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Leer El Hada Errante (Novela) Capítulo 297 online gratis en español

🏴 Grupo: Diganmma✍️ Traducción: Diganmma
Qué ridículo. Ese pensamiento cruzó por la mente de Soren por un breve instante mientras giraban con gracia por el salón de banquetes. Esta existencia… Observó en silencio a la mujer que tenía delante; su vestido carmesí ondeaba con cada giro. Mantenía una expresión neutra, como para evitar que nadie intentara descifrar sus caóticas emociones. Soren hizo lo mismo. Desde que dio su "último acierto" en el juego que había ideado para pasar el tiempo, ninguno de los dos bailarines quiso decir nada. Ambos parecían haberse enfrascado en reflexionar sobre el desenlace del juego, más que sobre el motivo de su baile. Un desenlace que ambos ya habían intuido, al menos en cierta medida. En efecto, nada ha vuelto a ser igual desde aquella revelación. La melodía, antes etérea y tranquilizadora, se había transformado en algo monstruoso e imposible de ignorar. Y, sin embargo, todos la ignoraban… Incluso los demás bailarines —manipulados por cuerdas— podían percibir la inquietud… La incomodidad que se extendía por el opulento y algo húmedo salón. Nadie, sin embargo, se atrevería jamás a reconocerlo. Todos mantuvieron la farsa, al igual que las máscaras seguían ocultando sus expresiones de ansiedad. Pero para Soren, sin embargo, estos cambios solo intensificaron su comprensión de este corredor oculto de antiguas sombras. Todo era tal como lo había intuido: el Castillo de las Híades no era más que un Arma del Alma olvidada por el tiempo y la historia. Recuperada bajo un nuevo estandarte: la Casa de Azrathiel. Esa era la Duquesa en este escenario. Quizás llamarla conserje sería un título más apropiado… Se rió para sus adentros. Pero a pesar de todo, Soren solo sintió lástima. ¡Qué lástima por la mujer que bailaba con él al unísono! ¡Pobres desgraciados, atrapados en este delicado momento! Y, en cierto modo, también sentía lástima por sí mismo. Porque todos ellos han sido abandonados por la historia: sombras sin nombre, condenadas a revolcarse en su propio dolor y miseria. No pudo evitar suspirar, sacudiendo la cabeza lentamente. —¿De verdad merece la pena todo esto? —preguntó, clavando la mirada en la de ella—. ¿Merece la pena luchar y sacrificarse solo para mantener una fachada en la que ni siquiera tú crees? En efecto, era tal como le indicaban sus ojos místicos. Esta elaborada gala y la asimilación de los atrapados allí… Nunca tuvo como objetivo satisfacer los deseos de la duquesa. No fue ella quien atrapó a esas almas en esa prisión ornamentada, sino que fue ella quien quedó atrapada con ellas. Y era perfectamente consciente de ello. Incluso la búsqueda de su verdadera identidad no había sido más que una farsa, igual que el juego mismo. “Cassilda” siempre supo quién era realmente debajo de esa máscara. Al oír su pregunta, la duquesa no pudo más que sonreír mientras lo miraba fijamente a los ojos, consumidos por las llamas. “Falso… real… ¿Acaso importa ya? La gente cree en todo tipo de tonterías. Algunos son conscientes de sus propios engaños, pero aun así siguen alimentándolos.” “Incluso tú, a pesar de no llevar máscara, tu verdadero ser sigue envuelto en un secretismo y una niebla interminables… «Una niebla que obstruye incluso tus propios ojos místicos». Se rió suavemente. «Quizás esa siempre ha sido la verdad de la vida. Las apariencias pueden ser una bendición, al igual que una maldición». “Una misericordia para los débiles que pretenden ser fuertes en un mundo que ni siquiera les presta atención mientras caen y se desmoronan en la arena…” Mientras bailaban al son de melodías nauseabundas, Soren no pudo evitar recordar a Cassia. Una chica valiente cuya vida entera