Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 815 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
Reino interior, campo de batalla divino.
Dentro de este caótico y destrozado campo de batalla divino, las tres fuerzas divinas que originalmente se enfrentaban todavía se descontrolaban salvajemente, pero las relaciones entre ellas claramente habían cambiado.
El abrumador mar de sangre todavía se agitaba en locura, e incontables serpientes de sangre aulladoras, formadas a partir de la sangre de la Serpiente Abisal, ahora se lanzaban salvajemente hacia un solo objetivo: la bestia negra que corría por la superficie del mar.
Esa sombra gigantesca y devoradora corría por el abismo a gran velocidad. Sus temibles rugidos incluso obligaron al mar de sangre que inundaba el espacio a retroceder momentáneamente. Las serpientes de sangre se arremolinaban alrededor de su cuerpo, desgarrando, retorciéndose y disolviendo su forma...
Pero ni siquiera esto pudo detener el avance de la sombra negra. Por grotescamente contorsionada que estuviera su cuerpo, nunca dejó de moverse. Aplastaba a las serpientes de sangre con cada embestida, hundiéndose en el abismo sangriento, donde sus fauces invisibles y abiertas bebían y devoraban continuamente las aguas corruptas, alimentando su regeneración inagotable.
Serpiente Abisal y Lobo Glotón, dos de los tres dioses del Culto de la Placenta, antaño hermanos nacidos del mismo vientre, ahora se dejaban llevar por instintos corporales primarios. Su frágil alianza se había desintegrado por completo, dejando solo un odio puro e inagotable entre ellos.
Tras este brutal enfrentamiento, el tercer dios, el Señor de la Forja, que previamente había estado asediado, finalmente experimentó alivio. Con la forma de una enorme máquina planetaria, el Señor de la Forja había cambiado de forma. Los megáfonos gigantes que había usado para la transmisión de memes se transformaron en todo tipo de armas divinas. Hizo llover rayos, llamas, misiles, púas de hierro, armamento sagrado e incluso naves de guerra enteras sobre la sombra negra y el mar de sangre, haciendo hervir el océano y destrozando a la bestia.
Con los otros dos dioses ahora enfrentándose, Beverly desató una descarga simultánea contra ambos, agotando rápidamente sus fuerzas. Y aunque tanto Lobo Glotón como Serpiente Abisal sufrieron bajo este ataque, no lanzaron contraataques; habían perdido la razón y ahora solo se veían como enemigos.
…
Reino Material: El planeta envuelto en la plaga.
Una gran transformación se estaba produciendo bajo las pesadas nubes del contagio.
Bajo los cielos sombríos y enfermos, aterradoras criaturas de la plaga, nacidas de una poderosa corrupción microbiana, estaban ahora consumidas por la locura. Estas abominaciones no-muertas, rugiendo y chillando, se atacaron entre sí en un frenesí de autodestrucción. Por todo el campo de batalla, extremidades volaron y la sangre salpicó. El canibalismo insensato se extendió como un reguero de pólvora.
“¿Se… se han vuelto todos unos contra otros?”
Entre la oscura niebla, la figura fantasmal de Artcheli observaba cómo estos enemigos, antaño insuperables, se desgarraban mutuamente. Alzando la vista hacia el cielo invisible, sintió que la influencia de la plaga comenzaba a debilitarse. Sabía que algo había cambiado en los reinos internos. Se había producido un cambio decisivo. Y ahora era el momento de tomar la iniciativa.
"¡Avance!"
Con una orden silenciosa, Artcheli dirigió a sus guerreros sagrados hacia adelante, abriéndose paso a través de la horda de no muertos que los había bloqueado durante tanto tiempo. Con fuerzas de los otros flancos uniéndose, la Legión de la Guerra Santa avanzó hacia su objetivo final: el Templo de la Placenta de los Miembros Sangrientos.
Sobre ellos, en el vacío del espacio, se desarrolló una escena extraña y maravillosa.
Innumerables flores florecieron en el vacío, extendiéndose por la órbita planetaria. Los pétalos cayeron como polvo de estrellas, formando anillos luminosos alrededor del planeta plagado, capa tras capa, majestuosos y románticos.
En el corazón de esta tormenta floreciente, convergieron runas arcanas. En un destello de luz violeta, una delicada figura se reformó a partir de información pura: Dorothy, regresando de la abstracción memética al mundo material. Sus ojos brillaron violeta mientras contemplaba en silencio el mundo putrefacto y envuelto en la plaga.
Gracias a la divina maquinaria industrial de Beverly, Dorothy había transmitido sus memes portadores de voluntad a casi todos los reinos del cosmos, obligando a la Trinidad de la Placenta, que antaño se le resistía con cerebros en constante crecimiento, a verse abrumada por un volumen inimaginable de datos. Ninguna expansión cerebral podía seguir el ritmo. Al final, se vieron obligados a destruir todas sus mentes, reduciéndose al instinto primario.
