Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 444 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
Costa norte del Mar de la Conquista, Telva.
En las afueras de la ciudad, bajo el Cielo Nocturno, entre las ruinas de la mansión, el monstruo ahora envuelto en llamas y con forma de estatua, que una vez fue Gochelle, se alzaba sobre un montón de escombros. Habiendo abandonado su forma humana, se había convertido en una gárgola, y enfrentando la marea de marionetas de cadáveres destrozados que se aproximaba desde todas direcciones, lanzó un abrasador chorro de llamas, haciendo que las marcas anaranjadas de su cuerpo resplandecieran con intensidad.
En un instante, los escombros circundantes quedaron envueltos en llamas. Los restos cercanos se incendiaron y los cadáveres que luchaban por sobrevivir fueron consumidos, reducidos a cenizas por el intenso calor.
En medio del infierno, el caído Bana se levantó una vez más. Cubierto de sangre, luchó por alzar su pistola y apuntar a Gochelle, pero la criatura lo vio de inmediato. Con un movimiento de su mayal, la gárgola estrelló la pesada bola de piedra contra Bana, haciéndolo caer al suelo, su piel endurecida se agrietó y la sangre salpicó por todas partes. Sin dudarlo, Gochelle dirigió sus llamas hacia Bana, incinerándolo por completo. Con su armadura hecha añicos, Bana no pudo resistir el calor abrasador y pereció al instante.
Tras haber despejado completamente el campo de batalla, la mirada ardiente de Gochelle se dirigió hacia la dirección de donde había provenido el ataque de fuego anterior. De pie entre las ruinas, extendió sus enormes alas de piedra, iluminadas por marcas plateadas, algunas de las cuales ostentaban símbolos de las Sombras con forma de media luna.
Batió sus alas, desatando una ráfaga de viento que intensificó las llamas circundantes y elevó su enorme figura de piedra por los aires, elevándose hacia la noche oscura.
Las gárgolas no solo absorben ataques espirituales elementales, sino que también pueden almacenar una parte de ellos en su piel para liberarla posteriormente. En este caso, Gochelle utilizó el elemento viento almacenado para alzar el vuelo.
“Viene, tal como se esperaba…”
A varios cientos de metros de distancia, en lo alto de un edificio en construcción, Dorothy” vestida de negro” murmuró para sí misma mientras apartaba la vista de las lentes superpuestas de su visor. Ya lo esperaba. En cuanto Gargoyle confirmara que el ataque era de naturaleza elemental, contraatacaría de inmediato. Al fin y al cabo, Gargoyle poseía una ventaja innata sobre casi todos los usuarios de elementos.
“Todos los cautivos en el sótano de la mansión han sido liberados. Como la mansión estaba aislada en el patio, las llamas no se propagarán a la ciudad. No hay que preocuparse por un incendio urbano… En fin, esa parte ya está resuelta. Es hora de concentrarse en la lucha.”
Guardando su rifle ornamentado, Dorothy se preparó para enfrentarse a Gochelle con su verdadero cuerpo.
Se ajustó la capucha y se cubrió el rostro. Luego, erguida, cerró los ojos y activó su poder. Al instante, su pequeño cuerpo envuelto en la capa se estiró repentinamente, creciendo varias decenas de centímetros. En un abrir y cerrar de ojos, Dorothy se irguió como una adulta, aunque su túnica aún le quedaba perfecta, como si hubiera sido hecha a medida desde el principio.
Contempló el Cielo Nocturno, pudiendo ahora oír el aullido del viento que se abalanzaba sobre ella. El enemigo se acercaba rápidamente.
Concentrándose, Dorothy liberó su poder. Fragmentos de chatarra preparada se elevaron a su alrededor, flotando en el aire. Con un brillo agudo en los ojos, lanzó la metralla hacia adelante, directamente hacia la Gárgola que se acercaba.
Al presentir algo, Gochelle no hizo ningún movimiento para esquivar. Simplemente siguió volando hacia adelante, dejando que los fragmentos impactaran contra su cuerpo pétreo. Al rebotar, saltaban chispas, completamente ineficaces. Su cuerpo endurecido soportaba los golpes con facilidad; ni siquiera se inmutaba.
Lo que Gochelle no notó, sin embargo, fue que entre los fragmentos de hierro que rebotaban, uno tenía atado un paquete cilíndrico amarillento. Tras ser desviado, una fuerza invisible lo elevó repentinamente, haciéndolo girar hasta la espalda de Gochelle. Una leve chispa eléctrica lo encendió, y el cilindro estalló en una llama cegadora.
¡Boom!
