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Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 134 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
En la oscuridad de la noche, dentro de la estrecha y oscura habitación del hospital, Dorothy, vestida de negro, estaba sentada junto a la cama, enseñándole a la inexpresiva y vacía Anna su lección: cómo rezar a una deidad. Por cada línea que Dorothy recitaba, le pedía a Anna que la repitiera. Como Anna tenía problemas mentales, a menudo hacía pausas y cometía errores. Dorothy tardó bastante tiempo en que Anna pudiera seguir el hilo y completar la oración. … “El cielo infinito de este mundo… “La convergencia del destino infinito… “La puerta y la llave de las verdades infinitas… “El Gran Aka, Registrador de Todas las Cosas.” … Guiada por Dorothy, Anna, aturdida, comenzó a rezar: a un nombre desconocido, a una deidad completamente ajena a ella, a la propia Dorothy. En el pequeño y oscuro espacio, resonó la voz etérea de una niña. Sentada junto a Anna, escuchando la oración tan de cerca, Dorothy recibió una señal inmediata del sistema. Sin dudarlo, utilizó la oración de Anna para establecer una conexión con ella. Entonces, Dorothy actuó de inmediato, transformando el efecto residual del Canto del Cordero en la mente de Anna en espiritualidad. En un instante, todo rastro del efecto fue erradicado por completo. Sentada en la cama, la mirada perdida y aturdida de Anna fue recuperando gradualmente la claridad y la concentración. Parpadeó un par de veces, con una expresión que reflejaba cierta confusión. “Eh... ¿Qué me ha pasado de repente...? Esto se siente tan extraño...” Murmurando para sí misma, Anna miró con curiosidad a su alrededor hasta que su mirada se posó en Dorothy, que la observaba con una dulce sonrisa. “Maestro... ¿Mayschoss? ¿Qué hace aquí...? Ah, no, espere, acaba de entrar... Me estaba enseñando algo, enseñándome a rezar...” Anna, llevándose las manos a la cabeza, habló con voz algo aturdida. Era evidente que su memoria se había fragmentado a causa del envenenamiento. “¿Cómo te sientes ahora, Anna?” Dorothy miró a la niña que tenía delante y preguntó. Anna negó levemente con la cabeza antes de responder. “Me siento... Mmm... Todavía un poco mareado, pero mucho mejor que antes. Al menos... Mmm... Al menos ahora puedo distinguir lo que es lo que es...” Mientras hablaba, Anna se giró para mirar a Dorothy, con el rostro mostrando rasgos de confusión. “Profesor, ¿fue esto obra suya? ¿Me salvó y me despertó?” “No... Fue aquel a quien acabas de rezar. Yo simplemente te enseñé a rezar. El don que te salvó te fue otorgado por esa persona.” Al ver a Anna perpleja, Dorothy le explicó. Al oír las palabras de Dorothy, Anna intentó recordar la oración que había recitado en su confusión. “¿Oración? Ah, sí... El maestro Mayschoss apareció de repente en mi habitación, diciendo que era hora de una lección, enseñándome a rezar. Me costó mucho aprenderlo, y a quien rezaba no era a la Virgen María... Ni al Hijo Santo ni al Padre Santo... Era... alguien llamado Ak”” “Shh...” Justo cuando Anna estaba a punto de pronunciar el nombre, Dorothy le hizo un gesto para que guardara silencio. “Recuerda, nunca hables de esa existencia delante de nadie. Esta es la regla que debes seguir como alguien que ha recibido la salvación.” Dorothy miró a Anna y le advirtió. Anna se sorprendió un instante, pero luego asintió. “Eh... De acuerdo, entiendo, profesor Mayschoss. Entonces... ¿Podría ese ser salvar también a los otros niños? Fueron adoptados por el vizconde Field, igual que yo, y todos se volvieron extraños. Los médicos y las monjas de aquí dicen que su estado también es muy grave. ¿Podría ese ser salvarlos también...?” Parpadeando, Anna le suplicó a Dorothy. Aún recordaba vívidamente el estado inquietante de los demás niños del orfanato la