Leer El Personaje Terciario Que Desafió Su Trama. (Novela) Capítulo 33 online gratis en español
—¡¿Quieres salir?! ¡¿A estas horas de la noche?! ¡¿Y a dónde sería?!—preguntó Eclipse, algo molesta e incrédula de lo que acababa de salir de mi boca.
—Pues sí, para disfrutar del reino ya que lo observabas de lejos como si lo anhelaras. ¿No te parecería mejor estar en el reino que anhelar algo de lejos?
Ella me miró impactada y desvió su mirada levemente.
—Si tú lo dices, entonces me iré a arreglar…—se dirigió hacia su clóset mientras sacaba unas prendas; entre ellas había muchos vestidos y algunas prendas casuales—...espérame un momento, no me tardo.—respondió con apuro mientras entraba al baño y con brusquedad cerraba la puerta.
“¿Así son las mujeres?... Que yo sepa, Jannis es mucho más bruta que Eclipse. ¡Ja!, ¿qué estoy diciendo?”—me reía de mis propios pensamientos.
El llegar a este mundo ha sido algo inexplicable. Los primeros meses solamente me enfoqué en mi conocimiento de este juego; aunque en realidad yo desde hace mucho comprendí que esto no es un juego, y hoy mismo en carne propia comprendí que todos somos personas que anhelamos tener felicidad en nuestras vidas.
¿Cuándo fue la última vez que me paré a pensar sobre mi situación? Quizás fue en casa con Jannis. Creer que ahora lo llamo casa… Esto me genera una cierta nostalgia; ni siquiera puedo entender por qué, ya que no puedo recordar… No puedo recordar nada de mi vida pasada, solamente lo que me ha entregado el sistema.
—Estoy lista, Edward…—dijo Eclipse con un tono tenue.
Salí del ventanal y vi la vestimenta de Eclipse: llevaba una chaqueta abierta de tela negra al igual que su pantalón; debajo, una camisa blanca planchada. Su pelo se veía más liso que antes, por lo que probablemente se lo arregló, y llevaba un pasador dorado en su pelo haciendo que el pelo de su lateral derecho no se despeinara.
—Te queda bien esa combinación de ropa. ¿Por qué no la habías usado hasta ahora?—pregunté de forma curiosa mientras la observaba.
—P-Porque nunca tuve la oportunidad.—respondió con un tono entrecortado y tenue.
—¿Entonces estás lista?—pregunté con tono desafiante.
—Sí, ¿pero por qué ese tono?—preguntó intrigada mientras me miraba como si estuviese descifrando mi próximo movimiento.
—Por nada, solo vamos.—dije mientras abría la puerta.
Al instante miré a los dos lados del pasillo, ya que, al ser la única habitación de este piso, podría haber alguna sirvienta de guardia.
—Bien, lo que haremos es simplemente correr sin que nadie nos vea, ¿entendido?…—dije con seriedad mientras tomaba la muñeca de Eclipse—...¡Vamos!
Comencé a correr mientras Eclipse, sin entender nada, seguía mi ritmo. Mientras bajábamos las escaleras sin que nadie nos viese, pudimos salir de la torre. Sentir cómo el mármol sonaba levemente mientras todo permanecía en silencio, mi respiración agitada y la de Eclipse entrecortada sin poder decir nada, y la leve adrenalina que sentía al incumplir las normas era algo que internamente me hacía sentir ligero. Al llegar al primer piso corrimos sin detenernos hasta llegar afuera.
Un leve suspiro de cansancio salió de mis labios mientras me reincorporaba; incluso bajar unas escaleras fue algo agotador, pero bastante satisfactorio.
—¡¿Estás loco?! ¡¿Quieres que nos descubran?!—dijo Eclipse, agotada, mientras se veía un leve enrojecimiento en sus pómulos.
—¿Pero no te diste cuenta?…—ella me miró sin entender a lo que me refería—...¿No sentiste esa libertad de poder disfrutar las cosas?—dije con una leve expresión de relajo, algo cansado, pero me sentía bien; desde que habían comenzado los exámenes que no sentía este alivio mental.
