Leer El Hada Errante (Novela) Capítulo 304 online gratis en español
🏴 Grupo: Diganmma✍️ Traducción: Diganmma
“Mierda…”
Las palabras salieron de su boca en un violento torrente de tos. El Viajero no tenía ninguna duda de que su costilla rota probablemente le había perforado un pulmón.
Soren observaba el horror que se desarrollaba a lo lejos con una chispa de curiosidad en los ojos, mientras la sangre le corría lentamente por el labio inferior.
No pudo evitar notar que la figura de Mordred había vuelto a crecer desde su enfrentamiento con Ynixia. Incluso ahora, Soren podía percibir que la activación del Asedio aún no había cesado. Cuanto más tiempo perdieran, mayor sería el peligro.
Sonrió levemente, entre toses y risas, al sentir que sus heridas comenzaban a sanar repentinamente. Al menos, una de sus teorías finalmente se había confirmado:
Mordred, el Caballero de Espinas Negras al que se enfrentaban, ¡había sido una Sombra Viviente todo el tiempo! Soren ahora estaba seguro de que ese no era su verdadero cuerpo.
La razón era simple: este mundo, por infernal que fuera, aún tenía sus virtudes. Es decir, las Sombras Vivientes que atacan a otros no necesariamente causan daño físico en el sentido natural. En cambio, las heridas que provocan sanan de inmediato, pero a cambio, una parte de los recuerdos de esa persona es consumida por la sombra que la atacó.
De ese modo, la amenaza de Carcosa era de aniquilación existencial, no simplemente de muerte biológica. Si perdiera todos sus recuerdos y olvidara incluso su propia identidad, el vacío lo consumiría instantáneamente, borrándolo de la existencia.
Sin embargo, a diferencia de los demás, Soren tenía una ventaja. Su Arma del Alma y su conexión con Biblion le permitían recordar cualquier información que pudiera perder a través de [Registro]. Claro que este efecto seguía limitado por su cantidad de ánima, pero le daba la oportunidad de ser imprudente sin correr demasiado riesgo. Al menos, por ahora…
Bajó la mirada hacia su mano temblorosa: el Brazalete Espacial había liberado tres objetos de papel de colores: una serpiente de origami plegada de color naranja rojizo que se comía su propia cola, un ojo de origami plegado con varias pupilas de colores cambiantes y, por último, una estrella negra de origami plegada que podía desplegarse sobre sí misma.
Estas tres figuras de origami eran talismanes creados con la técnica de Resurrección de Plegado de Papel. Como solo podía usarlas una vez, Soren las había estado guardando durante un tiempo.
La última fue especialmente útil: le permite a Soren revivir el fenómeno de las heridas que se había infligido anteriormente. Dado que Carcosa borra estas heridas a cambio de sus recuerdos, técnicamente seguían siendo una forma de «historia olvidada». Al menos, parece que su afinidad las consideraba así.
¿Debería usarlo ahora?
Reflexionó brevemente, pero rápidamente descartó la idea. Probablemente llegaría un momento en que serían mucho más útiles; su dilema actual aún tenía otras soluciones que podía explorar.
Con una leve risita, Soren guardó el talismán en el Brazalete Espacial. Pero justo cuando estaba a punto de planear su siguiente movimiento, una repentina explosión sacudió el suelo una vez más, haciéndolo retroceder tambaleándose.
“¿Qué…?” Sus ojos se dirigieron rápidamente hacia donde ahora se alzaba la gigantesca fortaleza, blindada más allá de lo que jamás podría imaginar. Cada centímetro de su oscuro acero parecía vivo y sediento de sangre.
Frunció el ceño profundamente.
Antes de que pudiera asimilar lo sucedido, una fuerza inesperada comenzó a actuar sobre su cuerpo. Sintió como si una mano invisible lo arrastrara hacia las garras de la Fortaleza.
