Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 807 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
Al sur del continente principal, en una vasta e ilimitada extensión del Mar de la Conquista, se encontraba una región oculta, desconocida para la mayoría. Allí, un remolino colosal giraba violentamente sobre la superficie del océano. Este enorme vórtice agitaba un volumen inconmensurable de agua marina en un embudo en espiral que se extendía hasta las profundidades del océano, y en el fondo de ese embudo, antiguas ruinas yacían en ruinas.
“Así es como es… ahora lo veo…”
De pie ante las ruinas sumergidas, Dorothy contempló la brillante puerta ilusoria que había manifestado: una puerta decorada con innumerables y fascinantes motivos florales. Asintiendo, comprendió el secreto que se escondía en aquellas ruinas.
Este lugar era la entrada a un pasadizo oculto, una puerta construida con una fuerza mística divinamente infundida y oculta bajo la superficie del mundo: un pasaje a un lugar desconocido. Incluso los más allá poderosos que percibían la anomalía tendrían dificultades para percibir su verdadera naturaleza: la existencia de una puerta. Solo aquellos con cualidades específicas podían hacerlo.
En este caso, la cualidad específica era el poder del Camino del Deseo. Ya fuera por diseño o por afinidad natural, los Danzantes del Deseo que habían alcanzado cierto nivel podían percibir la sutil llamada de esta puerta. Resonaba con ellos, pues la puerta estaba hecha para ellos, destinada a ser abierta por ellos.
Por eso Adèle había sentido una llamada inexplicable allí antes. Era la puerta oculta que la llamaba. Como Bailarina del Deseo de rango Carmesí, podía presentir vagamente su presencia, pero aún no podía localizarla ni manifestarla. Simplemente no había alcanzado un rango lo suficientemente alto.
El nivel de Adèle no era suficiente para abrir la puerta... pero eso no era un problema para Dorothy. Mientras Adèle pudiera sentir y conectar con la puerta, era suficiente. Dorothy, con el poder divino de la Revelación, podía transformar completamente a Adèle en datos y adjuntarla. En esencia, Dorothy había absorbido a Adèle, y su rango era suficiente.
Usando a Adèle integrada como llave, Dorothy percibió y conectó con éxito con la puerta oculta, manifestándola con su poder místico divino, e incluso abriéndola. Adèle se había convertido en la llave.
“Ahora bien… veamos qué tienes escondido aquí…”
Frente a la puerta ilusoria, Dorothy susurró y luego, con un movimiento de su mano, la abrió, revelando un deslumbrante caleidoscopio de luz en su interior.
Luego, flotó hacia arriba y voló directamente hacia la puerta, entrando en un extraño corredor extradimensional. A su alrededor, deslumbrantes corrientes de color pasaban velozmente: rayos de luz que se transformaban continuamente en diversas flores, que luego se marchitaban con la misma rapidez, una y otra vez en un ciclo infinito.
Este es un camino de otro mundo que lleva a algún lugar... ¿Será el dominio de la Diosa de las Flores? Sin duda está bien custodiado... No solo la entrada está tan bien escondida, sino que incluso el propio dominio es altamente repelente. Ya puedo sentir la resistencia con solo atravesar el pasaje...
Mientras Dorothy recorría el florido pasillo, pensó para sí misma. Podía sentir claramente la repulsión que irradiaba el destino, y cuanto más se acercaba, más fuerte se hacía.
Dorothy se dio cuenta de que este reino solo aceptaba seres que poseían el poder del Camino del Deseo. Aunque poseía divinidad, seguía siendo rechazada. Afortunadamente, al integrar a Adèle en su interior, la resistencia no fue abrumadora.
Rechazar todos los poderes ajenos al camino elegido... ¿es ese el mecanismo de defensa de la Diosa de las Flores? Menos mal que Adèle ya era una Bailarina del Deseo de rango Carmesí. Si hubiera sido más débil, esto habría sido mucho más difícil...
Siguió adelante, sabiendo que ni siquiera los Bailarines del Deseo eran plenamente aceptados: los de mayor rango tenían más acceso, mientras que los de menor rango se enfrentaban a un mayor rechazo. Dorothy solo pudo avanzar con la misma fluidez porque Adèle había alcanzado el nivel Carmesí. Si hubiera estado un rango por debajo, la repulsión se habría disparado, haciendo que el progreso fuera extremadamente lento.
Por suerte, todo iba bien. Al poco tiempo, Dorothy sintió el final del pasillo. La luz se encendió una última vez, y luego salió del pasillo.
Lo que le esperaba era una escena de horror.