Ella sonrió levemente. No fue una sonrisa exagerada ni tampoco tenue que con suerte moviese sus labios; fue sincera, una mezcla de alegría y de alguien que expulsa sus dolores como pequeños pétalos que se sueltan de la flor. Ya que mientras la flor y la tierra permanezcan, tarde o temprano en esa misma tierra otra flor florecerá más sana y fuerte.
—Sí, lo disfruté.—respondió en voz baja.
—¿Te parece si vamos a caminar?—pregunté con una leve sonrisa, con una alegría que no era forzada ni exagerada; simplemente era yo intentando aliviar a mi amiga, dejando por ahora mis propias preocupaciones.
Ella afirmó con la cabeza y nos dirigimos a las tenues luces que aún brillaban con su expresivo y característico color anaranjado. Era gratificante de cierta manera, como si el reino abrazara a cada alma que pasa por estas calles. Las casas con sus luces apagadas, pero por fuera brillaban con matices mezclados entre el blanco color del mármol y el oscuro color del roble; con tonalidades naranjas y amarillas, parecía como si el reino se tiñese en esta abrazadora luz que absorbe con su calidez. Incluso el frío de la noche parecía invisible ante tal hechizo.
—Es hermoso venir a caminar a estas horas.—dijo Eclipse con un tono relajado, pero con un trasfondo de asombro que aún no asimilaba este momento.
—Sí, es bastante gratificante salir a caminar en momentos así; además de que a estas horas de la noche no hay mucha gente deambulando.—respondí.
—Gracias…—dijo Eclipse mientras miraba al frente.
—¿Por qué me agradeces?—pregunté.
—Eres una mejor persona de la que creí; te juzgué mal creyendo que simplemente eras un simple plebeyo. Me arrepiento de ese pensamiento porque ahora, conociéndote un poco más, me di cuenta de que eres una gran persona, Edward.—dijo Eclipse con gratitud mientras hacía una leve mueca levantando sus labios casi como una sonrisa.
—¡Jajaja! No te preocupes, solo te ayudo porque es algo obvio que quiera ayudar a los demás.—dije con carisma mientras mostraba una sonrisa segura y grata.
—Además, Eclipse, solamente te ayudé a soltar una parte de tus molestias, ¿no es así?—dije con perspicacia y una voz llena de sospecha.
—Esto…
—Sé que estás mal porque tus hermanos retomarán sus estudios de forma normal y renunciarán a sus tutorías privadas, ¿es eso o me equivoco?—dije con una solemnidad tajante e inevitable. No quería arruinar su paz; pero entendía que, si no veía su propia verdad como un espejo, ella volvería a romperse.
Hubo un momento de silencio y ella comenzó a sollozar sin derramar una sola lágrima; solo las contenía y apretaba los puños de forma que no pudiese verlos, pero era evidente su frustración y angustia tan solemnes y ocultas que era evidente que nadie más se daría cuenta.
“Eclipse Soler, en esta misma noche me has dado una luz que juzga, y hoy me tocó ser juzgado. Yo, antes de venir, mi confusión era ayudarla por moral y beneficio propio, o una ética que me impedía hacer la vista gorda y negarme a que ella sufriera; pero esas opciones se fueron y solo tengo una opción… Ayudarla porque ella es una gran persona.”
—Eclipse…—ella me miró con una falsa serenidad y seriedad; se notaba que estaba dolida y frustrada internamente, una herida con muchas huellas que la dañaron. Esto solamente es el tallo del problema, ya que hay miles de problemas más que la deben atormentar—...Escucha, quizás sea duro afrontarlo, pero recuerda que ahora mismo ya no estás sola, y sé que eres fuerte. Puede que no lo creas, pero eres lo suficientemente fuerte como para haber afrontado situaciones en donde pusiste tu vida en riesgo; eso, a mis ojos, te hace alguien valiente.—dije con total serenidad. No había mentiras ni un falso pensamiento de esperar algo a cambio, solo dije lo que ella necesitaba oír.
El silencio entre nosotros surgió en el momento que ella me miró impactada. Al instante sentí una calidez en el viento que me golpeaba el cuerpo como ligereza. Su mirada era brillante; sus pupilas estaban a punto de llorar, pero sus ojos parecían expresar algo más, algo que yo no veía o no comprendía…
El silencio se desvaneció con una larga e inesperada risa que contuvo. Sus lágrimas salían de forma tan pura, no por la risa, sino que esa tristeza la botaba desde un punto en donde pudiera liberarse, liberarse de esas ataduras que la tenían atrapada con ese dolor que le dañaba su alma e identidad.