“¡¿Eh?!” Intentó agarrarse a los escombros cercanos, pero fue inútil. Su cuerpo se deslizaba hacia adelante por sí solo, guiado por una fuerza invisible que ni siquiera podía ver con [Ojos del Hada].
Apretando los dientes, Soren lanzó al instante Espada de Hada, clavando la espada profundamente en el suelo. Pero ni siquiera eso sirvió de nada: la espada de cristal se hizo añicos por el simple peso. Su cuerpo se precipitaba hacia Mordred a toda velocidad, sin nada que pudiera detenerlo.
"¡Aún no!"
Volvió a lanzar Espadas de Hada, esta vez añadiendo más peso y masa. Una espada mucho más grande que cualquiera que hubiera creado se manifestó rápidamente, incrustándose en los escombros circundantes y deteniéndolo momentáneamente. Pero si bien esto impidió que fuera arrastrado hacia Mordred, Soren comenzó a notar que se formaban grietas rápidamente. Sabía que esto tampoco duraría mucho.
A lo lejos, vio a Albert clavando sus garras profundamente en la tierra para evitar que le sucediera lo mismo. Ynixia y Victoria estaban protegidas por su presencia.
Camilla… El nombre le vino a la mente brevemente. Era la única a la que ya no podía ver.
Pero justo antes de que pudiera buscarla con la mirada, sus ojos místicos comenzaron a percibir un cambio sutil que al instante se transformó en algo mucho más profundo. A su alrededor, la misma estructura del salón de baile había comenzado a estirarse de una manera muy extraña. La dirección de la fuerza de tracción contra la que luchaba momentos antes también había cambiado, como si reflejara las transformaciones que ocurrían en el espacio.
Pero Soren no tuvo tiempo de asimilar nada de esto. Algo aún más extraño había ocurrido sin que él se diera cuenta.
¡El salón de baile… había desaparecido repentinamente de la vista!
Tras parpadear varias veces, el Viajero comprendió rápidamente su nuevo entorno. Un campo abierto, oscuro y neblinoso había reemplazado al opulento salón de baile repleto de lujos. Incluso el techo decorado al que se había acostumbrado había desaparecido por completo, sustituido por los familiares cielos sombríos de Carcosa.
Ceniza oscura cubría lo que antes eran baldosas de mármol rotas y escombros. Los pilares de piedra se habían transformado en árboles viejos y marchitos que se convertían en polvo al menor contacto. Y las ruinas de una civilización antigua yacían esparcidas a su alrededor.
Al final de esta escena desgarradora se alzaba la imponente figura de Mordred, dominando las tierras cubiertas de niebla como un tirano opresor que lo observa todo en la oscuridad. Fue solo entonces cuando Soren empezó a comprender la escena:
«Esto es lo que vimos fuera del Castillo de Hyades…» La misma plaza y civilización sin nombre que habían atravesado antes de llegar a este bastión maldito. La única diferencia era que el castillo había desaparecido. En su lugar, ahora se alzaba el mismísimo Caballero de Espinas Negras: la Fortaleza Traidora, a la espera del asedio de su enemigo.
Sobre los restos dispersos de una ciudad olvidada, Soren podía verlo todo. Mordred permanecía solemne ante ellos; su casco con visera parecía más la cima de una torre colosal que una armadura. El martillo descomunal que blandía comenzaba a moverse levemente, su forma metálica transformándose según la voluntad de su amo.
“Ya veo… Camilla. Ella debió haber ordenado al subespacio que cambiara…”
Con sus poderes como Espíritu Guardián, tal acción sería posible. Técnicamente, aún se encontraban en el salón de baile. Pero el espacio correspondiente a esa zona en el Castillo de las Híades se había transformado en un entorno más apropiado para esta batalla…
Sonrió levemente. Supongo que aceptó su papel con bastante rapidez… La [Carta de la Perspicacia] que le había dado le proporcionaba instrucciones muy claras. Soren no estaba seguro de que las aceptara, así que había preparado un plan B por si acaso. Pero al final resultó innecesario.
