arrow_back

Leer El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 112 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli, Nishino✍️ Traducción: Crowli, Nishino
La mañana en Igwynt estaba envuelta en una tenue niebla, y las siluetas de los edificios lejanos aparecían y desaparecían entre la bruma. Gregor caminaba a paso ligero por la calle, ajeno al clima brumoso. Tarareando una melodía, avanzaba con determinación, abriéndose paso entre la multitud. Al llegar al vestíbulo de la Torre del Abeto Cipreses, Gregor entró y se dirigió directamente a la recepción. Allí, una anciana estaba absorta escribiendo algo. La saludó alegremente. “Buenos días, señora Ada.” “Oh… buenos días, Gregor. Veo que vienes como siempre…” Ada alzó la cabeza y esbozó una leve sonrisa. Su expresión parecía más cansada que antes, claramente aún afectada por los recientes acontecimientos. “Sí, hacer más ejercicio nunca viene mal” dijo Gregor mientras se ajustaba el cuello de la camisa. Ada respondió con una cálida risita. “Sigues tan enérgico como siempre, jovencito. A pesar de estar tan ocupado estos días, pareces estar de buen humor.” “Je… Es cierto que he estado ocupada últimamente, pero todo está a punto de terminar. Con tal de que no aparezcan más flores…” Buenos días, señora. Estas flores son de la floristería Mariposa Arcoíris. Un cliente las encargó para entrega a domicilio; por favor, acéptelas. En ese momento, un empleado uniformado se acercó al mostrador y, con una sonrisa amable, colocó un ramo de flores de colores vivos frente a Gregor y Ada. La expresión de Gregor se congeló mientras miraba el ramo; su estado de ánimo reflejaba de repente la niebla del exterior. Ada, por su parte, echó un vistazo a las flores y negó con la cabeza con una sonrisa irónica. ... Sótano de la Torre del Abeto de Cipreses, Oficina de la Serenidad de Igwynt. En el despacho del director, otro ramo de flores reposaba sobre el escritorio. Gregor, Turner, Elena y James estaban presentes, con semblantes serios mientras observaban el ramo. “Nos han enviado algo otra vez… Veamos qué mensaje han dejado esta vez” dijo James mientras se acercaba al escritorio. De entre las rosas, sacó con cuidado un sobre, lo abrió y desdobló la carta que había dentro. James frunció el ceño profundamente. “Señor James, ¿qué dice?” preguntó Gregor, al notar la reacción de James. Tras un momento de silencio, James habló. “Son letras de canciones.” “¿Letra de la canción?” Gregor, Turner y Elena intercambiaron miradas de desconcierto. James dejó caer la carta sobre el escritorio, lo que provocó que los demás se arremolinaran a su alrededor. Elena leyó la letra en voz alta. “Corderos… Corderos… Somos corderos… Dulces corderitos… Ten piedad de nosotros para que podamos crecer…” “¡Uf!... Esto parece una canción infantil, ¿no?” murmuró Gregor confundido. Turner, sin embargo, alzó la voz indignado. “¿Por qué nos envían de repente una canción infantil? ¿Acaso piensan que somos niños?” “Esta no es una canción infantil cualquiera…” James interrumpió con voz seria. Los demás lo miraron sorprendidos mientras él continuaba lentamente. “Esta canción la interpretan todos los años los niños del Orfanato de la Caridad en el espectáculo benéfico. Es una actuación imprescindible del evento y, según se dice, la compuso el vizconde Field. Yo mismo la he escuchado varias veces.” “¿Viscount Field? ¿Una canción infantil interpretada en un espectáculo benéfico? ¿Por qué… por qué nos enviarían algo así? ¿Qué sentido tiene?” Turner parecía cada vez más desconcertado, incapaz de descifrar el significado del gesto. ¿Qué pretendía transmitir esta organización, autoproclamada Orden de la Rosa Cruz, con una rima infantil? Justo cuando el grupo se encontraba perplejo ante aquel enigma críptico, la mirada de James se agudizó. Fijando la vista en la carta, pareció percatarse de algo. James volvió a tomar la carta y separó con cuidado otra hoja que había sido discretamente pegada en el reverso. Al desplegarla, descubrió que la página estaba cubierta de intrincados dibujos. ¿Hay otra página? ¿Qué es esto? Turner y los demás se inclinaron hacia adelante. La hoja recién descubierta mostraba un complejo diagrama circular. En el centro del conjunto había símbolos de una moneda y un triángulo equilátero. “¿Esto es… un arreglo ritual con las propiedades de la Piedra?!” “Es una matriz de supresión de veneno cognitivo. Se usa normalmente al interpretar el Conocimiento Místico relacionado con el Cáliz” explicó James solemnemente. Apartó la página con la matriz de Piedra y volvió a extender la página con la letra de la canción. Entonces, los cuatro Beyonders presentes sintieron simultáneamente