Era un vasto reino alternativo. Arriba, el cielo estaba oscuro y sin sol, sin una sola estrella ni nube. A lo lejos, un tenue rayo de luz crepuscular se cernía como un atardecer moribundo en el horizonte. Y debajo, bajo el cielo oscurecido... se extendía un mar infinito.
Un mar de sangre.
Este océano se extendía interminablemente hasta el horizonte. En este reino sin viento, el mar carmesí permanecía inquietantemente quieto, su superficie cristalina reflejaba el cielo tenue. Ese tenue rayo de luz en el horizonte brillaba sobre las aguas rojas, proyectando un reflejo inquietante.
Dorothy dudó, luego frunció el ceño y murmuró en voz baja.
¿Así que este es el dominio de la Diosa de las Flores? No es exactamente lo que esperaba...
Mientras susurraba, giró su mirada hacia un lado, donde vio la entidad monstruosa que había retorcido este espacio en una forma tan aterradora.
Era el único "continente" que flotaba en el mar de sangre: una masa de tierra de forma y composición extrañas. Acantilados carmesí se alzaban verticalmente desde el océano rojo sangre, superpuestos unos a otros para formar imponentes cordilleras. Pero estas superficies no eran piedra ni tierra, sino placas de roca escarlata, cada una tallada con rostros humanos torturados y aullantes.
La textura de estas losas perfectamente lisas no era de piedra en absoluto; parecía algo mucho más biológico. Algo así como… escamas.
Mmmmm…
De repente, todo el reino rojo sangre emitió un zumbido sordo y atronador. Temblores se extendieron desde ese continente rojo, creando ondas en el mar de sangre. Las olas se estrellaron contra los acantilados rojos, y entonces el propio «continente» comenzó a moverse.
A medida que el estruendo se intensificaba, las cordilleras se retorcieron y se retorcieron. Entonces, dos lunas de color rojo anaranjado surgieron de entre esos picos retorcidos.
Pero no eran lunas. Eran ojos.
Dos ojos enormes, del tamaño de la luna.
Y esos ojos pertenecían a algo aún más aterrador: una cabeza de serpiente, gigantesca y grotesca. Miraba fríamente el mar de sangre, mientras un aura fétida irradiaba de su enorme figura.
Más y más "lunas" se alzaban: más cabezas de serpiente colosales que se alzaban de la cordillera serpenteante. No era un continente en absoluto. Era el cuerpo enroscado de una serpiente enorme e inconmensurable, un ser divino que se había enroscado en un nudo del tamaño de una isla. Este cuerpo era tan enorme que, en el mundo real, cubriría el área de varias ciudades, claramente marcadas en cualquier mapa.
Era una gran serpiente, o más bien, un dios monstruoso en forma de serpiente.
Esta fue una de las tres deidades del Culto de la Placenta.
La descendencia caída de la Madre del Cáliz.
El dios adorado por la Iglesia Abisal.
El Hambre Eterna.
El Soberano del Abismo.
La Serpiente Abisal.
“Tch… Parece que alguien llegó antes que yo…”
Dorothy entrecerró los ojos y murmuró en voz baja. Su mirada no estaba fija en la aterradora serpiente en sí, sino en el centro de sus múltiples cabezas, donde residía algo que claramente no formaba parte de su cuerpo.
Era un huevo enorme, con un tenue brillo rosado y adornado con innumerables adornos florales dorados. Su gran tamaño permitía que los numerosos cuellos de la serpiente lo enroscaran firmemente varias veces. Antes de que las cabezas se alzaran, el huevo había quedado oculto por completo bajo el cuerpo. Ahora, Dorothy por fin podía verlo.
El huevo estaba cubierto de grietas. Una luz extraña y oscura emanaba de las fisuras. Una zona ya se había abierto, revelando un gran agujero en el que se había hundido una de las cabezas de la serpiente. Al levantarse de nuevo, la sangre goteaba de sus fauces con colmillos.
Con esta última cabeza, Dorothy contó un total de nueve cabezas de serpiente. Cada uno de los nueve ojos ensangrentados la miraba fijamente. La cabeza, que goteaba sangre, se encontraba en el centro, y al abrir sus fauces, se escuchó un sonido agudo y reverberante, como un grito que desgarrara los cielos.
“…Es demasiado tarde… Árbitro…”
“…Todo es irrecuperable…”
“…No puedes dictar el destino de la Gran Madre… joven Soberana del Destino…”
La boca del dios serpiente se abrió y se cerró, hablando en una lengua distorsionada que ningún mortal podría descifrar. Frente a este terrible dios, Dorothy respondió con voz tranquila y fría.