Pero esto era precisamente lo que Dorothy quería.
Con la ayuda de artefactos divinos, Shepsuna le había otorgado a Adèle un atisbo de su futura forma de rango Oro, permitiéndole albergar a la incompleta Diosa de las Flores y liberar el poder divino ligado al deseo y la danza. Esto les permitió controlar los instintos primarios de los tres dioses sin mente.
Aunque habían perdido su intelecto, las deidades de la Placenta, pertenecientes al Cáliz, aún conservaban agudos instintos. Aún distinguían a amigos de enemigos, y su salvaje naturaleza salvaje, de hecho, hacía su poder más volátil y peligroso. Abandonar sus mentes las había debilitado, pero no fatalmente.
Si solo hubieran sido Dorothy y Beverly, lidiar con esta trinidad salvaje seguiría siendo difícil. Pero ahora, el poder divino de Astarte lo cambió todo. Su autoridad sobre el deseo corrompido le permitió guiar sus instintos sin esfuerzo.
Aunque estaba incompleta, Astarte no podía enfrentarse ni a uno solo de los tres dioses con toda su fuerza, pero ahora que los tres estaban con muerte cerebral, podía jugar con todos ellos.
Así, con la divinidad combinada de Dorothy, Beverly y Astarté, los otrora poderosos Tres Dioses de la Placenta estaban ahora firmemente en sus manos. El mayor obstáculo que se interponía entre ellos y la Madre del Cáliz había caído.
Llegó el momento del asalto final.
Mirando en silencio el planeta en descomposición, los ojos de Dorothy brillaron con relámpagos. A su orden, las densas nubes de plaga tronaron. Violentos relámpagos se extendieron por todo el mundo.
Los rayos atravesaron las oscuras profundidades de la niebla de la plaga, impactando directamente en el Templo de los Extremidades Sangrientas, en las profundidades de Ufiga Sur. Se estrellaron contra la barrera de sangre que protegía el templo, sacudiéndolo y hirviéndolo.
Aunque esa barrera había sido tejida con la esencia divina de la Madre del Cáliz, no fue suficiente para resistir por completo el efecto destructor del rayo divino de Dorothy. Bajo destellos de alta frecuencia y temblores en el suelo, el último velo que protegía el templo comenzó a desmoronarse.
Y no fueron solo los relámpagos. La vasta plaga que cubría el planeta también se unió al ataque.
Guiado por el deseo, el ahora descerebrado Dios de la Plaga comenzó a usar su poder divino para infectar el mismo templo que una vez protegió. La fuerza corrompida provocó la formación de manchas verdes inmundas en la membrana sanguínea, ralentizando drásticamente su regeneración. Incluso el templo mismo se volvió inmundo, con tumores y pústulas que brotaban de sus extremidades deformadas.
El rayo y la infección se unieron. Las defensas divinas del templo se derrumbaron rápidamente. En cuestión de segundos, la barrera caería, y entonces las fuerzas de Dorothy podrían invadir la cámara sellada y destruir el ritual para liberar a la Madre del Cáliz.
A este ritmo, el ritual de liberación aún requería un tiempo considerable. Pero el colapso del templo era inminente. El ritual no terminaría a tiempo. La liberación de la Madre parecía condenada al fracaso, y la victoria en esta Gran Guerra Santa parecía ahora al alcance de la mano.
Dentro del Templo de los Miembros Ensangrentados, en lo profundo de la grotesca formación de miembros retorcidos, una figura roja como la sangre estaba sentada con las piernas cruzadas. De forma femenina, con la piel como carne empapada en sangre, su cabeza colgaba sin vida; su cráneo, abierto por la espalda como si lo hubieran trepanado, había desaparecido por completo.
Ésta era Unina, la única Elegida de la Madre del Cáliz en el reino material.
Permaneció inmóvil en el centro del templo, custodiando su última defensa. Sin importar cuán terrible fuera la batalla, su expresión permanecía completamente vacía. Ella también se había visto afectada por la difusión universal de los susurros de Dorothy, y para protegerse, también había desechado su cerebro.
Sin embargo, en ese momento de colapso, al borde de la destrucción, esta sirvienta sin mente de la Madre levantó lentamente la cabeza y abrió la boca.
Ella murmuró sin comprender.
“El camino está claro… ha llegado el momento…”
Desciende, oh cuchara…
Fluye a través de esta abertura abierta…
Libera a la Gran Madre… desata su verdadero poder…”
Mientras Unina susurraba, un pequeño agujero negro se abrió ante ella. De él brotó un torrente de sangre espesa y viscosa, salpicando el suelo carnoso del templo.
La sangre se espesó. De ella emergieron zarcillos carnosos, grotescos y con un diseño similar al de un cáliz. Pero en medio del repulsivo torrente, emergió algo diferente.
