Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 457 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
Cayó la noche sobre Adria. En la plaza frente a la Catedral del Flujo Puro, Antonio” que mostraba un semblante de decepción” quedó momentáneamente atónito ante las palabras de Oliver. Sorprendido, se volvió hacia él.
“¿No borraron el sigilo? ¿Cómo es posible? Si iban a robar algo como la Corona de Emmanuel, no hay manera de que se olvidaran de borrar la marca” dijo Paul asombrado.
Sabía que una reliquia como la Corona de Emmanuel, perteneciente a la Iglesia, sin duda llevaría un sigilo permanente. Los ladrones deberían haber sido plenamente conscientes de ello, así que ¿por qué no quitaron el sigilo?
“Bueno… quizá lo olvidaron, o quizá sea porque usamos una señal grabada profundamente en la Corona de Emmanuel. Los métodos ordinarios no la borrarían fácilmente, así que tal vez intentaron un método convencional que simplemente no funcionó” conjeturó Oliver pensativo.
Antonio, sin embargo, habló directamente.
“Eso parece improbable… El ladrón era de rango Carmesí. Alguien así no olvidaría algo tan crucial como borrar un sigilo. Siendo un ladrón de rango Carmesí, debería tener algún medio para borrar un sigilo profundamente grabado. Dudo que simplemente no se haya desprendido. Debe haber una razón más profunda detrás de esto…”
Antonio murmuró con el ceño fruncido. Empezaba a intuir que el robo que acababa de sufrir era mucho más complejo de lo que parecía.
Guardó silencio un instante, absorto en sus pensamientos. Oliver, que estaba cerca, no pudo evitar preguntar.
“Eh, Excelentísimo Antonio, el sigilo se está moviendo rápidamente hacia el sureste. ¿Debemos perseguirlo o no?”
Antonio hizo una pausa, dejando de lado sus dudas por un instante. Tras reafirmar su resolución, respondió.
“Los perseguiremos. Nos dirigiremos al puerto y abordaremos el Marea Creciente de inmediato, ¡a toda máquina! La Corona de Emmanuel es un pilar espiritual para el pueblo de Adria, y no podemos permitirnos perderla. Los alcanzaremos.”
Antonio dio estas órdenes con firmeza. En Adria, la Iglesia mantenía un puerto militar donde una enorme flota acababa de regresar de escoltar peregrinos. Dicho puerto no solo contaba con numerosos Beyonders militares de la Iglesia, sino también con naves de alta velocidad especialmente equipadas.
Temiendo una posible trampa, Antonio decidió movilizar todas las naves de alta velocidad y un escuadrón de Beyonders de la armada de la Iglesia, combinando máxima potencia con velocidad punta. Dado que la reputación de la Iglesia estaba en juego, no iba a permitir que semejantes ladrones escaparan.
…
A altas horas de la noche, en el Mar de la Conquista.
Al fusionarse con el alma de un tiburón, Garib adoptó una forma mitad tiburón y se lanzó a toda velocidad por el agua. Con las características del tiburón, sumadas al poder otorgado por la mejora del Cáliz de tercer nivel, nadaba increíblemente rápido. Ni peces comunes, ni barcos, ni siquiera las aves que volaban sobre él, podían seguirle el ritmo. Aun así, Garib no se atrevió a detenerse ni un segundo.
¡Más rápido… más lejos! Garib solo pensaba en alejarse lo más posible de Adria para escapar de Antonio. Tenía que salir del alcance de detección de Antonio antes de que el Arzobispo de rango Carmesí emergiera del Inframundo. Un Linterna Más Allá de rango Carmesí podía percibir una metrópolis entera dentro de su esfera de consciencia, así que Garib nadó sin descanso, esforzándose al máximo, decidido a liberarse del alcance de Antonio.
Garib había sufrido heridas considerables durante la batalla en el Inframundo. Aunque era un Beyonder auxiliar del Cáliz, sus habilidades de autocuración no eran tan robustas como las de los Beyonders de las sendas de la Sombra de Sangre o la Madre Sagrada. Por consiguiente, sus heridas aún no habían cicatrizado por completo y no tenía oportunidad de concentrarse en la curación. Solo podía apretar los dientes y soportar el dolor mientras nadaba, con su sangre mezclándose con el agua del mar.
