Leer El Hada Errante (Novela) Capítulo 288 online gratis en español
🏴 Grupo: Diganmma✍️ Traducción: Diganmma
Ynixia dio un paso al frente, observando cómo la cegadora luz tras ella se estrechaba cada vez más hasta desaparecer por completo al cerrarse la puerta. La oscuridad se cernió sobre el solitario pasillo; los lejanos ecos de risas que se oían a través de la puerta añadían un toque de misterio a la soledad…
Suspiró y se recostó contra la verja de madera, escuchando atentamente las conversaciones fragmentadas. No esperaba que sus emociones fueran tan confusas.
“La maldición…” Bajó la mirada hacia sus propias manos, imaginando la niebla envolviéndolas. “¿De verdad…?”
Ynixia negó con la cabeza, descartando la idea. No pudo evitar soltar una risita. «¿En qué demonios estoy pensando?... No puedo escapar tan fácilmente de este destino...»
Aunque la teoría de Soren era sólida, también tenía muchas fallas. Para empezar, sus poderes estaban muy lejos de ser los que eran originalmente. Quizás su capacidad para tocar a Soren sin peligro se debía a su debilidad actual. Con todas las sombras vivientes que había consumido, era imposible predecir cuánto tiempo duraría.
En segundo lugar, Ynixia no tenía forma de confirmar si la maldición simplemente estaba siendo selectiva esta vez. Tal vez había algo único en Soren que impedía su activación. Si se usaba en otra persona, aún podría dañarla.
¿Debería probarlo?...
La idea le cruzó la mente solo por un segundo antes de descartarla. Frunció el ceño.
“Jamás volveré a borrar a nadie de mi vida.”
Por un instante, pudo ver la sonrisa de Marceline brillando intensamente en el patio donde solía jugar. También vio la expresión de preocupación que ponía cada vez que Ynixia decidía escaparse inesperadamente. Así era ella: una persona que se preocupaba profundamente por Ynixia en cada uno de sus actos.
Marci… Apretó los puños.
"Nunca más…"
De repente, la niebla que la rodeaba comenzó a temblar. Ella sonrió en respuesta.
“No te preocupes, Albert. Estoy bien…
—Si de algo sirve tu presencia, es reconfortante. —Se secó una lágrima—. Me aseguraré de que todos en Carcosa recuerden quiénes son. Convertiré mi maldición en una bendición.
Albert respondió; la niebla se disipó una vez más. Ella simplemente rió entre dientes en respuesta.
“Lo sé, lo sé… Las sombras aquí son todas… extrañas. No podemos consumirlas todavía. Sin embargo, parece que el hecho de que mi identidad siga siendo la misma las ha enloquecido. Para ellas, no soy diferente de un faro que atrae a una bandada de polillas.”
La niebla se disipó de nuevo, esta vez con un tono más calmado. Albert estuvo de acuerdo con ella.
Con una sonrisa y una renovada confianza, Ynixia se puso de pie y se estiró. «Deberíamos darnos prisa antes de que Soren también abandone el salón de banquetes. Sería vergonzoso que se enterara de que no hemos completado la tarea que nos propusimos».
Pero justo cuando estaba a punto de decidir hacia dónde dirigirse, un sonido extraño comenzó a resonar a lo lejos. Ynixia, instintivamente, se giró hacia él, entrecerrando los ojos.
“¿Una sombra viviente? Qué raro, esperaba que llegaran, pero no tan rápido…”
Pero lo que surgió de la oscuridad la dejó completamente conmocionada.
De entre las sombras emergió un caballero, ataviado con una armadura de un negro intenso, más arcaica que cualquier monumento. Cada paso que daba sacudía el pasillo, apagando incluso las velas encendidas con la brisa. Sobre su hombro portaba una espada aún más grande, dentada con espinas sangrientas que raspaban salvajemente el techo de ladrillo del corredor.
El aterrador caballero caminó tranquilamente hacia Ynixia; sus brillantes ojos blancos eran visibles a través de su visera.
Ynixia adoptó instantáneamente una postura de combate, preparándose para invocar a Albert desde la niebla si fuera necesario. Pero entonces, se detuvo.
Este caballero… Había algo familiar en él. Entrecerró los ojos, intentando captar más detalles aterradores. No tardó en recordar quién era. Sus ojos se abrieron de par en par, completamente incrédula.
“Ser Mordred de las Espinas Negras…”
En medio de una cacofonía de risas y música, una voz silenciada se escondía en las sombras, con lágrimas cayendo de sus ojos.