Al mirar hacia Ynixia y Albert, que ahora estaban encaramados en la azotea de uno de los edificios antiguos, Soren no pudo evitar suspirar.
“Esto no le va a gustar nada, ¿verdad…?” Murmuró las palabras en voz baja para sí mismo.
Pero ya era demasiado tarde para arrepentirse de sus decisiones. Además, estaba seguro de que esto también beneficiaría a Ynixia a largo plazo, aunque al principio no lo apreciara del todo.
Se rascó el pelo con frustración. "¿Por qué debería importarme? ¿Acaso no la odio?" Hizo una pausa de un segundo y luego negó con la cabeza.
“Empecemos ya…”
Y parecía que Mordred sentía lo mismo.
En cuestión de segundos, el coloso sombrío movió su brazo izquierdo, apuntándolo directamente hacia él. ¡[Cañón de Espinas] transformó instantáneamente el guantelete en un arma de guerra!
Los ojos de Soren se abrieron de par en par. "¡Maldición!". No tuvo tiempo ni de terminar sus insultos; un bombardeo monstruosamente grande salió disparado del cañón, dirigiéndose hacia él a una velocidad absurda.
La explosión fue inmediata. Los edificios salieron disparados por los aires tras el impacto, creando un cráter sin precedentes. Cientos de miles de espinas quedaron incrustadas por todas partes…
Pero Soren seguía vivo.
Con la ayuda de Barrera de Hadas y su astucia, logró protegerse de la mayor parte del golpe escondiéndose tras una cobertura. Luego, dispersó su presencia usando Espejismo Violeta mientras creaba distracciones con otro nuevo hechizo del tercer círculo, Reflejos Fracturados.
Este era un hechizo que ya había usado contra Mordred: le permitía manifestar clones de sí mismo hechos de su ánima, capaces de actuar y hablar de forma independiente. Desde la distancia, el acabado brillante de sus superficies podía engañar a cualquiera, haciéndole creer que era él; incluso imitaban el comportamiento de su ropa. Pero cuanto más se acercaba uno, más evidente se volvía la ilusión.
Cada vez que aparecía un Reflejo Fracturado en algún otro lugar del campo de batalla, Mordred lo atacaba inmediatamente con bombardeos precisos. Explosión tras explosión resonaba, esparciendo escombros por todas partes.
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A Soren, sin embargo, no le importaba. De hecho, buscaba precisamente ese resultado. Cuantas más espinas clavara Mordred en el entorno con sus habilidades, más información obtendría de él. Pero eso también significaba más oportunidades para que Soren lo engañara.
El Viajero continuó corriendo hacia adelante bajo la línea de fuego, zigzagueando entre edificios antiguos mientras cabalgaba sobre una Espada de Hada. Miró hacia su izquierda, notando que su reluciente Arma del Alma mostraba una página determinada:
Estado
Nombre: Mordred (¿Apellido?)
Raza: Sombra Viviente (???)
Edad: ???
Vocación: ???
Ley Centinela: El dictamen de hierro del usurpador
Rango de Centinela: Acorazado (4.ª clase)
Afinidades de Centinela: Metal Espiritual (Dominio Máximo)
Marco del alma: Voluntad embrujada (Escenario encarnado) (Olvidado)
Arma del alma: Fortaleza traidora (Única) (Nivel 8) (Olvidada)
Habilidades:
[Cañón de Espinas] - Defiende tu estandarte y afianza tu presencia.
[Malla de espinas] - Que el enemigo llore por su propia transgresión.
[Pilar Inquebrantable] - Eleva tu presencia sobre el mundo mismo.
[Punching del Destino] - Un enemigo no oculto está destinado a caer.
[Límite de la Venganza] - Tus enemigos caídos se arrepienten de sus transgresiones.
[El asedio] - Una fortaleza jamás debe caer ante sus enemigos.
