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Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 142 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
Ciudad Alta de Igwynt, Calle de los Caballeros. Había caído la noche, sumiendo al elegante barrio residencial en la penumbra. Las farolas proyectaban un cálido resplandor anaranjado sobre los alrededores, iluminando las calles tranquilas. Una suave brisa nocturna recorría las calles vacías, susurrando entre las copas de los árboles y los macizos de flores. “Uwaaaahhh...” Dentro de la casa frente al número 26, Gregor dejó escapar un sonoro bostezo mientras se recostaba en el sofá. Echó un vistazo a la casa de enfrente, que hacía rato que estaba a oscuras y cuyos ocupantes ya dormían. Suspiró profundamente. “Suspiro… Otra noche nada. Quizá el señor James sea demasiado precavido…”, murmuró Gregor para sí mismo. De vez en cuando miraba el gran reloj de pie que marcaba el tiempo en la esquina, calculando cuánto faltaba para el amanecer, para poder terminar su turno e irse a casa. En ese preciso instante, entrecerró los ojos. Su mirada se fijó en algo fuera de la ventana, al fondo de la calle oscura y silenciosa, donde un grupo de sombras se agitaba. “Je... Parece que por fin está pasando algo.” … En el extremo más alejado de Calle de los Caballeros, a la sombra de un edificio fuera del alcance de las farolas, se había reunido un grupo de aproximadamente una docena de personas. Eran todos hombres, vestidos con una mezcla heterogénea de ropa, manchados de suciedad y mugre. Cada uno tenía una expresión sombría, algunos con cicatrices en la cara o las manos. Todos portaban un arma, improvisada y rudimentaria. Algunos llevaban garrotes, otros machetes, barras de metal o martillos. Solo unos pocos tenían armas de fuego” apenas dos o tres” e incluso esas eran rudimentarias pistolas caseras hechas con tubos. Eran miembros de una banda local de Igwynt. Esa noche se habían reunido allí para un trabajo que prometía una jugosa recompensa. “Escuchen, nuestro plan es simple” gritó un hombre con un traje harapiento, blandiendo una pistola casera de tubo. Su rostro estaba desfigurado por una prominente cicatriz. “En un instante, asaltaremos la fachada de la Casa 26, derribaremos puertas y ventanas, y masacraremos a todos los que estén dentro, piso por piso, desde abajo hacia arriba. No dejaremos a nadie con vida. Especialmente a la niña de diez años; ella es el objetivo principal. Solo cuando ella esté muerta habremos terminado nuestro trabajo.” “Después de eso, nos dirigiremos directamente al Astillero Inundado. Nuestro empleador estará allí con nuestro pago, y desde allí, tomaremos un barco por el río Arcilla de Hierro y abandonaremos Igwynt para siempre. ¿Entendido?” Los miembros de la pandilla estallaron en un coro de respuestas. ¡Entendido! ¡Empecemos ya! ¡Sí, date prisa! ¡No aguanto más estar en esta maldita ciudad! El hombre de la cicatriz en el rostro asintió satisfecho al ver el entusiasmo del grupo. Luego dio una última instrucción. “Muy bien, pongámonos en marcha. Puede que haya algunos guardaespaldas dentro, quizá algo hábiles, pero no tengan miedo. Tenemos la superioridad numérica y las armas; ¡simplemente abrúllenlos!” “Recuerda: ¡date prisa! ¡No esperes a la policía! ¡Márchate!” Con un gesto de la mano, el líder hizo una señal al grupo para que avanzaran. Salieron de las sombras y pisaron la calle. Se dirigieron rápidamente a la puerta principal del número 26. Al ver la entrada firmemente cerrada, el líder gritó. ¡Barry, hazlo! Llamaba al miembro más fuerte del grupo, al que llevaba el pesado martillo, para que derribara la puerta. Pero tras unos segundos de silencio, nadie se adelantó. Irritado, el líder espetó: “¡Barry! ¡Deja de tontear y acaba de hacerlo!” “Jefe... detrás de nosotros...” En su lugar, respondió una voz débil y temblorosa. El líder, molesto, giró la cabeza. “¿Detrás de nosotros? Detrás de nosotros, ¿qué podría ser...?” Sus palabras se congelaron a mitad de la frase. A escasos cuatro o cinco metros detrás de ellos, se alineaban cinco figuras vestidas con uniformes negros como la noche. Cada una empuñaba un rifle, apuntando directamente a la banda. Sus rostros estaban ocultos tras máscaras de hierro, pero sus