Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 33 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
En el aula de arte, Dorothy sostenía un cubo de piedra entre sus manos, sintiendo un atisbo de duda. En su vida anterior, había estudiado algo de arte y, por lo que sabía, los bodegones solían hacerse con modelos de yeso. Nunca antes los había visto hechos de piedra.
Tras volver a colocar el cubo de piedra sobre la mesa baja, Dorothy aprovechó que la maestra estaba reordenando los objetos del bodegón para acercarse a las vitrinas que bordeaban la habitación. Sobre una de ellas había bustos de yeso de aspecto muy realista. Extendió la mano y tocó uno.
“Este busto también es de piedra… Solo tiene una capa de polvo blanco para que parezca yeso. ¿De verdad esta escuela es tan extravagante? Usar esculturas de piedra para bodegones… ¡y tantas!
Observó las hileras de bustos de piedra de vívido realismo dispuestos en el armario, sintiéndose cada vez más perpleja.
En el salón de arte, Dorothy sostenía el cubo de piedra en sus manos, sintiendo una pizca de duda. En su vida anterior, había estudiado un poco de arte y, hasta donde sabía, los bocetos de bodegones solían usar modelos de yeso. Nunca los había visto usar piedra.
Tras devolver el cubo a la mesa baja, Dorothy aprovechó que el profesor estaba reacomodando los objetos para caminar hacia los armarios en el borde del salón. Sobre uno de ellos reposaban bustos de yeso de apariencia realista. Alargó la mano y tocó uno.
"Este busto también es de piedra... Solo tiene una capa de polvo blanco para que parezca yeso. ¿Es esta escuela realmente tan extravagante? Usar esculturas de piedra para bocetos de bodegones... y tantas además..."
Observó las filas de bustos de piedra, vívidos y realistas, dispuestos sobre el armario, sintiéndose cada vez más perpleja.
Los bustos de yeso y las esculturas de piedra eran cosas totalmente distintas. Los de yeso se hacían creando un molde, vertiendo el material y dejando que endureciera; mientras existiera el molde, podían producirse en masa a un costo muy bajo.
Las esculturas de piedra, por otro lado, requerían un solo bloque de roca tallado meticulosamente a mano. El tiempo y el esfuerzo necesarios superaban con creces la fabricación de yeso. Por esta razón, las clases de arte solían usar yeso para practicar formas geométricas o cabezas humanas. Una escultura de piedra tallada con tal detalle era más adecuada para exhibirse en una plaza pública como un monumento.
Pero esta escuela era extraordinaria. No solo usaban esculturas de piedra como modelos para los estudiantes, sino que había muchísimas. Además, la maestría de estos bustos era notable: cada uno era único, exquisitamente detallado y claramente obra de un maestro escultor.
Mientras reflexionaba sobre esto, Dorothy recordó que muchas otras partes de la escuela también parecían tener numerosas esculturas de piedra en exhibición. ¿Podría ser que la escuela empleara a un maestro escultor?
Con esta duda rondando su mente, Dorothy terminó su dibujo y decidió buscar a alguien a quien preguntar después de clase. Ya tenía a alguien en mente.
…
Al mediodía, el sol abrasador castigaba el campus. En un corredor en algún lugar de la escuela, un anciano conserje pulía cuidadosamente un busto de piedra junto al camino.
La expresión del conserje era seria y limpiaba con una atención meticulosa al detalle, sin dejar rincón sin tocar: desde las orejas hasta la zona bajo la nariz, el arco de las cejas, el interior del cuello e incluso bajo los párpados. La escultura brillaba impecable bajo su cuidado.
Mientras el conserje trabajaba con diligencia, una voz surgió a su lado:
"Señor Dean, ¿puedo preguntarle algo?"
Sobresaltado, el conserje se giró y vio a una chica de cabello blanco con un uniforme escolar negro de pie cerca de él, con una sonrisa educada. Su rostro mostraba una pizca de confusión.
"Disculpe, jovencita, ¿usted es...?"
"Dorothy Mayschoss. ¿No se acuerda? Nos conocimos hace poco, en mi primer día de clases", dijo Dorothy con una sonrisa. El conserje, llamado Dean, asintió al reconocerla.
"Ah, ya me acuerdo. Debo agradecerle a usted y a su hermano por su ayuda en aquel entonces. Dígame, ¿Qué puedo hacer por usted, señorita Mayschoss?", preguntó Dean con una leve sonrisa y una voz que delataba su edad.
"Bueno, Señor Dean, he notado que la escuela tiene muchas esculturas exquisitas, especialmente en el salón de arte. Hay muchísimas allí, pero otros lugares no tienen ni de cerca tantas. ¿Sabe de dónde vienen todas?", preguntó Dorothy con curiosidad.
Ella ya se había informado sobre su nombre y sabía que él había trabajado en la escuela durante muchos años.
"Jaja... ¿Interesada en esas esculturas, ¿eh? No me extraña. La mayoría de los lugares donde se enseña arte no tienen modelos de bodegón tan finos. Estos no son moldes de yeso baratos. Cada pieza está exquisitamente tallada y es muy realista. Cualquier tendero las trataría como sus posesiones más preciadas".
