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Leer El Juego del Árbol del Mundo (Novela) Capítulo 34 online gratis en español

🏴 Grupo: Nishino✍️ Traducción: Nishino
Acompañando a una serie de fuertes aclamaciones, incontables siluetas vestidas con túnicas de cáñamo y armaduras de madera, blandiendo cuchillos de madera y bastones mágicos, surgieron de entre la espesura del bosque desde todas las direcciones. El Gran Sacerdote Duende, Gulu, se llevó un buen susto ante semejante estruendo de gritos entusiasmados. Levantó la cabeza y, en cuanto distinguió con claridad aquellas esbeltas figuras una por una, exclamó perdiendo los papeles: "¡¿Elfos?!" Por el Dios del Invierno y la Caza, ¿de qué parte del Bosque Élfico habían brotado tantos de ellos? ¿Acaso no habían emigrado a todas partes desde hacía mucho tiempo? Por puro instinto, Gulu estuvo a punto de darse a la fuga. No era para menos; se trataba de un concepto arraigado a lo largo de milenios. Incluso si la raza élfica estaba en decadencia, un elfo común y corriente poseía una fuerza que superaba el rango de hierro. Y él, un simple y pequeño duende, por muchos encuentros fortuitos que hubiera vivido y por mucho que se hubiera convertido en sacerdote, era absolutamente incapaz de derrotar a decenas o cientos de elfos. Sin embargo, el impulso de escapar apenas afloró cuando él mismo lo suprimió de inmediato. "¿Eh? No, espera..." Gulu reaccionó en su fuero interno. Si de verdad hubiera tantos elfos con una fuerza tan formidable, su tribu habría sido expulsada de las ruinas élficas desde hacía mucho tiempo. Al pensar en esto, Gulu observó con mayor detenimiento, y lo que vio trajo de inmediato una total tranquilidad a su corazón... ¡Resultaba que este grupo de elfos estaba compuesto por completo por novatos que ni siquiera habían alcanzado el poder de un profesional! En un parpadeo, Gulu esclareció las causas y los efectos. ¡Así es, la desaparición de los duendes de la tribu definitivamente se debía a las artimañas de estos tipos! No obstante, acto seguido, este anciano duende se sintió aún más desconcertado. ¿De dónde demonios habían salido tantos elfos que ni siquiera llegaban al nivel 11? Lo meditó utilizando su limitada capacidad cerebral... No lograba entenderlo... Por lo tanto, decidió dejar de pensar en ello y, en su lugar, se mostró ansioso por entrar en acción: "¡Qué más da, por el Dios del Invierno y la Caza! Sin importar de dónde hayáis brotado, ¡vuestra mala suerte os trajo ante mí! Al ofrecer vuestras vidas como sacrificio de sangre a Su Majestad el dios verdadero, sin duda alguna recibiré sus recompensas." ¡Aniquilar a tantos elfos definitivamente le granjearía los elogios de la deidad! Aunque la raza élfica poseía una gran fuerza, no eran una raza guerrera por naturaleza; al ser amantes de la paz, su poder de combate dentro del mismo rango siempre tendía a ser deficiente. Y este grupo de novatos elfos que ni siquiera eran de nivel 11, a ojos de Gulu, ¡probablemente no valían más que un grupo de duendes de nivel 10! ¡Para lidiar con enemigos de este nivel, él solo se bastaba y se sobraba! Jaja, lo más seguro era que los elfos huyeran despavoridos en cuanto resultaran heridos; es más, tal vez con solo ver a su ejército de no muertos se asustarían y saldrían en estampida... Con este pensamiento en mente, Gulu soltó una risa fría y agitó su bastón mágico. Una energía de color púrpura oscuro se liberó desde el bastón de calavera y, en un abrir y cerrar de ojos, aparecieron más de diez no muertos esqueléticos... "¡Acabe con ellos! ¡No dejen escapar a ninguno!" Ordenó Gulu. Al recibir la instrucción de Gulu, los no muertos desenvainaron sus cuchillos de hueso y arremetieron contra los elfos agitando sus garras... "¡Mierda, de verdad es magia de no muertos!" Los jugadores que acababan de llegar se llevaron un buen susto y, por un momento, se detuvieron en seco