ojos fríos e insensibles brillaban desde dentro. “¿¡Qué demonios!? ¿¡Armas!? ¿¡Cinco rifles!? ¿¡Son estos los guardaespaldas de la casa!? ¡El empleador nunca mencionó nada sobre semejante potencia de fuego...!” El líder quedó atónito al procesar la escena. Entonces, como si las cosas no pudieran empeorar, la puerta del número 26 se entreabrió con un crujido. Más figuras vestidas de negro salieron del interior, también armadas, rodeando a la banda por ambos lados. Al ver esto, los gánsteres retrocedieron inmediatamente. Aún superaban en número a las figuras vestidas de negro” diez contra siete u ocho”, pero sus armas no eran rival. La banda contaba con armas rudimentarias e improvisadas, mientras que sus oponentes estaban equipados con rifles militares reales. Ante los cañones negros que les apuntaban, los gánsteres” más acostumbrados a las peleas callejeras que a los tiroteos” vacilaron instintivamente. ¡Maldita sea! ¡Ni siquiera la policía tiene un equipo tan bueno! ¡Hemos derribado un muro de acero! ¿No se suponía que solo iba a haber unos cuantos guardias de bajo rango? El líder maldijo para sus adentros. Si el empleador hubiera estado frente a él en ese momento, le habría clavado un cuchillo en las entrañas. “Suelten las armas, levanten las manos y arrodíllense. Confiesen todo. Si se resisten, serán ejecutados.” Los matones vestidos de negro hablaron con voz fría e inexpresiva. Ante esta orden” y con los cañones de las armas a escasos centímetros”, el espíritu combativo de los gánsteres se desvaneció de sus ojos. … Mientras tanto, en el cuarto piso de un edificio con vista a Calle de los Caballeros, una figura observaba el enfrentamiento que se desarrollaba abajo. Al ver que los gánsteres vacilaban, la figura habló en voz baja. “Ahora no es momento de que vaciléis... Peones, permitidme infundiros valor.” Murmurando para sí mismo, Goffrey levantó un instrumento de hueso hueco intrincadamente tallado y comenzó a golpearlo rítmicamente. Uno a uno, espíritus invisibles emergieron del instrumento, apareciendo ante él. En total eran cinco: hombres y mujeres, jóvenes y ancianos. Tenían la mirada perdida, sus cuerpos delgados y demacrados, sus ropas hechas jirones y sus cuerpos transparentes exudaban un leve frío. Sosteniendo el instrumento, Goffrey hizo un gesto hacia la calle. Los espíritus obedecieron, deslizándose silenciosamente hacia los gánsteres antes de desvanecerse en el aire. … De vuelta al punto de enfrentamiento, el líder de la banda finalmente cedió ante la presión. “Miren, hermanos, ha habido un malentendido. No queremos problemas. Depondremos las armas, ¿de acuerdo? Forzando una sonrisa, se arrodilló lentamente y dejó su arma en el suelo. Sus hombres hicieron lo mismo. Al ver esto, los matones se relajaron un poco. En ese preciso instante, un frío casi imperceptible recorrió el aire. Los cinco espíritus invisibles irrumpieron, fusionándose con el cuerpo del líder de la banda. Sus pupilas se contrajeron hasta convertirse en dos puntitos. Una sensación aterradora se apoderó de él: su cuerpo ya no le pertenecía. “¿Q-Qué es esto...?” El shock le deformó el rostro mientras su mano, ahora poseída, apretaba con fuerza la empuñadura de su pistola. Entonces, en contra de su voluntad, se levantó de repente y disparó. Se oyó un disparo. Uno de los matones retrocedió tambaleándose, agarrándose el estómago mientras se desplomaba. ¡Abran fuego! Los agentes alzaron inmediatamente sus armas. Pero antes de que pudieran disparar, los espíritus restantes se abalanzaron sobre sus cuerpos. Un extraño entumecimiento se apoderó de los agentes. Les temblaban las manos. Se les nublaba la vista. Les costaba apuntar. ¡Bang! ¡Bang! ¡Bang! Se oyeron disparos, pero la mayoría fallaron. Solo dos gánsteres resultaron heridos. Los demás, enfurecidos por el ataque inesperado, rugieron desafiantes. ¡No nos dejan vivir! ¡Hermanos, matadlos a todos! Impulsados por la desesperación y la ira, los gánsteres tomaron sus armas y cargaron contra los agentes.
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El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 142

Estás leyendo el capítulo 142 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 17 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.