Leer El Hada Errante (Novela) Capítulo 285 online gratis en español
🏴 Grupo: Diganmma✍️ Traducción: Diganmma
El cierre de la puerta resonó en sus oídos, seguido de un silencio inquietante que ambos agradecieron enormemente. A kilómetros a la redonda, solo veían oscuridad. Soren ni siquiera sabía cuándo habían entrado, como si el recuerdo mismo de haber cruzado la puerta se hubiera desvanecido por completo. Su Arma del Alma ni siquiera fue lo suficientemente rápida como para registrarlo.
Tras observar los alrededores durante un rato sin encontrar nada destacable, Soren decidió finalmente relajarse un poco. Suspiró, dejando que el cansancio lo venciera en la oscuridad.
“Parece que la suerte todavía nos acompaña un poco. Estuvimos a punto de morir…”
—¡Por supuesto que sí! —La voz de Ynixia llegó hasta él—. ¿Qué demonios te pasa últimamente? ¿Por qué te has vuelto tan imprudente?
Soren simplemente ladeó la cabeza. "Aunque siempre he sido imprudente".
“¡No a este nivel de imprudencia!”
“....”
—En fin —su voz vaciló por un instante—. Debes ser más consciente de tus acciones como mi caballero. ¡Solo un mago insensato intentaría enfrentarse a una horda de enemigos de esa manera! ¿Acaso eres un suicida?
“Tal vez tenga tendencias suicidas.”
“¿Perdón?” No esperaba tal respuesta.
Tras una breve e incómoda pausa, Soren negó con la cabeza y suspiró. «Cambiemos de tema. ¿De verdad estamos dentro del castillo? La oscuridad que emanaba de la puerta parecía habernos absorbido. Pero no recuerdo los detalles con exactitud».
Ynixia tardó un momento en responder. “Creo que tienes razón. Aunque… esta situación es un poco difícil de comprender”.
"¿Qué quieres decir?"
“Esta oscuridad… No era algo que hubiera visto en mis sueños. Lo que vi, en cambio, fue un opulento salón de banquetes, con numerosos invitados nobles elegantemente vestidos para la ocasión. Yo formaba parte de la multitud, conversando con muchas de las damas de la nobleza.”
Por eso mencionó un banquete al final… Él no pudo comprender el significado de sus crípticas palabras al final.
“¿Y qué más?” Preguntó al vacío que lo rodeaba, solo para recibir una pronta respuesta:
"Nada."
“¿Nada? ¿No sabes nada más sobre el castillo?”
“Solo conozco algunos detalles por los pocos recuerdos que aún conservo, y sé que hay un puente al otro lado que nos permitirá cruzar el Río de la Pérdida. Aparte de eso… no, la verdad es que no.”
Sus labios se crisparon ligeramente. ¿Quieres decir que nos arrastraste hasta este castillo sin la más mínima pista? Una parte de él deseaba enterrar su ataúd a dos metros bajo la oscura tierra de Carcosa.
“¡Ah! ¡Recuerdo algo más!”
“¿Ah, sí?” Un atisbo de esperanza volvió a brillar en su pecho.
“Este castillo… recuerdo que estaba dirigido por una duquesa. Su nombre era…
“¿Cómo se llamaba? ¿Cas, algo así?...”
Se masajeó las sienes. "No me preguntes... ¡Descúbrelo tú mismo, maldita sea!"
—¡Vale, vale! —resopló—. Haré todo lo posible por recordarlo…
Suspirando, Soren se dio la vuelta y comenzó a examinar los alrededores con más detenimiento. Aunque no podía distinguir con exactitud dónde estaba Ynixia, por su voz supo que estaba cerca. Y dado que ambos habían llegado allí misteriosamente, concluyó lógicamente que Albert también debía de haber desaparecido.
Curiosamente, caminar no le daba ninguna noción de dirección ni de distancia. Solo podía suponer que probablemente se trataba de un subespacio con propiedades inherentes que impedían el movimiento.
