladarme al Valle del Dragón Blanco para ganarme el sustento. Yo...". "¿Qué? ¿El País de Song? ¿Vienes del País de Song?". El semblante de Liu Hong mudó drásticamente, manifestando un asombro inocultable. Había asumido que Wang Changxue era nativa de Wei; resultaba inconcebible que una simple cultivadora en la Refinación de Qi hubiese cruzado fronteras desde el País de Song solo para buscarse la vida. "Así es, encargada... ¿Acaso hay algún inconveniente en ello?", preguntó Wang Changxue, presa de la inquietud al advertir semejante reacción. La expresión de Liu Hong se suavizó con rapidez, dejando paso a una sonrisa afable: "No es nada, simplemente me sorprende que, siendo una cultivadora del País de Song, hayas atravesado montañas y ríos para venir a ganarte el sustento hasta Wei. El encargado de evaluar a los nuevos ingresantes en esta ocasión es el tío marcial Su; puedo presentarte ante él. No obstante, antes de eso debes detallarme con total franqueza las razones exactas que te empujaron a buscar refugio aquí. Ni se te ocurra intentar omitir detalles: durante el examen de admisión, el tío marcial Su aplicará una técnica secreta para corroborar la verdad. Si mientes, podrían considerarte una espía infiltrada por otras sectas y castigarte en consecuencia". Al oír la advertencia, el corazón de Wang Changxue se encogió. Tras vacilar un instante, comenzó a relatar: "En un principio, yo...". Tras escuchar el relato completo de sus vivencias, Liu Hong asintió con visible satisfacción: "Muy bien, por lo que veo tu procedencia está libre de sospechas. En unos días, cuando arribe el tío marcial Su, te presentaré ante él. Puedes retirarte a descansar". Wang Changxue asintió en señal de conformidad y se despidió con el corazón lleno de zozobra. Sentía una profunda inquietud interna: Liu Hong parecía haberse entusiasmado sobremanera al descubrir que ella provenía de un clan cultivador del País de Song. Tras reflexionar a fondo, el clan Wang no era más que una modesta familia sin tesoro ni recurso alguno que pudiera despertar la codicia de un coloso como la Secta de los Cien Espíritus. Aun así, la reacción de la encargada la llenaba de un recelo sutil. En un principio contempló la idea de abandonar el Valle del Dragón Blanco de inmediato; sin embargo, al pensarlo dos veces, marcharse en ese instante equivaldría a admitir que ocultaba algo turbio. Determinó quedarse: mientras obrara con rectitud y transparencia, la gran Secta de los Cien Espíritus difícilmente recurriría a bajezas contra una mujer indefensa como ella. Habiendo despejado sus dilemas internos, Wang Changxue sintió que el pecho se le aliviaba y apresuró el paso rumbo a su morada. \----- • Novela: El Pico del Loto Verde (青莲之巅 - Qing Lian Zhi Dian) • Título en inglés: Peak of the Green Lotus / Rise of Qinglian • Autor: Xiao Shiyi Mo (萧十一番) • Traducción del chino al español: Inmensurable Si encuentras algún error tipográfico o inconsistencia en los términos, déjamelo saber en los comentarios.
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El Pico del Loto Verde (Novela) Capítulo 102

Estás leyendo el capítulo 102 de El Pico del Loto Verde (Novela), un novela. La historia arranca en una pequeña y humilde montaña espiritual conocida como el Pico del Loto Verde (Qinglian Peak). La trama no sigue a un llanero solitario con un sistema invencible, sino que relata la epopeya… Este capítulo tiene publicado el 5 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. El Pico del Loto Verde (Novela) tiene 307 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.