La explosión resonó en el Cielo Nocturno mientras el fuego volvía a florecer. Atrapado en la onda expansiva, Gochelle salió despedido entre el humo y las llamas, logrando apenas estabilizarse con otra ráfaga de viento. Dorothy había apuntado a la articulación donde sus alas se unían a su cuerpo, con la esperanza de infligirle un daño crítico. Pero el resultado fue decepcionante: solo aparecieron grietas superficiales en su superficie.
“Ese tipo de ataque… ella no es una piromántica. ¿Qué es entonces?”
Suspendido en el aire, Gochelle se estabilizó y miró hacia la figura encapuchada en la azotea. Aunque sorprendido por sus extrañas habilidades, se sintió tranquilo: sus ataques no representaban una amenaza real para él.
El primer ataque fracasó, pero Dorothy no perdió tiempo en lanzar una segunda oleada. Más metralla oxidada flotó a su alrededor y se lanzó de nuevo hacia Gochelle, que seguía en el aire.
Esta vez, sabiendo que llevaban explosivos, Gochelle no iba a enfrentarlos directamente. Batió sus alas con fuerza, creando una potente ráfaga que desvió la andanada entrante y la dirigió hacia el tejado.
Dorothy se giró rápidamente de espaldas al viento, con su capa ondeando violentamente. Pero ni siquiera ella pudo resistir la fuerza por mucho tiempo. El viento la levantó del suelo y se precipitó desde el tejado hacia el suelo. Por suerte, la metralla que había desviado volvió a su posición, deteniéndola en el aire y frenando su caída, lo que la salvó de las heridas.
Al ver que Dorothy había aterrizado a salvo, Gochelle, aún volando en el cielo, entrecerró los ojos. Batió sus alas de nuevo, creando una poderosa ráfaga hacia el suelo mientras exhalaba simultáneamente otra llamarada.
En ese instante, llamas y viento se fusionaron: el fuego, alimentado por el viento, se extendió rápidamente bajo la ráfaga. En un abrir y cerrar de ojos, una ola de llamas gigantesca descendió desde lo alto. Ante semejante ataque, parecía que Dorothy no tenía escapatoria.
Ante el infierno que caía del cielo, Dorothy agitó el brazo. En ese instante, numerosos trozos de chatarra a su alrededor convergieron rápidamente en una estructura increíblemente precisa sobre su cabeza, formando un escudo de acero impenetrable que bloqueó las llamas descendentes. La disposición compacta y la extraña fuerza de unión entre las piezas de metal no dejaban resquicio alguno por donde pudiera filtrarse el fuego.
En lo alto del cielo, Gochelle interrumpió su combo de fuego y viento y, al disiparse las llamas, solo vio un grueso y pesado escudo metálico en lugar de un cuerpo en llamas. Al darse cuenta de que su combo no había surtido efecto, su corazón se hundió.
Como gárgola, el uso que Gochelle hacía de los ataques espirituales elementales no era ilimitado. El poder elemental almacenado en su piel pétrea era finito, a diferencia de los verdaderos elementalistas, que podían luchar con tal poder continuamente. Tras usar dos ráfagas de viento y mantenerse en el aire durante un rato, la energía eólica almacenada en su cuerpo estaba casi agotada. Unos cuantos ataques de viento más, y ni siquiera tendría suficiente para mantenerse en el aire. Aunque las gárgolas tenían alas, estas alas de piedra no podían levantar sus pesados cuerpos; el vuelo solo era posible gracias a los poderes eólicos almacenados de otros hechiceros del viento. Sus alas eran, en su mayor parte, simbólicas.
Sin querer malgastar más energía elemental almacenada, Gochelle descendió del cielo. Al aterrizar, se enterraron de inmediato. Dorothy lo notó y, para evitar una emboscada desde abajo, desmanteló el gigantesco escudo de acero y usó varias placas metálicas para levitar, intentando mantenerse a flote y evadir el ataque subterráneo de Gochelle.
Efectivamente, poco después de que Dorothy se elevara, una sombra surgió de la pared de un edificio cercano: Gochelle la atacó justo cuando ascendía lentamente. Quería mantenerla en tierra; la tierra era su campo de batalla.
Con el mayal de cadena en mano, Gochelle se impulsó desde el muro del edificio y arremetió contra Dorothy. La pesada bola de piedra voló hacia ella como un meteorito. Dorothy intentó interceptar los fragmentos de metal que flotaban a su alrededor, pero cada pieza rebotaba contra su piel, sin lograr herirlo.
Al ver el mayal acercándose a toda velocidad, Dorothy soltó de inmediato las piezas metálicas que la sostenían, dejándose llevar por la gravedad hasta el suelo. El golpe de Gochelle falló, pero ya había logrado su objetivo: derribarla. Sin dudarlo, la atacó con otro potente golpe de su mayal de cadena.