Ya sea demasiado tarde o no, lo juzgaré yo mismo. Así que, si no le importa hacerse a un lado... prefiero no tener que moverlo yo mismo.
“Hmph… Cachorrito arrogante…”
La Serpiente Abisal resopló fríamente. Su mirada se concentró, y de repente, Dorothy sintió que la sangre le hervía sin control.
Sus venas se agitaron. Su sangre empezó a desbocarse, como si se preparara para estallar por cada centímetro de su piel, lista para desgarrar su cuerpo desde dentro y esparcirse por los aires.
En ese momento, una luz brillante estalló alrededor de Dorothy. Su vestido se transformó en arcos de relámpagos crepitantes, su piel irradiaba un brillo cegador y su sangre se convirtió en rayos de alta energía, envolviéndola por completo en una aurora deslumbrante.
La Serpiente Abisal había intentado forzar una explosión de sangre interna en su interior, pero Dorothy se transformó en electricidad pura para escapar de su control sobre la materia de su cuerpo. Al ver que su ataque inicial falló, varias cabezas de la serpiente rugieron al unísono.
Al instante, todo el espacio tembló ante el rugido del dios serpiente. En respuesta, el infinito mar carmesí pareció despertar, surgiendo con olas monstruosas: tsunamis rojo sangre que se elevaban cientos o incluso miles de metros.
De esas oleadas, brotaron serpientes colosales, compuestas completamente de sangre, que mostraron sus colmillos y se lanzaron hacia la forma elemental de Dorothy. En el mundo material, cualquiera de estas titánicas serpientes de sangre podría devastar una ciudad de un solo golpe. Ahora, innumerables serpientes tenían un solo objetivo: Dorothy.
¡Bum! ¡Bum! ¡Bum!
De repente, el cielo oscuro de este mundo rojo sangre se dividió con rayos de luz: grietas celestes como garras afiladas. Con ellas llegaron truenos ensordecedores capaces de reventar tímpanos. Desde el cielo negro, cayeron rayos tras rayos masivos, desgarrando a las enormes serpientes de sangre y vaporizándolas.
Al otro lado del inmenso mar de sangre, dondequiera que una serpiente surgía de las olas, un rayo la alcanzaba desde arriba. Desde la posición de Dorothy hasta el horizonte lejano, e incluso más allá, esta guerra elemental se desató por doquier. El reino entero se había convertido en un campo de batalla.
Serpientes de relámpago y sangre. Cielo y mar. Grandes fuerzas elementales capaces de transformar el mundo se enfrentaron violentamente. Por un momento, ambos bandos parecieron estar en igualdad de condiciones, pero este equilibrio no duraría mucho.
Mientras las nueve cabezas de la Serpiente Abisal emitían otro rugido sincronizado, su cuerpo, antes enroscado, comenzó a desenrollarse y a agitarse furiosamente en el mar de sangre. El inmenso y grueso cuerpo de la serpiente atravesaba la superficie en algunos tramos, solo para volver a hundirse, con una longitud desconocida.
Con sus movimientos, el nivel del mar comenzó a subir rápidamente, de forma ilógica. En cuestión de instantes… Cientos de metros… Miles… Decenas de miles…
En cuestión de segundos, la marea carmesí inundó todo a la vista. Todo el espacio extradimensional se saturó de sangre, sin dejar espacio alguno intacto.
En un instante, el horizonte se desvaneció. El cielo desapareció. Todo fue tragado por el mar creciente. Dorothy, ahora una encarnación del rayo, también quedó sumergida; su forma eléctrica vaporizaba cualquier agua de sangre que tocaba, creando enormes nubes de vapor y burbujas.
La luz se desvaneció por completo. Ante sus ojos, solo había una oscuridad absoluta. Ahora se encontraba en las profundidades abisales, aplastada por una presión abrumadora. Su cuerpo de relámpago se retorció y distorsionó bajo la inmensa fuerza, pero no se extinguió.
Este era el Abismo Sangriento, una manifestación del dominio divino de la Serpiente Abisal, su reino interior. Mediante una preparación previa, la serpiente había trasplantado este reino al espacio circundante.
El mar de sangre devoró el cielo, deteniendo el descenso de los rayos. Aun así, el cuerpo de Dorothy seguía descargando arcos de energía de alto voltaje, aniquilando a las serpientes de sangre que se acercaban sigilosamente.
