Leer El Juego del Árbol del Mundo (Novela) Capítulo 59 online gratis en español
🏴 Grupo: Nishino✍️ Traducción: Nishino
Se trataba de una caverna en penumbras, iluminada por antorchas en las paredes que proyectaban sombras vacilantes sobre la roca.
A ambos lados del antro se hallaban grabados murales rudimentarios que narraban las gestas de la guerra divina de hace mil años: la legendaria historia en la que los dioses unieron fuerzas para infligir una herida devastadora al Árbol del Mundo y a la civilización élfica, transmitida de generación en generación en los clanes de los semiogros.
En el centro de la cueva se erigía un altar levantado con cráneos amontonados.
Sobre la estructura descansaba una estatua tosca que representaba a Uller, el Dios del Invierno y la Cacería.
Ante la efigie de Uller, un anciano semiogro tuerto ataviado con una túnica gris de sacerdote permanecía arrodillado en piadosa oración.
En el silencio del recinto, solo el eco solemne de la plegaria resonaba con gravedad.
De pronto, la estatua despidió un resplandor etéreo que iluminó con intensa claridad el antro en penumbras.
El semiogro tuerto alzó la cabeza con temblor, fijando en la escultura una mirada donde se mezclaban un fervor ardiente y el asombro más absoluto...
"Un oráculo... es un oráculo..."
Se postró lleno de conmoción, dejando que la majestuosa y colosal energía divina recorriera su cuerpo.
Su mente quedó en blanco por un instante mientras una voz grave y augusta resonaba con estruendo en su cabeza:
"Investiga... Florencia, elfos, cuidado... bendecidos por la Diosa de la Muerte."
Tras retornar al Reino Celestial, Uller había logrado atar cabos.
¡Aquellos elfos de ninguna manera constituían el ejército de espíritus heroicos de Hela!
Esto se debía a que... ellos poseían cuerpos físicos, mientras que los espíritus heroicos carecían de carne.
Además, si una hueste de espíritus heroicos hiciera su aparición en el continente de Saigües, desataría un rechazo vehemente por parte de las demás divinidades.
Ni siquiera la mismísima Hela podía permitirse enfrentarse a todos los dioses.
¡El trágico destino de Yggdrasill en aquel entonces servía como prueba irrefutable!
Aun así, era indudable que esos elfos guardaban relación con los bendecidos de Hela.
¡Pues únicamente Hela poseía el poder de conceder la inmortalidad a los seres vivos!
Y todo esto requería ser investigado a fondo por sus creyentes...
Al escuchar la voz divina, el anciano sacerdote semiogro sintió un leve estremecimiento y hundió la cabeza aún más contra el suelo:
"¡Mountain, sumo sacerdote de la Tribu de la Caverna de las Rocas de los semiogros, acata con devoción el oráculo!"
Acto seguido, la efigie volvió a resplandecer y una imagen borrosa se proyectó en su mente:
¡Se trataba de una multitud de desafortunados trasgos perseguidos con frenesí por un grupo de elfos con la mirada enrojecida!
Aquellos elfos llevaban el cuerpo cubierto de cabo a raya con toda clase de equipamientos inservibles, luciendo como si se los hubieran arrebatado a los trasgos...
La escena cambió en un parpadeo: un elfo fue reducido a pulpa por una fuerza misteriosa, pero en un abrir y cerrar de ojos reapareció lleno de vida...
Al presenciar esta visión, la mente del anciano sacerdote sufrió una sacudida brutal.
"¿Elfos? ¡¿Cómo es posible que existan tantos elfos?! ¡¿Qué demonios están haciendo?! ¡¿Acaso no pueden morir?!"
Exclamó fuera de sí, incapaz de contenerse.
La estatua no ofreció respuesta alguna.
En un instante, el anciano sacerdote comprendió que había perdido la compostura.
Inhaló un hondo suspiro y, manteniéndose postrado en el suelo, extendió la mano para trazar el símbolo de un arco sobre su pecho:
"¡Alabado sea el invierno, alabada sea la cacería, alabado sea el gran Padre Dios!"
Transcurrido un momento, el resplandor de la estatua se desvaneció paulatinamente.
El anciano semiogro alzó la cabeza y descubrió que su espalda se hallaba empapada en un sudor frío.
"Un oráculo... en verdad era un oráculo...."
Murmuró con la voz impregnada de una agitación incontenible.
Haber recibido un oráculo significaba que gozaba de la gracia divina y que la mirada del dios se posaba sobre él.
Tras inhalar profundamente, el sumo sacerdote semiogro Mountain reprimió el vuelco de su corazón y se puso a reflexionar sobre el contenido del oráculo:
"¿Qué significaba exactamente esa visión?"
Comenzó a caminar de un lado a otro mientras cavilaba con el ceño fruncido.
"¿Se trata del Bosque de los Elfos? Pero ¿no habían migrado la mayoría de los elfos? ¿De dónde salieron tantos? ¿Acaso están atacando a los trasgos de Florencia? ¿Y de verdad no pueden morir? ¿Atrás de ellos... se encuentran los bendecidos de la Diosa de la Muerte?"
Él sabía perfectamente que Su Excelencia el Padre Dios había reclutado a una horda de trasgos en el Bosque de los Elfos, con el propósito de que lo auxiliaran en la búsqueda de los cristales de sangre divina de la caída Madre de la Naturaleza: Yggdrasill.
De hecho, como sumo sacerdote de la tribu de semiogros más cercana al Bosque de los Elfos, él mismo había aportado no poco esfuerzo en dicho proceso.