uno tras otro. El Gran Sacerdote Duende contempló a los jugadores que lo miraban con los ojos como platos, sintiéndose todavía más engreído en su interior. Jaja... ¿Ya se han asustado con esto? La apariencia externa de los no muertos esqueléticos era ciertamente aterradora, y los no muertos que él invocaba eran aún más especiales; ¡la energía de muerte que irradiaban era capaz incluso de corroer las almas de los más débiles! ¡No existía ser vivo que no sintiera una buena dosis de temor tras presenciar a su ejército! Así es, ¡este era el poder de la muerte, este era el poder de un nigromante! Sintiendo la desbordante energía que recorría el bastón mágico, Gulu adoptó una expresión de absoluto deleite... ¡Teman! ¡Huyan despavoridos! "¡Y después, disfrutad de ser perseguidos y masacrados por los no muertos!". Sin embargo, lo que los elfos dijeron a continuación hizo que se quedara un tanto perplejo. "¡Mierda, es superrealista... De verdad me he llevado un buen susto...". "No cabe duda de que es un juego de realidad virtual con un cien por ciento de realismo, ¡los efectos especiales de la magia de no muertos son una pasada!". "¡Qué pasada de aspecto tienen estos esqueletos no muertos!". Los elfos contemplaban a cada uno de los no muertos invocados con un entusiasmo desbordante, sin mostrar ni el más mínimo rastro de temor. ¿Ellos... no tenían miedo? ¿Acaso sus almas no se veían afectadas por la energía de la muerte? Gulu se quedó atónito. Pero, acto seguido, su expresión volvió a tornarse despectiva. Jaja... Parecía que todavía no conocían el poder de los no muertos, que aún no sabían que serían corroídos gradualmente... Qué grupo de novatos que no han visto nada de mundo... No sabéis absolutamente nada sobre el poder de los no muertos. ¡Muy pronto presenciaréis lo que es un verdadero ejército inmortal! ¡Lo que es desear la muerte antes que seguir viviendo! Con este pensamiento en mente, Gulu agitó una vez más su bastón mágico, desplegando su fuerza al máximo... En un instante, aparecieron más de diez esqueletos no muertos recién invocados. Innumerables no muertos se agruparon, irradiando una densa energía de muerte que hizo que la temperatura del bosque descendiera unos cuantos grados en un momento. Al sentir el poder de los no muertos, el Gran Sacerdote Duende se mostró sumamente engreído. ¡Iba a utilizar una ventaja abrumadora para que este grupo de novatos que ignoraba la inmensidad del mundo aprendiera lo terrible que era la muerte! "¡Mierda! ¡Ha vuelto a invocar!". "¡Rápido, usad inspección para ver su fuerza!". "¡El jefe es nivel 11, y los esbirros son nivel 10!". "¡Los esbirros están protegiendo al jefe, atacad primero a los esbirros! ¡Limpiad la zona de esbirros!". "¡Los de fuerza al frente, los lanzadores de conjuros apoyad desde atrás!". "¡Un equipo se encargará de dos esqueletos, y los equipos de nivel máximo que ataquen al jefe cuando tengan oportunidad! ¡Busquen sus puntos débiles y sus mecánicas de ataque! ¡No podemos dejar que siga invocando!". "¡Los que mueran que corran de inmediato desde el punto de resurrección!". Los elfos murmuraban términos que Gulu no alcanzaba a comprender, mientras se ponían en acción de igual manera. Para sorpresa del Gran Sacerdote Duende, ningún elfo optó por huir; al contrario, se mostraron cada vez más excitados. ¡Blandiendo sus cuchillos de madera, arremetieron directamente contra su ejército de no muertos! Las dos fuerzas chocaron de inmediato en un combate encarnizado. La sangre salpicó por doquier. Los no muertos de nivel 10 eran ciertamente temibles. Aunque los jugadores ya habían pasado por cierto entrenamiento, seguían sin ser rivales para ellos; en un abrir y cerrar de ojos, el primer grupo en entrar en combate resultó gravemente herido y una buena cantidad cayó al suelo bajo los ataques de las criaturas. Al ver a los elfos sufrir bajas tan devastadoras en un instante, el