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Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 198 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
En un denso bosque, un sendero estrecho serpentea, impregnando el aire con un olor a sangre. En ese mismo sendero, se desarrollaba una escena espantosa. En el camino, entre los arbustos y los árboles, un vagón de carga había volcado, derramando su contenido. Alrededor del vagón yacían los cadáveres de siete u ocho soldados, todos vestidos con uniformes idénticos: túnicas rojas y sombreros negros. Sus ojos sin vida miraban al vacío, sus cuerpos atravesados por flechas y lanzas. La sangre manaba de sus heridas, empapando sus ropas y tiñendo la tierra. A poca distancia del carruaje, más lejos de los soldados, yacían esparcidos varios cadáveres: hombres vestidos con ropa de trabajo, al parecer obreros. Todos habían recibido disparos por la espalda, aparentemente muertos mientras intentaban huir. Alrededor del lugar de la masacre, se alzaban varias figuras. Comparadas con los cuerpos sin vida en el suelo, presentaban rasgos sorprendentemente diferentes. A diferencia de los soldados caídos, con sus uniformes impecablemente confeccionados, estas personas vestían prendas de lino rústico. Su vestimenta variaba en estilo: algunos llevaban túnicas largas, otros túnicas cortas, adornadas con sencillos motivos abstractos que, al observarlos de cerca, representaban diversos animales. Los bordes de sus prendas estaban rematados con pequeñas borlas con flecos. Todos eran jóvenes de piel morena y cabello negro. Muchos llevaban el pelo trenzado en largas trenzas que les caían por la espalda, algunos adornados con cintas para la cabeza y plumas de colores vivos. Sus rostros lucían intrincados diseños de pintura de guerra, realizados con pigmentos desconocidos. Entre ellos, un hombre alto y musculoso permanecía de pie con el torso desnudo, luciendo un tatuaje de un búfalo salvaje que le cruzaba la espalda. Observó la sangrienta escena antes de dirigirse a sus compañeros con una voz profunda y resonante. “Esta es otra victoria más. Una vez más, hemos logrado emboscar con éxito el convoy de estos demonios de piel pálida. Sin la guía del Espíritu Salvaje, son impotentes en el desierto. No teman los fracasos del pasado.” “Bajo la atenta mirada del Gran Espíritu, nos vengaremos. ¡Estos demonios pagarán con sangre por sus crímenes! ¡Los expulsaremos sin dejar a nadie con vida!” “¡¡¡Oh!!!” El grito del hombre fue recibido con un fervoroso aplauso de quienes lo rodeaban. Alzaron sus armas, y sus voces resonaron entre los árboles. Pero en medio de la celebración, un joven permaneció en silencio. Tenía el pelo largo y negro, suelto, y vestía una túnica corta bordada con un águila. Su mirada se detuvo en los cadáveres de los trabajadores asesinados; su expresión era indescifrable. Su silencio no pasó desapercibido. El hombre alto se volvió hacia él y le habló directamente. “Kapak, ¿pasa algo? Acabas de luchar con valentía; te vi matar al menos a dos de esos demonios de piel pálida. ¿Por qué no celebras nuestra victoria?” Al oír su nombre, Kapak vaciló brevemente antes de señalar a los trabajadores caídos y hablar solemnemente. “Sado, ¿por qué los matamos? No eran guerreros. Se rindieron y dejaron de resistir. Les hiciste señas para que se fueran, pero luego les disparaste por la espalda. Eso rompe nuestra palabra.” “No tenemos nada que intercambiar con estos forasteros” respondió Sado con calma. “No les dirigí ni una sola palabra; solo les hice un gesto con la mano. Eso no es una promesa.” Kapak frunció ligeramente el ceño, pero continuó. “Pero no debemos matar a aquellos que ya no son guerreros, que han abandonado la lucha. Ya hemos ganado, ¿no?” “¿Ganar? No, Kapak, la victoria por sí sola no es suficiente” dijo Sado con voz fría. “Quiero más que la victoria; quiero su sangre. Han masacrado a nuestra gente cientos de veces. No descansaré hasta que les paguemos con creces. ¡Quiero borrar sus pueblos del mapa!” Sado, con los dientes apretados, contempló la carnicería que tenía ante sí. Kapak, con expresión seria, respondió con voz pausada. “Escúchame, Sado. Una vez fui capturado por esos demonios y esclavizado en sus ciudades. Trabajé