Una joya.
La joya del Génesis.
Del tamaño de una palma, de color púrpura, grabada con innumerables marcas misteriosas y envuelta en zarcillos empapados de sangre: pequeños filamentos carnosos que serpentean a través de las grietas de la gema.
Esta gema púrpura destacaba entre el resto del templo. Irradiaba un resplandor violeta al aparecer, y bajo su luz se revelaban innumerables runas arcanas. La más impactante de todas: el símbolo de un ojo abierto.
“¡!”
En ese instante, flotando sobre el planeta azotado por la plaga, Dorothy se quedó paralizada. Sus ojos violetas se abrieron de par en par, como si hubiera presentido algo.
"Esto es…"
Antes de que pudiera siquiera expresar el pensamiento, la gema púrpura que había emergido del agujero resonó con ella a través del espacio. Un extraño vínculo las conectó, y en ese instante, Dorothy pudo ver el interior de la gema.
Lo que vio era borroso, difuso y difuso. Pero entre esa neblina, apenas podía distinguir fragmentos...
Fue…
Un recuerdo.
Un recuerdo grabado por esta joya…
…
Bajo la brillante luz del día, el cielo brillaba con una claridad deslumbrante, aunque el paisaje de abajo parecía brumoso e indistinto bajo la iluminación casi onírica.
Era un jardín. Aunque toda la escena parecía borrosa, como si hubiera sido oscurecida deliberadamente con mosaicos, aún se podía distinguir vagamente su elegancia y belleza. En las verdes llanuras, rebosantes de flores, varias criaturas extrañas vagaban tranquilamente: caballos blancos de un solo cuerno, ciervos coloridos, zorros de múltiples colas y conejos blancos con atuendo formal...
Sobre este maravilloso y vibrante campo, se alzaba una pequeña colina rodeada por un arroyo cristalino. En la cima de esta colina baja crecía un solitario árbol torcido. De sus ramas colgaba una cuna, y dentro de ella, una figura se sentaba serenamente.
Era una mujer hermosa y corpulenta, vestida con una sola capa de tela fina y sencilla. Su larga cabellera verde platino caía como una cascada sobre el suelo. Entre sus largas y puntiagudas orejas se distinguía un rostro borroso pero inconfundiblemente elegante. Sus ojos esmeralda revelaban un profundo cansancio. Varios pájaros volaban en círculo a su alrededor, piando mientras danzaban. Frente a ella había una pequeña mesa con un plato lleno de frutas variadas.
Esta es tu tercera visita este año. Y cada vez te centras en algo diferente... ¿Te ha gustado la decoración?
Entrecerrando los ojos, la mujer en la cuna habló con voz cansada. Su mirada se posó en una figura digna que estaba frente a ella.
Era un hombre alto. Su cabello dorado caía de su cabeza en ondas radiantes. Aunque su rostro era borroso, aún se podían vislumbrar sus hermosos rasgos. Su torso desnudo revelaba un físico de mármol tallado, revestido con una armadura radiante bajo sus abdominales marcados. Sus ojos brillantes contemplaban con serenidad el tranquilo arroyo que se extendía frente a él.
Algo así. He estado trabajando en un jardín para Arte, pero no estoy satisfecho con muchas partes, sobre todo con el río. Hice que el agua fluyera demasiado rápido, y parece que alguien está usando magia acuática para limpiar la tierra. Así que he estado visitando tu casa en busca de inspiración...
Mientras respondía, se giró lentamente y tomó una fruta del plato que estaba frente a la mujer, dándole un mordisco. La mujer ladeó la cabeza con curiosidad.
Qué metáfora tan peculiar... Has estado tan concentrado en remodelar tu reino y construir este supuesto jardín. ¿Seguro que tienes alguna razón importante detrás?
Su tono se tornó significativo. Tras escuchar sus palabras, el hombre sonrió levemente y respondió.
—Entonces Arte te lo contó, ¿no?
—No… no lo hizo —dijo la mujer suavemente.
Lo acabo de descubrir por mi cuenta. Después de todo, nuestras divinidades están vinculadas. La he visto crecer hasta convertirse en lo que es hoy. No importa qué pensamientos albergue, nunca podría ocultármelos...
Luego, cambiando de tema, añadió con mirada cómplice.
—O mejor dicho, ya que le revelaste tus planes a Arte, nunca tuviste la intención de ocultármelos, ¿verdad?
El hombre hizo una breve pausa y luego asintió en señal de afirmación.
Correcto. Este plan conlleva un riesgo enorme. Si falla... el más afectado, además de mí, serás tú. Tienes derecho a saber la verdad de antemano.
Habló con solemnidad y luego miró hacia adelante. La mujer en la cuna ajustó su postura y suspiró suavemente.