Siguió nadando sin cesar. Impulsado por el poder del Cáliz, Garib había pasado varias horas en el océano. Lógicamente, ya debería haber escapado del alcance de Antonio. Aun así, no se atrevió a aminorar el paso, negándose a detenerse hasta estar completamente seguro de estar a salvo.
Continuó nadando sin descanso, sin detenerse hasta que la luna se ocultó tras el horizonte occidental, la luz del alba tiñó el cielo del este y, finalmente, el sol naciente se elevó sobre el mar, iluminando tanto el agua como el cielo. Solo entonces la velocidad de Garib disminuyó gradualmente, exhausto tras nadar a toda velocidad durante la noche. Incluso un nadador potenciado por el Cáliz de tercer nivel tendría dificultades para soportar un esfuerzo tan prolongado. Los músculos de Garib le dolían de cansancio.
En ese instante, una isla emergió en el horizonte lejano, cubierta de una densa vegetación bajo la luz matutina. El ánimo de Garib mejoró y, a pesar del dolor que le atenazaba el cuerpo, se obligó a seguir adelante. Pocos minutos después, llegó a una playa desierta.
Una vez en tierra firme, Garib canceló la posesión de su alma, liberando el alma del tiburón y sellándola de nuevo en un fragmento de hueso. Caminó tambaleándose por la arena, jadeando en busca de aire. Tras un rato, se desplomó contra el tronco de un árbol, sentándose a descansar, completamente exhausto.
“¡Uf… uf…!”
Jadeando con fuerza, Garib por fin tuvo la oportunidad de recuperarse tras nadar durante tanto tiempo. El dolor le recorría cada músculo. Se quedó sentado allí durante más de media hora, recuperando el aliento y esperando a que le volvieran las fuerzas. Luego, contemplando el mar infinito, se convenció de que debía de haber huido lo suficientemente lejos como para evitar que lo persiguieran.
“Uf… Ya estoy a salvo… Me pregunto cuántos de los hombres de Salim lograron escapar. Necesitaremos mucho tiempo para recuperarnos de todo esto. ¡Jamás esperé que ese viejo cascarrabias de Antonio apareciera así! ¿Cómo supo siquiera de mí?”
Esos eran los pensamientos de Garib. Su intención era conseguir su herramienta de adivinación ahora y luego asaltar una ruina del Scriptorium en abril. Pero tras este desastre, sospechaba haber perdido a muchos subordinados leales, lo que le impediría reunir una fuerza suficiente para cualquier expedición a las ruinas durante bastante tiempo. Necesitaría un largo periodo para recuperarse y prepararse.
“Aun así, a pesar de todos los contratiempos, logré recuperar el objeto. Mientras esté vivo y lo tenga cerca… todo estará bien…”
Garib pensaba en eso cuando dirigió la mirada a la bolsa que colgaba de su cintura. Dentro yacía el botín que tanto había arriesgado por robar: la herencia más tentadora de Azam.
Garib, que acababa de recuperar el aliento, contempló la bolsa y decidió abrirla para echar un vistazo. Tomó la pequeña bolsa entre sus manos, la abrió y miró dentro, sacando cada objeto uno por uno.
Un cáliz, pendientes, una daga, puntas de flecha… Mientras Garib examinaba cada objeto, lo evaluaba con detenimiento. Como veterano ladrón de tesoros, poseía una gran habilidad para la tasación, lo que le permitía identificar el origen cultural y la época aproximada de cada pieza.
Por lo que Garib recordaba, aunque nunca había visto el instrumento de adivinación de Azam, sabía que había sido excavado en el norte de Ufiga y, por lo tanto, debía pertenecer a la cultura de esa región. Las donaciones de Azam provenían mayoritariamente del norte de Ufiga. Sin embargo, al examinar estos objetos, Garib notó que muy pocos parecían ser del norte de Ufiga. En cambio, la mayoría de las piezas parecían pertenecer a la cultura de Ivengard.
Mientras examinaba el contenido de la bolsa, Garib frunció ligeramente el ceño. Justo cuando una sensación de inquietud comenzaba a invadirlo, terminó de revisar todo, excepto un pequeño bulto envuelto en tela que se encontraba en el fondo de la bolsa.
Al ver aquel pequeño bulto de tela, Garib quedó aún más perplejo. Preguntándose por qué su joven subordinado se había tomado la molestia de envolver algo aparte, Garib lo recogió y lo examinó con detenimiento.