Voy a intentar obtener más información. Si no tienen noticias mías en los próximos minutos, probablemente significará que me ha ocurrido algo.
“¡¿Qué?!” Su voz tembló desde más allá del velo. “Hey wai—”
Antes de que ella pudiera siquiera objetar, Soren dio la orden mental a su Arma del Alma y activó \[Ojos del Hada\]. El libro tardó solo un segundo en activar la habilidad.
Su objetivo informativo era sencillo: el camino que habían cruzado misteriosamente.
Dado que aún se encontraba bastante exhausto tras huir de la horda, debía asegurarse de que su objetivo fuera extremadamente específico. Cualquier cosa que pudiera drenar mucha ánima sería demasiado arriesgada.
Por no mencionar que esta oscuridad también podría ocultar secretos verdaderamente horribles. Secretos que él no querría descubrir. Al menos, no por ahora…
Y, sin embargo, a pesar de su método metódico, el peligro parecía no tener inconveniente en perseguirlo. Lo que vio tras activar la habilidad le heló la sangre.
Una visión extraña, casi irreconocible, comenzó a asaltar su cerebro. Las venas se le marcaban en la piel mientras sus ojos ardían cuanto más miraba. Sentía como si hubiera desenterrado un recuerdo que jamás debería haber existido. No podía apartar la mirada, a pesar del dolor.
Desde lo alto, pudo ver la entrada del castillo: la imponente puerta se alzaba sobre ellos como un obelisco que atravesaba la niebla. Frente a ella, se veía el ataúd de Ynixia inclinado de lado, con Albert arrastrándose desesperadamente hacia él. Delante de la colosal criatura sombría, apareció un hombre con una expresión irreconocible, que sujetaba con fuerza su varita mientras se enfrentaba al ejército de monstruos que se aproximaba.
Soren hizo una pausa, con la mirada fija en la imagen de sí mismo del pasado.
¿Ese soy yo?
Una parte de él no quería creerlo. "¿Cuándo... sonreí así...?"
Su rostro le resultaba desconocido. Cada detalle era correcto; no había ningún defecto que pudiera señalar ni ninguna alteración que notar. Y, sin embargo, algo primitivo en su interior quería rechazar lo que veía.
Negando con la cabeza, decidió concentrarse en la escena que se desarrollaba ante sus ojos. Mientras la versión proyectada de sí mismo se enfrentaba a la horda, Ynixia, que aún dormía dentro del ataúd, pronunció la frase que permitió que se abriera la puerta:
“¡Abierto! Que las Estrellas Negras sean mis testigos. ¡He llegado para el banquete!”
Su voz era mucho más apagada que como la recordaba, pero el resto de los detalles eran exactos. La puerta se abrió con un estruendo ensordecedor, rechinando contra la dura superficie rocosa mientras nuevas sombras emergían de su enorme abertura. Entonces ocurrió lo inesperado.
¡¿Los tres... se convirtieron en la niebla sombría?!
Soren observaba en silencio, incapaz de comprender lo que veía. La oscuridad que se filtraba por detrás de las rendijas de la puerta de piedra se había fusionado con ellos. ¡Como si hubieran sido absorbidos por las sombras!
Su ceño se frunció aún más. Pero justo cuando pensaba que la visión terminaría, una escena aún más aterradora se desplegó ante sus ojos.
La misteriosa niebla oscura… No solo pretendía consumirlos.
¡También estaba devorando a la horda que se aproximaba!
Una sombra viviente tras otra, todas se evaporaban rápidamente en la oscura niebla. No importaba su tamaño: ninguna tenía ninguna posibilidad. La puerta misma parecía ansiosa por absorber a este nuevo espécimen.
En cuestión de segundos, toda la horda se desvaneció por completo. No quedó ni rastro de las Sombras Explosivas. Y entonces… una sombra aún más colosal se acercó a la Puerta de la Muerte abierta. Su presencia se cernía sobre su alma, como si compitiera por captar su atención.