[Armería de la Fortaleza] - Tu suministro de armas es ilimitado.
[La Aguja] - Impón tu presencia en el mundo.
Bendiciones: [Lluvia del Lago Llorón]
Colección de runas: ???
Al repasar la información una vez más, Soren no pudo evitar suspirar. En ese momento, solo una palabra le vino a la mente:
"Lamentable."
Fue todo muy lamentable.
Un guerrero que, según se decía, estaba al nivel de un Espíritu Soberano. Alguien que había librado incontables guerras contra los dragones de antaño. Un caballero de la Mesa Redonda, una organización legendaria que, con el tiempo, daría lugar a la creación del Imperio Avalon…
Un individuo así había caído tan bajo. Simplemente no podía imaginarlo: ¿qué clase de persona era Mordred antes del cataclismo?
La curiosidad que ardía en su pecho lo impulsó a descubrir más. A explorar todo lo que había que saber sobre Él…
Pero al mismo tiempo, eso también lo entusiasmaba para esta batalla. De hecho, incluso con todas sus limitaciones actuales, Mordred, el Caballero de las Espinas Negras, seguía siendo un enemigo formidable. Incluso insuperable.
“Centinela de cuarta clase… Un acorazado.”
Por lo que recordaba de los distintos títulos que usaban los Centinelas, este era completamente diferente. Esta información que sus ojos místicos habían obtenido probablemente se remontaba a la Era de las Mitologías o quizás incluso a la Era de los Misterios. Los títulos que usaban en la antigüedad seguramente eran distintos.
Pero la verdad seguía siendo la verdad. Aunque solo era una Sombra Viviente, su poder como Centinela era actualmente equivalente al de un Mago del Sexto Círculo, un Magister.
Y luego estaba su Ley Centinela…
«El Dictado de Hierro del Usurpador», susurró las palabras en voz baja mientras maniobraba entre los bombardeos, procurando evitar los escombros que caían con [Himnos de lo Invisible]. Sin embargo, su mente estaba absorta en las palabras que acababa de leer en la página encantada.
A diferencia de los Magos, que obtienen una Habilidad Inherente relativamente inmutable, la Habilidad Inherente de un Centinela permite que surja una trayectoria de progresión distinta. Cuando un Centinela desbloquea su Marco del Alma, la Habilidad Inherente que antes pertenecía a su Reino del Alma generalmente se transforma en dos categorías distintas: Mejoras o Talentos.
Las mejoras solían ser cambios biológicos. Cosas como poder nadar más rápido debido a una diferencia en la estructura muscular, o simplemente poseer una mayor destreza al usar ciertas armas.
Por otro lado, los talentos eran rasgos inusuales que distinguían al Centinela de alguna manera. Cosas como poder deformar los huesos, tener ojos que podían ver a través de las paredes o incluso otros rasgos sobrenaturales como volver el cuerpo invisible…
Sin importar la categoría, un Centinela que siga el Manual del Alma correcto podrá desarrollar esta Habilidad Inherente de maneras muy interesantes. Y el método para lograrlo depende en gran medida de lo que los Centinelas llaman un "Acto".
Así como los magos aprenden a definir su Persona de Magia, los centinelas necesitan hacer progresar su Marco del Alma hasta la Etapa Grabada —el equivalente mágico de la Etapa Encendida— para elaborar su Acto.
El Acto determinará cómo se desarrolla el Talento o la Mejora a medida que el Centinela avanza por las Clases iniciales e intermedias hasta que, finalmente, se vuelva indistinguible de la Habilidad Inherente que originalmente representaba. Esto sucede cuando un Marco de Alma alcanza la Etapa Encarnada, equivalente a que el Reino del Alma de un mago alcance la Etapa de Dominio.
«Rastreado, Anclado, Grabado, Tejido, Encarnado, Inmortalizado, Singularidad…» Soren recordó rápidamente las distintas etapas de un Marco del Alma que había recordado anteriormente. Solo entonces comprendió la verdad.