En respuesta, Dorothy, encapuchada, se retiró con una agilidad fantasmal, esquivando por poco otro golpe devastador. Al ver a su misteriosa enemiga moverse con tanta rapidez, Gochelle decidió que era hora de acorralarla.
Sacó un sigilo de sus ropas aún intactas y lo estrelló contra el suelo. Mientras ardía y consumía la espiritualidad, el terreno circundante comenzó a transformarse. El suelo, antes firme, se convirtió en un lodazal pantanoso, y todo en la superficie empezó a hundirse. Lo que antes era un terreno estable se había convertido en una trampa.
En un instante, tanto Dorothy como Gochelle quedaron parcialmente engullidas por el terreno, ahora convertido en un lodazal; sus piernas se hundieron profundamente. Para Gochelle, el enemigo encapuchado había sido claramente tomado por sorpresa y ahora se hundía aún más en un intento desesperado por liberarse, pero era inútil.
Al ver esto, Gochelle sonrió para sí. Aquel sigilo era el Sigilo del Pantano, que transformaba temporalmente la roca firme en pantano, para luego solidificarse de nuevo. Cualquiera que fuera sorprendido desprevenido se encontraría con las piernas atrapadas cuando el suelo volviera a ser piedra sólida, como grilletes naturales, dejándolos inmóviles.
Para la mayoría, los grilletes de la tierra eran una sentencia de muerte. Pero para un Caminante de Muros como Gochelle, no suponían nada; podía atravesarlos con facilidad. Esta táctica era común entre la Sociedad del Oro Oscuro.
Ahora que el enemigo encapuchado estaba finalmente atado, Gochelle se sumergió de nuevo en la tierra y comenzó a moverse en círculos bajo tierra, buscando el ángulo perfecto para el golpe final. El objetivo estaba inmovilizado, incapaz de esquivar. Estaba seguro de que el siguiente golpe acabaría con él.
La aterradora gárgola nadaba a través de la tierra.
Pero en la superficie, Dorothy, aunque fingía pánico, ocultaba una máscara de calma bajo su capucha. A pesar de parecer atrapada, su rostro no delataba miedo ni urgencia.
Normalmente, enfrentarse a lo desconocido y a la pérdida de libertad provocaría pánico, pero no a Dorothy. Porque sus piernas no estaban realmente atrapadas bajo tierra.
Nunca habían estado bajo tierra.
Bajo su larga túnica, los pies de Dorothy nunca tocaron la roca ni la tierra. Había estado flotando todo el tiempo, a tan solo unos centímetros del suelo, sostenida por placas de metal fijadas a su cuerpo. Había usado sus poderes para levitar gracias a esas piezas metálicas ocultas.
Debido a su baja estatura, el hecho de que se mantuviera a unos pocos centímetros de altura no suponía ninguna diferencia visible. Cuando volvía a su altura normal, parecía” erróneamente” que se había hundido en la trampa del pantano.
Al principio del combate, Dorothy había usado fragmentos metálicos externos para levitar, solo para aparentar que dependía de ellos. Quería que Gochelle asumiera que, sin esos metales, no podía flotar, para que él jamás sospechara del mecanismo interno.
Antes de venir, Dorothy ya le había preguntado a Beverly sobre las tácticas habituales de la Sociedad del Oro Oscuro. ¿Esta trampa? Venía preparada.
Así que ahora Dorothy no estaba atada. Y lo que es más, sabía exactamente dónde estaba la Gárgola bajo tierra.
Aunque invisible a la vista, el oído, el olfato o el tacto, Dorothy tenía otro sentido: la arena de hierro.
Minúsculas partículas de hierro esparcidas bajo la tierra. Gracias a sus poderes, podía sentirlas y, aplicando diminutas cargas espirituales, podía rastrear el movimiento de algo que se desvanecía a través de la materia subterránea: la Gárgola.
Dorothy empleó el control electromagnético para manipular el metal con maestría contra un enemigo que contrarrestaba con creces a los elementalistas tradicionales. Su precisión provenía del conocimiento que había adquirido mediante trueque: el modelo de habilidad electromagnética de Misaka Mikoto, una base científica para el control de la electricidad, heredada de la Princesa Eléctrica de Tokiwadai.
La gente suele bajar la guardia cuando cree tener la victoria al alcance de la mano. Ahora mismo, probablemente piensas que tu próximo ataque será el golpe final para acabar conmigo. Por suerte… yo tampoco pienso alargar esto más. Acabemos con esto.

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Estás leyendo el capítulo 444 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 17 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.