Incluso ante una presión y hostilidad tan abrumadoras, Dorothy se adaptó. Aunque el agua de sangre era corrosiva, su cuerpo elemental divino resistió la erosión. Una forma elemental inferior habría sido consumida al instante.
Por ahora, Dorothy se las arreglaba. Pero no tenía defensas para lo que venía después.
De repente, sin previo aviso, una entidad colosal se materializó junto a ella en el abismo profundo y sangriento. No había habido señales, ni ondas. Dorothy se sintió al instante rodeada de anillos de espirales enormes. Su rayo iluminó solo el borde de la criatura, revelando una hilera de colmillos gigantescos.
La mandíbula de la serpiente se estaba cerrando.
Una de las nueve cabezas de la Serpiente Abisal apareció silenciosamente y la devoró en un solo movimiento. La única luz en el abismo desapareció. La oscuridad se volvió absoluta.
Dentro de este mar de sangre autocreado, la Serpiente Abisal ejercía un dominio absoluto. Podía manifestarse en cualquier lugar, atacar desde cualquier ángulo, sin previo aviso, sin dar tiempo al enemigo a reaccionar.
Y así, se tragó a Dorothy.
Dentro de su cuerpo, podía desatar técnicas mucho más peligrosas que en el exterior, como el ácido divino que podía disolver incluso la divinidad, o los miles de millones de parásitos parecidos a apóstoles que vivían en su interior.
La Serpiente Abisal, tras haber devorado al atronador enemigo, flotaba silenciosamente en el abismo, comenzando a evaluar la situación en su interior. Decidía cubrir a su presa con ácido y disolverla por completo, convirtiendo su propio cuerpo en su prisión y tumba.
Pero al enfocarlo… algo estaba mal.
No podía sentirla.
Dorothy se había ido. Completamente indetectable por dentro.
Sus muchos ojos se abrieron con incredulidad.
Antes de que pudiera reaccionar—
"¡¡¡FUS—RO—DAH!!!"
Una voz como un trueno resonó en el abismo sangriento. En la unión de las nueve cabezas de la serpiente, una intensa expansión interna estalló repentinamente. Su cuerpo titánico se infló de forma antinatural, como si la presión se acumulara desde dentro. El bulto creció rápidamente, mucho más allá de lo normal.
Finalmente, ni siquiera sus imponentes escamas pudieron contener la potencia explosiva. La sección hinchada del cuello estalló, expulsando arcos cegadores de relámpagos.
Entre aullidos insoportables, tres de las nueve cabezas de la serpiente fueron cercenadas violentamente, arrancadas por completo desde la base. El cuerpo restante se agitó violentamente en el interminable mar de sangre, creando ondas de choque que latían a través del abismo.
En medio del caos, una figura envuelta en un manto de relámpagos emergió de la herida reventada, elevándose una vez más sobre el mar de sangre. Era Dorothy, ahora drásticamente transformada.
Su cuerpo aún crepitaba con electricidad, pero su forma ya no era puramente elemental. Su piel se había tornado roja como la sangre. Su torso estaba desnudo, y sus piernas se habían transformado en una larga cola serpenteante. Sus ojos, antes humanos, se habían vuelto naranjas con pupilas rasgadas, como los de una serpiente.
“¡Qué dominio tan asqueroso! Menos mal que salí rápido…”
Liberada de nuevo, Dorothy susurró con una voz que parecía el siseo de una serpiente, chasqueando la lengua, en un tono bajo y agudo. Esta nueva forma se asemejaba a una especie de Armamento Espiritual Heroico, una transformación despierta que encarnaba aspectos de su enemigo.
Con su divinidad y la autoridad de un trono divino, el poder de Dorothy, la Encarnación Mitológica, se había fortalecido mucho más que antes. Al igual que la infanta, ahora tenía la capacidad de manifestar entidades parciales de mitologías menores. Pero en lugar de crear una proyección, había optado por convertir directamente los rasgos de la Serpiente Abisal en armas, convirtiéndose, en cierto sentido, en su avatar.
Al hacerlo, asumió temporalmente la naturaleza de una cría de la Serpiente Abisal, suficiente para engañar incluso a la propia serpiente.
Utilizando la manipulación del hilo del destino y la imitación de la esencia, Dorothy engañó con éxito a los sistemas internos de la serpiente (incluida su respuesta inmune) para que creyeran que ella era parte de la serpiente.
En lugar de ser enviada al estómago ácido, se había camuflado en una célula interna móvil, convenciendo al cuerpo de la serpiente de abrirse paso. Desde allí, se infiltró más profundamente en su cuerpo.