“Un momento… ¿No debería eso significar que también se habría manifestado?” Tenía un presentimiento muy malo; algo debía de estar mal en su análisis inicial.
Volvió a mirar al ser colosal, usando sus ojos místicos para penetrar aún más profundamente en el Más Allá. La tensión en su mente nunca había sido fácil, pero su curiosidad lo impulsaba a descubrir la verdad, aunque le aterrara.
Y fue entonces cuando lo vio… La confirmación era ahora innegable:
“Mordred ya ha fusionado su Habilidad Inherente —Voluntad Atormentada— con su Acto, el Dictum de Hierro del Usurpador…”
A diferencia de los Archimagos y Magos, que poseen un Reino del Alma de Etapa de Dominio, el Marco del Alma de Etapa Encarnada de un Centinela no crea un mundo en miniatura ni un reino interior. En cambio, transforma al propio Centinela en algo... completamente distinto.
El avance de Soren hacia la fortaleza comenzó a ralentizarse cuando sus ojos empezaron a notar algo que debería haber observado con más atención: una vez más, el acero oscuro que cubría el cuerpo blindado comenzaba a moverse de nuevo como si estuviera vivo, independientemente de la armadura hueca que permanecía estática debajo.
En ese momento, Soren no pudo evitar reírse nerviosamente.
«Solo se mencionaba brevemente en la biblioteca conservada de Caelivora… No puedo creer que sea cierto». Sin duda, Rodrick Witguard probablemente tenía interés en esa información, razón por la cual se le permitió permanecer en la biblioteca…
Soren, en cambio, nunca se impresionó; la información le parecía demasiado extravagante y absurda. Solo podía suponer que se trataba de los escritos de un viejo cuentacuentos que exageraba las historias de sus héroes del pasado y los inmortalizaba como leyendas. Aun así, una sola frase de aquel pasaje había permanecido en su mente desde aquel maldito robo… Una frase que no podía creer que estuviera a punto de pronunciar:
“Una encarnación mítica…”
La Espada de las Hadas finalmente se detuvo. Contempló al colosal ser con asombro… pero también con miedo. En efecto, todo lo que estaba presenciando era tal como lo había leído en aquel libro hacía tanto tiempo:
“La fusión del Acto de un Centinela y su Habilidad Inherente da como resultado la creación de algo que ya no podría describirse como humano. Una criatura que trasciende todo lo que el mundo natural puede producir.”
Soren negó con la cabeza y se echó a reír. «¡Qué cómico! Pensar que temería al caballero con armadura y no a las extrañas láminas de metal que se deslizan inquietantemente sobre su superficie».
Es comprensible que no se diera cuenta antes. El Arma del Alma de Mordred —la Fortaleza Traidora— era de Clase Aumento. La armadura ya había reemplazado directamente su cuerpo, por lo que cualquier transformación derivada de su Estructura del Alma habría quedado fácilmente eclipsada.
Ese metal cambiante que recubre su armadura… esa debe ser su encarnación mítica…
Y, efectivamente, sus [Ojos de Hada] revelaron rápidamente la verdad. Y esa verdad… era espantosa.
Mordred no era solo una armadura viviente. Era el mismísimo Metal Espiritual de esa armadura. Cada átomo contenía un fragmento de Su carne, de Su existencia. Y cada fragmento podía actuar de forma independiente. Eran un enjambre… ¡Un enjambre colosal de gusanos metálicos que se movían rápidamente sobre la superficie oscura de la armadura!
“No está bien… Esto no está nada bien…”
Según aquel antiguo pasaje que había leído, los Centinelas que logran alcanzar esta etapa de desarrollo de sus Marcos del Alma ya no solo se afectan a sí mismos, por paradójico que parezca... Su mera presencia comienza a interferir con el ánima de cualquier criatura viviente a su alrededor, infectándolas con su influencia.