Dean sonrió mientras hablaba y luego continuó: "Todas estas esculturas fueron hechas por el director de la escuela, el Señor Aldrich. Es un renombrado maestro en el campo de la escultura. Le gusta colocar sus obras por toda la escuela para crear una atmósfera artística y proporcionar a los estudiantes excelentes modelos para practicar. Espera que algún día esta escuela produzca aún más grandes artistas".
"¿El director de la escuela... Aldrich?"
La expresión de Dorothy se volvió pensativa mientras escuchaba al sonriente conserje.
…
Por la tarde, el profesor de religión, un hombre mayor con sienes canosas y gafas, estaba de pie en el podio recitando apasionadamente las doctrinas de la Iglesia de la Radiante. Los estudiantes abajo rezaban mientras tomaban notas.
Al fondo del salón, cerca de la ventana, Dorothy apoyaba la cabeza en su mano, mirando por la ventana con aburrimiento. Podía ver al Señor Dean en el jardín de abajo, podando enérgicamente las plantas con unas grandes tijeras de jardín. Sus habilidades de jardinería eran meticulosas, creando un paisaje limpio y estéticamente agradable.
Debería confirmarlo... de todos modos estoy aburrida, pensó Dorothy para sí misma.
Miró de reojo al profesor de religión y luego, discretamente, sacó una caja de su bolso. Al abrirla, se puso el Anillo de Marionetas de Cadáveres que había dentro.
De su bolsillo emergió un gecko grande. Con el anillo, Dorothy controló al gecko, enviándolo a gatear sigilosamente fuera del salón hacia el campus.
…
Mientras el sol se ponía, el día llegó rápidamente a su fin.
Al anochecer, cuando la Escuela Santa Amanda dio por terminada la jornada, Dorothy finalmente fue libre de irse a casa tras soportar las clases del día
Sin embargo, la escuela no era un centro de externado, sino una institución de internado completo. Dorothy podía marcharse solo por el hecho de ser mujer.
En esta era, la discriminación educativa era rampante, no solo basada en la clase social, sino también en el género.
Antes de la Revolución Industrial, las mujeres casi no tenían acceso a la educación; las nobles, en el mejor de los casos, contrataban tutores privados. Escuelas como las de gramática de Santa Amanda y las universidades eran exclusivamente masculinas.
Tras la Revolución Industrial, el estatus de las mujeres mejoró ligeramente y algunas escuelas empezaron a admitir estudiantes femeninas. Las chicas de familias nobles o burguesas, y aquellas como Dorothy que tenían los medios, podían asistir a las escuelas secundarias.
Aun así, esto estaba lejos de ser común; Santa Amanda fue pionera en volverse coeducativa, pero se hicieron concesiones: como mantener baja la proporción de alumnas y no permitirles residir en el internado.
Esta incapacidad para residir ponía a las estudiantes en desventaja al perderse las clases nocturnas.
Para Dorothy, sin embargo, esto fue un alivio. Se alegró de poder saltarse algunas de las extrañas asignaturas. Aunque no le importaban materias como matemáticas, lógica, arte o gramática, no tenía paciencia para las clases de religión o etiqueta, a menos que ofrecieran beneficios espirituales.
Como de costumbre, Dorothy y sus compañeras caminaron hacia la puerta de la escuela bajo el resplandor del sol poniente. Numerosos carruajes ya esperaban allí.
Las chicas más ricas tenían carruajes privados, mientras que Dorothy dependía de alquilar un coche de punto.
Pero hoy era diferente. Al acercarse al lugar de siempre, no vio coches esperando.
Extraño… suele haber varios aparcados aquí, pensó.
En ese momento, oyó el sonido de cascos. Al girarse, vio un carruaje acercándose. El conductor lo detuvo justo frente a ella.
"Señorita, ¿necesita que la lleven?", preguntó el conductor con una sonrisa.
Dorothy vaciló. ¿Justo cuando buscaba transporte aparece uno? Eso es… conveniente. Demasiado conveniente, pensó.
"Déjeme pensarlo…" dijo fingiendo indecisión.
Secretamente, activó su Anillo de marionetas de Cadáveres. El gecko en su bolsillo asomó la cabeza, escaneando los alrededores.
Entonces, notó a dos hombres con gabardinas y sombreros detrás de ella, fingiendo leer periódicos mientras la vigilaban de reojo.
Parece que… me están observando, pensó Dorothy, inhalando profundamente.
Decidida, se dirigió al conductor.
"Está bien, lléveme a la calle Girasol del Sur".
"Por supuesto, señorita. Por favor, suba", respondió el conductor cortésmente.
Dorothy se acercó al carruaje, pero tropezó intencionadamente, cayendo al suelo.
"¡Ay!"
"¿Se encuentra bien, señorita?", exclamó el conductor, apresurándose a ayudarla.
Mientras lo hacía, Dorothy vislumbró su cintura: donde colgaba una funda de pistola.
Una pistola…
"Gracias", dijo ella, dejando que la ayudara a subir al carruaje.
El conductor partió. Detrás de ella, los dos hombres intercambiaron miradas y desaparecieron tras una esquina. Momentos después, dos carruajes emergieron y siguieron al de Dorothy.
Desde el camino de tierra, un gecko observó cómo los tres carruajes desaparecían antes de escabullirse de regreso hacia la escuela.

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Estás leyendo el capítulo 33 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 5 de diciembre de 2025, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.