Con creciente curiosidad e inquietud, Garib desenvolvió la tela, y en el momento en que vio el resplandor que emanaba de su interior, sus ojos se abrieron desmesuradamente por la sorpresa.
Al retirar la cubierta, se reveló una corona resplandeciente, con el estilo característico de la Iglesia de la Radiación, que emitía un tenue brillo visible a simple vista. Elaborada con hebras de metal lustroso entrelazadas, la corona lucía en su parte frontal un gran diamante translúcido que centelleaba suavemente bajo la luz del sol.
“¡Esta es… la Corona de Emmanuel!”
Casi se le cae de la sorpresa al pronunciar el nombre. Jamás imaginó que la bolsa de su joven subordinado contendría algo como la Corona de Emmanuel, un tesoro de la Iglesia que sin duda llevaría impreso un poderoso Sello de Faro. Dondequiera que la robaran, sería rastreada.
¡Eso definitivamente no es algo que se deba robar!
“¿Por qué? ¿Por qué estaba aquí la Corona de Emmanuel? ¿Acaso no les dije que solo se llevaran las cosas de Ebony? ¡Jamás les dije que robaran esto!”
Garib contempló atónito la corona que tenía en sus manos. Al principio, supuso que su subordinado podría haber sucumbido a la codicia, buscando lucrarse a la vez que recaudaba las donaciones de ébano, y que por ello había robado imprudentemente la Corona de Emmanuel. Pero, pensándolo mejor, se dio cuenta de que la situación era más compleja. Toda la misión había estado plagada de rarezas, desde la inesperada reaparición de Antonio hasta la repentina implicación de un objeto que jamás debió haber sido robado. Garib sentía que le estaban tendiendo una trampa. Una creciente sospecha le decía que había caído en una gran conspiración.
Al contemplar la corona en sus manos, la frustración de Garib se mezcló con la emoción. Justo entonces, notó otro objeto debajo de la Corona de Emmanuel: una pequeña tarjeta blanca. Al inclinarse para verla mejor, se dio cuenta de que contenía una breve nota en ivengardiano.
Al leer la tarjeta, la respiración de Garib se volvió irregular y sus pupilas se contrajeron. Tras varias respiraciones tensas, siseó un solo nombre entre dientes apretados.
“Ladrón… K…”
Al darse cuenta de que lo habían superado en astucia, Garib golpeó furioso el árbol que tenía al lado, partiéndolo y haciéndolo caer al suelo. Arrojó la Corona de Emmanuel a la arena, con la intención de escapar de inmediato. Nunca había planeado robarla, así que no había preparado ningún método para borrar su emblema. Su única opción era seguir corriendo, no fuera que la Iglesia lo alcanzara.
Pero justo cuando se puso de pie, divisó una escena desoladora a lo lejos.
En el horizonte se elevaban densas columnas de humo, y debajo de ellas se hicieron visibles en el agua las siluetas de numerosos buques de guerra que se dirigían a toda velocidad hacia la isla.
Tres naves de la Iglesia, relativamente pequeñas y aerodinámicas, surcaban las olas a gran velocidad. Cada una estaba propulsada por motores místicos prohibitivamente caros, fabricados por el Gremio de Artesanos Blancos, que consumían recursos espirituales para generar una formidable propulsión.
En cubierta, los soldados navales de la Iglesia estaban preparados. En la proa del navío principal se encontraba Antonio, con sus vestiduras episcopales ondeando al viento marino. Como Vidente de la Linterna, su visión ya había divisado el rostro horrorizado de Garib en la isla.
…
De vuelta en Adria.
La noche dio paso al día, y pronto Ivengard, la “Perla del Mar de la Conquista del Norte”, una famosa ciudad turística, amaneció. Las aves marinas cantaban en lo alto mientras tanto los lugareños como los visitantes salían a la calle para comenzar una nueva jornada de trabajo y turismo. La Catedral del Flujo Puro, un importante destino turístico, recibió a su primera oleada de visitantes matutinos, quienes de inmediato notaron algo extraño en la catedral ese día.
Cinta policial y agentes: esa era la escena en cada entrada a la plaza de la catedral. Ya fuera la calle o el puente, todo estaba vigilado. La plaza, normalmente bulliciosa con la actividad diaria de los ciudadanos de Adria, estaba completamente cerrada; nadie podía entrar. El motivo era que la plaza estaba siendo sometida a extensas renovaciones, lo que imposibilitaba el acceso. Para los habitantes de Adria, que nunca habían visto medidas similares, el hecho causó gran revuelo.