En cuanto al ánima… ¡El ánima a la que apuntaba generalmente correspondía a los rasgos biológicos de una persona!
Para un mago o una persona común sin despertar, esta ánima suele estar dispersa en las Tres Capas, oculta bajo innumerables rasgos y factores. Aquellos que forjan el Marco del Alma y desbloquean la metafórica Cuarta Capa suelen ser los únicos que centran esta ánima y le dan un verdadero propósito.
¡Pero una Encarnación Mítica no discrimina entre ninguno de estos grupos!
Sin importar si eres un mortal no despierto, un mago con una Persona de Magia definida o incluso otro Centinela, el efecto será el mismo. Al igual que el envenenamiento por radiación, comenzará a infectar esta ánima con su presencia, creando mutaciones antinaturales en cualquiera que tenga la mala suerte de cruzarse en su camino.
En esencia, una Encarnación Mítica era como una calamidad andante. Una entidad capaz de arrasar con todo a su paso, destruyendo ecosistemas enteros que biológicamente se opusieran a sus ideales.
Lo que significa que, si seguían acercándose a Mordred mientras Él mantenía esta forma secretamente activa, Soren estaba seguro de que rápidamente comenzarían a transformarse en gusanos metálicos, ¡igual que Él!
Por no hablar de las perturbaciones en su ánima: Soren probablemente perdería el control en el acto debido a su actual inestabilidad con la nueva runa con la que aún no se había fusionado.
Al ver cómo el metal seguía moviéndose sin cesar por el cuerpo de Mordred, Soren no pudo evitar bromear. «Pensar que tendríamos que luchar contra un Castillo dentro de un Castillo dentro de un Castillo…» Sacudió la cabeza levemente. Por fin había comprendido por qué Mordred había intentado atraerlos hacia Él antes: el Caballero de Espinas Negras esperaba acabar con ellos simplemente mediante el efecto de su Encarnación Mítica.
Soren permaneció allí en silencio durante un rato, observando cómo la antigua ciudad se derrumbaba poco a poco. Sus apariciones clonadas —los Reflejos Fracturados— seguían distrayendo al enemigo. Una a una, se irían haciendo añicos, esparciendo fragmentos de vidrio por el campo de batalla.
Pero en ese momento, Soren solo pudo permanecer en silencio mientras reflexionaba sobre su próximo movimiento.
Sin embargo, no parecía que los demás tuvieran mucha paciencia.
De la nada, Soren alzó la vista y vio algo demasiado extraño como para comprenderlo del todo. ¡Un esqueleto colosal, ahora tan enorme como Morded, había aparecido de la nada y estaba estrangulando al gigante de hierro por la espalda!
“¿Q-qué?!” Sus ojos se abrieron tanto que casi se le salen de las órbitas.
Sobre la gigantesca bestia esquelética, Soren divisó una diminuta silueta que sostenía un martillo oscuro del doble de su tamaño. El brillo en sus ojos destilaba locura mientras ordenaba a la enorme criatura invocada que luchara contra Mordred en un duelo individual.
Mientras esto sucedía, Soren notó un sutil cambio en Los Registros. Rápidamente echó un vistazo hacia ellos, solo para darse cuenta de que el libro ahora estaba en una página diferente. Frunció el ceño al leer el breve mensaje que le habían dejado:
“Te daré el tiempo que necesitas.” Mensaje firmado por Ynixia.

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El Hada Errante (Novela)
Capítulo 305
El Hada Errante (Novela) Capítulo 304
Estás leyendo el capítulo 304 de El Hada Errante (Novela), un novela. **Explora. Sueña. Descubre.** Esta fue la respuesta que Soren obtuvo tras realizar un extraño ritual que encontró en línea. El ritual pretendía responder a preguntas que ningún mortal podía responder en ese momento,… Este capítulo tiene publicado el 5 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Diganmma. El Hada Errante (Novela) tiene 303 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.