¿Por qué...?, se dijo la mujer a sí misma. ¡Por qué respondí mal a esa pregunta!
Sujetaba la cabeza con fuerza, oculta bajo un mantel color vino, con la oscuridad como única compañía. De vez en cuando, las túnicas de lino se movían al paso de los nobles, dejando escapar destellos de luz.
Hundiendo la cabeza entre los brazos, la joven intentó protegerse del ruido ambiental. Sin embargo, fue inútil; era como si los susurros la asediaran por todos lados, con la intención de estrangularla.
¡La máscara! Su mente daba vueltas en agonía. ¡Esa maldita máscara!
¡Máscara, máscara, máscara, máscara, máscara, máscara, máscara, máscara, máscara, máscara, máscara, máscara, máscara, máscara, máscara, máscara, máscara, máscara, máscara, máscara, máscara, máscara!
—¡Tengo que quitármelo! —gimió suavemente, temiendo que alguien la oyera. Arañe los bordes, intentando con todas sus fuerzas arrancarlo… Pero fue inútil. Los intrincados diseños parecían haberse fusionado con su piel; solo podía despegarlos de su rostro.
Apretó los dientes por el dolor. "¡Necesito... necesito quitármelo!"
—¿Quieres que te ayude con eso? —Una voz suave pero segura resonó en su mente, haciéndola detenerse. Alzó la vista y vio a un joven extraño con brillantes ojos color ámbar asomándose bajo el mantel, mirándola fijamente. Sus túnicas blancas de entierro estaban desgarradas por las costuras, como si fuera un antiguo fantasma o espíritu olvidado por el tiempo.
Se estremeció por un segundo, y su confusión crecía a cada segundo.
“Tú… ¿Quién eres?...”
Soren sonrió ampliamente. «Me llamo Soren Andersen, pero muchos prefieren llamarme el Viajero. Es un placer conocerle».
Nombre… La palabra permaneció en su mente por un segundo. Fue entonces cuando se dio cuenta de algo.
“¿¡No estás ocultando tu identidad?!” Es más, el hombre que tenía delante no parecía llevar ninguna máscara. Se suponía que esto era imposible; al fin y al cabo, nadie podía quitarse esas máscaras por mucho que lo intentaran…
Al oír su pregunta, Soren solo pudo reírse entre dientes. «Ocultar quién soy no es necesario para alguien como yo. El mundo siempre me conoce, vaya donde vaya».
Sus comentarios solo la confundieron aún más. Frunció el ceño con mayor intensidad. "¿Tú... dijiste que podías ayudarme?"
—Por supuesto —asintió—. Pero con una condición.
Se puso tensa al instante.
—No me malinterpretes —rió Soren—, no es una condición complicada. Lo único que quiero es información. Para empezar, ¿por qué te escondes de los demás nobles? Tu comportamiento no es precisamente… normal.
“¡Yo soy normal!”, exclamó furiosa, “¡Ellos son los que no son normales! ¡Soy la única cuerda aquí!”
—Ya veo —asintió Soren mientras se metía bajo el mantel. Se sentó a su lado y sonrió—. ¿Te importaría contarme más? No te pareces a los demás nobles de aquí, ¿cómo llegaste al castillo de Hyades?
La mujer se quedó un poco desconcertada por su actitud despreocupada. Tras reflexionar un momento, suspiró y, al hacerlo, abrazó sus piernas.
“Me llamo Victoria… Trabajo como ingeniera de runas. Hace unos días, terminé la investigación de una antigua reliquia rúnica que me asignó mi superior. Tras finalizar mi informe, me quedé dormida en mi escritorio, agotada. Entonces, en un sueño, vi un extraño castillo oscuro que se alzaba a lo lejos, rodeado de una niebla tenebrosa.”
Soren frunció el ceño. El temblor en su voz era inconfundible.
“Yo… no recuerdo los detalles con exactitud, pero durante ese sueño logré llegar al castillo y entrar. En cuanto lo hice, desperté y me encontré en este salón de banquetes cerrado, sin posibilidad de escapar.” Abrazó sus piernas aún con más fuerza.
Soren se frotó la barbilla. «Interesante, no me lo esperaba para nada, pero supongo que debería haber sido obvio por el idioma que hablas».
Victoria lo miró confundida. "¿Qué... quieres decir?"
—¿No te has dado cuenta? —rió Soren—. Te estoy hablando directamente en tu idioma, pero está un poco mal, ¿verdad? Mi acento no suena nada natural.
