Leer El Gobierno Quiere que Embarace a Mil Mujeres (Novela) Capítulo 38 online gratis en español

La ciudad había cambiado para siempre. El ejército la había rodeado con varios anillos de seguridad, y las antiguas calles tranquilas ahora parecían pasillos de una fortaleza. Las casas fueron evacuadas y expropiadas por la fuerza; las protestas fueron breves y silenciadas con mano dura. Ya no importaban los derechos de propiedad ni las quejas: quien quisiera vivir allí debía pasar por una selección rigurosa, con investigaciones exhaustivas de antecedentes y aprobaciones en múltiples niveles.
Los cupos se negociaban como si fueran diamantes. Incluso un apartamento pequeño, del tamaño de un armario, se vendía por varios miles de millones. Cada familia transferida implicaba acuerdos internacionales, favores políticos y contratos secretos.
El gasto para reorganizar la ciudad era colosal. Millones en recursos, reubicaciones y construcción… pero todo se cubría con creces gracias a las marcas. Las empresas pagaban fortunas para poner una tienda, un puesto o incluso un simple cartel en la zona. La sola posibilidad de que Keita pasará un día por su local, comprará un jugo o probará un helado, era suficiente para generar ventas millonarias a nivel global.
En el mundo había pocas celebridades masculinas, contadas con los dedos que solo eran famosos por pequeños gestos públicos como el chico que tocó la guitarra. Pero ahora, comparadas con Keita, todos parecían irrelevantes. Los grupos de idols, las cantantes más famosas y hasta los atletas más premiados… basura. Nadie movía tanta atención como ese chico de 17 años que, sin saberlo, estaba reescribiendo las reglas del marketing y la política.
Mientras tanto, en su casa, Keita estaba ajeno al caos que lo rodeaba.
En la cocina que ciertamente era de lujo, tarareaba una melodía mientras preparaba el almuerzo. Lo que él no sabía era que cada uno de sus movimientos estaba siendo transmitido en vivo a nivel mundial. Las cámaras ocultas en la cocina enviaban imágenes a millones de suscriptoras, que comentaban en tiempo real cada vez que cortaba una verdura o encendía la estufa.
Cuando tomaba un frasco de especias, las ventas de esa marca se disparaban al instante. Si horneaba un pastel, la harina desaparecía de los estantes de supermercados en varios países. Hasta el aceite que usaba se convirtió en tendencia global.
Terminó de cocinar y sirvió el almuerzo en un plato decorado. Llevó la comida hasta Yui con una sonrisa sincera.
—Ten, te lo hice con cariño.
(Voz interna de Yui): “¡Aaaaaahhh! ¡Me está dando de comer con esas manos! asfoashdfiuasdfa ¡Ese tono… esa sonrisa…! ¡Dios, dame fuerza para no lanzarme encima de él ahora mismo!”
Ella respondió con timidez fingida:
—Muchas gracias…
Keita la miró curioso.
—Por cierto, ¿por qué no fuiste a clases hoy?
Yui tragó saliva y entró en modo pánico porque no le habían instruido ninguna excusa.
—Ah… hubo… eh… ¡una fuga de agua! Sí, eso, una fuga en el edificio… — improvisó, moviendo las manos para disimular.
En realidad, la verdad era mucho más grave. (Voz interna de Yui): “Mis compañeras fueron expulsadas de la ciudad… La universidad está cerrada, siendo reconstruida desde cero. Los cupos ahora valen lo mismo que un Ferrari bañado en oro. Todo para adaptarla a Keita, porque él será el primer hombre en la historia en estudiar una carrera universitaria. El gobierno ya está amasando una fortuna solo con eso… y faltan todavía dos años. Y ni siquiera le han preguntado si quiere ir…”
Keita frunció el ceño.
— Oye, ¿y sabes algo de Airi? No la he visto en todo el día.
Yui entró en pánico otra vez.
— Ah… sí… está… eh… muy ocupada en el trabajo. Apenas llega para dormir y se va temprano.
(Voz interna de Yui): “La verdad es que mamá sigue en colapso mental después de esa conversación contigo… la están ‘recuperando’ en un centro del gobierno. Si supieras que está siendo adoctrinada desde cero…”
Keita asintió.
— Bueno… espero que no esté trabajando demasiado. — Luego sonrió — Oye, ya que tienes tiempo libre… ¿Quieres hacer algo juntos?
—¿Eh? Bueno… no sé… si… podemos hacer… lo que quieras… — contestó, intentando sonar casual.
(Voz interna de Yui): “¡Sí, sí, sí, lo que tú quieras! ¡Dime que quieres que te dé un heredero ahora mismo!”
Keita se quedó pensativo, rascándose la barbilla.
—Mmm… ¿Qué tal si…?
Antes de que terminara la frase, las alertas de los centros de control se encendieron. En la sede de la comandante Riko, el sistema de monitoreo detectó que Keita estaba a punto de proponer “una actividad no programada” con una mujer en un espacio privado. En segundos, 30 agentes especiales ya estaban en camino, listos para intervenir… por si acaso.
Yui, ajena al operativo militar que se desplegaba a su alrededor, se inclinó un poco hacia él, con los ojos brillando de expectativa.
—¿Qué tal si… qué? — preguntó con voz suave, esperando que las siguientes palabras fueran el inicio de su sueño prohibido.

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Estás leyendo el capítulo 38 de El Gobierno Quiere que Embarace a Mil Mujeres (Novela), un novela. En un mundo donde la tasa de natalidad se ha desplomado y solo nace un hombre por cada nueve mujeres, la figura masculina es un bien escaso y extremadamente protegido. La mayoría son tímidos, frágiles y evitan cualquier… Este capítulo tiene publicado el 24 de septiembre de 2026. El Gobierno Quiere que Embarace a Mil Mujeres (Novela) tiene 39 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.