—En ese sentido, eres bastante agradable, Hyperion... Entonces, ¿qué tan seguro estás del éxito del plan?
Ella preguntó directamente.
Hyperion respondió sin dudarlo.
“Treinta por ciento.”
"¿Treinta por ciento? ¿Así que te apuestas el mundo entero en algo con solo un 30% de posibilidades de éxito? Si fracasas, todo perece contigo", preguntó con severidad.
Hyperion meneó la cabeza.
No. Me he preparado a fondo. Incluso si falla, puedo minimizar los daños. No tienes de qué preocuparte. Incluso en el peor de los casos... seré el único en perecer.
Sus palabras la hicieron reflexionar. Después de un momento, lo miró sorprendida.
“¿Quieres decir… que incluso preparaste algo para mí?”
"Sí."
Hyperion asintió.
Su tono se volvió agudo.
¿Te das cuenta de lo mucho que un plan así, si fracasa, podría dañar la frágil estructura de nuestro universo? Debes saber con qué violencia reaccionaría. No veo cómo, con tu muerte, podrías contener la catástrofe que mi desintegración causaría.
Su voz se volvió cada vez más grave. Una tenue luz roja brilló en sus ojos verdes, y su expresión, antes tranquila, se transformó en algo siniestro.
Hyperion no respondió de inmediato. En cambio, extendió la mano y abrió la palma. Con un destello de luz divina, un cristal violeta apareció en su mano.
"Eso es…"
Incluso el rostro borroso de la mujer mostraba una visible sorpresa. El rojo ominoso desapareció de sus ojos al incorporarse en la cuna, con la mirada fija en la gema.
Esa es una de las reliquias de Osiris... y una de gran valor. ¿Por qué la tienes?
Preguntó con tono solemne. Hyperion miró el cristal, que ahora flotaba suavemente sobre su palma, y respondió con calma.
Hace mucho tiempo, por casualidad, lo descubrí en una tumba oculta en el reino interior. Estaba sellado allí, esperando a un sucesor. Lo recuperé y lo he usado como apoyo secreto desde entonces.
«Un apoyo secreto... no me extraña...», murmuró. Un destello de comprensión brilló en sus ojos. Muchas de sus preguntas sobre este joven dios parecieron encontrar respuesta en ese instante.
Pero su rostro se volvió severo una vez más.
Este fue uno de los arreglos que Osiris hizo antes de su autodestrucción... Su propósito era asegurar el futuro nombramiento de un nuevo Árbitro. No era para ti. Te aconsejo que lo devuelvas.
Ella advirtió seriamente. Hyperion respondió con el mismo tono sereno.
—Lo sé. En cuanto terminemos con él, lo devolveré a su lugar original. Prometo no interferir con el nacimiento del nuevo Árbitro.
"No es eso lo que quise decir", dijo.
“Si Osiris lo colocó allí, entonces nunca debiste haberlo tocado en primer lugar”.
Hyperion rió suavemente y dijo: «Entiendo. Probablemente hemos alterado el destino dispuesto por el Árbitro Celestial. Pero, Señora de la Vida, ¿has considerado la posibilidad... de que incluso esto también forme parte del destino? ¿Que mis acciones actuales... también podrían estar dentro de ese designio?»
Planteó la pregunta con calma. La mujer parpadeó sorprendida y luego preguntó con profunda duda.
"¿Quieres decir que... todo tu plan podría ser en realidad la voluntad de Osiris?"
—Es posible —asintió Hyperion.
Mi decisión de elaborar este plan estuvo fuertemente influenciada por el conocimiento que vi en esa tumba: los escritos que dejó el Árbitro sobre el Caos y los Dioses Exteriores. Quizás los dejó allí... específicamente para que yo los viera. Quizás este plan... fue en realidad idea suya.
La mujer guardó silencio. Tras una pausa, dijo con gravedad:
Al final, todo son solo posibilidades. Osiris desapareció hace mucho. No podemos saber sus verdaderas intenciones.
—Es por eso —dijo Hyperion, mirando una vez más el cristal violeta que tenía en la mano— que tenemos que arriesgarnos.
Él la miró de nuevo y sonrió levemente.
Así que, noble Señora de la Vida, ¿te atreves a arriesgarte conmigo? Veamos si este plan absurdo tiene éxito. Si funciona, nuestro universo, condenado al caos, podría finalmente vislumbrar la luz de la esperanza. Si falla, no hay problema. Estoy completamente preparada.
Si muero, que así sea. Pero ya he designado sucesores para la autoridad divina que dejaré. Tú, Señora, sufrirás mucho por la inestabilidad resultante, sí, pero he preparado este Legado de la Revelación para ti. Puedes usarlo para proteger tu voluntad de la corrupción del Caos.