Antes de que pudiera reaccionar, lanzó un ataque devastador contra lo que consideró su punto vital más vulnerable.
Y había funcionado.
El explosivo ataque sorpresa, potenciado por una descarga eléctrica masiva, le había volado tres cabezas y le había infligido graves heridas internas. Pero, como dios bajo el dominio del Cáliz, esto no fue suficiente para incapacitarlo por completo.
El enorme cuerpo de la serpiente se estabilizó rápidamente. Las cabezas cercenadas, aún retorciéndose, se arrastraron hacia la base del cuello. Comenzaron a regenerarse rápidamente, reuniéndose en las heridas.
Por otro lado, tras escapar del cuerpo de la Serpiente Abisal, Dorothy desechó de inmediato la carne serpentina manifestada con la que se había armado y se transformó de nuevo en una forma rebosante de energía pura: un cuerpo elemental de relámpago. Con un movimiento de su mano, deslumbrantes rayos brotaron de nuevo del oscuro abismo que la rodeaba, azotando implacablemente el cuerpo de la colosal serpiente, concentrándose especialmente en las heridas que sanaban rápidamente para intentar detener su regeneración.
La Serpiente Abisal chilló y se retorció de dolor bajo el renovado ataque relámpago, con las heridas abiertas de nuevo. Varias de sus bocas intactas se abrieron de par en par y expulsaron cantidades masivas de un extraño fluido, de color indistinguible en la negrura. Estos fluidos se fusionaron rápidamente con el mar de sangre circundante, alterando drásticamente su composición.
Ese fluido… era el veneno de la Serpiente Abisal.
Incapaz de inyectar directamente el veneno en Dorothy, inundó todo el océano con él, convirtiendo el mar mismo en un ambiente tóxico donde el cuerpo de Dorothy se vería obligado a entrar en contacto con el veneno divino por todos lados.
El mar de sangre ya era corrosivo, pero este veneno era exponencialmente peor. Tan potente era que incluso cuerpos inorgánicos, incluso formas espirituales, podían ser erosionados rápidamente por él. En cuanto el veneno se extendió, la forma de rayo de Dorothy comenzó a debilitarse visiblemente. Su energía, antes estable, titiló con colores extraños y antinaturales antes de colapsar rápidamente y dispersarse por todos lados.
El veneno… podría incluso “envenenar” al propio rayo.
Cubierta de veneno, Dorothy se dio cuenta rápidamente de que su cuerpo elemental se estaba volviendo inestable. La infiltración de la toxina divina amenazaba con desestabilizarla por completo.
Ante esto, experimentó otra transformación. Con un destello de luz radiante, su cuerpo de relámpago se desintegró en un enjambre de caracteres brillantes: diminutas runas inscritas en todos los idiomas, símbolos místicos y sigilos, que se arremolinaron en el mar oscuro para construir una forma completamente nueva.
Para contrarrestar un veneno divino del dominio material, Dorothy se despojó decisivamente de su cuerpo de rayo semimaterial y se convirtió en un ser completamente informativo: un ser de datos puro. En este mundo, esa era la forma más alejada de la materia, incluso más alejada que las formas espirituales, oníricas o mentales. Desde la perspectiva del árbol de anclaje del mundo, su nueva forma ahora atravesaba múltiples dominios, prácticamente inalcanzables por cualquier medio ordinario.
Efectivamente, una vez transformada en un ser de datos, el efecto del veneno material se debilitó drásticamente. Pero esto tuvo un precio. Separada de los dominios material y energético, la capacidad de Dorothy para ejercer poder físico directamente disminuyó significativamente. Ya no podía controlar enormes rayos para atacar.
Afortunadamente, poseía poderosas herramientas ofensivas dentro del ámbito de la información pura.
Desde el oscuro abismo, los símbolos brillantes que formaban el Soberano del Destino comenzaron a proliferar y extenderse. En un instante, más y más personajes emergieron en las profundidades rojas como la sangre, girando, flotando, saturando cada centímetro del espacio abisal.
Con ellos llegaron susurros y murmullos interminables: expresiones místicas en innumerables lenguas de diferentes naciones, épocas, razas y reencarnaciones. Cada una correspondía a una palabra que flotaba en el mar.
En un instante, el abismo resonó con encantamientos. Las runas iluminaron el espacio.
La Serpiente Abisal, aún escupiendo veneno, vio estas runas y escuchó los susurros. Sus pupilas naranjas se llenaron rápidamente de símbolos; su consciencia, dominada por la creciente marea de datos meméticos. Ahora solo podía oír los susurros en su mente.
“¡¡Shhh!!”