un sutil cambio en sus mentes. Surgió una leve compulsión: un peculiar antojo de comida. Turner, en particular, se lamió el labio superior inconscientemente. “Este…” Los otros tres apartaron rápidamente la mirada. Elena se frotó las sienes y habló. “¿Esto… es un veneno? ¿Esta canción contiene Conocimiento Místico? ¿Un conocimiento del Cáliz? La matriz de supresión con propiedades de piedra debió bloquearla inicialmente…” “¿Por qué una canción contendría un veneno? ¿Y por qué transmite un aspecto de encarnación del Cáliz relacionado con el apetito?” Turner retrocedió, con su sensibilidad agudizada como un Beyonder del Cáliz. Gregor, absorto en sus pensamientos, pareció darse cuenta de algo de repente. Miró a James, que aún sostenía la carta. “Señor James, usted mencionó antes… que esta canción es un clásico en el espectáculo benéfico, escrita por el vizconde Field y donada al Orfanato de Caridad. Pero…” Gregor dudó, y finalmente expresó su preocupación. “Pero… ¿por qué una canción escrita por el vizconde Field contendría conocimiento sobre el Cáliz?” En cuanto Gregor terminó de hablar, un pesado silencio se apoderó de la oficina. Todos pusieron cara de pocos amigos y nadie pronunció palabra. En ese momento, el peso de sus sospechas tácitas flotaba en el aire. La verdad, por cruda que fuera, debía afrontarse. Tras respirar hondo largamente, James finalmente rompió el silencio. “Gregor, Turner, reúnan al equipo…” “¡Sí, señor!” ... Mediodía, en las afueras del sureste de Igwynt, Orfanato de Caridad. El Orfanato de Caridad rebosaba de alegría. Cintas de colores y flores frescas adornaban cada rincón. Los niños jugaban felices en el césped, compartiendo ropa, libros y juguetes recién donados bajo la atenta mirada de las monjas. En el vestíbulo del orfanato, una niña rubia con dos trenzas, Anna, estaba de pie vestida con sus mejores galas. Llevaba una pequeña maleta y miraba hacia Dorothy, que lucía un elegante vestido blanco. “¡Señorita Mayschoss, me alegro mucho de que haya venido a despedirme hoy!” dijo Anna con una brillante sonrisa. Dorothy le devolvió la sonrisa. “Por supuesto, Anna. Eres mi mejor alumna. ¿Cómo podría perdérmelo? Recuerda portarte bien y estudiar mucho de ahora en adelante. ¡Lo haré! ¡Escucharé al vizconde y me esforzaré mucho en mis estudios! “Bien. Creo en ti, Anna. Oh, te traje un regalo para celebrar tu gran día. Quédate quieta, te lo pondré.” Dorothy sacó una horquilla amarilla brillante con flores de un pañuelo gris y se la puso en la cabeza a Anna. Anna la tocó y sonrió radiante. ¡Gracias, señorita! ¡Debe verse precioso! En ese momento, una monja anciana apareció en la puerta y gritó. “¡Anna! El vizconde está aquí; es hora de irnos.” “Ya voy, hermana Diedre. ¡Adiós, señorita Mayschoss!” “Adiós…” Tras despedirse con la mano, Dorothy vio cómo Anna, con su maleta en brazos, corría hacia la puerta y tomaba la mano de la monja. Juntas, salieron del orfanato. Fuera de las puertas, Anna se despidió entre lágrimas de sus amigas y las monjas. Luego caminó hacia un lujoso carruaje de tres caballos donde el vizconde Field la esperaba con una sonrisa. Detrás de él estaba su mayordomo, un hombre con perilla que sostenía un bastón. “Vizconde, yo… estoy aquí” dijo Anna con voz vacilante, secándose las lágrimas. “De ahora en adelante, puedes llamarme Padre. Vamos” dijo el vizconde afectuosamente, tomándola de la mano para conducirla al carruaje. De repente, el sonido de cascos al galope rompió el aire. Todos se volvieron al ver varios carruajes negros que se acercaban rápidamente. Frenaron bruscamente cerca de allí, y de los carruajes salieron hombres con uniformes negros, armados y enmascarados. Se movieron con rapidez, rodeando el carruaje del vizconde y a todos los presentes. La escena dejó perplejas a las monjas y a los niños que se encontraban en la puerta del orfanato, mientras que Anna permanecía inmóvil.
El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela)

Continúa leyendo

El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela)

Capítulo 113

Siguiente Capítulo ›

El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) Capítulo 112

Estás leyendo el capítulo 112 de El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela), un novela. En medio del vapor de la revolución industrial, los misterios surgen bajo la superficie. Las sectas y las sociedades secretas buscan lo extraordinario en las sombras, mientras que los dioses ocultos contemplan a la… Este capítulo tiene publicado el 17 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli, Nishino. El Grimorio Prohibido de Dorothy (Novela) tiene 828 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.