Tu cuerpo aún puede deslizarse hacia la degeneración... pero mientras tu voluntad permanezca intacta, esa caída puede ser contenida, mantenida dentro de límites críticos. No se descontrolará. Cuando nazca el nuevo Árbitro y el ciclo se reinicie, todo podrá restaurarse lentamente.
Así que al final, aunque fracase, lo peor que podría pasar es mi propia aniquilación. ¿Qué dices... Señora de la Vida?
Hyperion habló con tranquila solemnidad.
Ante él, la hermosa y rellenita mujer no respondió de inmediato. Se limitó a observar en silencio, con la mirada fija en el cristal violeta, que brillaba con una misteriosa luz divina en su mano.
…
A medida que el fragmento de memoria de esa frágil resonancia se desvaneció, todo volvió al presente.
Suspendida en el vacío cósmico, Dorothy ahora sostenía su frente, con una mirada de clara conmoción escrita en su rostro; obviamente había sido profundamente conmocionada por lo que vio dentro de la memoria del cristal violeta.
Sabía exactamente quién y qué había aparecido en esa visión. El hombre, sin duda, era su abuelo —el Emperador de la Luz, Hiperión— y la mujer era claramente la Madre del Cáliz precaída: la legendaria Matrona Élfica, Señora de la Vida, Encarnación del Árbol del Mundo… la Diosa de la Abundancia.
Y en cuanto al objeto del que hablaban, aquel cristal violeta, Dorothy estaba íntimamente familiarizada con él.
¡Eso... eso es una divinidad! La que dejó el Árbitro Celestial en este ciclo: ¡la tercera pieza de divinidad que me falta!
Con razón nunca he podido sentirlo. ¡Hyperión lo tomó hace mucho tiempo! Su ascenso probablemente se vio facilitado por este fragmento divino. Y al final, se lo entregó a la Diosa de la Abundancia como medida de seguridad en caso de que su gran plan fracasara: ¡para evitar su caída!
La mente de Dorothy corría a toda velocidad. Sabía bien que la divinidad de la Revelación poseía propiedades que podían resistir y suprimir el colapso mental hasta cierto punto. Era igual que ella y el infante usaban la elaboración de perfiles para manipular al Noble de la Moneda Oscura, cuya divinidad provenía del Oro Oscuro. Naturalmente, la Diosa de la Abundancia podía usar este fragmento de la Revelación para preservar su voluntad en medio de las catastróficas consecuencias del fracaso de Hyperion. Si bien no evitaría la degeneración de su cuerpo físico, una mente despejada podría ralentizar o aliviar significativamente ese descenso.
Pero la realidad se había alejado mucho de las expectativas.
El plan de Hyperion había fracasado. Sin embargo, por razones desconocidas, la divinidad del Árbitro Celestial otorgada a Abundancia no había funcionado. Su caída había sido total y completa, sin señales de retraso ni mitigación.
En ese momento crítico, la divinidad falló por completo, incapaz de actuar como salvaguardia. Peor aún, había sido consumida por la Abundancia caída —ahora la Madre del Cáliz— y estaba a punto de ser utilizada de forma aterradora.
“¡Detente ahora!”
Al darse cuenta de la gravedad de la situación, Dorothy mantuvo su intensa descarga de rayos en el suelo mientras activaba su poder de atracción divina, intentando atraer el cristal violeta hacia ella. Pero de inmediato lo descubrió imposible: el cristal, que ahora albergaba su último fragmento de divinidad, se había entrelazado firmemente con el cuerpo de la Madre del Cáliz. No podía liberarlo.
Sus zarcillos se habían enterrado en el fragmento divino, fusionándose con él, controlándolo, utilizándolo como llave para abrir una peligrosa puerta sellada.
“¡¡¡Oh, oh, oh, oh!!!”
El cristal violeta, envuelto en sangre, estalló con una luz brillante. Un aullido penetrante y estridente resonó desde el retorcido Templo de los Extremidades Sangrientas, extendiéndose por todo el planeta azotado por la plaga. La grieta espacial dentro del templo se expandió al instante, expulsando enormes cantidades de sangre espesa y carne retorcida que inundaron el templo y comenzaron a extenderse rápidamente.
Al mismo tiempo, la barrera de la membrana sanguínea, que antes se había derrumbado, recuperó repentinamente su integridad. Una fuerza regenerativa ilimitada irrumpió en ella, reparándola rápidamente hasta volverla casi indestructible. Ni el rayo divino ni la enfermedad pudieron atravesarla.
¿Esa... esa es la Reina? ¡No... no, ese es el Cáliz Caído, el dios malvado! ¿Cómo es que su descenso es tan grande?
Astarte, quien había estado danzando sobre la Vasija de Acero Santo, se congeló de terror al sentir el aullido proveniente del planeta. Casi tropezó al ver su poder divino desbordarse. Al contemplar el mundo que ahora se llenaba de un poder ominoso, estaba visiblemente horrorizada.