Antes de que pudiera siquiera vislumbrar lo que había llegado, la densa niebla pronto se apoderó de la escena, sumiéndola en el silencio.
Solo una frase logró salir adelante al final:
“La máscara…”
Sintió cómo las palabras le atravesaban la psique, quedando grabadas para siempre en su memoria. La visión se desvaneció al instante, junto con la activación de \[Ojos del Hada\].
Soren despertó segundos después, con el rostro contraído por el miedo, mientras escudriñaba desesperadamente la oscuridad que lo rodeaba con los ojos, incapaz de ver nada. Su respiración era irregular, más rápida incluso que los latidos de su corazón.
“¡¿Qué pasa?! ¡¿Soren?! ¡¿Puedes oírme?!” La voz gritó al vacío, sin saber si alguna vez recibiría respuesta.
“Estoy aquí.” Las palabras sonaron inseguras al salir de sus labios.
“¡Gracias a las Estrellas Negras... Pensé que estabas perdido para siempre cuando no respondiste de inmediato!”
Soren se quedó inmóvil, incapaz de responder. Le resultaba difícil conversar con todo lo que acababa de presenciar, que lo atormentaba.
Al percibir el silencio, Ynixia dejó de hablar por unos instantes. Pero justo cuando él terminaba de ordenar sus pensamientos, ella le preguntó algo que no esperaba oír:
“Soren… ¿Cuál es exactamente tu objetivo?”
Levantó ligeramente las cejas. "¿Objetivo?" A pesar de no ver nada en el vacío que la rodeaba, pudo percibir en su voz que estaba nerviosa por algo.
“Sí. Tus deseos. Tus metas. Tus ambiciones… Cuéntamelas.”
—No tengo nada de eso —dijo sonriendo y encogiéndose de hombros.
“Eso es mentira.”
“¿Oh?”
“Desde el día en que quitaste la tapa de mi ataúd, supe que deseabas algo. Lo sentí en tus ojos.”
Se rió entre dientes: "¿Qué eres, una vidente? Como ya te dije, no tengo objetivos; no soy más que un fantasma errante... o un hada... Vivo el momento, persiguiendo diversiones fugaces".
“¿Acaso mi súplica le resulta divertida?”
«No está mal», pensó seriamente. «Es interesante, cuanto menos. Al fin y al cabo, la persona que arrastró tu ataúd antes de tu despertar parecía empeñada en que fueras mi responsabilidad por algún motivo. Sería extraño que no sintiera curiosidad; esa es mi naturaleza, después de todo».
“Responsabilidad…” La palabra quedó suspendida en el aire un rato. “Qué descriptivo”.
Esta vez, Soren no dijo nada.
—¿De verdad no tienes ningún objetivo? —preguntó de nuevo, esta vez con más sinceridad.
Solo pudo quedarse allí, observando cómo la oscuridad se enroscaba a su alrededor en la distancia. Pero entonces, su expresión cambió ligeramente. Tomó una decisión que jamás imaginó.
Abrió la boca para responder. “Mi objetivo es fi—”
En ese preciso instante, un rayo de luz atravesó la oscuridad, disipando las sombras a su paso. Se extendió como una llamarada, imparable; en un abrir y cerrar de ojos, no quedó ni rastro de oscuridad en el espacio circundante.
«¿Qué?!» La voz de Ynixia resonó con sorpresa y miedo. Ahora se oía mucho mejor que antes. Solo después de acostumbrarse a la luz empezó a ver de dónde venía.
Soren miró al frente entrecerrando los ojos, divisando el rostro lejano del cuerpo esquelético de Albert, tendido a cuatro patas sobre el ahora impoluto suelo blanco. Las sombras que lo rodeaban se habían vuelto tenues y marchitas; incluso la expresión de su rostro demacrado parecía más sombría que antes.