noche del ritual. Incluso durante su delirio en el hospital, recordaba vagamente las conversaciones entre los médicos y las monjas. Comprendía que no era la única en una situación tan desesperada. Aunque Anna todavía no podía comprender del todo qué significaba aquel nombre divino desconocido, en qué se diferenciaba de la Santa Madre a la que siempre había venerado, o qué conexión tenía con Dorothy, creía que, puesto que aquella deidad desconocida la había salvado a ella, seguramente también podría salvar a los demás. Dorothy dejó escapar un pequeño suspiro antes de responder. “Me temo que no, Anna. Las diferencias entre las deidades son enormes. Ese ser no es la Santísima Madre, que todo lo ama. No concede su gracia indiscriminadamente a los mortales. No desea que su nombre se difunda demasiado en este momento. Pedirle que respondiera a tu plegaria y te concediera este don ya era el límite de lo que podía hacer. Con un dejo de pesar, Dorothy le explicó a Anna. A diferencia de Anna, la condición de los otros niños no solo se debía al envenenamiento por la Canción del Cordero; también sufrían una grave contaminación por medicamentos. Dorothy podía tratar el envenenamiento, pero no lo segundo. Al oír la respuesta de Dorothy, Anna bajó la cabeza con decepción. “Ya veo... Entonces, verdaderamente te agradezco, Maestro, que hayas orado a lo divino y pedido un don tan precioso en mi nombre...” Aunque estaba desanimada, Anna le expresó su gratitud a Dorothy. Al ver esto, Dorothy sonrió levemente y volvió a hablar. “Sin embargo, este asunto quizá tenga solución. Quizá los demás no necesiten la gracia divina para salvarse. Y la clave de esa salvación... ahora está en tus manos, Anna.” “A mí...?” El rostro de Anna no reflejaba más que confusión. … La luna se pone, el sol sale. Vuelve la luz del día. Al caer la noche, el Hospital Saint Tenet recibió un nuevo amanecer. Médicos y monjas se movían con diligencia por los pasillos, cumpliendo con sus deberes. Salvo un pequeño altercado causado por la entrada de gatos y perros callejeros la noche anterior, todo transcurría con normalidad. En la entrada del hospital, un hombre de mediana edad llamado James, vestido formalmente, con un pequeño bigote y cabello canoso, esperaba. De vez en cuando miraba su reloj de bolsillo como si esperara a alguien. Poco después, un carruaje se acercó desde la distancia y se detuvo ante la puerta del hospital. El cochero descendió, abrió la puerta y salió un hombre. El hombre, de unos cuarenta o cincuenta años, vestía traje y sombrero de copa. Tenía las extremidades cortas y robustas, el vientre abultado y el rostro surcado de grasa. Fumó un puro y, al ver a James, su rostro se iluminó de inmediato con una sonrisa obsequiosa. ¡Oh, señor James, ha llegado usted tan temprano! Hacerle esperar es enteramente culpa mía; ¡permítame ofrecerle mis disculpas! Al ver a James, el hombre se quitó el puro de la boca e hizo una reverencia con una sonrisa, con un tono rebosante de adulación. Ante tal gesto, James también sonrió y respondió. “No hace falta que se disculpe, barón Harold. Simplemente llegué temprano. Usted llega justo a tiempo.” “Jajaja... ¡Pues claro! Esta es su invitación, señor James, ¿cómo iba a llegar tarde? La verdad es que me enorgullezco de no llegar nunca tarde a una reunión. ¡Ni siquiera aquí en Igwynt ha cambiado eso!” El hombre, Harold, continuó hablando con una sonrisa jovial. James, sin embargo, respondió con una leve risita antes de corregirlo. “Je... me temo que me malinterpretas. No te he traído aquí para una reunión. Te he traído para que veas algo.”
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El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 134

Estás leyendo el capítulo 134 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 17 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.