¿Qué pasa? Siento que el poder de la Madre del Cáliz aumenta drásticamente en el reino material. ¡Su ritual de sellado aún no debería estar completo! ¿Cómo puede ser posible?
En ese momento, la voz de Beverly resonó en la mente de Dorothy, conmocionada. Incluso mientras luchaba en su interior, percibió el repentino y catastrófico cambio en el mundo material. Alarmada, contactó a Dorothy en busca de respuestas.
Dorothy, frunciendo el ceño profundamente mientras luchaba por responder a la crisis, respondió con una sonrisa fría en su corazón.
“Hmph… puedes preguntarle a mi querido abuelo sobre eso…”
¿Te refieres a Hiperión? ¿Qué tiene que ver con esto? ¿Qué hizo esta vez?
Nada importante. Simplemente le entregó la tercera pieza de la divinidad de la Revelación —originalmente destinada para mí— a la Diosa de la Abundancia antes de lanzar su gran plan. Quería frenar su caída... pero no funcionó.
El tono de Dorothy se volvió sombrío.
Al final, ese fragmento y la Madre del Cáliz quedaron sellados. El ritual que el Culto de la Placenta ha llevado a cabo hasta ahora no fue suficiente para liberarla por completo... pero ha abierto una brecha lo suficientemente grande como para que mi fragmento divino resurja y sea utilizado.
“¡La Madre está usando mi fragmento de Revelación como llave, desbloqueando los fragmentos archivados de la historia sellados por el Árbitro del Cielo, extrayendo vastas reservas del poder del Cáliz corrupto para abrir de golpe su prisión y acelerar su liberación!”
—¡¿Qué…?! ¿Te refieres a los poderes desechados de ciclos pasados?
Dorothy asintió para sus adentros mientras continuaba explicando. El ritual del Culto de la Placenta solo había abierto un sello parcial, insuficiente para liberar a la Madre por completo. Pero le había permitido extender zarcillos portadores de la divinidad de la Revelación. Si bien no podía usar su poder directamente, podía usarlo como llave para acceder a los archivos de la historia destrozada, extrayendo vastas reservas almacenadas de fuerza corrompida por el Cáliz y usándolas para destruir el portal del sello y traerse al reino material.
A diferencia del infante divino infundido por la Revelación incompleta, la Madre del Cáliz no necesitó convertir esos poderes usando la divinidad del Oro Comercial. Gran parte del poder del Cáliz, encerrado en la historia fragmentada, eran simplemente fragmentos de su antiguo yo: los remanentes de la Diosa de la Abundancia de ciclos pasados. En términos de propiedad, le pertenecía. Con la llave en la mano, podía reclamarlo todo y liberarse.
Dorothy estaba haciendo todo lo posible para activar el Trono del Destino, intentando cerrar de nuevo esos archivos históricos. Dado que tenía autoridad sobre ese espacio, no era imposible, pero la enorme cantidad de corrupción del Cáliz que brotaba dificultaba enormemente volver a sellarlo. Tomaría tiempo. Y mientras trabajaba, el reino material ya comenzaba a derrumbarse.
Por la fuerza de la corrupción ancestral, el sello que había atado a la Madre se rompía rápidamente. Un poder sucio y contaminado brotaba de la antigua grieta, trayendo mutación al mundo.
…
Retumbar…
“¿Qué… qué está pasando…?”
Justo cuando Artcheli se preparaba para reanudar su asalto al Templo de los Miembros Sangrientos, el suelo bajo sus pies comenzó a temblar violentamente. Un terremoto sin precedentes azotó todo el planeta.
En las ciudades, los edificios se derrumbaron: catedrales y castillos, chozas y barracas, todos quedaron en ruinas. Los océanos se agitaron violentamente; tsunamis de mil metros de altura se estrellaron contra las costas, devorándolo todo. Vastas llanuras se partieron con rugidos resonantes. Grietas profundas en el núcleo del planeta se abrieron, liberando un hedor indescriptible y nauseabundo.
Fue un cataclismo mundial. Ni siquiera el Valle Ancestral, el sitio sagrado del Continente Caída de las Estrellas, se salvó. El Gran Rito Salvaje que allí se estaba desarrollando estaba siendo destrozado. Era evidente: no podía continuar.
Un mal indescriptible se está gestando bajo tierra. Este poder… no se parece en nada a lo que hemos enfrentado antes… No podremos resistir mucho más…
En el borde tembloroso del lugar del ritual, Whitestone, con el rostro evocado en el polvo, habló en un tono grave y solemne. Al oír esto, Yellowstone, quien había estado apoyando el ritual, estalló de furia, lanzando una mirada furiosa a todo el lugar.
¡Estamos acabados! ¡Les hemos dado tanto tiempo! ¿Y esos idiotas aún no han completado ese maldito ritual? ¡¿Qué demonios están haciendo?! ¡Inútiles!