—¡Jajaja! Eres muy chistoso.—decía entre risas Eclipse.
—¿Qué es lo que te da tanta risa?—pregunté anonadado y algo intrigado por la respuesta.
Su sonrisa paró y comenzó a secarse las lágrimas mientras tomaba una postura de impresión ligera.
—Me impresiona que tengamos la misma edad, pero me hablases como alguien adulto, similar al profesor Silas.—dijo con impresión mientras me miraba con una sonrisa de oreja a oreja tan pura, y sus ojos levemente entrecerrados que parecían ocultar una sublime y tenue picardía en ellos.
“Si lo tomo en cuenta y basándome en ese recuerdo en los baños, mi cuerpo parecía de alguien en sus veinte. Sumando la edad de este cuerpo, probablemente tendría alrededor de casi cuarenta años; pero como solamente llevo viviendo ocho meses aproximadamente en este cuerpo, tendré unos veintitrés, veinticinco años, supongo…”
—¡Oye, tampoco soy tan viejo!—dije refunfuñando de forma carismática mientras mostraba una expresión de falso enojo.
—No-no-no, no lo decía por eso, sino porque me hace preguntarme: ¿qué tanto has vivido para darme consejos tan maduros?—dijo Eclipse con un cierto respeto tenue en su voz impresionada mientras me miraba.
Yo me quedé callado, porque no podía responderle cosas sobre lo que ha vivido este cuerpo; solo tengo unas vagas memorias mías.
—No te creas, solo soy algo más maduro que tú y punto.—dije con una burlesca autoridad en contra de Eclipse.
—¡Jajajaja!…—ella, después de reírse, miró al cielo—...Gracias por la salida, Edward, pero creo que deberíamos volver, ¿no crees?—dijo con un tono calmado y tenue.
—Sí, pero antes quiero que me prometas algo.—dije con seriedad.
Ella se puso atenta y lista para escucharme.
—Quiero que pelees con ellos, con tus hermanos.—dije con firmeza mientras la miraba fijamente.
Ella quedó helada con lo que dije… O creo que no fue una buena idea haber dicho eso.
—¿¡Eres estúpido!? ¡Por más que haya podido contarte mi trauma y mi conflicto interno, no puedo simplemente combatirlos como si nada!—dijo molesta mientras con sus manos expresaba, en conjunto con sus expresiones, su molestia.
—Sí, pero creo que ya has tenido tiempo suficiente para pensarlo. ¿No deberías afrontarlo? Si no lo haces ahora, no lo harás nunca.—respondí.
—Es cierto, pero sé que no tengo chances de ganar…—dijo con un tono solemne que poco a poco iba bajando más.
—¿Quién dijo que era para ganar? Tú ganarás con el hecho de pararte enfrente de ellos y combatir, incluso si no es tu especialidad. Si afrontas el miedo y tus traumas, no habrá nadie que te detenga; además, en un caso grave, yo irrumpiré en la pelea.—respondí con una mueca ligera para aliviar su solemnidad y bajo ánimo.
Ella sonrió y entrecerró sus ojos.—Gracias.—respondió.
—Oye, a todo esto… Ya no puedo volver a mi casa…—respondí con neutralidad, en donde por dentro me sentía devastado, ya que no tendría lugar para dormir.
Ya que, a diferencia de un bosque, tengo espacio y materiales para formarme un refugio temporal, pero aquí en un reino es difícil, y tampoco quiero dormir con gente mirándome y merodeando alrededor.
—Puedes dormir en mi habitación…—dijo Eclipse avergonzada mientras me agarraba la manga.
—¡¿Lo dices en serio?!—dije con emoción.
Ella se sonrojó y se apartó.
—Sí, pero por favor no vuelvas a actuar así…—dijo con leve incomodidad por mi emoción. Y no la culpo, ya que por más que sea neutro y no muestre mucho mi ser, acabo de emocionarme de más y cometí un error tan estúpido enfrente de ella… Dios mío.
…
…
—Bien, tengo un colchón en esa pieza oscura que sé que viste antes.—dijo Eclipse algo agotada después de subir quince pisos para llegar a su habitación.