Luego se inclinó hacia su izquierda, donde yacía un ataúd negro que le resultaba familiar. Sin embargo, había alguien más de pie junto a él que le resultaba bastante familiar…
Entrecerró aún más los ojos, para luego abrirlos de nuevo un segundo después.
“¿Ynixia?!”
La joven se mantuvo erguida con una expresión de estupefacción, mirando su propio cuerpo con una mezcla de horror y fascinación. Su cabello plateado caía sobre su ojo, protegiéndola de la implacable luz que contrastaba con su oscuridad.
Tras unos instantes, alzó la vista y vio a Soren por primera vez; su elegante vestido gótico ondeaba al viento. —¿Soren? —Su voz sonaba firme, pero entre las sílabas se percibía cierta confusión.
Soren la observaba atentamente, sin saber qué pensar. En efecto, tal como la había visto durmiendo en el ataúd, Ynixia era prácticamente una muñeca de porcelana. Por fuera parecía humana, pero algo en su existencia siempre le producía una sensación… ¿incómoda?
No, tal vez todo fue miedo.
Algo en ella siempre lo ponía nervioso. Al principio, lo atribuyó simplemente al trauma que le había causado ver al Pastor del Rebaño Sin Nombre. Era innegable que su presencia era aterradora.
Pero después de pasar los últimos meses con ella… Soren ya no entendía por qué se sentía así. Al fin y al cabo, Ynixia no era más que una simple muchacha.
Su antiguo estatus nobiliario la hacía algo snob y elitista, pero era innegable su inteligencia y bondad. También tenía un lado infantil, evidente en su insistencia en que él se convirtiera en su caballero.
En cierto modo, ella le recordaba un poco a Cassi.
No.
Frunció el ceño, sacudiendo la cabeza para ahuyentar el pensamiento. Mirándola, Soren dio un paso adelante. —¿Cuánto tiempo llevas sin poder moverte? ¿Por qué no dijiste nada antes?
Continuó examinándose con total desconcierto. «Yo… no estoy segura. La oscuridad debe haberlo ocultado. Conozco ese ataúd desde hace tanto tiempo que ni siquiera podía distinguir entre estar dentro o fuera…»
Su ceño se frunció aún más. ¿Podría deberse a que el castillo también absorbía a las demás sombras vivientes? No podía estar seguro, pero parecía tener cierta relación.
Al despertar de su estupor, Ynixia finalmente levantó la vista y notó que Soren se acercaba. Inesperadamente, su expresión cambió de alivio a horror absoluto.
“¡Alto! ¡No te acerques más!”
Soren se quedó paralizado, con la confusión reflejada en su rostro. "¿Eh?"
“¡He dicho que pares!”
No tuvo más remedio que obedecer. Frunciendo el ceño, Soren la miró con fastidio y se cruzó de brazos. —¿Y bien… de qué se trata todo esto?
“¡Morirás!”
"¿Qué?"
—Me oíste —golpeó el suelo con su bota—. ¡Morirás si te acercas! ¡Hablo en serio! Mi cuerpo… está… está maldito. Cualquiera que se acerque a mí será borrado de la existencia o perderá la memoria. Aquellos que son olvidados por todos jamás podrán regresar…
Sus labios se crisparon ligeramente. "Pero he estado a tu lado todo el tiempo".
—La maldición solo se activa cuando mi cuerpo despierta —suspiró—. Ese ataúd… actúa como un sello. Claro, cuando tenía mi fuerza original, podía activarlo o desactivarlo según mi estado de ánimo. Pero cuando desperté en Carcosa, mi poder prácticamente había desaparecido misteriosamente. Tanto es así que quedé atrapada dentro de mi propio caparazón… Y para colmo, también perdí la memoria; fue entonces cuando me descubriste.
Soren se quedó quieto un instante, rememorando todo lo que habían vivido juntos. «Ya veo… Algunas cosas empiezan a tener sentido».
Bajó la mirada hacia la superficie del subespacio, intentando ocultar su vergüenza. «Yo… lo siento por no habértelo dicho. Tenía miedo de que no accedieras a ayudarme si lo supieras».