A lo lejos, el lugar del ritual del Gran Rito Salvaje ya había sido devastado por los terremotos. Los chamanes observaban la tierra y el cielo desmoronados, con rostros llenos de pánico e impotencia. Solo uno permanecía en calma: el Chamán Espíritu Verdadero, en lo alto del gigantesco tótem.
Mirando el caos que se extendía debajo, mantuvo la compostura y simplemente anunció:
El ritual ha fallado. Prepárense para retirarse del reino material.
En ese momento, todos en el Valle Ancestral comenzaron a retirarse, preparándose para escapar a los reinos del mundo de la historia, donde todavía estaban seguros... por ahora.
En medio de la multitud en pánico, el viejo chamán Uta permaneció sentado tranquilamente en su lugar, con las piernas cruzadas y el ceño fruncido profundamente en absoluta confusión.
¿Ya… ha fallado? No, no… con razón, el Gran Rito Salvaje debería haberse completado hace mucho tiempo. ¿Por qué… por qué el Águila del Alma no ha mostrado señales de despertar…?
“¿Dónde… salió mal?”
En medio del miedo y la duda, el ritual en el Valle Ancestral fue declarado un fracaso. Según los planes preestablecidos, todos emprendieron una rápida retirada del reino material, y pronto, la situación en el reino llegaría a un punto en el que ya no podrían permanecer allí.
…
"¿Qué es eso?"
Flotando sobre el continente de Ufiga, Amanda contemplaba con asombro el panorama. En medio de los temblores apocalípticos, una enorme fisura atravesaba toda la masa continental. Y desde la oscuridad bajo la ruptura, un enorme ojo se abría lentamente, observando en silencio el cielo turbio. Los temblores seguían sacudiendo la tierra, ensanchando la grieta, y el ojo abisal comenzó a elevarse, emergiendo desde la superficie.
Lo acompañaban tentáculos colosales. Mientras el lecho de roca que rodeaba el mundo se agrietaba y se quebraba, lo que emergió de debajo fue carne ensangrentada, brillante y en carne viva.
En ese momento, el planeta entero se había convertido en un huevo gigante: su corteza, la cáscara, y bajo ella, un ser vivo crecía y se expandía. Estaba a punto de romper la cáscara y nacer.
…
Más allá del reino material, unidos por el Mar Melancólico, en un espacio de noche eterna, una luna llena perpetua colgaba en la cima del cielo. Su suave luz plateada bañaba el reino de la noche, calmando las vastas y desoladas montañas.
En la cima de una de estas montañas, dentro de un imponente pero ruinoso templo antiguo, una joven de cabello plateado permanecía sentada en silencio sobre un trono de piedra agrietada. Su larga cabellera plateada caía suavemente, meciéndose suavemente, y su radiante vestido, adornado con innumerables estrellas que parecían gemas, envolvía su piel blanca como la porcelana. Su pecho semidesnudo revelaba un núcleo translúcido, cristalino, en cuyo interior se arremolinaba un diminuto agujero negro en la más absoluta oscuridad. Sobre su cabeza flotaba una pequeña corona de obsidiana, como un halo, y dentro de sus pupilas negras como la brea, sus iris brillaban como la luna.
Ella era la Reina del Cielo Nocturno, la Princesa del Resplandor, la Madre de la Luna, la Diosa de la Luna Espejo, Selene. Y ahora estaba sentada en su trono, observando en silencio la plaza en ruinas que se extendía ante ella.
Allí, entre las columnas destrozadas, había una figura atada, y de ella irradiaban poderosas emociones de rabia y resentimiento.
Era la Dama del Dolor, la Reina Araña, Morrigan, obligada a arrodillarse sobre el suelo agrietado. Desde la sombra que proyectaba su cuerpo bajo la luz de la luna, innumerables espinas negras la habían atravesado, paralizándola por completo. Sin embargo, a pesar de ello, alzó la cabeza con desafío, con su rostro pálido y retorcido lleno de odio mientras observaba la figura plateada que se alzaba sobre ella.
Ya no te quedan opciones, Morrigan. Ríndete. Entrega lo que nunca fue tuyo y te concederé un lugar en este mundo: una existencia continua...
Con un tono de calma e indiferencia, Selene se dirigió a la diosa destrozada. Pero Morrigan solo respondió con una risa fría y mordaz.
“Je… ¿es lástima lo que oigo en tu voz?”
—Quizás. Pero lo sabes tan bien como yo: todo lo que has hecho me resulta absolutamente repulsivo. Mi misericordia... no tiene nada que ver contigo.
La voz de Selene se mantuvo suave y etérea. Al oír esto, Morrigan torció la boca. Su rostro, ya deformado, se contorsionó aún más con veneno mientras gruñía.
