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Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 35 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
En el desierto de las afueras occidentales de Igwynt, tres carruajes corrían por la carretera desolada: uno al frente siendo perseguido por dos detrás. El entorno sombrío se iluminaba intermitentemente por los fogonazos de las armas, rompiendo la quietud con ráfagas de disparos. Dorothy, tendida boca abajo en el asiento del conductor al frente de su carruaje, realizaba múltiples tareas con precisión. Guiaba a los caballos no-muertos por el camino serpenteante mientras controlaba a la marioneta cadavérica, Thomas, en el techo del carruaje para devolver el fuego con una pistola. Las balas silbaban en el aire, impactando por todas partes. Dorothy oía ocasionalmente el golpe seco de los proyectiles golpeando la madera. Ambos bandos, moviéndose a altas velocidades y con una base inestable, tenían dificultades para apuntar con precisión. La mayoría de los disparos fallaban, y los que daban en el blanco apenas golpeaban la carrocería, sin causar daños significativos. Sobre el carruaje, la marioneta Thomas disparaba continuamente contra sus antiguos camaradas. Debido a la capacidad limitada del revólver, pronto se quedó sin balas. Dorothy controló hábilmente a Thomas para que le lanzara el arma vacía mientras ella le arrojaba una cargada. Thomas atrapó el arma recargada y reanudó el fuego, mientras Dorothy aprovechaba la oportunidad para recargar el revólver vacío. Este ciclo de intercambio de armas redujo significativamente el tiempo de inactividad de su potencia de fuego defensiva. Conducir, disparar, recargar... Dorothy utilizaba su cuerpo físico y dos marionetas cadavéricas para gestionar estas tareas simultáneas en una demostración magistral de multitarea. Dado que la marioneta Thomas devolvía el fuego desde lo alto, los perseguidores centraban sus disparos en él. Aunque la puntería seguía siendo un reto, algunas balas acabaron alcanzando su objetivo. Thomas recibió dos impactos en el pecho, pero el daño no impidió sus movimientos. Al ser meramente un cadáver andante, seguía siendo funcional mientras sus estructuras vitales de control estuvieran intactas y el espíritu de la "Copa" continuara fluyendo en él. Con su "truco de inmortalidad" activado, Dorothy mantenía la ventaja a pesar de su puntería promedio. Protegida por una tolerancia al error extrema, logró guiar al ya agujereado Thomas para que finalmente asestara un disparo a uno de los jinetes de los carruajes perseguidores. La bala atravesó el pecho del hombre, matándolo instantáneamente. Justo cuando su cuerpo empezaba a desplomarse, Dorothy desactivó el control de la marioneta Thomas y extendió los hilos espirituales del Anillo de Marionetas de Cadáveres hacia el cuerpo recién abatido. Infundido con la espiritualidad del "Cáliz", los ojos del hombre muerto empezaron a girar y su cuerpo se reanimó. Empuñando la pistola que aún tenía en las manos, se giró silenciosamente y disparó a un compañero cercano sobre el carruaje paralelo. ¡Bang! El disparo resonó, matando al segundo perseguidor al instante. La proximidad y la falta de vigilancia hicieron que fuera un tiro letal y sencillo. Dorothy intentó entonces usar al cadáver reanimado para disparar a los dos cocheros que conducían los carruajes, pero ellos ya habían notado la conmoción. Uno de los cocheros tiró rápidamente de las riendas, haciendo que el carruaje se desviara. El movimiento violento desestabilizó la puntería de la marioneta y el disparo falló al cochero, impactando en su lugar a uno de los caballos. Con un relincho estridente, el caballo herido perdió el control y viró hacia el carruaje vecino. Los dos carruajes colisionaron, sus riendas se enredaron y volcaron en un choque caótico. Mientras tanto, el carruaje de Dorothy se alejaba a toda velocidad en la distancia. Entre los restos de los carruajes volcados, dos figuras se levantaron lentamente: ambos eran los cocheros. A pesar de que sus cuerpos estaban maltrechos y ensangrentados por el choque, se mantuvieron erguidos, mirando fijamente en la dirección del carruaje en fuga de Dorothy. "No podemos desfallecer..." "La misión debe ser completada..." "Ha llegado el momento... de ofrecernos a nosotros mismos...” “De convertirnos en el festín... de participar en el banquete..." Susurrando estas palabras, los dos cocheros sacaron de entre sus ropas pequeños trozos de pergamino envejecido del tamaño de la palma de la mano. El papel portaba patrones arcanos intrincados, con un símbolo abstracto de una copa en el centro. "Con nuestros cuerpos como ofrendas... suplicamos al Cáliz de Sangre..." Mientras cantaban, presionaron el pergamino contra sus frentes. Los papeles se encendieron con llamas carmesíes, consumiéndose por completo y dejando marcas brillantes con forma de copa en sus frentes. Las marcas emitían una tenue y espeluznante luz roja. Sus ojos ahora brillaban en rojo. Ignorando sus heridas, los dos hombres comenzaron a correr tras el carruaje de Dorothy a una velocidad increíble. En el carruaje que huía, Dorothy exhaló aliviada, creyendo que finalmente había evadido a sus perseguidores. Estaba contemplando dónde detenerse cuando una súbita perturbación desde atrás captó su atención. Asomándose por la parte trasera, Dorothy se topó con una visión impactante. En la carretera, detrás de ella, dos figuras corrían a un ritmo inverosímil, cerrando rápidamente la distancia entre ellos y su carruaje. Reconoció en ellos a los cocheros de los carruajes volcados. "¿Pero qué demonios...? ¡¿Cómo pueden correr más que los caballos a pie?!" Sobresaltada por la absurda escena, Dorothy actuó con rapidez. Reanimó a Thomas en el techo del carruaje para que disparara a los dos cocheros. En medio de una lluvia de balas, uno de ellos fue abatido. Sin embargo, el otro ya se había acercado lo suficiente como para saltar sobre el techo del vehículo, sobresaltando a Dorothy. "¡Esto no puede ser humanamente posible!" Dorothy controló a Thomas para disparar a quemarropa al atacante, pero el cochero fue más rápido. Con un golpe poderoso, le arrebató el arma de la mano a Thomas y lo arrojó fuera del techo, dejando a Dorothy sin escudo. Sin su última línea de defensa, el feroz cochero se abalanzó hacia Dorothy en el asiento. Frunciendo el ceño profundamente, ella se dio cuenta de la gravedad de la situación. "Maldita sea... tendré que usar los Gritos de Dragón..." Justo cuando se preparaba para desatar su carta del triunfo, un agudo silbido rasgó el aire. Una larga lanza de piedra de color blanco grisáceo voló desde la distancia, impactando al cochero en el pecho con precisión. El impacto lo envió volando hacia atrás, clavándolo en el suelo. Aturdida, Dorothy se giró hacia la dirección de donde había venido la lanza. A lo lejos, vio varias figuras en un cruce de caminos. Cuatro seres de apariencia caballeresca, revestidos completamente con armaduras de piedra blanca grisácea, permanecían inmóviles como estatuas. Uno de ellos todavía mantenía la postura de haber lanzado una lanza. En el centro de ellos se encontraba un hombre mayor. Vestido con ropas sencillas, un delantal y las mangas remangadas, con el cabello veteado de gris y un sombrero cubierto de polvo, el hombre sostenía un pequeño gecko inmóvil en una mano. No era otro que Dean, el conserje de la Academia Santa Amanda. Sonriendo, Dean llamó a Dorothy desde lejos. "Ya puede detenerse, señorita Mayschoss".
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El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 35

Estás leyendo el capítulo 35 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 5 de diciembre de 2025, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.