Gran Sacerdote Duende no pudo evitar reír con frialdad. Jaja, entablar un combate cuerpo a cuerpo contra no muertos, qué panda de idiotas. Casi podía prever la conmoción y la posterior desbandada de los elfos. La población de la raza élfica ya era de por sí escasa; a ojos de Gulu, ¡les era imposible tolerar un número elevado de bajas! Estaba convencido de que, en cuanto murieran unos cuantos, los elfos empezarían a huir despavoridos. Sin embargo, lo que ocurrió a continuación superó por completo las expectativas de Gulu. Aquellos elfos que habían caído heridos se pusieron en pie de nuevo a base de tropiezos, completamente entusiasmados y haciendo caso omiso de las heridas que no paraban de sangrar en sus cuerpos. Especialmente los elfos varones. Blandían sus armas como si el cuerpo que sangraba y recibía heridas no fuera el suyo, y continuaban arremetiendo contra los no muertos dando alaridos. Gulu no contaba con un sistema de juego que censurara las escenas desagradables. Por lo tanto, ante sus ojos, aquella batalla cobró un tinte de una crueldad espantosa... Vio a un elfo a quien le habían cercenado una pierna de un tajo; lejos de retroceder, continuaba avanzando a saltos para seguir dando tajos con su cuchillo de madera. Vio a otro elfo cuyo brazo fue destrozado por la magia de un compañero; se limitó a girarse para soltar un madrazo: "¡Inútil, apunta bien!", antes de voltearse y arrojarse de nuevo al campo de batalla... Incluso vio a un elfo con el abdomen perforado por un no muerto, al punto de que las tripas le colgaban hacia fuera balanceándose, pero el sujeto actuaba como si no sintiera nada; mientras soltaba una carcajada salvaje, se enfrascaba en un duelo a muerte con el esqueleto... Tú me das un tajo, yo te doy otro; una auténtica locura en la que no les importaban en absoluto sus propias heridas ni la vitalidad que se les escapaba a chorros. Cada elfo que caminaba hacia la muerte lo hacía con el rostro lleno de una satisfacción y un deleite absolutos... A lo sumo, soltaban un sorpresivo: "¡Mierda, me muero!", antes de poner los ojos en blanco, cerrar los párpados y exhalar su último aliento. Tampoco les importaba lo más mínimo la vida o la muerte de sus camaradas; nadie mostraba tristeza por la caída de un compañero, era como si en sus ojos solo existiera el enemigo. No solo eso, sino que algunos elfos, al ver a un compañero morir desgraciadamente, incluso soltaban una carcajada burlona regodeándose en su desgracia, y de paso aprovechaban para recoger su equipamiento... Gulu se quedó completamente estupefacto ante la escena. ¿Qué... qué demonios les pasaba a estos elfos? ¿Acaso no sentían dolor? ¿Acaso carecían de sentimientos? ¡¿Es que... no temían a la muerte?! No, de verdad no le temían a la muerte... Gulu incluso vio a un elfo soltar un gran rugido para abalanzarse por iniciativa propia contra el cuchillo de hueso de un no muerto, dejándose atravesar de lado a lado, solo para sujetar con firmeza a la criatura entre sus brazos mientras escupía bocanadas de sangre y gritaba emocionado a sus compañeros: "¡Tengo agarrado al esqueleto, aprovechad para desmantelarlo!" En ese instante, Gulu quedó sumido en un shock absoluto. Le sobrevino un escalofrío repentino y murmuró: "Están locos..." "Definitivamente están locos..." "¡Este grupo de elfos se ha vuelto completamente loco!"
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Estás leyendo el capítulo 34 de El Juego del Árbol del Mundo (Novela), un novela. En _El Reino de los Elfos_, la Guerra Celestial de hace mil años provocó la caída del Árbol del Mundo. En un mundo gobernado por dioses verdaderos, la caída de la civilización élfica no tardó en llegar. Han pasado mil… Este capítulo tiene publicado el 14 de junio de 2026, Traducido por el grupo Nishino. El Juego del Árbol del Mundo (Novela) tiene 80 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.