—¡No te hagas la amable, zorrita santurrona! ¡No necesito tu compasión!
Con un rugido, Morrigan empujó su cuerpo contra las espinas de sombra que la aprisionaban, arrancándose trozos de carne en el proceso. En medio de la agonía, desató lo último de su poder divino contra su enemigo mortal.
Una violenta tormenta de viento estalló en el templo en ruinas. Su sangre oscura, derramada, se condensó en una última lanza de sombra sangrienta, envuelta en un torbellino de viento, y la arrojó con fiereza contra la diosa plateada sentada en el trono. La tormenta desgarró el espacio a su paso.
La lanza de sombra sangrienta, envuelta en el huracán, se abalanzó sobre Selene. Pero su expresión no cambió en lo más mínimo. Con un destello de luz plateada, un espejo fantasmal apareció ante ella, reflejando el rostro lleno de odio de Morrigan.
La lanza rompió el espejo.
Y cuando el espejo se rompió, también lo hizo el cuerpo de Morrigan, igual que su reflejo, astillándose en innumerables fragmentos. La Dama del Dolor gritó de angustia, y su voz estremeció el reino mismo.
Aún entonces, rota y deshecha, su amarga voz continuó en fragmentos.
“Yo… yo… Todo lo que eres… todo esto… se suponía que sería mío…
“Toda la noche… me pertenece…
“Nunca… me quitarás nada… perra…”
Aunque Selene le había ofrecido clemencia, aunque la astucia de la Reina Araña podría haberla impulsado a seguir adelante, esperar el momento oportuno y conspirar de nuevo, Morrigan optó por desafiar. Sabía que no tenía ninguna posibilidad de victoria.
Pero lo único que no podía aceptar era inclinar la cabeza ante la figura plateada que tenía delante. Fuera verdad o ilusión, no podía mentir al respecto.
Mientras Selene observaba los restos destrozados de alguien tan familiar, suspiró suavemente. Con un pequeño gesto de la mano, un pequeño agujero negro apareció entre los fragmentos flotantes, atrayéndolos a todos con una poderosa succión.
Cuando desapareció, los gritos y maldiciones de la Dama del Dolor desaparecieron con él.
Lo que quedó en su lugar fue una espada de viento invisible, formada por ráfagas entrelazadas, y una única y siniestra gota de lágrima de sangre oscura.
Selene contempló estos restos en silencio, como perdida en el recuerdo. Tras una larga pausa, finalmente susurró.
“Adiós… hermana…”
Mientras sus palabras se desvanecían, Selene miró hacia la luna llena. Al percibir las vil energías divinas que rugían en otros reinos, frunció ligeramente el ceño.
“¿Ya… hemos llegado a este punto?”
Al percibir la feroz lucha de otra figura menuda como ella en un reino diferente, la expresión de Selene se llenó de preocupación. Tomó una decisión y luego agitó la mano, liberando un resplandor plateado ante ella.
Cuando la luz se desvaneció, apareció un joven dormido.
Parecía dos o tres años mayor que Selene, basándose en sus rasgos humanos.
Al ver su rostro, la expresión de Selene se suavizó y habló suavemente en un tono que rara vez se escuchaba en ella.
“Es hora de despertar… Gregor…”
…
De vuelta al reino material, en otro lugar remoto.
Este... era un reino muy por encima de las nubes, un dominio celestial como si existiera en los Nueve Cielos. Densas nubes se extendían como llanuras hasta el horizonte. Un tenue resplandor amarillento, proyectado desde un cielo sin sol, teñía el infinito mar de nubes con los tonos del crepúsculo.
La escena era enorme y magnífica, pero había una pesada sensación de decadencia, una atmósfera solemne de cosas que se acercaban a su fin.
Sobre el crepuscular mar de nubes, flotaba un glorioso palacio, resplandeciente en oro, tan imponente que eclipsaba ciudades enteras en el mundo material. A ambos lados del palacio, innumerables cadenas doradas se extendían desde el centro, ancladas a extremos invisibles más allá del mar de nubes.
En un extremo de este palacio del crepúsculo se alzaba una enorme plaza. En su centro se alzaba un alto y radiante crucifijo, del que colgaba flácida una figura marchita, apenas visible a través del tenue resplandor divino. Las cadenas doradas se extendían desde lejos, convergiendo en este crucifijo.
Bajo la cruz, un anciano con una tosca túnica blanca permanecía sentado en silencio. Su cuerpo estaba demacrado, frágil. Su mirada, vacía.
Miró fijamente el crucifijo y el montón de cadenas doradas rotas en su base. Eran cadenas que una vez se extendieron hacia un tercer reino lejano, ahora cortadas... yacían allí, como el destino de algo que una vez estuvo atado, ahora deshecho.

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El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela)
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Estás leyendo el capítulo 815 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 16 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.