en sus fábricas y plantaciones. Y déjame decirte algo: los blancos son igual de crueles con los de su propia especie.” En sus fábricas, obligan a sus trabajadores de clase baja a trabajar sin descanso, día y noche. La gente se desploma y muere de agotamiento. Cuando maté al dueño de la fábrica y repartí su riqueza entre los trabajadores, me ayudaron a escapar. Sin ellos, no habría podido regresar con nuestra tribu. Esos trabajadores son tan víctimas como nosotros. Sado agitó la mano con desdén, perdiendo la paciencia. ¡Basta! No me importan las diferencias entre esos demonios de piel pálida. Lo único que sé es que vinieron del otro lado del mar, invadieron nuestra tierra y masacraron a nuestra gente. ¡No quiero nada más que su sangre, cien veces mayor! “Recuerda esto, Kapak. Eres un guerrero de la Tribu Tupa. Tienes prohibido decir una sola palabra en defensa de esos demonios pálidos. Te lo dejaré pasar esta vez, pero si lo vuelves a hacer, ¡te castigaré!” La severa advertencia de Sado dejó a Kapak momentáneamente atónito. Guardó silencio. ¡Basta de charla! Reúne todo lo útil. Llévate la comida y esos palos que escupen fuego. ¡Deja todo lo demás atrás! A la orden de Sado, los guerreros entraron en acción, saqueando el convoy emboscado. Su principal objetivo eran la comida y las armas de fuego. Mientras los guerreros se apresuraban a recoger su botín, Kapak hizo lo mismo. Al levantar el cadáver de un soldado para recuperar un rifle, algo le llamó la atención debajo del cuerpo. Era un libro, un pequeño folleto de tapa azul. Delgado y apenas más grande que la palma de la mano, era más un panfleto que un libro propiamente dicho. La curiosidad de Kapak se despertó. Le echó un vistazo rápido, con los ojos brillantes. Mirando a su alrededor para asegurarse de que nadie lo veía, lo guardó discretamente. Una vez despejado el campo de batalla, los guerreros emprendieron el regreso a casa, utilizando los caballos supervivientes de la caravana para transportar su botín. Viajaron durante tres o cuatro horas a través del desierto, llegando finalmente al campamento de la tribu Tupa por la tarde. Un vasto asentamiento de tiendas y refugios improvisados se extendía ante ellos. La gente de la tribu” hombres y mujeres, jóvenes y ancianos” se reunió para recibirlos. Muchos estaban demacrados, con rostros cansados. Bajo sus miradas expectantes, Sado relató en voz alta su “cacería” y cuántos demonios de piel pálida habían matado. Tras la celebración, los guerreros se dispersaron. Liberado del grupo, Kapak regresó apresuradamente a su tienda. En el espacio tenuemente iluminado, escudriñó rápidamente su entorno antes de agacharse junto a su cama. Abrió un cofre de madera que había junto a la cama. Dentro del cofre había un surtido de objetos: relojes de bolsillo, relojes de pulsera, pistolas, pequeñas estatuas, barocosos, botellas de vidrio, sombreros de copa; todos ellos baratijas de la civilización industrial. Eran la colección personal de Kapak. Su estancia en la ciudad había despertado en él una fascinación por la misma civilización que había invadido su tierra natal, un sentimiento que pocos en su tribu compartían. Bajo el liderazgo de Sado, la tribu rechazaba los productos industriales, salvo las armas de fuego, que eran demasiado útiles como para desecharlas. Kapak rebuscó en el baúl antes de sacar una lámpara de gas. La encendió, proyectando una luz cálida sobre la tienda. Luego, acomodándose en su cama, recuperó el pequeño folleto que había escondido antes. Contenía ilustraciones y texto que no comprendía. Las páginas estaban llenas de dibujos a tinta negra ordenados secuencialmente, que parecían contar una historia. Aunque no podía leer las palabras, se encontraba absorto en las imágenes. Al llegar a la última página en blanco, sus ojos captaron un detalle peculiar. Una sola palabra escrita a mano, distinta del texto impreso que la precede. Una palabra en el idioma Pritt Común. Una palabra que significaba: “Conocimiento”.
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El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 198

Estás leyendo el capítulo 198 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 17 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.