Incluso a pesar de que despreciaba enormemente a esos débiles y feos trasgos.
Y a juzgar por la situación actual, parecía que las cosas habían tomado un rumbo inesperado.
"Los bendecidos de la Diosa de la Muerte...."
Murmuró para sus adentros el sumo sacerdote Mountain.
"¿Será posible que... esto sea obra de aquella figura del Inframundo?"
Pensando en ello, su rostro se tornó cada vez más grave.
"Parece que resultará necesario enviar a alguien a investigar el asunto."
"Hablando de eso, hace un par de días el bastión de la tribu en el Bosque de los Elfos envió un mensaje informando que dos mercenarios semiogros habían desaparecido. ¡Esta vez aprovecharé la oportunidad para investigar todo de una sola vez!"
Tras inhalar profundamente, el sumo sacerdote Mountain abandonó la cueva ancestral destinada al culto divino.
Al salir de la caverna, el entorno se iluminó de golpe, revelando a la vista un valle descomunal.
Las paredes rocosas de color negro resplandecían con intensidad bajo la luz del sol.
A los pies de las montañas, hileras de casas construidas con piedra y paja se distribuían de manera bien organizada rodeando la cueva.
A simple vista, ¡había nada menos que un millar de ellas!
Este era el asentamiento semiogro más cercano al Bosque de los Elfos, conocido como la Tribu de la Caverna de las Rocas.
La Tribu de la Caverna de las Rocas era una aldea semiogra de tamaño mediano con una población que alcanzaba las cinco mil almas, situada justo en la frontera sudeste entre el Bosque de los Elfos y las Montañas Oscuras, a más de trescientos kilómetros de la región central del bosque.
Y el líder de la tribu no era otro que el sumo sacerdote semiogro Mountain, un sacerdote de rango Plata Inferior.
Mountain caminó hacia el interior de la aldea y, al contemplar a sus congéneres transitando de un lado a otro por el lugar, una expresión de satisfacción asomó a su rostro.
Cuando él era joven, la Tribu de la Caverna de las Rocas apenas era un pequeño clan con menos de mil integrantes.
Y tras florecer durante tantos años, la tribu había logrado finalmente expandirse gracias al respaldo del dios verdadero.
En este proceso, los exorbitantes ingresos derivados de la cacería de elfos habían desempeñado un papel fundamental.
Recordando esto, la expresión de Mountain volvió a tornarse seria y sombría.
Si el Bosque de los Elfos llegaba a experimentar algún inconveniente, esto representaría un golpe devastador para la Tribu de la Caverna de las Rocas.
Exhaló un profundo suspiro, mientras una sombra de inquietud cruzaba por su frente.
"Traigan a Blackstone."
Ordenó a sus subordinados.
En poco tiempo, un fornido semiogro hizo su aparición frente a Mountain.
Poseía una corpulencia semejante a una torre de hierro, con una estatura cercana a los dos metros, una calvicie prominente y dos colmillos asomando fuera de su boca, proyectando un aspecto feroz.
Blackstone, el guerrero más célebre de la Tribu de la Caverna de las Rocas junto con Panshi, el desaparecido, ¡gozaba de una fuerza equivalente a la cúspide del rango Hierro Oscuro Superior!
"Blackstone presenta sus respetos ante el señor sumo sacerdote."
Avanzó hacia Mountain y se hincó con actitud reverente.
Mountain le dedicó una mirada y asintió para sus adentros:
"Ponte de pie."
Al recibir la orden de Mountain, Blackstone se puso de pie y permaneció a un costado en absoluto silencio.
Ante el respeto mostrado por Blackstone, Mountain sintió una enorme satisfacción.
Tras meditarlo un instante, pronunció:
"Blackstone, eres uno de los guerreros más poderosos de la tribu; en esta ocasión, tengo una encomienda que confiarte..."
"Toma a tu cargo a una escuadra de guerreros de rango Hierro Oscuro Medio, suma a un sacerdote, equipa a tus hombres con el mejor armamento de la tribu y dirígete al bastión que poseemos en el Bosque de los Elfos. Una vez allí, organiza a las tropas para inspeccionar las ruinas de Florencia."
A mitad de sus palabras, hizo una pausa, reflexionó brevemente y sacó un fragmento de hueso de entre sus ropas para entregárselo a Blackstone:
"Esta es una reliquia sagrada de la tribu, capaz de canalizar el poder del Padre Dios. En un momento crítico, permite ejecutar un milagro divino de inmenso poder; además... ¡posee la facultad de purificar a los no-muertos!"
"Esta vez es muy probable que te topes con los bendecidos de la Diosa de la Muerte; por lo tanto, si adviertes peligro, emprende la retirada de inmediato, e incluso puedes abandonar el bastión en un instante crucial..."
"Por otro lado..."
Los ojos de Mountain brillaron con intensidad y añadió con severidad:
"Si te encuentras con elfos fuera de lo común, debes ingeniártelas a toda costa para capturar a uno con vida y traerlo de vuelta a la tribu..."
"¡Si desempeñas bien esta labor, la tribu te otorgará una recompensa colosal!"

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El Juego del Árbol del Mundo (Novela) Capítulo 59
Estás leyendo el capítulo 59 de El Juego del Árbol del Mundo (Novela), un novela. En _El Reino de los Elfos_, la Guerra Celestial de hace mil años provocó la caída del Árbol del Mundo. En un mundo gobernado por dioses verdaderos, la caída de la civilización élfica no tardó en llegar. Han pasado mil… Este capítulo tiene publicado el 25 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Nishino. El Juego del Árbol del Mundo (Novela) tiene 80 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.