Un aullido de agonía siguió. El inmenso cuerpo de la enorme serpiente volvió a convulsionarse, retorciéndose en el mar de sangre. La información que inundaba su mente desgarró su voluntad y aplastó su concentración.
Contaminación memética.
Ése fue el método que Dorothy había elegido: inundar la conciencia de la serpiente con datos meméticos a gran escala para destrozar su mente directamente.
Si la serpiente usaba veneno, Dorothy usaba veneno memético, no físico, sino informativo. Ahora ambos bandos estaban enfrascados en un duelo de corrupción.
Sin medios directos para resistir el ataque, la Serpiente Abisal recurrió a medidas extremas.
Soltó otro chillido, y entonces sus nueve ojos, parecidos a lunas, estallaron simultáneamente. La sangre manó de cada una de sus nueve cabezas.
Para resistir el asalto memético, la Serpiente Abisal comenzó a destruir sus propios sentidos. Sus ojos, oídos, incluso su lengua, todo se desintegró en una pulpa sanguinolenta.
Al descartar su información sensorial, esperaba cortar las vías por las que se filtraba la información de Dorothy. Pero no funcionó. La contaminación memética siguió propagándose, ignorando por completo la percepción ordinaria. La serpiente continuó agitándose, atormentada por toxinas intangibles.
Cuando ni siquiera la automutilación logró detener la infección, se tomó una última medida desesperada.
Explotó su propio cerebro.
Con un repugnante estallido de carne, las nueve cabezas explotaron (con cerebro y todo), destruidas en un instante.
Si la corrupción memética invadía la voluntad, eliminar la fuente misma de la voluntad debería acabar con la amenaza. Sin mente, no hay infección. La lógica de la serpiente era sólida. Y, de hecho, una vez descerebrada, su enorme cuerpo cesó su lucha salvaje.
Pero entonces… ¿cómo lucharía una criatura sin cerebro?
Incluso sin cabeza, la Serpiente Abisal respondió.
Flotando en el abismo, el dios, ahora decapitado, se detuvo brevemente... y luego reanudó su movimiento. Como si obedeciera una orden oculta, su inmenso cuerpo se enroscó en una espiral, generando un vórtice masivo en el mar.
¿Su cuerpo se mueve por reflejo? Incluso sin consciencia, ¿sus instintos pueden continuar el combate? Así que esta es la resiliencia de un dios bajo el Cáliz...
Dorothy, todavía en forma de datos, pensó para sí misma mientras el vórtice se intensificaba.
Pero entonces el cuerpo de la serpiente empezó a cambiar. La carne se deshizo. Se disolvió en una densa y oscura corriente de sangre. Su forma física se desvaneció: la serpiente se transformaba elementalmente.
La Serpiente Abisal se hizo una con el mar de sangre, convirtiéndolo en un vórtice colosal con una velocidad cada vez mayor, atrayendo todo hacia un punto central.
El cuerpo de datos de Dorothy debería haber sido inmune a tales fuerzas. Pero con el tiempo, sintió que algo andaba mal.
Los personajes que componían su cuerpo… estaban siendo arrastrados.
Dibujado con el agua. Arrastrado hacia el centro.
Incluso la información se está desvaneciendo… El espacio mismo se está deformando… ¿Será esta la ley divina fundamental del agua? El ineludible y eterno 'Flujo'…
Mientras analizaba el centro invisible del vórtice, continuó con sus pensamientos internos.
Si me arrastran a ese núcleo... no terminará bien. Esto es complicado. Pero... si tu estado elemental te hizo inmune a mi ataque memético, deberías seguir sin mente, ¿no? En ese caso...
Mientras pensaba, Dorothy reanudó su contraataque.
En el dominio del trono divino, su encarnación se fusionó una vez más. Con un elegante paso atrás, se sentó en el monolítico Trono del Destino.
Ella empezó a emitir juicio.
Primero, revocó todas las modificaciones previas a la historia de Charles: todos los rumores escabrosos que había legitimado. Luego, con un gesto de la mano, convocó nuevas páginas fantasma.
Estas también eran anécdotas. Pero la principal no tenía nada que ver con escándalos ni amoríos. Era una nueva versión de la historia de Charles.
Fue el príncipe heredero Roberto quien orquestó el misterioso naufragio que condujo a la caída del rey Charles. Codicioso del trono, Roberto saboteó el viaje y causó indirectamente la muerte de su padre. Pero Charles sobrevivió. Desfigurado, regresó a Flottes en secreto bajo el alias de Dubois, convirtiéndose nada menos que en el infame Canciller Negro junto a Roberto.