Ella asintió.
“Eso se debe a que este idioma no existe en este mundo. Usé mis habilidades para aprenderlo después de observarte en secreto durante un tiempo. Se llamaba Histérico, según mi Arma del Alma.”
“¿Qué…?” Su expresión se tensó. Estaba tan sorprendida que ni siquiera se dio cuenta de que él había admitido que la estaba acosando.
—No pasa nada si no lo entiendes —dijo con una sonrisa—. Pero para explicártelo de forma sencilla, este castillo existe en un mundo completamente distinto al que conoces. Fuiste transportado aquí sin darte cuenta.
"De ninguna manera…"
“Aunque ni siquiera esa explicación es del todo suficiente”, continuó Soren, “Parece que mi compañero y yo subestimamos las capacidades de este lugar. El Castillo de Hyades no era una reliquia del pasado que de alguna manera fue borrada y traída a este mundo llamado Carcosa. De hecho, parece que fue todo lo contrario”.
“Parece que este castillo tiene el poder de existir en muchos lugares a la vez. Una versión de él existió en tu mundo, probablemente relacionada con la reliquia que estabas estudiando; así fue como llegaste aquí. Sin embargo, el mundo del que provengo también tenía su propia versión del Castillo de Hyades, que existía directamente en la realidad, no en un sueño. Y sospecho que muchos otros mundos probablemente guardan un secreto similar.”
No pudo evitar frotarse las sienes, completamente conmocionada.
“Un momento… ¿Estás diciendo que existen otros mundos? ¿No planetas diferentes, sino otras dimensiones separadas? ¡¿Cómo es eso posible?!”
“Si no fuera posible, ¿estarías siquiera en esta situación?”
“....”
Soren soltó una risita: "Ahora que sabes la verdad, ¿cambia algo en tus experiencias aquí?"
Hizo una pausa por un instante y luego negó con la cabeza. «No, de hecho, eso solo empeora las cosas. ¿Cómo podré volver a Zearia 3...?»
Zearia… ¿3? Soren interpretó que ese era el nombre de su mundo original.
—Escapar de este lugar es totalmente posible —decidió tranquilizarla—. Al fin y al cabo, este banquete se rige por un reglamento muy estricto. Es lógico pensar que los participantes reciben recompensas; de lo contrario, no tendría sentido seguirles el juego.
Sus palabras la tranquilizaron un poco. Mordiéndose los labios, Victoria lo miró y susurró: «Esas máscaras… ¡son peligrosas! ¡Pero ninguna me hace caso!».
—Lo sé —asintió Soren.
"¿Sabes?"
Él sonrió. “Por supuesto. ¿No te dije que te ayudaría? Lo comprendí en el momento en que entré a este salón de banquetes. Esas máscaras poseen su propia firma de ánima distintiva. Además, esta ánima extranjera parece tener el poder de transformarse… Como si imitara a la persona que la lleva puesta.”
“Esos nobles que nos rodean probablemente nunca se han dado cuenta porque creen que no llevan mascarilla.”
Sus ojos se abrieron de par en par. "¿Estás diciendo…?"
—Sí —respondió rápidamente—, esas máscaras son las responsables del intercambio de personalidades. Se adhieren al rostro como si fueran una segunda piel. Para quien la lleva, la personalidad e identidad de la máscara se convierten en su propia identidad. Y cuanto más intercambian identidades con otros nobles, más control toma la máscara sobre su existencia. Hasta el punto de que ya ni siquiera creen que llevan una máscara…
Soren apoyó la cabeza en el brazo mientras la miraba fijamente a los ojos y sonrió.
“Lo mismo se aplica a ti, ¿no? Tú también ya has hecho un intercambio con alguien.”
Los labios de Victoria se crisparon ligeramente. Quería refutar la afirmación, pero no pudo. Bajó la cabeza avergonzada y suspiró.
“Sí… Mi verdadero nombre es Víctor. No Victoria.”

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Capítulo 289
El Hada Errante (Novela) Capítulo 288
Estás leyendo el capítulo 288 de El Hada Errante (Novela), un novela. **Explora. Sueña. Descubre.** Esta fue la respuesta que Soren obtuvo tras realizar un extraño ritual que encontró en línea. El ritual pretendía responder a preguntas que ningún mortal podía responder en ese momento,… Este capítulo tiene publicado el 30 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Diganmma. El Hada Errante (Novela) tiene 303 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.