¿Una reforma tan extensa que la acordonan con policía y no dejan entrar a nadie? Venga ya, ¿quién se lo creería?
Por toda la ciudad” en las esquinas, en los callejones y en los restaurantes” la gente comentaba lo que podría haber ocurrido en la plaza de la catedral para que de repente la cerraran. Los rumores se extendían por todas partes: algunos especulaban que había habido una pelea multitudinaria entre bandas, con decenas de muertos, haciendo referencia a los fuertes ruidos de la noche anterior. Otros afirmaban haber visto a numerosos miembros del personal de la Iglesia entrando y saliendo libremente a través del bloqueo, y conjeturaban que una famosa monja de Adria había desaparecido cerca de la plaza, lo que había provocado una búsqueda por toda la ciudad.
Entre todos estos relatos, el más sensacional y difundido fue la afirmación de que la Corona de Emmanuel de la Catedral del Flujo Puro había sido robada, y que el culpable no era otro que el famoso Ladrón K, mencionado recientemente en los periódicos.
Ese rumor surgió de algunas fuentes internas tanto de la Iglesia como de una compañía de seguros en Adria. Comentaban que, la mañana anterior, ambas instituciones habían recibido inesperadamente una avalancha de cartas y postales que indicaban la intención del Ladrón K de “admirar” la preciada Corona de Emmanuel de Adria. Debido a la gran cantidad de postales recibidas, el personal de recepción, acostumbrado a tratar con gente común, no pudo gestionarlas todas. En consecuencia, no solo las vieron algunos empleados habituales, sino también clientes y benefactores que habían acudido por motivos de negocios o donaciones.
Posteriormente, la Iglesia y la compañía de seguros exigieron que estos empleados y clientes mantuvieran en secreto el contenido de las postales. Sin embargo, debido a la cantidad de personas que ya las habían visto, la historia se filtró rápidamente.
En la práctica, “guardar un secreto” se traducía en algo así como “Te lo contaré a ti, pero no se lo digas a nadie más, y no digas que fui yo quien te lo contó”. Así que, al poco tiempo, la noticia se difundió.
Inicialmente, muchos no creyeron el rumor. Pero una vez que la plaza fue acordonada esta mañana, la difusión del rumor se disparó, eclipsando todas las demás especulaciones hasta convertirse en la noticia más destacada.
La razón era sencilla: la luz de la Corona de Emmanuel, que los habitantes de Adria estaban acostumbrados a ver cada día sobre la iglesia, había desaparecido. Al observar con telescopios, solo veían las contraventanas cerradas del pequeño desván. Para los residentes de Adria, aquello era muy extraño.
Al desaparecer el resplandor del tejado de la iglesia, muchos lo interpretaron como la confirmación del robo de la Corona. Por doquier se hablaba del Ladrón K” la figura legendaria cuya audacia y destreza eran, según se decía, formidables” y del destino de la Corona de Emmanuel. Uno de esos lugares era un restaurante.
Al mediodía, en un asiento junto a la ventana de aquel restaurante, Neftis” vestida con un traje de gasa púrpura” estaba sentada en un extremo de la mesa, observando a los clientes que charlaban animadamente sobre los últimos acontecimientos. Con un semblante ligeramente ansioso, se volvió hacia Dorothy y habló.
“Disculpe… Señorita Dorothy, ¿podría hacer que sus tarjetas de visita sean un poco menos llamativas la próxima vez? Tal vez enviar solo una o dos a personas específicas, en lugar de distribuir tantas…”
“¿Cómo podría mantenerlo en secreto? Si solo envío uno, quien lo reciba podría tomarlo a broma. Por eso envío más, para asegurarme de que alguien con más poder lo tome en serio.”
Mientras hablaba, Dorothy dio otro mordisco a sus fideos, luego se volvió hacia Neftis y continuó en prittis.
“Al fin y al cabo, para la gente de este mundo, la idea de enviar una tarjeta de visita antes de robar algo es demasiado descabellada. Necesito que se acostumbren poco a poco a este estilo de 'leyenda', ¿no crees, señorita Ladrón K ?”

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Estás leyendo el capítulo 457 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 17 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.