Charles, buscando venganza, se infiltró en la corte de su hijo disfrazado, manipulando los acontecimientos tras bambalinas y, finalmente, orquestando la caída de la dinastía borbónica. Luego desapareció con el tesoro real, viviendo el resto de su vida como un magnate solitario, habiendo perdido todo interés en el poder.
“Se rumorea que el Canciller Negro poseía un poder místico que le permitía controlar el oro y la fortuna a voluntad…”
Dorothy observó la anécdota principal que tenía ante sí: una versión de los hechos originada por la facción realista de Falano tras la caída de la dinastía borbónica. Resentidos con Roberto por llevar el reino a la ruina, nostálgicos del reinado de Charles y codiciando la inmensa fortuna que, según se decía, había sido arrebatada por el misterioso Canciller Negro, habían elaborado este relato anecdótico. En su audaz fantasía, el Canciller Negro no era otro que el propio Charles. Si lograban encontrar a este canciller oculto, encontrarían tanto a Charles como el tesoro perdido, lo que les permitiría persuadirlo de usar su riqueza para restaurar la monarquía.
Aunque absurda, esta versión había servido como la última ilusión irreal y la desesperada esperanza de la facción realista de la época. Incluso propusieron diversas "pruebas": como que no existían registros del Canciller Negro durante el reinado de Charles, pero que este apareció repentinamente tras su muerte; o que rara vez aparecía en público, pero parecía conocer innumerables secretos reales, etc.
Además de esta extraña historia inventada por los realistas desesperados, Dorothy también contó otras anécdotas, todas centradas en el Canciller Negro. Entre el público, corrieron rumores de que esta enigmática figura tenía una conexión mística con la riqueza misma.
Una vez colocados estos textos secretos, Dorothy, sentada en el trono divino, hizo un gesto con la mano, y todas estas anécdotas fueron oficialmente "juzgadas" y confirmadas. En el momento en que concluyó su juicio, el campo de batalla del abismo carmesí experimentó una transformación dramática.
En el corazón del abismo del mar de sangre, la cáscara agrietada que la Serpiente Abisal había enrollado comenzó a brillar con un tenue resplandor rosa. Al mismo tiempo, el abismo mismo empezó a temblar violentamente. Ya no estaba sumido en la oscuridad total; extrañas luces doradas, plateadas y rosas comenzaron a emerger, irradiando por cada rincón de las profundidades.
Bajo la luz de estas luces inusuales, el inmenso vórtice, formado por el mar de sangre giratorio, comenzó a disminuir visiblemente su velocidad. El sistema de datos de Dorothy dejó de ser arrastrado con fuerza. Al ver esto, susurró suavemente con serena confianza.
Funcionó... Tal como lo esperaba. Ya que hemos llegado hasta aquí, déjame darle un último empujón.
Con esas palabras, Dorothy terminó su forma de datos. Reunió sus runas en un relámpago cegador.
Entonces, en su cuerpo elemental reconstituido, desató una enorme tormenta de rayos violetas por todo el espacio ensangrentado. Sus rayos atravesaron las corrientes de sangre corruptas que componían el cuerpo de la Serpiente Abisal. Al mismo tiempo, las esferas flotantes de luz dorada, plateada y rosa estallaron con un resplandor brillante, combinándose con los rayos de Dorothy para inundar todo el abismo con una luz cegadora.
“¡¡¡SSSSSKHHHHHH!!!”
En medio de este resplandor, la Serpiente Abisal emitió un chillido desgarrador. Pero a medida que la luz se desvanecía lentamente, también lo hicieron los gritos de la serpiente, desvaneciéndose en el silencio, como si se perdiera en la distancia.
Cuando la luz cegadora se disipó, el abismo carmesí volvió a su estado tenue. Sin embargo, el mar de sangre que una vez llenó el reino comenzó a retroceder rápidamente. En instantes, el nivel del mar, que descendía, pasó bajo Dorothy, revelando el destello de un horizonte lejano más allá del océano oscuro.
La enorme forma de la Serpiente Abisal no se veía por ninguna parte.
Dorothy lo sabía: la serpiente había sido expulsada de este espacio. Ella, junto con las leyes inherentes del reino, la había expulsado.
Antes de entrar en este reino, Dorothy ya había percibido que repelía fuertemente a los forasteros que no fueran bailarines de alto rango del Sendero del Deseo. Solo al integrarse con la informacional Adèle logró entrar y usar sus poderes con fluidez.