“....”
El tiempo se extendió en el silencio, tenso e inmóvil. Finalmente, Soren dejó escapar un suspiro silencioso y se pasó una mano por el cabello revuelto.
“No pasa nada. Yo también guardo muchos secretos, así que no puedo juzgarte.”
Ynixia sujetó con fuerza las costuras de su vestido.
“En fin… supongo que fue un buen espectáculo, ¿no?” Soren sonrió, mirando más allá de la esbelta figura de Ynixia hacia el vacío que se extendía más allá de ella.
Ella frunció el ceño y se giró, siguiendo su mirada. Pero lo único que vio fue un vacío blanco que se extendía hasta el infinito… Su confusión se hizo palpable.
“¿Qué estás mirando…?”
Antes de que pudiera formular su pregunta, una voz femenina, más suave que un montón de plumas, llegó desde todas direcciones.
“¿Cómo supiste que te estábamos observando?”
Los ojos de Ynixia se abrieron de par en par, sorprendida.
Soren soltó una risita. "¿En serio me estás preguntando eso?"
Escuchó un leve suspiro como respuesta. «Qué listo…»
De hecho, desde el principio de su exploración de este espacio, había desconfiado de la presencia de entidades externas que los vigilaban. Al fin y al cabo, su experiencia previa con subespacios solía indicar la existencia de un "controlador", alguien que ejercía autoridad sobre su funcionamiento.
Por no mencionar que la oscuridad circundante desapareció solo después de que él descubriera la visión a través de \[Ojos del Hada\]... Se hizo evidente que alguien probablemente estaba jugando con ellos en secreto. Sin embargo, nunca esperó que fueran tan descarados como para admitirlo tan pronto.
“¡Muéstrense ya! No tengo tiempo que perder con bromas tontas.”
Al cabo de un rato, el suelo empezó a temblar mientras se formaban grietas colosales bajo sus pies, que se extendían en todas direcciones.
“Les pido disculpas por nuestra falta de decoro.”
De repente, el mundo se hizo añicos, revelando una escena completamente ajena a este mundo desolado. Ante sus ojos se reflejaba un salón colosal y opulento, adornado con candelabros dorados y decoraciones de mármol. Nobles, ataviados con trajes extravagantes, bailaban en un amplio círculo, sus risas mezclándose con los suaves murmullos de quienes conversaban tomando vino cerca.
Pero lo que más llamó la atención de él y de Ynixia fue lo que llevaban puesto. Máscaras doradas, cada una tallada de forma única, brillaban intensamente bajo la luz de la araña, haciendo que el espectáculo resultara más inquietante que emocionante.
“Le doy la bienvenida, Shepherd, a nuestro banquete anual de la Cumbre de las Casas. Su presencia es un verdadero honor.”
Se volvieron hacia la voz al unísono.
Una mujer alta se erguía ante ellos, con su vestido carmesí que caía en cascada como la flor de una rosa. A través del oro filigranado de su máscara, unos penetrantes ojos dorados los observaban con una mirada juguetona y crítica.
Con un gesto despreocupado, echó dramáticamente su cabello negro sobre el hombro, luego recogió los bordes de su falda e hizo una elegante reverencia hacia Ynixia.
“Soy la duquesa Cassilda de la Casa Azrathiel. Nos complace saber de su llegada sana y salva al castillo de Hyades.”

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El Hada Errante (Novela)
Capítulo 286
El Hada Errante (Novela) Capítulo 285
Estás leyendo el capítulo 285 de El Hada Errante (Novela), un novela. **Explora. Sueña. Descubre.** Esta fue la respuesta que Soren obtuvo tras realizar un extraño ritual que encontró en línea. El ritual pretendía responder a preguntas que ningún mortal podía responder en ese momento,… Este capítulo tiene publicado el 30 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Diganmma. El Hada Errante (Novela) tiene 303 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.