—Ve a descansar, yo mismo sacaré el colchón y dormiré. Muchas gracias por dejarme dormir acá, sé que no es de tu agrado.—dije con total gratitud y serenidad, pero esta vez sin exagerar.
Ella fue al baño, en donde probablemente se cambiaría a su pijama. Por otro lado, yo, dentro del cuchitril de cosas que tenía, saqué un colchón que era amplio y cómodo para mí. Incluso era un poco más acolchado y amplio que mi cama, por lo cual lo coloqué algo alejado de la cama de Eclipse y, robándome una almohada del sofá, me acosté en mi colchón.
“Qué gratificante, después de todo; incluso el escuchar a alguien tiene un cierto peso en uno, pero ahora mismo creo que pude quitar una carga en ella…”—Eclipse salió del baño con su pijama que parecía un oso afelpado y se lanzó como un saco de arena a su cama.—“Ahora parece alguien totalmente renovada y ligera. A simple vista se ve mejor, ya no tiene esa aura y vibra lúgubre y desolada; ahora parece alguien aliviada.”—eso me hacía alegrarme un poco.
—Buenas noches… Eclipse.—dije mientras apagaba las luces que había en la habitación.
—Buenas noches, Edward.—respondió mientras soplaba las velas de la mesa y los muebles cercanos a su cama.
Así la noche comenzó a silenciarse, tanto visual como auditivamente. No había ruido alguno más que nuestras respiraciones que se oían. Era bajo, pero podía oír la respiración de Eclipse: era relajada y muy estable. La luz que llegaba a la habitación era solamente la de la pálida luna que vigilaba desde las penumbras. Esta noche finalizó probablemente una etapa que, si hubiese dejado para más adelante, hubiese sido un caos que era evitable…
…
…
—Buenos días…—escuchaba una voz muy pero muy lejana; veía borroso y escuchaba todo como si estuviese en el fondo del mar.
Al despertar y fregarme los ojos con mis manos para quitar la suciedad de mis ojos, vi a Eclipse que estaba mirándome desde arriba mientras yo estaba acostado devolviendo la mirada a ella.
—Buenos días.—respondí con la voz atrapada en el cómodo sueño, una voz baja y somnolienta.
Me estiré y me levanté rápidamente; ordené el colchón que me fue prestado al igual que los alrededores, limpié y lavé los vasos y platos utilizados anoche.
—Eclipse, ¿puedo usar tu ducha?—pregunté.
Ella asintió sin duda.
—Después de ducharte comeremos algo rápido y tenemos que ir abajo, si no llegaremos tarde.—respondió Eclipse, que comenzó a ordenar su habitación.
…
…
Salí de la ducha y ambos nos comimos un pan con mermelada acompañado de unas galletas gigantes que son muy deliciosas; cada vez que las comía se me hacía agua la boca.
Una vez terminamos, bajamos hasta llegar a la calle; luego dimos media vuelta a la calle para ir a la entrada principal.
—Al final no llegamos tarde.—dije con alivio mientras caminaba.
—Por suerte no. ¿Hoy qué clases tienes?—preguntó Eclipse con intriga y una mirada que me obligaba a responder.
—Hoy me toca en la facu-
—Creo que hoy te toca decirnos: ¿qué mierda haces con nuestra hermanita?—dijeron atrás de mí. Su voz era aguda y se notaba la intriga y molestia; además, una de las manos del sujeto me apretaba el hombro con brusquedad.
Me giré y, para la sorpresa de nadie, eran la dupla de imbéciles: James Soler y Jeremy Soler.

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El Personaje Terciario Que Desafió Su Trama. (Novela)
Capítulo 34
El Personaje Terciario Que Desafió Su Trama. (Novela) Capítulo 33
Estás leyendo el capítulo 33 de El Personaje Terciario Que Desafió Su Trama. (Novela), un novela. Edward Vangort, ¿Quién es? Un personaje que ni siquiera aparece en la trama de la misma historia, pero antes de llegar a este mundo era…¿Quién era…? Debido a una amnesia parcial provocada por el sistema dando solo… Este capítulo tiene publicado el 2 de abril de 2026. El Personaje Terciario Que Desafió Su Trama. (Novela) tiene 47 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.