había sido una elaborada fachada. Una fachada en la que tal vez disfrutaba o no estar atrapada. Era difícil decirlo… de verdad. La sacerdotisa del santuario sagrado había desaparecido antes de que él pudiera siquiera examinar esas antiguas máscaras. No tuvo tiempo suficiente para descubrir todas las mentiras… —¿Por qué ayudas a Ynixia? —Cassilda interrumpió sus pensamientos de repente con una pregunta que no esperaba. Sus ojos se abrieron ligeramente. Sus labios se curvaron en una sonrisa. «Me hace preguntarme. Después de todo, tu fachada es una que no requiere una máscara elaborada para lucirse. Puedo notarlo solo por la sutileza de tus movimientos… Odias a esa chica. La desprecias en secreto…» “No… ¿quizás le tienes miedo? ¿Tal vez un poco de ambas cosas?” El silencio se hizo sobrecogedor cuando las últimas notas de la orquesta llegaron a su fin. La melodía… había terminado por fin. Una señal para todos de que el baile había llegado a su fin una vez más. Al igual que el resto de los nobles, Cassilda y Soren se detuvieron, apartándose el uno del otro en silencio. Permanecieron mirándose fijamente a los ojos durante un rato, sin atreverse ninguno a hablar primero. Para Cassilda, adivinar su identidad sería bastante fácil, pero sabía que sería inútil. De hecho, esa era la razón por la que se había atrevido a invitarla a bailar. A diferencia del resto de los habitantes del castillo, Soren era el único cuya sombra viviente no existía allí. Por lo que había observado, estaba segura de que su existencia probablemente también era un misterio para Soren. Sin una sombra viviente, intercambiar identidades era prácticamente imposible. Al fin y al cabo, las máscaras de esta gala solo podían imitar lo que uno mismo había perdido. Y Soren era consciente de ese hecho. El Viajero era una anomalía en este castillo. Dado que las máscaras no pueden poseerlo, cualquiera que intentara intercambiar identidades con él solo perdería su máscara en el proceso, liberándose así de las ataduras del juego sin ninguna consecuencia. El relato se ha utilizado sin autorización. Informe de cualquier avistamiento. Este era un vacío legal que Cassilda sabía que no podía cerrar... No sin alterar las reglas que llevaban vigentes más tiempo del que ella podía asimilar. Y sin embargo… a pesar de tener la llave que podía resolver todos sus problemas, Soren nunca se molestó en aprovecharla. Nunca se molestó en liberar a los innumerables nobles que había aquí. Ni siquiera se molestó en salvar a Victoria, que llevaba todo este tiempo suplicando por escapar… En cambio, decidió invitar a bailar a la mismísima duquesa. La única persona que supuestamente había mantenido a todos allí atrapados en una interminable reunión social. De hecho, su objetivo era diferente al de todos los demás visitantes que habían llegado antes que él. Aunque probablemente ella aún podría aprovecharse de su ingenuidad ganando el juego de adivinanzas, Cassilda decidió dejarlo continuar hasta el final, algo que jamás se habría imaginado hacer… Se miraron fijamente un rato más, mientras ella esperaba su respuesta. Su paciencia no dio fruto. Pero sí notó que su sonrisa parecía haberse ensanchado un poco más que hacía un momento. Y entonces, por alguna razón, comenzó a sonreír aún más… hasta que finalmente, estalló en una risa histérica. “¡Oh, Dios mío… oh, Dios mío!” Soren se reía y se reía y se reía… Su risa estridente llenaba el ahora silencioso salón. Todos los nobles, incluida Cassilda, lo miraban confundidos, sin saber qué pensar de su actuación. “Jajajaja… ¡No puedo creer que fuera tan obvio!” Se agarró el estómago de la risa. —¿Qué… qué es tan obvio? —preguntó Cassilda con un leve ceño fruncido. Repasó sus palabras anteriores: la pregunta que le había hecho sobre Ynixia parecía