Leer El Gobierno Quiere que Embarace a Mil Mujeres (Novela) Capítulo 17 online gratis en español
Por razones legales y éticas (y porque hasta este mundo tiene límites), no se podían colocar cámaras dentro del vestidor.
Así que, por primera vez en años, el Centro de Monitoreo Masculino experimentaba una tortura colectiva:
Esperar sin ver.
En la sala de control, cientos de agentes, diseñadoras, analistas de moda, y ejecutivas con gafas demasiado caras miraban fijamente las pantallas en tiempo real, todas enfocadas en un solo lugar: la cortina del vestidor 3A, donde Keita estaba a punto de salir con su primer conjunto.
Riko Sonreía con anticipación incluso si keita actuaba tímidamente o solo se probaba un par de conjuntos, su imagen ya estaba limpia por el escándalo del accidente, ahora que estaban transmitiendo en vivo podía sentir que con esta jugada el su departamento recibiría más recursos.
Y entonces… La cortina se corrió.

Keita salió tranquilo, con jeans azules entallados y una camisa negra un poco ajustada. No era un look extravagante, ni provocador… pero el efecto fue demoledor.
Su postura recta, la mirada tranquila y su sonrisa natural le daban un aura que no existía en ningún otro hombre de ese mundo. A diferencia de los encorvados y temblorosos que usualmente evitaban cualquier contacto visual con una mujer, Keita parecía caminar sobre una pasarela invisible.
Yui y Airi intentaron mantener la compostura.
—Te… te queda bien —dijo Airi, fingiendo que no estaba hiperventilando.
—S-se ve… normal… digo, bien —añadió Yui, mirando hacia otro lado, para no botar baba.

Las vendedoras del lugar, perfectamente entrenadas, sonrieron con discreción.
—Es un estilo sobrio. Resalta su figura.
—Muy adecuado para su edad, señor Keita.
Interior de todas:
( ¡¡ME VOY A VOLVER LOCA!! ¡¡ESE JEAN LE MARCA TODO!! ¡¡LA CAMISA NEGRA CONTRASTA CON SU PIEL PERFECTA Y BLANCA!! ¡¡¿QUIÉN CAMINA ASÍ DE ERECTO?! ¡¡YO QUIERO MORIR AHORA MISMO!!)
Y esa fue solo la primera salida.
Lo que siguió fue un desfile que haría llorar a París y Milán.
Keita se probó un conjunto deportivo gris con sudadera ceñida y capucha. Luego, un outfit informal con chaqueta verde oliva, camiseta blanca y pantalones beige. También uno más elegante: camisa con cuello mao, pantalón oscuro ajustado y zapatos de cuero que hacían “toc-toc” al caminar.
Cada vez que salía del vestidor, Yui y Airi sufrían internamente, apretando sus piernas, sus puños o sus pechos según la gravedad del estilo. Las “vendedoras” mantenían el profesionalismo de cara al público, pero algunas ya tenían lágrimas en los ojos.
Desde cámaras ocultas, las agentes grababan sin descanso, y las fotos eran transmitidas en vivo a todas las oficinas de sponsor, ministerios de estado, agencias de publicidad y hasta estudios de cine.
—¡PAREN TODO! —gritó una ejecutiva en una torre corporativa—. ¡Quiero a ese chico en una serie romántica YA MISMO!
—¡Reserven espacio en la revista de primavera! ¡¡No me importa si aún no firmó contrato!!
—¡Yo me ofrezco para ser su stylist personal! ¡¡Gratis!! ¡¡Gratis, dije!!
Mientras tanto, Keita solo sonreía al recibir los comentarios de su familia y de las vendedoras.
— Creo que este me queda cómodo. ¿Qué piensan?
Yui con cara de “no puedo más”.
Airi con cara de “me caso ya mismo”.
Y al final, tras una montaña de pruebas, suspensos y mini-infartos colectivos, Keita separó su ropa favorita en una cesta.
Nunca había comprado sin preocuparse por el dinero y ya que, en casa no tenía nada de ropa para ponerse decidió llevar bastantes conjuntos.
—Me gustaron estos. Los otros estaban bien, pero no me sentía del todo cómodo —dijo, con tono neutro.
Las agentes encubiertas estaban a punto de caer al suelo por deshidratación nerviosa… cuando por el auricular oculto recibieron una orden que las hizo espabilar:
—Registren y empaquen toda la ropa probada. Ahora.
Una de ellas se puso de pie temblando y con sonrisa profesional dijo:
—T-todo será empaquetado inmediatamente, señor Keita.
Y así, con el carrito lleno, Keita se dirigió a la salida del almacén, acompañado por sus dos "acompañantes oficiales".
Antes de cruzar la puerta, se giró con su típica sonrisa apacible.
—Gracias por la atención. En serio. Cuando regrese… Les traeré un postre casero. como agradecimiento.
Silencio.
Las empleadas sonrieron. Temblaron. hasta que el salió de su vista.
Y luego…
¡THUD!
Todas cayeron como dominó. Algunas de rodillas, otras de cara al suelo. Y una abrazando una camisa que él tocó y no compro.
Interior colectivo de todas:
(Nos habló. Dijo que volvería. Dijo que cocina. Dijo que nos traería… un postre… No sobreviviremos a la siguiente visita.)
Keita, ajeno a la masacre emocional que acababa de provocar, salió caminando tranquilo, mientras Airi y Yui lo seguían…

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