Si ese era su caso, entonces ¿cómo había ejercido la Serpiente Abisal, que no era un dios del Camino del Deseo, tal poder aquí?
La respuesta era sencilla: al igual que Dorothy, la Serpiente Abisal había incorporado a un Bailarín del Deseo de alto rango en su cuerpo. Y en los últimos siglos, solo se conocían dos bailarines de rango Carmesí: Adèle… y Charles.
Sí. La serpiente había absorbido a Charles.
Tras descubrir la isla que servía de puerta, Charles fue devorado de inmediato. La Serpiente Abisal lo usó como llave para invadir este espacio. Dorothy llevaba tiempo sospechando que Charles estaba bajo el control de la Iglesia Abisal, pero ahora comprendía que había sido literal: había sido aprisionado dentro de la Serpiente Abisal.
Al albergar a Charles en su cuerpo, la Serpiente Abisal adquirió la capacidad de eludir el rechazo de este dominio y operar con libertad. Por lo tanto, las acciones previas de Dorothy tenían pleno sentido: había usado una versión anecdótica de la historia para transformar la identidad de Charles, reescribiéndolo como Dubois, el infame Canciller Negro de la dinastía Borbón.
Y ese Canciller Negro tenía otro nombre: Frederick, uno de los directores de alto rango de la Sociedad de Oro Oscuro, y una Gárgola Aurum de rango Carmesí, un formidable Beyonder de la Piedra.
Al crear un juicio para reescribir a Charles como el Canciller Negro y otro para reforzar su identidad como un Beyonder de la Piedra, Dorothy cambió efectivamente su camino, del Deseo a la Piedra, un dominio directamente opuesto al Cáliz.
El resultado: Charles perdió su función de llave, y el espacio comenzó a repelerlo violentamente. Con el ataque de Dorothy y la serpiente aún en estado de discapacidad mental, no tuvo forma de responder; por lo tanto, la Serpiente Abisal fue expulsada de este reino oculto.
Jajaja… Como era de esperar de un cuasi-dios. Enfrentarse no es nada fácil… Menos mal que Charles era un rey tan hablador… de lo contrario, esto habría sido mucho más difícil.
Al ver cómo las mareas carmesí se retiraban rápidamente, Dorothy suspiró. Si Charles hubiera sido un don nadie de perfil bajo, no habría tenido tantas anécdotas para inspirarse.
Al bajar el nivel del mar, el suelo que una vez estuvo inundado emergió de nuevo. Ante ella se extendía un mar de colinas interminables que se extendían hasta el horizonte lejano, y en la cima de esas colinas crecían innumerables flores. Pero todas ya se habían marchitado, dejando solo brotes secos y tallos quebradizos.
“Si este lugar hubiera estado alguna vez en plena floración… habría sido impresionante… ¡Qué pena!”
Dorothy no pudo evitar suspirar para sus adentros mientras contemplaba el campo de flores muertas. Luego, con su forma elemental completamente disipada, voló velozmente hacia el huevo gigante, ahora destrozado y brillante; necesitaba ver el legado de la Diosa de las Flores con sus propios ojos.
Sin embargo, en pleno vuelo, Dorothy frunció el ceño repentinamente, sintiendo algo familiar. Cambió de rumbo y descendió hacia los campos de flores marchitas.
Allí, en la cima de una pequeña colina, encontró las ruinas de una capilla en ruinas. Los pocos detalles arquitectónicos que quedaban revelaban un motivo de la Iglesia de la Radiancia. Dorothy reconoció de inmediato el estilo: pertenecía al período imperial de la Tercera Época.
Siguiendo la atracción que sintió, entró en la capilla en ruinas. Su mirada se dirigió lentamente hacia un pilar de piedra agrietado: allí, grabado en escritura imperial, había una línea de texto.
Este reino está dedicado a mi amada, Astarté. Que te salves del gran desastre que se avecina...
Los ojos de Dorothy se abrieron de par en par. Podía sentirlo: este grabado poseía un aura que le resultaba muy familiar.
Ella sabía exactamente de quién era.
¡Era de su abuelo, Hiperión! Este lugar originalmente perteneció a Hiperión, ¡pero se lo había entregado a la Diosa de las Flores!
Y lo más sorprendente…
El Emperador de la Luz, Hyperion… ¡tuvo una relación romántica con la Señora de las Flores, Astarte!?
Probablemente habían sido amantes.
—No me digas... ¿Astarte es mi abuela? ¡Eso no tiene sentido!

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El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela)
Capítulo 808
El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 807
Estás leyendo el capítulo 807 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 24 de febrero de 2026, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.