inofensiva, pero en realidad tenía un trasfondo sensible. Se preguntó si eso habría desencadenado algo. Soren siguió riendo mientras la miraba, con la mano cubriendo parcialmente su rostro mientras reía tontamente. "No tienes que preocuparte, ¡no me ofendo ni nada por el estilo con respecto a tus preguntas!" “En realidad, te agradezco que los hayas hecho. Toda esa charla sobre fachadas, realidad, verdad y ficción… Todo eso me hizo pensar… —Por fin me di cuenta de algo —su sonrisa se ensanchó mientras observaba con atención a los nobles que cotilleaban a su alrededor. Mariposas doradas seguían moviéndose en sus iris con el paso de los segundos, añadiendo una profundidad de luminosidad a la ahora algo tenue sala. “Durante muchísimo tiempo —desde mi llegada a este mundo maldito— he fracasado una y otra vez en lograr una meta que me he propuesto. Una meta crucial para mi desarrollo como mago —según cierta vieja bruja, no lo recuerdo con claridad…—” Cassilda se cruzó de brazos, con el ceño aún fruncido, mientras observaba al joven, extrañamente exultante. Su sonrisa, junto con sus harapos, lo hacían parecer más un espíritu o un fantasma que un ser humano. “Mi persona… La identidad que he forjado con mi fuerza de voluntad…” Sacudió la cabeza con una risita. “Antes me preguntaste por Ynixia, por qué intentaría ayudarla a pesar de la confusión que me consume. A pesar incluso de mi propio disgusto por esta miserable existencia que sigo habitando…” “La respuesta es bastante sencilla: la curiosidad.” La duquesa ladeó la cabeza. —¿Curiosidad? La confusión reflejada en su rostro era palpable, incluso con la máscara dorada que le cubría la mitad de la cara. Soren bajó la mirada hacia la palma de su mano, observando cómo los hermosos fractales, ocultos por la niebla, aparecían y desaparecían en un ciclo interminable. El Más Allá, aquí en Carcosa, tenía un aspecto verdaderamente espantoso. Pero al menos escondía innumerables joyas de belleza bajo esa superficie sombría. Bastaba con examinarlas con paciencia; una mente dispersa jamás podría captar lo que él veía… Pero claro, la mayoría no posee esa cualidad que les permite concentrarse desde el principio. “Curiosidad, sin duda…” Su sonrisa se ensanchó aún más. “Así es como se define mi personalidad… Soy, en esencia, un gabinete de curiosidades andante, una Wunderkammer, como se les llama en alemán, si no me equivoco. Vaya, debería haber prestado más atención a las lecciones de mis abuelos…” Pero lo importante era que finalmente había descubierto su propósito en la magia: ¡Convertirse en un mosaico de cosas interesantes y maravillosas! Debería haber sido obvio desde el principio. No pudo evitar negar con la cabeza. Incluso su verdadero ser se definía por este principio. Su arma espiritual y sus conceptos siempre habían definido su existencia; simplemente, de forma subconsciente, la había estado negando hasta cierto punto, sin aceptar jamás del todo en lo que se había convertido. En efecto, cada una de sus acciones en este reino de eterna oscuridad se había realizado a través de la simple lente de la curiosidad. Ahora había muchas señales de que estaba viendo las cosas de manera diferente. La más evidente fue tras su fusión con la Corona de Cantor. El hecho de poder usar [Ojos del Hada] en tantas cosas nuevas e interesantes hizo que su número de fragmentos aumentara muy rápidamente, pero luego el ritmo se ralentizó repentinamente, a pesar de que recibía aún más conocimiento de su entorno. Por mucho que lo intentaran, ni él ni Biblion podían calcular cuánta información más necesitarían para obtener el siguiente fragmento de la Expresión. Pero ahora que finalmente había descubierto su personalidad mágica, el Gabinete de Curiosidades, la lógica detrás de su runa de Testigo Hada era mucho más sencilla de entender. Su runa… No recibió su influencia de cualquier conocimiento. ¡Solo la recibió del descubrimiento de conocimientos interesantes! Es decir, ¡había que tener en cuenta el mero hecho de saciar su curiosidad! Revisar cien libros al azar y escanearlos con [Ojos del Hada] no sería suficiente. Tampoco lo sería descubrir información útil que resultara aburrida. Su runa era muy selectiva: solo quería aprender sobre cosas maravillosas o fantásticas. ¡Cosas que saciaran la curiosidad de una mente creativa! En retrospectiva, la sensación de placer y plenitud que experimentó al presenciar los recuerdos de Cassia fue un ejemplo de cómo este efecto se manifestaba sin su control. Su runa debió encontrar muy interesante la elaborada mentira urdida para ocultar lo sucedido en la aldea Nagashi. Y ahora… volvía a experimentar esa sensación de euforia, aunque de una manera mucho más controlada. Soren negó con la cabeza; no pudo evitar sonreír mientras contemplaba el mundo que lo rodeaba con sus ojos místicos. Todo lo que había permanecido oculto bajo capas de hollín y ceniza parecía más un tesoro escondido que otra cosa… El desafío de desenterrar ese conocimiento perdido, olvidado incluso por los anales de la historia… ¿Qué otra cosa en este mundo podría ser más gratificante que eso? “Ah…” Volvió a reírse para sí mismo. “¿Así que esto es lo que significa aceptar tu locura, señora Solyara?” Fue una experiencia verdaderamente maravillosa. Se sentía como un hada errante, indiferente al mundo que lo rodeaba, viéndolo todo como un mero espectáculo interesante. Su Reino del Alma… Finalmente había alcanzado la Etapa Encendida. Al observar cómo su extraño comportamiento se desarrollaba cada vez más, Cassilda comenzó a sentirse ligeramente molesta. Tamborileaba con los dedos impacientemente, con los brazos cruzados, esperando la tan necesaria explicación. “¿Hola, hola? ¿Sigues con nosotros, Soren Andersen? ¿Qué te pasa de repente? ¿Has tomado algún tipo de psicodélico o algo así? ¡Pareces raro!” La miró brevemente; sus ojos ahora estaban distantes e inalcanzables. "No. Pero, sinceramente, se parece un poco a tomar LSD". “¿El Ess Dee?...” La palabra era completamente ajena a su idioma. —No importa. Fue irresponsable de mi parte mencionarlo —Soren negó con la cabeza con una risita, lo que provocó que su enfado aumentara aún más. “Pero eso no viene al caso. ¿Qué tal si volvemos a nuestro tema original?” “Es decir… la conclusión de este juego.” Cassilda volvió a concentrarse al oír sus palabras. A pesar de su extraña actitud, que había cambiado por completo con respecto a momentos antes, aún había un matiz de seriedad en su tono que no se podía ignorar. Se aclaró la garganta. «Dime… ¿De verdad piensas pasar una eternidad en esta cámara sofocante? Francamente, ya me he aburrido de todo lo que hay aquí y solo llevo unas horas. Si fuera tú, no aguantaría ni una semana más…» Apretó los dientes. “¡¿Qué demonios sabes tú?!” —No mucho —dijo con una expresión bastante inexpresiva—. Solo lo suficiente para llegar a ciertas conclusiones. Como por ejemplo… “En realidad no eres la duquesa Cassilda. Eres su hermana: Camilla Azratheil, el espíritu guardián del castillo de las Híades.”
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El Hada Errante (Novela) Capítulo 297

Estás leyendo el capítulo 297 de El Hada Errante (Novela), un novela. **Explora. Sueña. Descubre.** Esta fue la respuesta que Soren obtuvo tras realizar un extraño ritual que encontró en línea. El ritual pretendía responder a preguntas que ningún mortal podía responder en ese momento,… Este capítulo tiene publicado el 29 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Diganmma. El Hada Errante (Novela) tiene 303 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.